De acuerdo a datos del INEGI, 22 % de la población mexicana vive en comunidades rurales, sin embargo, poco se ha escrito sobre cómo están experimentando la contingencia por COVID-19. Algunas de las variables que hacen a estas localidades más vulnerables a los estragos de la pandemia son su tendencia a la marginación, el rezago en salud, y una menor estabilidad económica debido a la propensión hacia la economía informal.
Dado lo anterior, nos dimos a la tarea de encuestar vía remota a 48 personas de bajos ingresos viviendo en comunidades rurales (<2 500 personas). Nuestro propósito fue comunicar sus preocupaciones y perspectivas ante la contingencia actual. Los participantes viven en Hidalgo, Chiapas, Puebla, Chihuahua, Nuevo León, Oaxaca, Estado de México, y Jalisco. El 69 % de los participantes se autoclasificaron como autoempleados.
Ante la pregunta “¿Cuál ha sido tu experiencia con la contingencia de COVID-19?”, más del 85 % resaltó el impacto en sus ingresos: “me preocupa que no tengamos los recursos para atendernos en caso de que nos dé la enfermedad”. Los estragos de la inestabilidad económica mundial se reflejan en todos los niveles, recrudeciendo la realidad de los más desprotegidos: “las zonas rurales no cuentan con prestaciones, aquí no hay contratos laborales firmados […] los alimentos básicos han incrementado sus precios y cada vez se vuelve más difícil comprar lo que nos hace falta”. Otro aspecto que emergió constantemente fue el estrés y desgaste emocional, al cual los participantes se refirieron usando palabras como desesperación, miedo, pánico, angustia, incertidumbre, y ansiedad.

Ilustración: Patricio Betteo
De acuerdo a los participantes, las dos áreas donde COVID-19 ha afectado más a sus familias son los ingresos económicos (57 %) y la educación de los hijos (30 %). Consecuentemente, a las autoridades de gobierno les pidieron apoyo económico o despensas y más recursos para que la atención de la salud sea un derecho en sus comunidades. Un participante lo capturó así: “solo les invito mirar a las zonas rurales, donde el planear a largo plazo no existe, donde la gente vive al día y donde ir al médico implica más de seis horas de camino. Ojalá esta pandemia sirva para abrir los ojos a los mexicanos […] merecemos más, ya basta de vivir siempre al día y no tener clínicas en nuestras comunidades”. También varios comentaron lo poco efectiva que ha sido la implementación de las medidas de distanciamiento social: “en mi comunidad la gente sigue afuera con sus labores normales, muchos dicen que el COVID-19 no existe, que es un engaño, otros dicen que de tontos se mueren de hambre en casa”. Finalmente, otros aprovecharon para mencionar lo difícil que es obtener los préstamos de las Tandas del Bienestar: “piden muchos requisitos innecesarios y el proceso es muy lento”.
También mencionaron que varios de los empleadores en sus comunidades están despidiendo gente, y los que no, han implementado medidas insuficientes para proteger a sus empleados de COVID-19 por lo que les pidieron que: “sean responsables y sensibles, permitiendo que se limiten las actividades y se mantenga el pago a los trabajadores, aunque sea la mitad del salario”. Es decir, ser creativos para generar acuerdos de ayuda mutua donde ni el empleador ni el empleado se vean perjudicados de forma unilateral.
Con todas las limitaciones de un ejercicio que no se planteó como una investigación científica, sino como un canal para ofrecer perspectivas de un sector de la población del cual poco se ha escrito en los medios de comunicación, creemos que el olvido de las comunidades rurales es evidente. La gran mayoría de los que contestaron nuestra encuesta trabaja en la economía informal como autoempleados, por lo que carecen de derechos laborales y de seguridad social. Asimismo, las unidades de salud en sus comunidades adolecen de los recursos necesarios para brindarles una atención médica de calidad. Finalmente, tienen ingresos de subsistencia que ante una contingencia como la actual lo primero que se ve afectado es su bienestar emocional y la capacidad para adquirir artículos esenciales; pues saben que sin apoyos el panorama es desolador.
Sin duda el México urbano tiene grandes retos, como se ha visto con la saturación de hospitales, pero las comunidades rurales manifiestan otros desafíos debido al rezago social multigeneracional y los pobres sistemas de protección instalados, que no les permiten responder efectivamente ante la adversidad. Si bien, el aislamiento geográfico de las grandes cadenas de contagio en las urbes es un potencial factor protector, ese mismo aislamiento puede resultar mortal ante la necesidad de medicina especializada o cadenas de suministro robustas. Similarmente, ese distanciamiento de los centros de poder político-económico que existen en las ciudades ha promovido la economía informal como mecanismo de subsistencia, en la cual abunda la ausencia de contratos formales, la protección de los derechos laborales y la falta de seguridad social.
De acuerdo a la evidencia y lo aprendido durante este ejercicio, consideramos que hay cinco medidas clave que podrían ayudar a mitigar los efectos de COVID-19 en el México rural:
1. Transferencias de efectivo dirigidas a las familias más vulnerables para estabilizar su poder adquisitivo y de esta manera puedan atender sus necesidades críticas.
2. Crear cadenas de suministro de alimentos y otros bienes esenciales que limiten la exposición de la población rural a zonas de alto contagio en las ciudades.
3. Implementar medidas de salud pública como:
a. Distanciamiento físico, especialmente en poblaciones de alto riesgo como adultos mayores y personas con condiciones médicas que incrementen su riesgo de complicaciones.
b. Tamizaje por síntomas en puntos de acceso a las comunidades.
c. Diagnóstico y aislamiento de presuntos casos usando síntomas como referencia.
d. Rastreo y cuarentena de contactos de presuntos casos.
e. Instaurar un plan de emergencia para referencias hospitalarias.
4. Identificar y capacitar a líderes comunitarios para operar como promotores de salud, orientando a la población respecto a la enfermedad y a su vez contribuyan a coordinar e implementar, las medidas anteriores.
5. Constituir un comité comunitario que sirva como intermediario para generar acuerdos de ayuda mutua entre empleados y empleadores.
El México rural tiene un gran reto, afrontar una pandemia que ha costado cientos de miles de vidas alrededor del mundo, con un sistema de salud deficiente, múltiples barreras de transporte y comunicación y sistemas precarios en materia de protección laboral y económica. Podríamos romantizar la fortaleza y la resiliencia de nuestras poblaciones rurales, sin embargo, de acuerdo a nuestra encuesta, los estragos económicos y sociales hasta ahora han sido serios, y COVID-19 en el México rural, apenas empieza. Creemos que las medidas anteriores correctamente implementadas, podrían tener un impacto positivo ante la contingencia en el México rural.
Héctor Carrasco Magallanes
Médico, maestro y doctor en Salud Pública. Médico rural de 2013-2016 y actual profesor de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey.
Fernando Ariel García Terrón
Estudiante de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey.
Luis Fernando González González
Estudiante de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud del Tecnológico de Monterrey.
Agradecemos al Dr. Víctor Flores por sus valiosa retroalimentación en versiones previas de este manuscrito. Sin embargo, lo aquí expresado únicamente representa la opinión de los autores.