Las elecciones presidenciales de 2018 y las intermedias de 2021 dieron lugar a un cambio sistémico en los procesos electorales mexicanos: en ambos casos los resultados no dependieron de la fuerza de los grandes partidos sino de su capacidad para asociarse con otros y capitalizar el descontento de los ciudadanos. Es previsible que en los próximos comicios federales y locales prevalezca una contienda de dos fuerzas acompañadas por partidos bisagra que antepondrán sus conveniencias coyunturales a una ideología o a un interés superior.

En lo sucesivo las contiendas se asemejarán más a lo que ocurre en muchas democracias avanzadas, en las que las contiendas se reducen a una confrontación entre las coaliciones gobernantes y las opositoras para después repartir el poder entre los integrantes de la que resulte ganadora, con algunos partidos satélites acomodaticios. La figura de los candidatos cada vez pierde más peso relativo en los resultados electorales, mientras que el abstencionismo de los ciudadanos adquiere protagonismo e importancia.
Otros aspectos que vale la pena destacar para revisar el contexto de las elecciones de gobernador que tendrán lugar el 5 de junio en Aguascalientes, Durango, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Tamaulipas son los siguientes:
• Las elecciones tendrán lugar en regiones muy distintas las unas de las otras: Sur-Sureste con Oaxaca y Quintana Roo; Centro con Aguascalientes e Hidalgo y Norte con Durango y Tamaulipas.
• No existe una dominancia clara entre las alianzas contendientes, según indican los resultados de la elección de junio pasado.
• Existe una elevada tasa de abstención en los seis estados, pues 5.9 de 11.6 millones de posibles votantes no acudieron a las urnas en la elección más reciente, con tasas récord de abstención de 57 % en Durango, 52 % en Hidalgo y 56 % en Quintana Roo.
De lo anterior se desprende que estas elecciones comparten, además del contexto general planteado, la incertidumbre que arroja la combinación de candidatos no siempre ideales para los electores, fuerzas partidistas muy balanceadas y bajos niveles de participación ciudadana. Después de las elecciones de junio de 2021 la alianza oficialista pasó de gobernar en ocho entidades federativas a hacerlo en dieciocho, de manera que si repite el triunfo en las entidades en juego su dominio territorial pasaría a 24 de las 32 entidades federativas.
Posibilidades de expansión de la 4T en 2022
Fuente: elaboración propia con datos del INE de 2018 y 2021
La población de las entidades que tendrán elecciones alcanza una cifra cercana a los 16 millones de habitantes —alrededor del 12 % de la población del país— de los cuales poco más de 11 millones están inscritos en la Lista Nominal; es decir, cuentan con credencial de elector y derechos vigentes para participar en los comicios. Oaxaca cuenta con casi 3 millones de posibles votantes, seguida de Tamaulipas con 2.7 millones e Hidalgo con 2.2 millones. Las otras tres entidades tienen listas nominales de poco más de un millón de ciudadanos.
El balance de fuerzas en estos seis estados es distinto de lo que ocurre a nivel nacional
El balance de fuerzas entre los partidos y las alianzas durante la pasada elección no es el mismo a nivel nacional que en los seis estados que tendrán elecciones este verano, como ilustran la Gráfica 1 y la Gráfica 2.
Fuente: Cómputos Distritales. Instituto Nacional Electoral. Junio de 2021
Fuente: Cómputos Distritales. Instituto Nacional Electoral. Junio de 2021
Entre las diferencias entre la situación nacional y aquella de los estados que elegirán nuevos gobernadores caben destacar las siguientes:
• El nivel promedio de abstención en estas entidades fue 4 % mayor que el registrado a nivel nacional.
• La alianza Juntos Haremos Historia (JHH), integrada por Morena, PVEM y el PT, tuvo una participación en la lista nominal agregada de estas entidades 5 % mayor que la que logró a nivel nacional.
• Por su parte, la alianza Va por México (VXM), integrada por el PAN, el PRI y el PRD, tuvo niveles similares de participación en el grupo de entidades considerado y a nivel nacional, cercano en ambos casos a 20 % de las listas nominales.
