En medio de cambios significativos como la transición del Seguro Popular al Insabi y después al IMSS-Bienestar y los impactos continuos de la pandemia de covid, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 20221 ofrece información fundamental para comprender cómo ha sido la trayectoria de la salud en el país en años recientes.
La ENSANUT está a cargo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y de la Secretaría de Salud de México. Recopila datos sobre salud, nutrición y consumo de alimentos en los hogares mexicanos. Antes, la encuesta se realizaba cada seis años; pero desde 2018 la ENSANUT Continua actualiza esa información anualmente. Tomando en cuenta esa periodicidad, es posible examinar la respuesta de la población en la pandemia, la calidad prestada por los servicios de salud y la cobertura de programas prioritarios.

Recursos para la atención médica
La disponibilidad de insumos es una de las obligaciones básicas del sistema de salud. Un dato alarmante de la encuesta es que sólo una de cada cuatro personas no pagó medicamentos, mientras que la mitad sí lo hizo y el 13 % ni siquiera tuvo los recursos para hacerlo.
Por otro lado, las vacunas, su disponibilidad oportuna y en los lugares adecuados es un requisito fundamental para inmunizar a la población. Sin embargo, los datos revelan que en 2022 sólo el 43 % de los infantes de 1 año y el 27 % de los que tienen de 1 a 2 años cuentan con el esquema nacional completo de vacunación establecido por la Secretaría de Salud. Se observa un aumento significativo en la cobertura en el grupo de menores de 1 año: más del doble desde 2018. De la misma manera, se registró una disminución de casi 10 % en los niños de 2 años. Estos números distan mucho de resultados alcanzados en 2006, cuando la cobertura fue del 78 % para los niños de 1 año y del 85 % para los de 2 años.
¿Cómo evolucionó el acceso a los servicios?
Un buen sistema de salud debe garantizar, desde luego, la salud de las personas; brindarles protección financiera; y responder a sus necesidades. Sin embargo, las cifras del acceso a atención preventiva en 2022 muestran un declive preocupante. La proporción de mujeres tamizadas con un papanicoláu para cáncer cervicouterino fue del 24 % (comparado con 2006, año con mayor tamizaje: 36 %) y para cáncer de mama, con exploración mamaria, fue del 17 % (en comparación con el 36 % del 2012, el mejor año). Estos índices representan un riesgo crítico para las mexicanas, pues tales tipos de cáncer son las principales causas de muerte en ellas. En las pruebas de VIH pasamos de uno de cada cuatro adultos con una prueba de detección en 2018, a un insuficiente 13 % en 2022.
Enfermedades no transmisibles: en 2022 sólo el 12 % de las personas mayores de 20 años se realizaron pruebas para detectar diabetes, mientras que uno de cada diez se examinó para hipertensión o dislipidemia, limitando así la prevención de enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en México. Estas cifras, comparadas con las de 2012, reflejan una baja del 47 % y 31 % en la detección de diabetes e hipertensión.
Tales datos muestran un retroceso desde hace una década, cuando cuatro de cada diez mujeres se hicieron pruebas de papanicoláu y tres de cada diez se sometieron a exploración clínica de senos. En ese mismo periodo, a uno de cada cuatro mexicanos le practicaron un tamizaje para diabetes o dislipidemia, y uno de cada tres para hipertensión. Sin duda, hay un marcado descenso en prevenir y detectar a tiempo enfermedades que son las principales causas de mortalidad.
El 85 % de las personas con enfermedades reciben atención, pero sólo cuatro de cada diez son atendidas en servicios públicos. De este porcentaje, el 37 % se atendió en el sector público: el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), la Secretaría de Salud, el Instituto de Seguridad, Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) y otros servicios públicos. El 22 % de los pacientes asistió a un consultorio privado, el 17 % fue a una clínica de atención familiar (CAF), el 3 % estuvo en un hospital privado, el 2 % se atendió en una torre de consultorios y el 1 % recibió atención en urgencias de un hospital privado.
En 2022 el 15 % de los mexicanos no recibió atención médica cuando la necesitaba. Las razones: falta de acceso a servicios médicos, insuficientes recursos para pagarlos o el no saber cómo obtenerlos.
