
He leído el texto de Ernesto Priego con mucho interés. Es cierto que aún es complejo entender con claridad cuáles son las raíces por las que tantos jóvenes británicos han tomado las calles y se han dado al pillaje. Aún así quisiera sugerir que las causas que propone Ernesto no son las únicas ni las más obvias y que hay que evaluar otros argumentos antes de estar seguros cuál de todos (o qué combinación) se acerca más a explicar satisfactoriamente lo sucedido.
Ernesto dice:
Los disturbios recientes en Inglaterra no son producto del hambre como se le conoce en Latinoamérica. Tampoco son una reacción pública explícita a un sistema inequitativo que de maneras muy sutiles todavía protege a una minoría privilegiada.
Su tesis central es que:
Su enojo no es con el capitalismo como sistema de exclusión e inequidad estructural, sino con una cultura que no les dio al nacer el dinero para comprar lo que les han dicho que deben desear y que ven que muchos se pueden comprar.
Achaca las revueltas a una especie de decadencia cultural de las juventudes “programada” en sus mentes por un sistema económico injusto que ha “destruído sus valores cívicos” y está “programada para pensar que […] lo único que se valora es el dinero”:
Estos jóvenes representan el fracaso del capitalismo como modelo de bienestar social, y tristemente también el fracaso del Estado de Bienestar y de la corrección política, quienes han traicionado a toda una generación haciéndoles crecer en una cultura que sólo valora el dinero fácil en grandes cantidades y cuya meritocracia es cosmética y ficticia. Una generación educada en la glorificación de la violencia del ghetto y el glamur misógino del futbol y la música “urbana” comercial; una generación programada para pensar que uno es la marca de la ropa que usa, enfrentada al hecho que vinieron a un mundo donde lo único que se valora es el dinero.
Aunque Ernesto achaque las culpas finales a una especie de capitalismo decadente su retrato de estos jóvenes reproduce de manera condescendiente algunos de los estereotipos que usan los más conservadores para satanizar a estos grupos sociales.
Subrayar la macdonalización de las juventudes, su gusto por los tenis de marca, el pollo frito, las modas estadounidenses y los perros pitbull como muestra de una decadencia cultural es hacerle el juego a aquellos que creen que hay una cultura superior, más civilizada, que deberían seguir si quieren preocuparse por el espíritu, no sólo por el dinero. Un argumento que aunque conservador, también puede darse en la izquierda.
Parece un poco autoritario considerar que existe toda una generación de grupos marginados con un falso sentido de propiedad creado por los hábitos de consumo de los más ricos. Achacar la incivilidad a una “cultura” es una visión muy parcial que se acerca peligrosamente a lo que el propio Ernesto critica: dar explicaciones psicológicas no sociológicas del fenómeno. Decir que “están programados” se acerca mucho al terreno del mentalismo y el lavado cerebral.
Por no poderte comprar una playera Benetton (o tener un amor desbordado por un perro), podemos asumir inmediatamente que la banda va a salir a la calle a quemar tiendas y robar cerveza. En general nos cuesta creer que una mujer que no puede comprarse una bolsa de Louis Vuitton va a salir de su casa a quebrar unas vitrinas del Palacio de Hierro, robarse la bolsa y meter ahí a su Chihuahua. ¿Por qué haríamos lo mismo con los chavos que llevan ropas deportivas y les gusta la comida rápida?
Sin embargo, concuerdo con Ernesto en una de las ideas que desarrolla: que la normalización de la desigualdad (a pesar de los mejores esfuerzos del Estado de Bienestar) puede ser fuente de cierto tipo de acuerdos y comportamientos sociales habituales entre (y dentro) de grupos sociales, y que eso puede favorecer la violencia bajo ciertas circunstancias. Lo que faltaría ubicar es qué tipo de catalizador los puede llevar a romper el pacto de civilidad.
