octubre 20, 2016

Por una nueva Ley General de Archivos

En 1562, el provincial franciscano fray Diego de Landa, quien después se convertiría en obispo de Yucatán, organizó una quema masiva de ídolos, objetos sagrados y códices, en un empeño por extirpar lo que consideraba elementos de idolatría y superstición de los naturales de esas tierras. La Relación de las cosas de Yucatán que escribió el obispo Landa es una de las fuentes principales para conocer la historia de los antiguos mayas, pero los historiadores mexicanos del siglo XIX nunca le perdonaron haber destruido las fuentes primarias que, de seguro, permitirían un acercamiento más completo a la historia de aquellas civilizaciones. Los historiadores del siglo XX fueron más comprensivos de la cultura y circunstancia de Landa,1 pues entendieron que había actuado por lo que consideraba un bien mayor, la salvación espiritual de los indios; pero aun así, es claro que la versión de la historia de los pueblos mayas que nos legó es parcial y que se hubiera podido complementar o reinterpretar con la información de aquellos códices que ordenó destruir.

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