Según el Coneval, en 20222 el 61 % de los mexicanos tenían acceso a servicios de salud, en contraste con el 85 % en 2016. En ese mismo año el 51.5 % estaban afiliados al sector salud: cuatro de cada diez tenían acceso al IMSS, 8 % al ISSSTE, 1 % a otros servicios públicos; en tanto el 49 % no tenía seguridad social y sólo 0.5 % adquirió un seguro privado. De los afiliados al IMSS, 60 % recurrieron a este servicio, 23 % prefirió el servicio privado y 11 % se atendió en consultorios anexos a farmacias (CAF). De la población sin derechohabiencia, 38 % se atendió en la Secretaría de Salud, 25 % en CAF y 36 % en servicios privados. Entre los derechohabientes la principal causa para no atenderse en su lugar de afiliación es la falta de acceso, seguida de los largos tiempos de espera para acudir a una cita y la lejanía de los centros de atención.
Gráfica 3. Cascada de la atención a la salud por sector e institución de salud, para las personas que buscaron atención ENSANUT 2022

Fuente: elaboración propia con datos de la ENSANUT 2022
Esta situación varía según las regiones del país: en las fronteras se recibió más atención por servicios públicos, mientras que en la región centro se usaron más los servicios privados.
Es importante destacar que la atención en los CAF —primera elección de muchos mexicanos debido a su cercanía y bajo costo— se ofrece sin la vigilancia de la Secretaría de Salud. En algunos estados, como Tamaulipas, al menos tres de cada diez personas con derechohabiencia acudieron a un CAF, ya sea por falta de acceso a otros servicios o por preferirlos a otras alternativas.
En general, sigue pendiente el objetivo de que las personas no paguen por el acceso a la salud. El 56 % pagó por los servicios de atención primaria. Si bien esto muestra un modesto avance de sólo 3 % con relación a 2018, se observa que el pago por servicios de salud creció un 20 % comparado con el 2006. Éste es un indicador clave que se debe mejorar para disminuir el gasto de bolsillo de los hogares mexicanos y la percepción de calidad y acceso de los servicios públicos.
Por otro lado, aunque casi todas las mujeres reciben atención médica en el parto, el alto porcentaje de cesáreas realizadas en el país (45 % en adolescentes y 50 % en adultas) supera en más de cuatro veces la recomendación de la OMS. Esto se asocia a un mayor índice de mortalidad materna y neonatal3 y evidencia poca regulación de las autoridades y mala calidad en la atención a las mujeres.
La opinión de las personas sobre los prestadores de servicios de salud destaca porque más del 20 % considera que en el sector público la calidad de la atención es mala o regular. Vale la pena destacar que los datos corresponden a 2021, pues esa pregunta no se incluyó en la encuesta de 2022. En comparación con 2018, la atención en el IMSS e ISSSTE ahora se percibe como “buena”, mientras que en la Secretaría de Salud se deterioró en general y en el sector privado aumentó. Si bien es importante que la gente perciba un buen trato cuando recibe atención a su salud, la ENSANUT no evalúa la calidad técnica de los servicios.
La ENSANUT 2022 nos permite evaluar algunos aspectos de mejora de la salud de las personas (mayor prevención y control de las enfermedades) y su cuidado financiero (evitar que tengan dificultades económicas asociadas con el pago de servicios de salud).
Mejora de la salud. Los indicadores seleccionados en esta sección abordan salud mental (incluyendo trastornos del estado de ánimo y adicciones), salud sexual y reproductiva, malnutrición, enfermedades crónicas no transmisibles y covid durante 2021.
En el ámbito de la salud mental y adicciones, la ENSANUT identifica la ideación suicida y el alcoholismo como los principales problemas en México. Entre los adolescentes, el 8 % ha experimentado pensamientos suicidas y el 7 % ha intentado suicidarse. Hay que subrayar que en 2019 el suicidio fue la tercera causa de muerte entre personas de 10 a 24 años. Además, tres de cada diez adolescentes muestran síntomas depresivos, mientras que el 17 % de los adultos presenta sintomatología depresiva, porcentaje que aumenta a 38 % en el caso de los adultos mayores. Aunque las cifras para depresión se mantienen similares a las de 2018, la ideación e intento suicida en adolescentes ha aumentado al doble en el mismo periodo. Además, es crucial considerar el impacto de la pandemia de covid en la salud mental en todos los grupos poblacionales.