Hay muchas otras explicaciones que se han dado para explicar lo que está ocurriendo. Creo que, en general, pueden dividirse en cuatro y, aunque este no es el lugar, deberían discutirse con cuidado para ir clarificando el debate:
- Desintegración familiar:Argumento conservador por excelencia. Subraya el hecho de que en Inglaterra hay más madres y padres solteros que en el resto de Europa, que la familia ya no es lo que era. Que sus jóvenes tienen problemas de adaptación social por no tener familias “normales”, familias amantísimas. El propio Ernesto ha considerado este argumento en otro artículo. Yo no me inclino a pensar que esta puede ser la razón principal de los pillajes. El cambio en las estructuras familiares lleva casi cincuenta años en los que pocas veces ha derivado en violencia callejera. Además sospecho que no todos los herman@s en cada familia están saliendo a las calles a robar y destruir. Dudo que las estructuras familiares «anormales» estén premiando este tipo de comportamientos.
- Pobreza y Estado de Bienestar recortado:El argumento de la izquierda liberal por excelencia. Reprocha que, ante la crisis, lo primero que se ha recortado son los beneficios sociales, pensiones, ayudas de desempleo, oficinas postales, etcétera. Creen que el descontento en las calles es porque la vida se pone más dura para los de abajo cada vez que hay problemas económicos. Creen que la violencia es una reacción a la humillación de vivir en sus condiciones y de la desigualdad. (ver esta nota y ésta)
- Estado de Bienestar podrido y anquilosado:El argumento de la derecha liberal. Creen lo contrario que los de arriba. Que el Estado de Bienestar es el problema, pero no por su ausencia sino por su tremenda presencia. Que las dádivas sociales han producido una clase floja, dependiente, irresponsable y poco emprendedora. Y que estos chavos revoltosos son rufianes que tienen que hacerse responsables de sus propios actos y de su vida de una forma en la que no lo están haciendo. Los disturbios son muestra de que no lo están haciendo. (ver esta nota del CATO)
- Rebelión contra los mecanismos de control social:La idea es que a estos chavos los picó el virus de la anarquía porque están hartos de que los segreguen, los critiquen y los ande acosando la policía por comportamientos que se les ha categorizado sistemáticamente como “antisociales”. Esta hipótesis es la que más me gusta.
Ayer apareció el audio de unas chavas que no robaron iPhones ni pantallas planas, robaron unos cartones de vino barato. Ya bajo la influencia de Baco, les preguntó una periodista si esto era culpa del gobierno, respondieron que no lo sabían, que más bien era “para mostrarle a la policía que pueden hacer lo que quieran”. Cuando lo filosofaron un poco más dijeron que era “para mostrarle a los ricos que pueden hacer lo que quieran”. No sé si los borrachos nunca mienten, pero en este caso yo creo que no. Que este es un asunto, sobre todo, de rebeldía contra el trato de la policía y de otros mecanismos de control social (vistos por ellas como generalmente definidos por los ricos) que los sobajan y satanizan un poco más de lo necesario. La humillación pública a su forma de vida es constante en los medios, y la policía tiene códigos estrictos de lidiar contra los comportamientos “antisociales” en la calle.
Es mi impresión que esta rebelión se parece más a la rebelión de aquellos adolescentes que ponen los codos sobre la mesa y que todo mundo los corrige todo el tiempo. Una rebelión contra la civilidad de aquellos que se manifestaron contra los disturbios saliendo a limpiar alegremente al día siguiente. Una civilidad que muchas veces toma la forma de odiosos mecanismos de control social en un contexto de desigualdad. Su venganza: una gran y loca fiesta a costa de sus figuras de autoridad. El catalizador fue el abuso a un individuo indeterminado de su grupo social y el hecho de que todo mundo empezó a organizar su propia fiesta. Pero ésta, lo mismo que la explicación de Ernesto, es apenas una hipótesis más. Habrá que seguirlas discutiendo para acabar de entender por qué ocurren estas cosas y por qué ocurrió esta en particular.
Estoy de acuerdo con la necesidad de matizar los consecuentes argumentos que buscan dar respuesta a las hipótesis en este debate. A esto me sumo.
