“Ciudadanos de la cultura” y hordas críticas

Un grupo de poco más de 100 escritores y académicos de distintas procedencias firma una carta en apoyo a la decisión del jurado de otorgar a Alfredo Bryce el Premio FIL 2012.  A su legítimo respaldo a lo que ellos consideran una decisión acertada, agregan un párrafo donde se describe de manera, digamos, inexacta el debate que ha suscitado la determinación del jurado.  Los firmantes señalan: “La campaña de prensa que algunos órganos de comunicación han emprendido en su contra nos resulta de una violencia inusitada, alarmante en una sociedad democrática, y como acto de fuerza introduciría una peligrosa persecución moral en decisiones de tipo artístico, algo sin duda ajeno a los ciudadanos de la cultura”.

Este párrafo no pasaría de ser un exceso melodramático, si no implicara una falsificación y descalificación del saludable, y en muchos sentidos ejemplar, debate que ha suscitado el veredicto en torno al premio FIL 2012.  Por eso, vale la pena comentar, al menos, tres inexactitudes.

No puede hablarse de “campaña de prensa” de “algunos órganos de comunicación”. El debate sobre el premio ha convocado a un espectro muy amplio de escritores, académicos, periodistas, políticos y lectores, quienes se han expresado desde el día del anuncio, primeramente en las redes sociales y, después, en un conjunto muy heterogéneo de medios digitales, impresos y electrónicos. Quienes han cuestionado el premio (y también quienes lo han defendido) tienen formaciones, trayectorias y agendas tan distintas que sería absurdo pensar que parten de una acción concertada o responden a una simple consigna. Reducir la diversidad de voces que se han pronunciado en torno al premio a meras piezas de una “campaña de prensa” implica, en el mejor de los casos, una falta de conocimiento del desarrollo de la polémica y, en el peor, un intento de desprestigiar el argumento ajeno.

El debate no ha sido violento. El debate abierto, airado incluso, pero argumentado, es una característica fundamental de la vida pública en una sociedad democrática. La discusión es la mejor pedagogía democrática, pues obliga a definir las propias posturas, afinar los argumentos y escuchar y responder al otro. En este caso, aunque el tema del premio no ha estado exento de pasión, la inmensa mayoría de las expresiones parten de argumentos articulados y debatibles y guardan un tono civilizado. Si bien la referencia a la causa judicial de Bryce es inevitable, gran parte de la discusión se ha orientado a señalar las indeseables consecuencias de una decisión errónea sobre un premio (mensajes de impunidad, incentivos perversos para la creación y la educación, desprestigio del gremio cultural, erosión de un reconocimiento que cuenta con la participación de algunas de las más relevantes instancias educativas y culturales).  De hecho, más allá de sus referentes concretos, la discusión sobre el Premio FIL 2012 ha tenido la virtud de extraer del terreno sacralizado de la cultura decisiones de política pública que afectan al conjunto de la sociedad, como es el caso de la probidad y transparencia de los reconocimientos que empeñan recursos públicos y prestigio institucional.

Disentir no implica “actos de fuerza” o “persecución moral”.  El cuestionamiento a la decisión de un jurado y la sugerencia de que se reconsidere el premio no es un “acto de fuerza”, ni una “persecución moral” en decisiones de “tipo artístico”. Esta demanda ha partido de antecedentes muy concretos y probados de ilícitos contra el derecho de autor que empañan no solo la trayectoria moral, sino, hay que repetirlo, la trayectoria artística del premiado. La propuesta de retirar el premio resulta lógica para quienes consideran paradójico que se premie a un autor severamente cuestionado en su autoría, a un creador con un probado historial de atentados contra la integridad de la creación. En este sentido, cabe recordar que la noción de autonomía de la literatura, a la que apelan los firmantes de la carta, esa que aparta la creación literaria de los imperativos de la política o de la moral religiosa, de ninguna manera implica un estado de excepción para el creador, ni un fuero para los delitos intelectuales.

Ante asuntos tan significativos que involucran las esferas de la creación, la ética profesional y las políticas culturales es bienvenido el debate abierto y la diversidad de puntos de vista. Desgraciadamente, las teorías de la conspiración y las simplificaciones que predominan en esta carta ayudan poco a la riqueza de la discusión. Ojalá, si la firma no es un mero compromiso amistoso o una deuda, pudiera conocerse, fuera de la camisa de fuerza de un pronunciamiento gregario,  la opinión de estas personalidades sobre el acto del plagio y sobre los vastos temas de moral pública, integridad artística y creatividad literaria que ha planteado este polémico premio.

