COVID-19: pandemia inminente

La declaratoria de una pandemia resulta siempre controvertida en un escenario real, y la epidemia actual de infecciones respiratorias por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 (denominadas técnicamente COVID-19) no es la excepción. Ya hay casos en casi 30 países además de China y cadenas de contagio establecidas en varios de ellos, por lo que sería oportuno declarar el estado de pandemia y que todos los países aceleren sus preparativos.

Hemos visto ya más de seis semanas titulares en medios y mensajes en redes sociales sobre este problema, y la impaciencia se enreda con el miedo entre tanta información. Desde los primeros días de la emergencia en China, nuestro país siguió los protocolos internacionales de vigilancia, se emitieron alertas epidemiológicas, se han creado y actualizado diversos documentos técnicos y de comunicación social relacionados con la epidemia, se han implementado las técnicas de laboratorio para diagnóstico en laboratorios de referencia. Ha habido tiempo de refinar la teoría, iniciar la difusión de información en la población y preparar los sitios donde podría atenderse la emergencia en su momento. Por lo visto hasta ahora el sistema de salud pública ha sido lo suficientemente sensible para detectar casi veinte casos sospechosos que han resultado negativos en ocho estados de la república en medio del inmenso número de infecciones respiratorias que se registran cada año; falta ver si el sistema de la medicina privada podrá tener el mismo nivel de sensibilidad, transparencia y comunicación al respecto, ya que es muy probable que los casos importados por viajeros internacionales acudan a esos servicios. Una vez más, la fragmentación de los servicios de salud en México juega en contra de la de la salud pública.

Ilustración: Oldemar González

Ante la falta de certezas de una situación como esta, se comprende y explica que haya ansiedad y temor conforme se extiende la epidemia. En tiempo récord la ciencia nos ha señalado con hechos los riesgos y características del virus, la enfermedad y la epidemia, lo que nos previene de estar cegados por la ignorancia. Muy diferente y reprobable es informar intencionadamente mal para sacar ventaja, crear confusión, miedo o discriminación.

Hoy sabemos que:

• El nuevo SARS-CoV-2 pertenece a la muy conocida familia de los coronavirus que causan el catarro común, proviene de virus ancestros de animales y la población humana no tenía memoria inmunológica previa suficiente para combatirlo.

• Se contagia fácilmente a través del moco y la saliva de las personas afectadas; un enfermo puede contagiar entre una y cuatro personas. Si el contacto con un enfermo es estrecho el riesgo es mayor, como ocurre con pacientes graves hospitalizados que requieren múltiples intervenciones clínicas.

• No todos los contagiados desarrollan la enfermedad; probablemente la gran mayoría presenta un cuadro catarral leve e inespecífico.

• Los factores de riesgo para complicación de la enfermedad e incluso muerte son la pre-existencia de enfermedades del corazón o los pulmones, diabetes, obesidad o tener más de 60 años.

• La epidemia inició en una provincia de China a finales de 2019 y en pocos días se diseminó a otras regiones cercanas y más allá de sus fronteras. Aunque se han reportado casos en casi treinta países de los cinco continentes y defunciones en cuando menos cinco, la gran mayoría de los casos y defunciones han sido reportados en China.

• Hay pruebas de laboratorio muy confiables para el diagnóstico. No hay tratamientos específicos contra el virus; el manejo de los enfermos se basa en medidas generales de cuidado y evitar complicaciones, y no hay vacuna para prevenir la infección.

El asunto es relevante porque en México, al igual que en prácticamente cualquier país, la infraestructura de salud está al límite —en muchos sitios incluso rebasada—; no hay camas, insumos ni personal suficientes para las necesidades médicas ya existentes, y la demanda extraordinaria que presupone la nueva epidemia provocaría muchos problemas asociados. Además, en nuestra población hay un gran número de personas con los factores de riesgo descritos para la complicación de la COVID-19 descritos arriba, un escenario muy parecido a lo que ocurre con la influenza estacional (con la diferencia de que para esta última sí hay una vacuna y varios medicamentos específicos).

La sociedad debe tomar responsabilidad de su parte y estar preparada para detener la epidemia en la comunidad, interrumpiendo la transmisión del virus y evitando contagios que pudieran requerir atención hospitalaria. Las medidas a seguir durante una epidemia como la actual son simples:

• Procurar la etiqueta respiratoria (taparse al toser o estornudar; usar pañuelos desechables).

• Cuidarse al estar enfermo y evitar contagios (no ir a la escuela, trabajo o eventos sociales), no automedicarse ni usar antibióticos.

• Cuidar adecuadamente a los enfermos, evitando contacto directo y manteniendo higiene personal y del lugar adecuados.

• Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón o limpiarlas con geles con alcohol al 60-80 %.

• No atender aglomeraciones (iglesias, conciertos, eventos deportivos, fiestas).

Con esto no solo vamos a prevenir el contagio del SARS-CoV-2 sino también de todos los otros virus y bacterias que causan infecciones respiratorias (la influenza, el neumococo, la tosferina) así como de los que provocan muchos tipos de diarreas.

La celebrada globalización, sinónimo de desarrollo, nos amenaza ahora por doquier. El gigante asiático se paraliza con una neumonía y vemos que nuestro catarro es mucho más grave de lo que pensamos: viajes por cielo, mar y tierra, mercancías e insumos para la producción de todo tipo de bienes y servicios, todos los caminos conducen a China. Hoy más que nunca hay que cuestionar lo global y fortalecer lo local.

Vemos lejos la epidemia pero en realidad ya está cerca. Nos evoca aquellos días de abril y mayo de 2009 cuando comenzó la pandemia de influenza en nuestro país, y permite contrastar cómo la aplicación oportuna de las medidas de distanciamiento social aquella vez cambió el curso de la epidemia, cosa que no ocurrió en China en diciembre y enero pasados. Cada día que pasa corre a nuestro favor y ganamos tiempo para informarnos y prepararnos. El frío se aleja y la primavera promete días calurosos que podrían ayudar contra el virus. Es imposible predecir el comportamiento de la epidemia, sin embargo todo indica que el virus llegará a nuestro país y probablemente encontrará sectores donde propagarse y causar enfermedad. Sabemos quiénes están en mayor riesgo y hay que protegerlos más; también sabemos cómo interrumpir la transmisión y evitar los contagios. El ansia de lo inmediato agota la paciencia. Conservar la atención ante esta amenaza latente es la mejor forma de estar preparados.

 

Mauricio Rodríguez Álvarez
Profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM .

Samuel Ponce de León Rosales
Coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS) de la UNAM.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Salud