Si bien Ernesto Priego se refiere al capitalismo como “decadente”, creo que valdría la pena insistir, en que la argumentación desde los polos nunca ha sido buena consejera, bastaría observar el registro que muestra la “extrema izquierda” en las últimas décadas en varias regiones del mundo.
En cuanto a lo que señala Mario Arriagada a favor del argumento que refiere a la rebelión contra los mecanismos de control social, me he sumado en el debate a subrayar esta línea ya en días pasados.
En esta última, sólo me falta “matizar” que no estoy tan segura de que los grupos que reaccionaron con acciones violentas a la impronta indignación por la brutalidad policiaca, persigan sólo “objetos” valorados y/o añorados a los que casi nunca tienen acceso.
Los jóvenes, y los no tan jóvenes, que se sumaron a estos disturbios quizás buscan satisfacer, entre otras necesidades, la insaciable sed de reconocimiento y visibilidad en la agenda pública, y que al ser un bien intangible, sólo se sacia atendiendo a su misma naturaleza simbólica.
Si a decir de algunos, sólo buscaran obtener éstos bienes materiales, creo que ya hubieran ejecutado esta revuelta vandálica para obtenerlos, más bien, creo que la “fiesta vandálica- carnavalesca”, fue el vehículo que vieron como “necesario” – sin duda equivocado-, en ese momento para visibilizarse en la agenda pública.
Desconozco si sólo participaron grupos minoritarios compuestos por jóvenes de bajos recursos, posiblemente no fueron los únicos. El vandalismo nunca ha sido privativo de las clases pobres, numerosos casos en el mundo, muestran que los “junior” también han demostrado furia y violencia hacia la autoridad y a la sociedad misma. ¿Por qué si lo tienen todo? Se responde que materialmente sí. Sin embargo, en muchas ocasiones no obtienen el reconocimiento, visibilidad – pública y/o privada- y atención a sus necesidades reales, sensibles y profundas de orden no material. Derecho que todo ser humano, por el hecho de serlo, debe de gozar.
Me parece un «analisis» demasiado superficial, los verdaderos motivos de esta insurrección apenas se empiezan a mostrar y a explicar. Para captar un poco mejor el quid del problem sería bueno ver esta narración sobre el lado culto del Reino Unido, esos lados que los clasemedieros rara vez podemos o queremos ver: http://www.elpais.com/articulo/internacional/He/visto/lado/oculto/Reino/Unido/elpepiint/20110811elpepiint_4/Tes
Gavin Knight es un periodista y novelista de clase media. Escribe para el periódico liberal de clase media The Guardian, y publicó un thriller que se llama «Hood Rat» (Rata Encapuchada/Rata del Barrio). No conozco la versión original de ese artículo publicado en el País, pero he de decir que ese «lado oculto» había estado oculto sólo para los que no viven aquí o para los verdaderamente ciegos. Yo he sido atacado por lo que llamaría pandillas más de una vez, vivo en una zona multiétnica en proximidad de multifamiliares de «protección social» (como le llama el traductor del País), el martes amanecí con la casa del vecino en llamas; he tomado autobuses donde muy seguido hay crímenes a mano de pandillas, en fin, el crimen juvenil es cosa de todos los días y la segregación y polarización social y racial es obvia, para todos.
Como leerás en la conclusión de su artículo aquí, Knight y yo concluimos lo mismo: lo importante es darle voz a los jóvenes que participaron en los disturbios, y estos jóvenes (pandilleros o no) son resultado de la marginación. Knight podrá decir que los disturbios no fueron perpetrados por pandillas. Esto no excluye que miembros de pandillas hayan participado. Si la mayoría eran pandilleros, también había gente que no lo era. Y si la mayoría no eran miembros de pandillas, también hubo quienes lo eran. De nuevo, no es cosa de sí o no, uno o cero, blanco o negro. Esto no lo digo sólo yo; ayer lo enfatizó nuevamente John Pitts, especialista en criminología de la Universidad de Bedfordshire, en televisión nacional en la BBC. (Ver esta entrevista con él, también en el Guardian, del 2008, y ver su artículo, en PDF, aquí).