En cuanto al alcoholismo, se observa que el 20 % de los adolescentes consume alcohol mensualmente; de ellos, el 67 % lo hace de manera excesiva, de acuerdo con la escala de la ENSANUT. Además, dos de cada cinco adultos presentan un consumo excesivo de alcohol, cifras más elevadas que las de 2018: 27 % en adolescentes y 35 % en adultos. En el caso de los jóvenes ha aumentado 2.5 veces. Ante estos desafíos, es imprescindible abordar este asunto de manera multisectorial y continua, desde la comunidad hasta la normatividad nacional, para mejorar la calidad de vida de la población y brindar una atención adecuada a la salud mental de los mexicanos.
En la salud sexual y reproductiva, la falta de conocimiento sobre los métodos anticonceptivos y las barreras de acceso son algunas de las razones por las cuales uno de cada cinco adolescentes no usó métodos anticonceptivos en su primera relación sexual; una mejora desde el 30 % en el 2000, pero ninguna desde 2012. Esta situación se refleja en el alto índice de embarazo adolescente en el país: 37 % de las mujeres entre 12 y 19 años que han iniciado su vida sexual se han embarazado al menos una vez. Si bien eso es una mejoría desde el punto más alto, con 61 % en el 2006, la cifra sigue siendo elevada.
Es necesario comprender las causas de ese problema para desarrollar estrategias efectivas de prevención y educación. Es importante también diferenciar entre embarazos deseados y no deseados, dato que ENSANUT 2022 no recolecta. Para obtenerlo se requieren investigaciones cualitativas profundas que ayuden a comprender por qué cerca de la mitad de las mujeres desean embarazarse antes de cumplir los 19 años.4 Además, se debe promover el uso de métodos de barrera para prevenir infecciones de transmisión sexual y el VIH, al considerar que el porcentaje de adultos que no utilizan métodos anticonceptivos en su última relación sexual sigue siendo considerable. Estos datos muestran la necesidad de un enfoque social para facilitar que la población practique una vida sexual segura.
Los problemas de nutrición, incluidos el sobrepeso y la obesidad, son un gran pendiente en el país. La ENSANUT presenta cómo está la nutrición según los grupos de edad. Primero, la alimentación durante la etapa más temprana de vida; a pesar de que el 86 % de las madres recibieron recomendaciones y entrenamiento para lactancia para sus bebés, sólo el 62 % la practican en los primeros tres días de vida, y únicamente el 45 % de los niños menores de 2 años tiene lactancia materna continua. Esto es, sin duda, un avance desde el 14 % de lactancia continua en 2012, más no es suficiente.
La prevalencia de desnutrición crónica en menores de 5 años se redujo de 27 % a 13 % entre 1988 y 2022; sin embargo, el progreso se ha estancado desde 2012. La obesidad en este grupo de edad ha aumentado de manera constante y perdura como un problema en la población entre 5 y 11 años: el 37 % padece sobrepeso u obesidad, 30 % más que en 1999. El sobrepeso y la obesidad en adolescentes sigue aumentando, con el 41 % de los adolescentes en estas dos categorías en 2022 comparado con 33 % en 2012. En los adultos, tres de cada cuatro tienen sobrepeso u obesidad, cifra similar a 2018, pero 5 % mayor que en 2012. Si bien la prevalencia de sobrepeso ha disminuido 2 % desde 2012, la obesidad ha aumentado en 6 %.
