Cómo la SRE puede salvar las vidas de un equipo de deportistas afganas

El futbol bandera, conocido en México como tochito o tocho bandera, es un deporte que deriva del futbol americano. En lugar de derribar a las jugadoras del equipo contrario, el equipo defensor debe quitarles uno de los dos pañuelos que cuelgan a los lados de la cintura, lo cual simula una tacleada. Si bien es un deporte con escaso contacto físico, es un juego rudo: se corre, se grita, se empuja, se brinca, se anotan goles, hay porras. En cualquier contexto, el tocho es una forma de hacer ejercicio que fortalece el sentido de comunidad y desarrolla habilidades de liderazgo.

Ilustración: Ros
Ilustración: Ros

Para las mujeres que integran la selección de tocho femenil de Afganistán, sin embargo, el futbol bandera puede ser una sentencia de muerte. A mediados de agosto de 2021, como todos sabemos, el talibán tomó control de la capital del país, Kabul, y estableció un nuevo gobierno. En septiembre del mismo año Ahmadulla Wasiq, subdirector de la comisión cultural de los talibanes, declaró en una entrevista exclusiva para SBS News que el régimen no permitiría a las mujeres y niñas practicar deportes. “Podría darse la situación en las que sus caras y cuerpos [de las mujeres y niñas] no estén cubiertos”, dijo Wasiq. “El Islam no permite que las mujeres sean vistas así. En esta era de medios digitales habría fotografías y videos y la gente los verá […] No se les permitirá jugar ningún tipo de deporte en el que sean expuestas”. El régimen talibán en Afganistán es un apartheid de género: las mujeres no pueden estudiar, no pueden ser independientes, no pueden trabajar, no se pueden ni siquiera aventar un balón.

La Asociación Internacional de Fútbol Bandera Femenil invitó al equipo afgano a jugar en el torneo que se llevará a cabo en la Ciudad de México a finales de mayo. Pero las deportistas, junto con su entrenador y sus familias, enfrentan grandes dificultades para venir a competir. Por una parte, a la llegada del talibán al poder tuvieron que dispersarse. Algunas se encuentran en Irán; otras, en Pakistán; unas pocas permanecen aún en Afganistán. Por otra parte, tienen problemas con sus documentos: cuando alguien escapa de su país porque están a punto de asesinarle, lo último que recuerda es llevar consigo su pasaporte, acta de nacimiento y cuatro fotografías tamaño infantil. Y, por último, las jugadoras del equipo son personas vulnerables no solamente por ser mujeres y deportistas. Algunas de ellas pertenecen a grupos minoritarios en riesgo. Otras son periodistas. Otras más están en matrimonios arreglados. Sus familias y entrenador también se encuentran en peligro: ¿cómo es posible que hubieran apoyado las carreras deportivas de estas mujeres? En los últimos meses han recibido amenazas por múltiples medios, algunas de las cuales ya han sido cumplidas: al hijo de una de ellas, un niño de ocho años, el talibán le rompió las piernas. El equipo afgano femenil de tocho bandera quiere venir a México para jugar en el torneo, pero también porque quieren ser reconocidas como refugiadas. Han logrado juntar los recursos económicos necesarios para venir y mantenerse a ellas mismas y a sus familias, y también cuentan con redes de apoyo para integrarse al país. Saben que México es un país con una larga tradición de asilo.