Podemos seguir discutir esto ad nauseam si quisiéramos. Desafortunadamente no me es posible.
También pediría que quienes no vivieron los disturbios acá trataran al menos de mostrar conciencia que lo que saben está filtrado por una distancia hiper-mediada. Vivo en Lewisham. La cercanía a los eventos no nos hará objetivos, pero al menos nuestro testimonio es honesto, y de primera mano.
Qué tal Ernesto,
Gracias por tu réplica tan pronta y tan cordial. Que no de tristeza y horror el adjetivo «conservador» porque, como bien dices, hay cosas que no pasan de moda – no robarle al vecino por ejemplo- y porque claro que no aplica a la persona, sólo a algunos argumentos en el contexto.
En cuanto a las coincidencias, comparto la idea de que en ese «corto circuito» entre un Estado de Bienestar que podría funcionar mejor y una desigualdad que no se quiere acabar se alojan ciertos de los problemas que pueden estar detrás de la violencia. Y de tu comentario me interesó mucho lo de la «violencia como espectáculo social-mediático». Nunca lo hubiera pensado así, y tiene lógica.
Sobre mi argumento, sólo quería puntualizar dos cosas. 1) hay una dimensión que sentí algo ausente en tu texto (y en el de muchos) que ignora la relación inmediata de estos adolescentes con la policía, la prensa, y otras figuras de autoridad. Un ejemplo: los A.S.B.O.s (Antisocial Behaviour Orders) paternalistas a veces a extremos absurdos, también has sido de maneras desiguales y a veces contradictorias que han complicado la relación con la policía y el Estado. 2) Aunque entiendo sin compartir el argumento Baudrillaeresco de que el capitalismo salvaje está generando identidades locas, torcidas, enajenadas (o como prefiera decírseles), lo que de plano si creo que es incorrecto es extender el argumento a que esas identidades son lógicamente violentas. Ahí puede ser donde se encuentra nuestra diferencia central.
Por último ya en le terreno de las pruebas sólidas y no tanto de nuestras muchas hipótesis. He encontrado un texto (estadístico) bastante bien hecho que no nos da la razón ni a tí ni a mí. De hecho se lo da a ¡los recortes del Estado de Bienestar! vale la pena leerlo: Budget Cuts and Social Unrest 1919-2009
http://vox.cepr.org/sites/default/files/file/DP8513.pdf
Igual en realidad es culpa de los recortes y del calor (como dicen los granaderos) y ni tú ni yo tenemos razón, pero aún no lo sabemos y siempre se empieza por la sana especulación.
Un abrazo,
Mario Arriagada
Gracias Mario por tu respuesta. Sólo apunto que yo estoy completamente de acuerdo con que ¨es incorrecto es extender el argumento a que esas identidades son lógicamente violenta». Jamás dije eso.
Lo que quise decir aquí es que yo jamás impliqué que «esas identidades son lógicamente violentas». No sé dónde leíste esto. Así que estoy de acuerdo contigo. Saludos.
Hola Mario,
Te agradezco tu lectura amable y precisa. Había yo dejado aquí una larga respuesta, atendiendo a todos tus puntos, pero al hacer «click» en «Enviar comentario» perdí la conexión y con ello todo mi texto (debo aprender a copiar y pegarlos en otro lado antes de enviar…)
Coincido en general con tus puntos; no creo que lo que intenté reflexionar apresuradamente (experimentando en vivo los disturbios) contradiga lo que dices. Coincido en que «programar» no fue la elección adecuada. También admito que aunque reconocí explícitamente que se trataba de un estereotipo y ofrecí hipervínculos a opiniones que ofrecían diferentes ángulos a los que yo presentaba, me metí en un terreno peligroso, compartido por los discursos de derecha, y por lo tanto fallé en transmitir mi idea.