Armando González Torres. Poeta y ensayista.


4 comentarios en ““Ciudadanos de la cultura” y hordas críticas

  1. El sentido utilitario es lo memos interesante. Lo invicible se hace visible. 150,000 dolares no son una ficciòn es Bryce y un grupo de intelectuales repartiendo los ultimos pesos de una universidad atravesada por tanto problema financiero

  2. Muy de acuerdo con el comentario anterior. No solo han linchado públicamente a Bryce Echenique, sino que además buscan asegurarse de que nadie opine en sentido contrario. ¿De donde salió este puritanismo histérico respecto de la originalidad de las ideas? Sorprende que los líderes-empresarios de Nexos y Letras Libres ignoren la torpeza de esta campaña, concentrada en defender del plagio a… unos artículos periodísticos. ¿Qué diría Enrique Krauze si investigáramos con lupa para saber quién dijo antes que él esa pirámide de lugares comunes que son sus libros? Lo mismo podría aplicarse a Guillermo Sheridan y es posible que ese señor, en los pocos momentos que tiene de calma y raciocinio, piense lo mismo con relación a los miles de versos que tienen antecedentes casi idénticos. ¿No será que ustedes tienen sus propios candidatos para cuanto premio se aparece en el horizonte y que ya encontraron la manera de aterrorizar a sus contendientes? No señores, siempre habrá quien ponga en primer lugar lo que debe venir en primerísima instancia: la calidad artística.

  3. .- En cuanto a que esto no es un acto de fuerza pues no se qué sea mayoritear a alguien en unos no diversos medios y encima estigmatizarle.

  4. Contesto no tanto rebato (¿por qué tendría que hacerse?) esta escalada argumentativa algo insulsa del Armando González Torres.

    Sí puede hablarse de una campaña, cómo no Sr. Su ofuscación es poco menos que inmensa.

    El blog ex profeso abierto al repecto solo es acumulativo de los que ven al plagio como hedor, falla, o algo así, no un fenómeno literario más amplio. Es y tiene un tufo de acumular y acumular y acumular opiniones no tan diversas y Usted lo sabe, que solo ven lo que Bryce plagió, nada más. ¿A quién escapa que Nexos empezó todo esto y que Letras Libres lo continua por dar un ejemplo? Al menos de manera generalista lo del blog y lo de esos medios. Observe. Guillermo Sheridan es un adalid antiplagio cerrado de manera irreponsable a discutir este tema de otras maneras, seriamente. ¿Recuerda el intento de discutir la otra cara del plagio cuando Alatriste? Silencio total. Ignoraron un tema netamente literario (!) Ése señor y el plagio (siendo peor lo segundo) es considerado un tema de culto de ya sabemos qué cosas: No discutir anatemas de uso propio, moral, según conviene. Él no se ha pronunciado en este tema tanto, es cierto, pero es un hecho se considera un referente según eso del plagio, bastante desfasado a mi parecer.

    ¿Qué el debate no ha sido violento? Por favor, esto es un resultado de lo anterior. Bryce es despojado de su condición de también creador, escritor, pese que plagió… para concentrarse en todo lo negativo que es premiarlo, que "parece" es Bryce, que es el jurado y que es todo lo que se relacione a Bryce. Sr. González Torres, ¿a quién engaña su retórica de que el debate no es violento pero es airado argumentando? Que haya argumentos está muy bien. No lo es que haya solo en contra de Bryce, no lo es que todo sea contra la decisión de premiar a Bryce, no lo es que sólo sea contra el plagio no visto como algo más amplio literiamente hablando. Eso es violencia… muy sofisticada… pues sí. Eso es un linchamiento y es moralino.

    En cuanto a que esto no es un acto de fuerza pues no se qué sea mayoritear a alguien unos no diversos medios y encima estigmatizarle. Por cierto, su concepción de "delitos intelectuales" déjeme decirle es ridícula, al menos en este contexto como está sucediendo. Lea usted lo que usted mismo escribió hace días, usted o está cegando o está radicalizando… o si no quiere verlo así al menos creo hilvana argumentaciones sofistas. Léase y razone (otra vez) http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102974

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