En el bienio 2016-2017, los ataques y descalificaciones contra la integración de México al régimen norteamericano de inversión y comercio provenían del bravucón de la escuela, que además era el niño rico; por lo que no sorprenderá a nadie que dicha agresividad se sienta de nuevo en el ambiente una vez que ese mismo bully ha vuelto al aula regional.
Lo que sí sorprende, en cambio, es el discurso proveniente de los otros compañeros, los que viven en la casa de la otra cuadra: Canadá. Como es sabido, ciertas autoridades subnacionales (i.e. Alberta y Ontario) han solicitado expresamente la expulsión de México del acuerdo trilateral, alegando permisividad de nuestro país con importaciones chinas que después se colocan en los mercados canadienses y estadunidenses. Lo anterior ha causado que incluso las autoridades federales de Canadá no descarten contundentemente la idea de explorar nuevas alternativas comerciales con Estados Unidos sin tomar en cuenta a su socio más meridional.
No han sido pocos los argumentos contra este propósito que se desarrollan a partir de una racionalidad económica: las cifras muestran que hay suficientes recursos fluyendo entre Canadá y México como para resentir una decisión de esa envergadura.1 No obstante, al menos en la opinión mexicana, hay un déficit en las hipótesis de por qué surgió ese discurso en Canadá, frente a un número de comentarios sobre por qué no debería tomarse en cuenta esa proposición o llevarse a la práctica.
El propósito de este artículo es contribuir a llenar ese vacío y ofrecer una explicación sobre el comportamiento de los actores canadienses ya mencionados. El argumento principal de este texto es lo que los analistas de política exterior llaman aproximación de política interna (Innenpolitik) que puede resumirse así: el comportamiento hacia el exterior de los países tiene su causa primaria en factores de política interna; en este caso, la posición electoral de los partidos canadienses y la opinión pública de ese país sobre las relaciones comerciales vigentes.

Así, es necesario señalar, en primer lugar, que se van a celebrar elecciones federales en Canadá el próximo año para renovar la Cámara de los Comunes. Además, hay que tomar en cuenta que las provincias tuvieron sus elecciones más recientes entre 2021 y 2024. Ello es importante porque esas provincias nombran a quienes integran el Senado. En otras palabras, los distritos locales y federales son fuentes principales de poder en Canadá: los primeros dan acceso a los gobiernos provinciales y los escaños senatoriales; los segundos, a la Cámara baja.
Desde 2021, los partidos conservadores regionales han ganado mayorías parlamentarias en seis de las trece provincias de Canadá, incluyendo las muy pobladas Alberta, Ontario y Quebec, más Nueva Escocia. Por tanto, esos actores de corte conservador tienen ventaja al momento de integrar el Senado. Actualmente, de los 105 escaños en esa cámara, 74 corresponden a provincias con gobierno conservador (Alberta, Prince Edward Island, Ontario, Quebec, Nueva Escocia y Saskatchewan), lo que significa que el Partido Liberal de Trudeau está contra las cuerdas.
Pero ahí no termina la historia, recordemos que en 2025 se renueva la Cámara de los Comunes. En esa lucha por el poder público, el Partido Conservador arranca en una posición más que privilegiada: de acuerdo con las casas encuestadoras, este instituto político cuenta con una intención media de voto de 41.5 %. En el sistema electoral canadiense, basado solamente en distritos de mayoría relativa, ese resultado daría a los conservadores una mayoría de 213 curules parlamentarias, casi 24 % más de las necesarias para ganar la mayoría absoluta.
En otras palabras: los miembros y candidatos del Partido Conservador sienten una victoria contundente muy cerca y la mayoría parlamentaria al alcance de la mano. Saben que pueden derrotar a su rival natural: Justin Trudeau quien lleva casi una década como primer ministro. Es más, la CBC concede una probabilidad de 1 % al actual primer ministro de mantener su mayoría en la Cámara de los Comunes.
¿Quiere decir esto que los conservadores sólo deben “nadar de muertito” y esperar lo inevitable? En lo absoluto, administrar la ventaja no quiere decir administrar el tiempo libre, sino administrar los recursos políticos que alimentan dicha primacía. En este sentido, me parece que hay fuertes incentivos para que los conservadores coloquen en su agenda de campaña, entre otros asuntos desde luego, un tema atractivo, explotable, poco costoso para ellos y más difícil de sortear para los liberales. Ahí entra el segundo factor de este análisis: la opinión pública en Canadá sobre nuestro país y el sistema norteamericano de comercio e inversión.
El Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC por sus siglas en mexicano; CUSMA en canadiense y USMCA en estadunidense) es una obra, para la política canadiense, totalmente atribuible a Justin Trudeau y su partido; a diferencia de México, por ejemplo, donde el resultado final es producto del esfuerzo de dos administraciones diferentes, las de Peña Nieto y López Obrador, respectivamente. Es más, en México podría concebirse al Tratado como un interés de Estado, que procuraron dos gobiernos con ideologías diferentes y hasta encontradas. En Canadá esto no es así: en el relato político actual, el T-MEC es hijo de los liberales.
