
El próximo domingo, los colombianos irán a las urnas por segunda ocasión en un mes. Después de una cerrada primera ronda de elecciones, deberán elegir entre los dos candidatos con mejores resultados: el presidente en turno Juan Manuel Santos, y el candidato del expresidente Álvaro Uribe, Óscar Iván Zuluaga.
Sin embargo, y por diversas razones, la colombiana podría catalogarse como una elección atípica y, por tanto, interesante. Cualquier análisis de la política colombiana contemporánea debe partir, por supuesto, de la figura de Álvaro Uribe Vélez –y esta elección no es excepción. Uribe, quien gobernó Colombia de 2002 a 2008, tuvo una influencia tal que parece haber dividido el espectro político en uribismo y antiuribismo. El ejemplo más claro es que los dos contendientes por la presidencia fueron alguna vez cercanos a él. Más aún: ambos fueron miembros de su gabinete: Santos ministro de Defensa; Zuluaga de Finanzas.
Ideológicamente, el uribismo1 puede entenderse como una combinación de conservadurismo social y liberalismo económico. No obstante, existen dos componentes adicionales que lo vuelven particular y distintivo si se le compara con otros partidos o gobiernos de derecha en América Latina. El primero, es un discurso populista, en donde se vende la centralización de poder como manera más eficiente para solucionar los problemas nacionales; el segundo es un discurso particularmente beligerante frente a las guerrillas y demás grupos armados que operan en Colombia.
Es este último punto el que ha lanzado una sombra a la figura de Uribe. Desde su paso por la gubernatura del departamento de Antioquia hasta su administración presidencial, se ha denunciado su complicidad –y la su hermano– con grupos paramilitares que operaban en coordinación con las Fuerzas Armadas Colombianas en el combate a las guerrillas.
Sin embargo, las graves acusaciones en su contra no han sido suficientes para disminuir su influencia política. Después de fracasar en su intento para reformar la constitución colombiana, y buscar un tercer periodo presidencial, Uribe impulsó la candidatura de Juan Manuel Santos en 2010.
Pero lo que podría haberse entendido como el inicio del uribato también fracasó. Una vez en el poder, Juan Manuel Santos decidió iniciar un proceso de diálogo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), lo que llevó a un rompimiento definitivo con el expresidente. El último acto de esta abierta confrontación fue la creación de Centro Democrático, partido uribista del que Zuluaga es candidato.
La primera vuelta de la elección presidencial –llevada acabo hace tres semanas– estuvo precedida por una dura campaña de desprestigio por parte de los candidatos punteros. Por un lado, Uribe –quien ha recorrido el país haciendo campaña en favor de su candidato– acusó al Presidente Santos de haber recibido dinero de la guerrilla para financiar su campaña; por el otro, Santos exhibió un video en donde Óscar Iván Zuluaga y un hacker intentan obtener información clasificada de las negociaciones con las FARC. Si bien Uribe nunca pudo demostrar los nexos de Santos con la guerrilla, la Procuraduría sí pudo confirmar la veracidad del video de Zuluaga.
De ahí que resulte sorprendente, y hasta cierto punto desconcertante, que los resultados de la primera vuelta hayan sido los siguientes2:

Que, aún con las acusaciones comprobadas del hacker, Zuluaga haya ganado es sorprendente, pero no difícil de explicar. Y se debe, principalmente, a la influencia de Uribe en la forma en que se piensa la política en Colombia.
La campaña colombiana, como sucede en todos los países, tocó una gran variedad de temas: educación, empleo, economía, política fiscal, etcétera. La seguridad fue sólo uno de los muchos aspectos que se discutieron. Sin embargo, la mancuerna Uribe-Zuluaga logró posicionar la seguridad en el centro de la discusión electoral. Uribe Vélez le apostó al miedo como mecanismo de propaganda electoral; en un país que lleva, como Colombia, cinco décadas en un conflicto armado, el miedo demostró ser una eficaz estrategia.
Y Uribe logró la preeminencia del tema de seguridad mediante un discurso de amenaza doble. Por un lado, la amenaza interna: Uribe explotó políticamente las condiciones en las que el gobierno de Santos está negociando por las FARC. El plan de Santos, dicen Uribe y Zuluaga, es una capitulación del Estado colombiano frente a las guerrillas. La ausencia de un cese unilateral de los grupos armados como condición indispensable; la puerta que se les abre para participar políticamente, y la ausencia de reparaciones a las víctimas fueron las principales críticas que se le realizaron a la estrategia de paz santista.
De igual manera, un tema sensible en Colombia es la dicotomía entre paz y justicia. Una de las condiciones de las FARC en la Habana, por ejemplo, es la de la amnistía y penas reducidas para los perpetradores de delitos. Centro Democrático explotó electoralmente estas posibles concesiones.
Al comparar los mapas de presencia de grupos armados con el de los resultados electorales de la primera vuelta, es evidente que el crítica electoral de de Uribe al programa de paz de Santos fue bastante efectiva.