• Los niveles de abstención registrados en estos estados fueron distintos para todas ellos, registrando Oaxaca la menor tasa y Durango la mayor, con 6 % de diferencia entre ambas, como ilustra la Gráfica 3.
Fuente: elaboración propia con datos del INE de 2018 y 2021
La abstención y la falta de dominancia de los contendientes abonan a la incertidumbre
Los elevados niveles de abstención observados y las enormes diferencias que hay entre los estados en los que habrá elecciones sugieren la conveniencia de analizar con detalle cada caso para no caer en el error de suponer que lo que ocurre a nivel nacional se puede hacer extensivo a estas entidades. La siguiente imagen ilustra la complejidad de los comicios que vienen por las enormes diferencias que hay entre ellos.
Escenario electoral 2022
Fuente: elaboración propia con datos del INE de 2021
En casi todos los estados con elecciones este año se repetirá la contienda entre la alianza opositora VXM y JHH, por lo que conviene revisar los resultados que obtuvieron en la elección de diputados federales del pasado mes de junio para tener una referencia del balance relativo de fuerzas en estas entidades durante la elección de gobernadores. Para ello utilizaremos el término dominancia, que en este caso significará la diferencia en el porcentaje de los votos obtenidos por el ganador respecto a aquellos obtenidos por segundo lugar, pero expresados respecto de la lista nominal —es decir, del universo de todos los que pueden votar— y no sobre los votos emitidos, ya que de otra suerte se elevan artificialmente las preferencias expresadas por los ciudadanos respecto de los participantes.
Del análisis de los votos obtenidos por las alianzas en las elecciones del año pasado en los estados que este año elegirán gobernadores, se puede concluir que serán contiendas muy reñidas en las que la participación ciudadana será decisiva. La alianza Va por México sólo obtuvo el triunfo en Aguascalientes, con dominancia de diez puntos; en tanto que Juntos Haremos Historia triunfó en el resto, con dominancia fuerte en Oaxaca y Quintana Roo, débil en Hidalgo y sin dominancia en Durango y Tamaulipas, como ilustra la gráfica 4.
Fuente: elaborado por el autor con datos del INE. 2021
En algunas entidades las zonas metropolitanas tienen mucho peso en el contexto electoral
Si bien es cierto que, a nivel nacional, la lista nominal se divide en porcentajes similares entre los habitantes de las zonas metropolitanas y los que habitan fuera de ellas —48 % para los que sí y 52 % para los que no— en algunas entidades federativas el peso de los primeros es muy grande. Tal es el caso de tres de las entidades federativas que elegirán gobernadores en 2022: en Aguascalientes, el 77 % de los electores vive en ciudades; en Durango, el 65 %; y en Tamaulipas, el 82 %. En contraste la proporción de los electores de Oaxaca y Quintana Roo que vive en zonas metropolitanas —6 % y 8 %, respectivamente— es mucho menor, mientras que en Hidalgo es de apenas el 16 %.
La estrategia electoral para 2022 descansará en elevar la participación ciudadana
El hecho de que en las elecciones de junio pasado la abstención haya triunfado en el 90 % de las casillas y en 291 de los 300 distritos electorales confirma que la estrategia general de movilización basada en encuestas de voto útil y redes sociales tuvo un éxito limitado. En contraste, la movilización en la calle para atraer a la clase media en la Ciudad de México provocó un resultado histórico. Estas son quizás las dos lecciones más importantes de lo sucedido en junio que habrá que tomar en cuenta de aquí en adelante.
Tratándose de elecciones locales, los primeros interesados y responsables de asegurar un futuro de orden y progreso en sus comunidades son sus habitantes. El problema es que estos con frecuencia dejan de acudir a votar para elegir a sus dirigentes, dejando que los partidos y otros grupos de interés definan la agenda y los candidatos. En estos ciudadanos habrá que enfocar los esfuerzos para elevar la participación ciudadana.