Veo por qué se puede leer en párrafos de lo que digo un «conservadurismo de izquierda». Como quedó claro hoy en el debate en la Casa de los Comunes en el Parlamento, el término «conservador», políticamente, en este país (Inglaterra) se refiere a una manifestación por mucho opuesta a mi argumento central. Si mi argumento merece el adjetivo «conservador» se debe, primero que nada, a mi incapacidad para transmitir por escrito mis pensamientos (mea culpa); en segundo lugar, creo, a una definición de «conservadurismo» que, aunque conozco y entiendo, no es la que en este momento aplica a los fundamentos ideológicos del actual gobierno del Reino Unido y representantes y simpatizantes de los Tories (Conservatives) del Parlamento británico. Debo ser sincero y decir que incluso en su sentido más laxo, me da tristeza y horror merecer el adjetivo.
No sé si esté pasado de moda pensar que no robarle a tu vecino es un «valor cívico» que debamos promover. Quizá también ya sea retro pensar que se debe estimular el acceso a la educación y valorar la educación a la hora de ofrecer empleos y remunerar los empleos de acuerdo a la contribución que hagan a la sociedad (y no sólo por cuánto dinero le produzca de la manera mas rápida). Quizá también sea de nostálgicos pensar que en lugar de invertir en policía habría que invertir en apoyar a las comunidades con menos acceso a las oportunidades. Obivamente yo pienso que no. (Yo supondría que tú tampoco).
De modo completamente honesto, lo reconozco: creo que el problema es estructural y esa estructura está determinada por la aceptación de un sistema económico tautológico, del robo por el robo mismo (no para asegurarse nada, sino por diversión), de la violencia como espectáculo social-mediático y lo social-mediático como fin en si mismo. (Debord, Baudrillard, lo que quieras. Sí, ya sé que esto no es nuevo ni único. No por eso en todos los países pasa esto, etc. Sin embargo el fenómeno británico tiene particularidades únicas. Para verlas hay que experimentarlas. Por algo los antropólogos prefieren el estudio de campo a la observación de sillón).
Uno siempre viaja con sus prejuicios y nuestros puntos de vista están determinados por nuestra historia personal. Es inevitable. La diferencia está entre si se reconoce o no. Reconocerlo no quiere decir que se pueda lograr la objetividad, pero al menos implica una conciencia que hay otros modos de ver el mundo. Los conservadores, tradicionalmente (vaya adverbio para este sujeto gramatical), no admiten otra visión más que la propia: todo lo ajeno es enemigo. Yo creo que es posible delimitar características de los integrantes de un grupo determinado y admitir al mismo tiempo que hay quienes, al tenerlas, no forman parte de ese grupo. Por eso la lógica y la ética son distintas: una ignora los contextos, la otra no. Una excluye las contradicciones, la otra no.
En mi comentario anterior, ahora perdido, respondía uno a uno a tus puntos. Lamentablemente ahora ya no tengo ni el tiempo ni la energía y por lo tanto me disculpo. Lo que más me importa subrayar ahora es que no estoy en desacuerdo con tus críticas y admito y comparto tus hipótesis.
Reitero que mi crítica es a una cultura que es expresión de lo que tú traduces como «un capitalismo decadente», alimentado por el corto circuito entre el (para mí deseable, admirable, positivo) Estado de Bienestar y un sistema corrupto que, sin admitirlo, depende de la inequidad para funcionar. Esto no es lo que se entiende, al menos en el Reino Unido, como una visión conservadora. Todo lo contrario.
«El catalizador fue el abuso a un individuo indeterminado de su grupo social»
No fue el «abuso», sino el asesinato de un hombre negro por parte de la policía que identifica a posibles criminales con base en un criterio profundamente racista. Y si lo que concibes como «fiesta» es tal, no quiero imaginar cómo sería su «revuelta».
Ni abuso ni asesinato: ese señor era un traficante de drogas e iba armado. Tratar de achacar todo al «racismo» es uno de los agravantes de la situación.