El asilo es la protección que un Estado ofrece a personas que no son sus nacionales cuando su vida, integridad personal, seguridad o libertad se encuentran o podrían encontrarse en riesgo. El asilo en México es un derecho reconocido en el artículo 11 constitucional que se regula por la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político. México admite dos vertientes del derecho a solicitar y recibir asilo: el reconocimiento de la condición de refugiado y el asilo político. El reconocimiento de la condición de refugiado es un procedimiento que se lleva a cabo ante la Secretaría de Gobernación, por medio de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, y que solamente se puede iniciar cuando las personas ya se encuentran dentro de territorio mexicano. Este es el caso de muchas personas centroamericanas y haitianas. Por otra parte, el asilo político lo puede solicitar toda persona extranjera cuya vida, libertad o seguridad se encuentre en riesgo a causa de sus ideas o actividades relacionadas con su perfil público, y que carezca de la protección de su país. Este procedimiento se realiza fuera del país, ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) o sus representaciones, que son las embajadas, misiones permanentes y oficinas consulares. En caso de que se conceda el asilo, la SRE debe tomar las medidas necesarias para que las personas asiladas sean trasladadas a México y coordinar con la Secretaría de Gobernación para que se les expidan los documentos migratorios que les corresponden. Así pues, la SRE es la autoridad mexicana con la facultad para conceder asilo político a una persona que se encuentra fuera del territorio nacional. Tiene el poder de hacer que una persona que está en riesgo pueda venir a México y gozar de protección internacional. Se trata de una de las atribuciones más nobles de todo el aparato del Estado, pero también de una de las más grandes responsabilidades del servicio público: en muchas ocasiones, otorgar o negar asilo político implica decidir si la persona que lo solicita vive o muere.

Las evidencias de la persecución que el régimen talibán ejerce sobre las mujeres atletas son abrumadoras. Su ideología misógina y totalitaria sostiene que algo tan simple como andar en bicicleta compromete el honor de una mujer, puesto que es posible que su himen se rompa. Alrededor de doscientas ciclistas afganas de entre quince y treinta años huyeron del país gracias a la colaboración de embajadas, despachos de abogados privados y redes deportivas. El gobierno de Italia, por medio de su Ministerio del Deporte, se ha comprometido a acoger a tantas ciclistas como sea posible. El equipo femenil de futbol soccer fue evacuado junto con sus familias gracias al gobierno de Qatar y la FIFA. CNN reportó que, antes de ser evacuada, la portera del equipo decidió quemar todos sus trofeos, medallas y fotografías. “Me sentía aterrada”, dijo la portera a la cadena televisiva estadunidense. “Si el Talibán sabía que somos jugadoras de futbol, de repente nos matarían”. El equipo femenil de básquetbol en silla de ruedas no ha tenido tanta suerte: apenas tres de sus trece jugadoras han podido escapar. Su capitana, quien quedó parapléjica hace veinte años después de que un misil talibán impactara su casa, fue acogida en Bilbao gracias a los esfuerzos en colaboración del gobierno español con el portugués. “Sé que ya no entrenan, que su formación en el baloncesto se ha detenido”, declaró la capitana del equipo a El País. “Las que se han quedado están totalmente desesperadas. No hay futuro para las mujeres [atletas] en Afganistán”. Kimia Yousufi rompió el récord afgano de los cien metros planos el 30 de julio pasado en los Juegos Olímpicos de Tokio. También tuvo que escapar de su país. Su fotografía le dio la vuelta al mundo: estaba vestida de negro y cubierta de pies a cabeza.

Existe una posibilidad muy grande de que la fotografía de Yousufi sea la última imágen de una mujer afgana compitiendo en un evento deportivo internacional. México tiene la oportunidad de evitarlo. Nuestro gobierno —y en particular la Cancillería, que ha hecho un compromiso loable con una política exterior feminista que busca defender los derechos de las mujeres y de la comunidad LGTIBQ+— tiene la capacidad, por medio de la figura del asilo político, de salvar vidas que tienen el derecho a no ser perseguidas, asistir a la escuela, ejercer sus profesiones y amar a quien quieran. Y, muy importante, México podría asegurar que las integrantes del equipo sigan ejerciendo su derecho a divertirse con un par de banderitas colgadas de su cintura.

 

Elba Gutiérrez Castillo
Abogada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Gerente del programa global pro bono del despacho internacional Greenberg Traurig. Trabaja principalmente casos de asilo y acceso a la justicia.

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Publicado en: Internacional, Política