Da la impresión de que no se ha reconocido que el principal enemigo a vencer para la oposición es el abstencionismo, especialmente el de los ciudadanos de las zonas urbanas con más bienes en el hogar y más escolaridad, de los cuales casi la mitad no vota. Es en este grupo, y no en el universo de votos que se disputan los partidos, que se decidirán las elecciones de este año y, probablemente, las de 2023 y 2024.
Los partidos de la alianza opositora y las organizaciones que los apoyan siguen confiando en lo que dicen las casas encuestadoras y no han querido aprovechar la riqueza de la mayor encuesta que se puede obtener sobre las intenciones de voto que hay el día de hoy en México, levantada por el encuestador electoral más importante del país: el Instituto Nacional Electoral (INE). En las elecciones del año pasado este órgano ciudadano imparcial instaló más de 163 000 casillas en todo el país y recabó las preferencias electorales de poco más de 43 millones de ciudadanos. Difícilmente habrá cambios importantes en estos patrones en los próximos meses, ni siquiera por la designación de candidatos.
El ruido de la revocación y el rechazo a la ley eléctrica pueden favorecer a la oposición
Los pobres resultados obtenidos en la consulta de Revocación de Mandato ponen una interrogante sobre la capacidad actual de movilización ciudadana del presidente López Obrador, puesto que a nivel nacional el 82 % de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal no acudió a su llamado, a pesar de que todo el aparato del Estado se movilizó para llevar al mayor número de votantes posibles.
En términos cuantitativos los resultados representaron la pérdida de la mitad de los votantes de la 4T. Como se ha destacado profusamente en los medios, los 15 millones de ciudadanos que manifestaron su deseo de que el presidente continúe en su cargo representan exactamente la mitad de los 30 millones de votos con los que López Obrador triunfó en 2018 y una pequeña recuperación respecto a la caída observada en junio pasado, cuando su alianza electoral no llegó a los 13 millones de votos.
En el caso de los seis estados que tendrán elecciones este año, los resultados son peores para la coalición gobernante, puesto que 9.5 millones de los 11.7 millones de ciudadanos del padrón electoral se abstuvieron de participar en la revocación. En el caso de Aguascalientes, Hidalgo y Tamaulipas, las tasas de abstención fueron del 91 %, 89 %, 80 % y 82 %, respectivamente como muestra la gráfica 5.
Fuente: elaborado por el autor con datos del INE. 2022
Por otro lado, el rechazo de la alianza opositora a la iniciativa presidencial de reforma constitucional en materia eléctrica fue otro gran fracaso para el presidente y puso en evidencia la importancia de haber impedido en junio pasado que la alianza gobernante mantuviera la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.
Los ciudadanos y no las encuestadoras tienen la última palabra
A reserva de hacer un análisis detallado de lo que ocurre en los municipios y secciones electorales de los seis estados, puede concluirse que:
• Los resultados presentados por las encuestadoras hasta ahora son muy contrastantes con lo que está sucediendo en las urnas y con los bajos niveles de participación ciudadana; además de que, como en el caso de la Ciudad de México y de la Cámara de Diputados, pueden volver a equivocarse si los ciudadanos deciden acudir a votar haciendo caso omiso de sus pronósticos.
• Como dice el adagio, el león no es como lo pintan, pues Morena, a pesar del impulso presidencial, no es la maquinaria arrolladora que quieren reflejar las encuestadoras.
• Más que el llamado tradicional de los partidos a votar por sus candidatos, para la gran mayoría silenciosa la disyuntiva no está en qué candidato es mejor que otro, sino qué alianza puede servir mejor para evitar que nuestra democracia siga deteriorándose, de modo que no es una elección de personas sino de causas que rebasan el ámbito local.
• Ojalá que los ciudadanos que pueden votar en estos comicios acudan masivamente a las urnas convencidos de que los votos en la urna son los que determinarán los resultados y no los pronósticos de las encuestas.
Carlos Hernández Torres
Matemático (UNAM) y maestro en Matemáticas (Universidad de Toronto)