Entonces, ¿el T-MEC es un activo o un pasivo electoral para el Partido Liberal? Hay evidencia empírica para pensar que los conservadores, tanto a nivel regional como nacional, calculan lo segundo: el Tratado vigente es una oportunidad para señalar errores en la política comercial liberal y replantear la arquitectura del comercio norteamericano. Y el “error” más sencillo de aprovechar es haber permitido la incorporación de México, quizá más del gobierno mexicano, en la ecuación. Así, hay razones entonces para sospechar que los partidos conservadores ven en México, como ha pasado en otros momentos y espacios, una linda piñata electoral.
Cuando se revisan algunos datos, parece haber una divergencia notable, y debo decir preocupante, entre el ánimo México-estadunidense hacia la integración y el respectivo ánimo en Canadá. En 2020, de cara a la Cumbre de Líderes de América del Norte 2021, el Angus Reid Institute levantó una encuesta sobre las actitudes de las y los canadienses hacia el entonces nuevo tratado comercial. Sólo 8 % de las y los encuestados respondió que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (el viejo TLCAN) había beneficiado a su economía personal; 13 % sintió lo mismo con respecto de la economía provincial y 18 % sobre la economía nacional. Es decir: sólo dos de cada diez canadienses tenían la convicción de que el TLCAN y el sucesivo T-MEC habían beneficiado a sus bolsillos. Este sentimiento es mucho más intenso en el electorado conservador, donde uno de cada dos afirma que estos tratados no han beneficiado a su economía nacional.
Asimismo, en octubre de 2018, cuando se firmó el T-MEC, 45 % pensaba que el nuevo acuerdo sería “decepcionante”. La cuestión de qué pensaban las personas encuestadas sobre los socios regionales también es interesante, pues Canadá es el país de Norteamérica donde menos entusiasmo hay por los socios de integración: 50 % tenía una opinión favorable de México y sólo 46 % de Estados Unidos; en contraste, 66.1 % de los mexicanos sentía simpatía por Estados Unidos y 64 % por el primer ministro Trudeau.
Así, la mesa está puesta: ni el acuerdo, ni los socios que negocio y eligió el Partido Liberal, son de lo más popular. Por otra parte, de los dos socios no tan populares con los que enfrentarse en la guerra de declaraciones, es evidente cuál resulta menos costoso políticamente —en especial con el bully de regreso.
Pero si vamos más allá, notaremos que las y los canadienses tampoco están del todo satisfechos con su política comercial de los últimos años. Un estudio demoscópico de la agencia IPSOS mostró que, si bien las personas en Canadá son favorables al comercio exterior como concepto (93 % dijeron estar de acuerdo con que éste era importante para el país), 55 % estuvo muy de acuerdo en que el país carecía de la infraestructura apropiada para transportar mercancías y trabajadores, y 91 % dijo que Canadá debía invertir más en infraestructura, tanto como sus pares del G7.
Así, estas cifras muestran que hay una relativamente baja satisfacción tanto con los acuerdos comerciales suscritos como con las políticas generales para aprovechar el comercio. Quedaría más claro por qué el comercio en Norteamérica y, específicamente con México, es un buen tema de campaña para buscar mantener altas las intenciones de voto por los políticos conservadores.
Es posible identificar aquellos factores que, desde el interior de un país, someten en este caso las relaciones internacionales a episodios de distanciamiento, estrés, incluso conflicto abierto. La ventaja demoscópica del Partido Conservador frente a las próximas votaciones parlamentarias, el descontento latente en el territorio con las políticas comerciales vigentes, más una opinión pública local relativamente escéptica de México, son tres factores internos que nos ayudan a comprender un comportamiento externo.
Hasta ahora, el gobierno mexicano ha buscado mandar señales que apacigüen a la opinión en Canadá, como los recientes cateos y redadas en plazas comerciales que venden productos contrabandeados desde Asia, o el anuncio de un plan para “sustituir las importaciones” provenientes de China. Sin embargo, las autoridades federales deben tomar en cuenta que quizá eso no sea suficiente y deberán estar muy atentas al curso electoral en Canadá.
En otras palabras: deben estar conscientes de que ciertos actores políticos canadienses parecen haber apostado por la estrategia de la piñata electoral mexicana, ahora desde el ángulo comercial; una estrategia que podría no neutralizarse solamente con operativos policiacos y anuncios mañaneros, sino con diplomacia pública y diplomacia tradicional. A una probable relación compleja con la Casa Blanca de Donald Trump, ahora también hay que incluir en las juntas de asesores un gobierno muy adverso en Ottawa. Advertidos quedamos.
Mauricio Rodríguez Lara
Internacionalista por El Colegio de México, asesor en comunicación política y asuntos internacionales.
1 31 000 mdd en comercio y casi 3500 mdd en inversión extranjera directa proveniente de Canadá para el año 2023.
Populismo global=el bully del bully del bully…