Sobre Steiner y la admiración desmedida

Texto dirigido a Ronaldo González

No es mi interés polemizar con usted sobre su texto “Steiner: Una correspondencia involuntaria” (Nexos 384, diciembre 2009), porque desde luego cada quien es libre de escribir y opinar lo que le venga en gana, aun si sus juicios son parciales y resultado de meras percepciones personales. Pero en vista de que usted cita un comentario mío sobre George Steiner (Nexos 368, agosto 2008) para sustentar algunas de sus ideas, siento la responsabilidad de expresar mi opinión al respecto.

En “Steiner y la crítica”, tercer apartado del texto donde inopinadamente me involucra, comienza usted por admitir su ignorancia sobre la consideración otorgada al profesor en las academias europeas y norteamericanas, información acaso excesiva para su apunte pero de cualquier modo asequible. Todo dios ha escrito sobre Steiner y hay entrevistas con él y reseñas de la mayoría de sus libros cuando menos en el New York Times y The Times Literary Supplement; en el suplemento Babelia, del diario español El País, y en el Cultural del también español ABC. Todo consultable en Google.

Luego añade: “Lo que sí tengo claro es que en América Latina no se le ha prestado verdadera atención”. Sobre ello, la traducción del libro Después de Babel del FCE data de 1980 (y si mal no recuerdo es de Adolfo Castañón). Desde entonces, críticos mexicanos y de otros países latinoamericanos —de México a Chile y Argentina—, han reseñado algún libro de Steiner y han escrito notas o ensayos sobre su obra. Usted incluso recuerda que el profesor recibió el Premio Príncipe de Asturias 2001, pero evita mencionar que recibió además el Premio Alfonso Reyes 2007, en una ceremonia en Inglaterra a la cual asistió el embajador mexicano Juan José Bremer. El discurso de Steiner fue traducido por Castañón y está en internet. De acuerdo a estos datos, esa falta de verdadera atención prestada a Steiner en nuestros países, que usted tiene tan clara, parece sólo una mera percepción.

Luego de ese arranque en falso, me cita usted para documentar no sólo esa engañosa percepción suya, sino para demostrar cómo, desde su óptica, tergiverso las proposiciones del viejo profesor. En fin, cada quien es libre de opinar lo que le venga en gana, ya lo dije, pero soy curioso. Cuando usted precede mi opinión con este comentario: “… no ha faltado quien (…) le dedique críticas del siguiente estilo”. ¿A qué estilo se refiere?, ¿el estilo es parcial, irrespetuoso, presuntuoso, ignorante, superficial?

Por otra parte, la discusión sobre si la crítica es o no arte y creación, se ha mantenido por años. Han escrito sobre ello Sainte-Beuve y el doctor Johnson en Europa; Mencken, Wilson y Vidal en Estados Unidos, y en México Villaurrutia y Novo, José Luis Martínez y Carballo, Paz y Elizondo, Luis Mario Schneider y Roberto Vallarino, Cardoza y Aragón y Evodio Escalante, por mencionar algunos. En particular destacan el célebre capítulo sobre el asunto escrito por Óscar Wilde, el hermoso texto de Cardoza y Aragón donde apunta: “El arte es fácil, la crítica imposible” (El Río. Novelas de Caballería. FCE 1987), y la descripción de la crítica como “la conciencia que la literatura tiene de sí misma”, de José Joaquín Blanco.

Finalmente, para la crítica literaria la admiración desmediada muchas veces estorba en vez de ayudar. Reiterar lo dicho sobre Steiner por los estudiosos de su obra resulta muy cómodo y exige menos trabajo que asumir un desacuerdo con algunas de sus ideas para indagarlas y cuestionarlas, aun a riesgo de ser acusado de tergiversarlo. Tampoco los pedestales benefician a la crítica. El diálogo con los autores se logra leyéndolos frente a frente. Tengo la impresión de que le molesta mi desacuerdo con Steiner porque, por un momento, lo baja del pedestal en el que usted lo ha colocado.

Por último, en Nexos (No. 385, enero 2010) se publicará mi comentario sobre George Steiner en The New Yorker, libro reciente del FCE y Siruela, donde a mi juicio hay mucho más que el Steiner “cartero” que disfruta usted tanto: hay un artista y hay creación. De ahí mi apuesta por la crítica literaria como algo más que un servicio postal.

Alejandro de la Garza. Periodista cultural. Publica ensayo, crítica literaria y crónica en diversas revistas y suplementos.