junio 22, 2010

Los recortes de Don José

Imagen: Bottelho

Imagen: Bottelho

De acuerdo con el llamado orden natural de las cosas,

haber llegado al tope del estante significa que la suerte ya se cansó,

que no habrá mucho más camino para andar.

Todos los Nombres, José Saramago

Don José pasó todo el fin de semana juntando recortes del hombre muerto en Lanzarote el 18 de junio de 2010, por fallo multiorgánico derivado de una leucemia crónica. Contaba con el registro completo del nombre de los padres; el ahora conocido error ministerial por el que su apellido no fue Sousa; el nombre de los padrinos. En total, los 16 registros adicionales que toda ficha de nacimiento completa debe contener, de acuerdo al Reglamento de la Conservaduría General del Registro Civil. Pensó que este expediente era especial, merecedor de una nueva categoría cuidadosamente definida en su colección de personas famosas y un método distinto, más minucioso, para ordenar y clasificar el contenido del voluminoso expediente, ya que “algunos de los que nacen entran en la enciclopedias, en las historias, en las biografías, en los manuales, en las colecciones de recortes…”

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Los libros más influyentes de Claude Levi-Strauss fueron sus trabajos sobre los mitos: El pensamiento salvaje, los dos volúmenes de ensayos titulados Antropología Estructural I y II, El totemismo hoy, y los 4 volúmenes de Mitológicas, escritos a modo de una sinfonía.

Imagen de Pablo Secca

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Una de sus ideas centrales era que había que preocuparse por la dimensión intelectual del humano en sociedad: le parecía que una parte importante de la cultura no tenía fines tan utilitarios—al menos no en un sentido restringido de lo útil—sino fines más bien intelectuales: los mitos servían para pensar.  Y no sólo eso, sino que los mitos ‘se pensaban los unos a los otros’, es decir, que formaban algo así como un contrapunto de pensamiento construido por las colectividades.  El problema de la comprensión y de la explicación del entorno es el tema central de la mitología de los llamados ‘pueblos primitivos’, o ‘sociedades frías’, y Levi-Strauss mostró cómo la mitología es un sistema de pensamiento, diferente de la ciencia, pero no menos complejo, ni menos intelectual.

En México la obra de Claude Levi-Strauss tuvo una recepción algo irregular.  En los años sesenta y setenta, cuando el pensamiento del gran maestro revolucionaba la antropología británica y convulsionaba la norteamericana, nuestra antropología tendía a rechazarlo al punto de desconocerlo.  La corriente antropológica que se formó en torno de la figura líder de Angel Palerm rechazaba el abordaje estructuralista de Levi-Strauss, que consideraba una forma de idealismo.  Los marxistas generalmente también lo rechazaban, por las mismas razones, con la excepción parcial de los marxistas estructuralistas quienes, influidos por las figuras de Louis Althusser, y entre los antropólogos, por Maurice Godelier y Claude Meillassoux, quienes habían abrevado todos en los libros de Levi-Strauss, lo recuperaban, pero usualmente de forma fragmentaria.  El estilo ampliamente culto—literario, y profundamente arraigado en la historia intellectual europea, así como en la corriente antropológica boasiana, y en la gran tradición estructuralista de Durkheim, Saussure, Mauss y Jakobson— fue relativamente poco emulado por nuestros antropólogos, quienes solían preferir sensibilidades más populistas que la suya.  Estuvieron más abiertos a su influencia nuestros literatos.  Octavio Paz escribió un libro sobre Claude Levi-Strauss, por ejemplo, y la escritora Julieta Campos hizo uno de los primeros estudios estructurales de mitologías indígenas mexicanas, inspirada en su trabajo.

El rechazo a Levi-Strauss por parte de la antropología mexicana se transformó en admiración en los años ochenta—justo en la época en que la influencia del maestro declinaba en los Estados Unidos, en Gran Bretaña, y aún en Francia—y aparecieron en México algunos estudios levistraussianos bastante estrictos.

La influencia de Claude Levi-Strauss es difícil de medir por su amplitud, pero también porque han habido seguidores ortodoxos, que formaron en su momento practicamente una secta, con su propia jerga impenetrable para el lego, y admiradores que han abrevado de forma heterodoxa en las diversas enseñanzas del antropólogo.

Hoy, ya han desaparecido las otras grandes figuras del pensamiento social francés de la segunda parte del siglo 20—Michel Foucault, Roland Barthes, Georges Duby…  Con la muerte de Claude Levi-Strauss, pareciera haber llegado el fin de la era de los grandes maitres a penser.  Pero pensamos que, como quería Levi-Strauss, son los mitos los que piensan a los hombres (y a las mujeres), y tenemos la esperanza de que de las cenizas del maestro renacerá el fénix.

Claudio Lomnitz. Director y profesor del Centro para el Estudio de Raza y Etnicidad de la Universidad de Columbia.

*Una versión más larga de este texto será publicada en le versión impresa de la Revista Nexos.

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