Ha llegado el momento de evaluar formalmente la conveniencia de restringir la

exportación de petróleo crudo con objeto de garantizar los requerimientos previsibles del país a un plazo razonable. Permitir pasivamente que la exportación decline a pesar de los esfuerzos por maximizar la producción parece una estrategia inadecuada, dado que se cuenta con una relación de reservas probadas de menos de 10 años y se ha deteriorado la calidad de éstas en términos de la dificultad, el riesgo y el costo de su producción. Una opción sería someter las reservas a una prueba de suficiencia y, en esa medida, autorizar el nivel de las exportaciones. Esto se ha hecho en otros países y puede ser un fuerte estímulo para la exploración. No parece admisible seguir permitiendo la reducción de las reservas probadas sin establecer algún tipo de salvaguarda que proteja el consumo interno de petróleo a mediano y largo plazos.
En estas condiciones, la política energética deberá moderar el crecimiento de la demanda interna de hidrocarburos mediante un programa efectivo que aliente un uso más eficiente de los mismos. Con ello contribuirá, además, a limitar el crecimiento de las emisiones de gases que provocan cambios climatológicos globales y dañan el medio ambiente local. Ajustar la demanda externa de petróleo para garantizar el consumo interno durante un plazo razonable representa un cambio de orientación fundamental: pasar de una estrategia que se ha concentrado en ampliar la oferta interna y maximizar las exportaciones a una que modere el crecimiento de la demanda de hidrocarburos y regule las exportaciones.
Adrián Lajous. Presidente de la Junta de Gobierno del Oxford Institute for Energy Studies