Esta relación ha sido explorada con más profundidad por el blog Monkey Cage del Washington Post. En sus resultados se muestra la existencia de una relación negativa entre ataques de las FARC y votos por Santos; mientras que la relación es positiva entre ataques y votos por Óscar Iván Zuluaga.


Mencioné que la estrategia de Uribe se había basado en una doble amenaza. Existe otra, externa. Y no es difícil adivinar que se trata de Venezuela. A lo largo de la campaña, Zuluaga ha acusado a Santos de querer entregar –por obra u omisión– el país al Castrochavismo. Una y otra vez se criticó la tibieza de la política exterior colombiana frente al régimen de Nicolás Maduro. Mediante el enemigo interno y el externo, fue como Uribe y el resto de Centro Democrático redujeron la discusión electoral a la dimensión de seguridad.
Ahora bien, el desempeño electoral Presidente y su principal opositor han sido explicados, pero, ¿qué puede esperarse de la segunda vuelta? Si volvemos a los resultados generales, podrá notarse que contendieron tres partidos más: el Partido Conservador, con Martha Lucía Ramírez; el Polo Democrático, con la izquierdista Clara López como candidata, y la Alianza Verde, con Enrique Peñalosa.
Durante la campaña, tanto López como Peñalosa vendieron sus proyectos como las alternativas a la dicotomía uribista; frente a los resultados, ambos llamaron a sus electores a votar en blanco y a no apoyar a ningún candidato. Clara López terminó por apoyar a Santos; Peñalosa se mantuvo en su postura3. Por otro lado, Ramírez se alió con Zuluaga y realizó campaña en su favor para la segunda vuelta.
Esto quiere decir que Santos y Zuluaga llegarán prácticamente empatados a las elecciones. Sin embargo, hay algunos factores que pueden resultar determinantes en el resultado. Primero: el Partido Conservador tuvo más votos que el Polo, y por su cercanía ideológica al uribismo, es más probable que sus electores apoyen a Zuluaga que los de López a Santos; segundo: la primera vuelta tuvo un abstencionismo de casi 60%, si éste aumentase –como propusieron Peñalosa y, en su momento, López– el principal afectado sería Santos, de nueva cuenta, por proximidad ideológica; en tercer lugar, no hay que pasar por alto el mínimo efecto que tuvieron los escándalos de Zuluaga.
Tomando en consideración lo anterior, no resulta poco factible que Zuluaga venza a Santos –y el uribismo regrese al poder.
Ahora bien, ¿por qué importa quién gane las elecciones colombianas? Álvaro Forero Tascón4, académico de la Universidad de los Andes, propone una tesis interesante. Lo que se juega en las elecciones no es el modelo económico ni de seguridad: lo que se decide este domingo es el modelo político colombiano. Una decisión entre el institucionalismo de Santos, o el caudillismo de Uribe. Cualquiera de las dos tendrá efectos de largo plazo que afectarán a la región –México no puede darse el lujo de pasarlo por alto.
1 El partido Centro Democrático, fundado por Uribe, establece como sus “5 Pilares”: Seguridad Democrática; Confianza Inversionista; Cohesión Social; Estado Austero y Descentralizado, y Diálogo Popular. Cada punto puede ser consultado a detalle aquí.
2 Datos finales de la Registraduría del Estado Civil.
3 Acaso valga la pena mencionar que la de Peñalosa fue la sorpresa de la elección: contrario a los resultados que su partido tuvo en las elecciones de 2010 con Antanas Mockus a la cabeza, Peñalosa, exalcalde de Bogotá, no logró ganar siquiera la ciudad que gobernó.
4 Forero Tascón expuso su argumento en una serie de artículos en El Espectador: primera parte; segunda, y tercera.
Gracias por la información, sin duda uno d tus mejores artículos