Respecto a las enfermedades crónicas no transmisibles, la ENSANUT revela que un 17 % de la población presenta sintomatología depresiva moderada o severa; que el 18% padece diabetes (de los cuales un tercio lo desconocía), y un 49 % tiene hipertensión arterial. Además, en 2021, el 32 % tenía colesterol alto (la mitad fue diagnosticada en la encuesta) y el 51 % tenía niveles elevados de triglicéridos (uno de cada tres lo ignoraba). Comparado con 2006, la prevalencia de hipertensión no ha cambiado, la depresión se ha mantenido estable, mientras que la diabetes ha aumentado notablemente: había 7.5 % de personas con diabetes en el 2000.
Es pertinente considerar que la obesidad, la hipertensión y la diabetes se superponen, lo que desencadena una de las enfermedades de más rápido crecimiento en México: la enfermedad renal crónica.5 Mientras que en el 2000, 11 % de las personas mencionaban alguna enfermedad renal (incluidas infecciones de vías urinarias y enfermedad renal aguda y crónica), esta cifra prácticamente se duplicó a 23 %. Eso plantea dos retos importantes en la salud renal: en primer lugar, tratar a las personas que ya están afectadas con una planificación cuidadosa; en segundo lugar, diseñar estrategias multisectoriales de prevención para mitigar los riesgos de salud, económicos y poblacionales asociados.
Tanto la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021 como la de 2022 proporcionan información valiosa sobre el covid. En general, durante 2021, sólo el 15 % de las personas con síntomas se realizaron la prueba, mostrando una diferencia significativa en la frecuencia de pruebas entre zonas urbanas y rurales. De las personas con síntomas, el 96 % buscó atención médica, y el 68 % de ellas recibió atención en servicios privados, provocando un gasto considerable en su bolsillo. Cerca del 60 % de las personas con seguro privado fueron atendidas en centros de atención médica. Además, del total de personas diagnosticadas, un 34 % continuó experimentando secuelas después de un mes. Además, se estima que en 2022 el 94 % de los mexicanos tiene anticuerpos que indican infección previa por covid.
Los datos sobre la vacunación contra covid revelan patrones interesantes en la seroprevalencia de anticuerpos y la aceptación de la vacunación en diferentes grupos poblacionales. Las mujeres, las personas que viven en áreas urbanas y aquellas de niveles socioeconómicos altos tienen una mayor seroprevalencia de anticuerpos que indican haber sido vacunadas. Por otro lado, las personas de niveles socioeconómicos bajos y medios presentan más anticuerpos que indican infección previa. En el estudio se encontró que una de cada diez personas elegibles para recibir la vacuna la rechazó; esta cifra aumentó hasta un 23 % en la península de Yucatán. En 2021, el 30 % de las personas mayores de 60 años consideraban que las vacunas contra covid tienen efectos adversos para su salud. Estos resultados muestran la necesidad de abordar las diferencias en la aceptación de la vacunación y los mitos relacionados con las vacunas. Es esencial un enfoque integral para aumentar la cobertura de vacunación y garantizar una protección adecuada contra el covid en todas las personas.
La falta de control de la infección ha tenido consecuencias devastadoras para México. Con una población estimada superior a los 130 millones en 2022 la mortalidad en exceso acumulada hasta septiembre de 2022 es cercana a las 800 000 muertes, según el Inegi (2023). Además, se han perdido aproximadamente 5 millones de años debido a muertes prematuras o discapacidades secundarias a la infección.6 Las pérdidas económicas por productividad e incapacidades se calculan en casi 6000 millones de pesos hasta enero de 2022, sin considerar las secuelas a largo plazo.
Según los datos de la ENSANUT 2022 en cuanto a la prevalencia de infección y la de 2021 sobre las secuelas, podemos estimar que cerca de 123 millones de mexicanos se han infectado, de los cuales aproximadamente 42 millones podrían presentar secuelas un mes después de la infección. De ellos, casi 8 millones dependen de asistencia para realizar sus actividades diarias, mientras que cerca de 3 millones están confinados en sus hogares. Estas cifras reflejan un costo social y económico oculto que requiere una pronta solución. Es evidente que las consecuencias de la falta de control de la enfermedad trascienden más allá de la salud individual y comprenden un impacto significativo en la sociedad y la economía del país.
Protección financiera. Para 2022 se retomó la tendencia a la baja observada desde 2006 —interrumpida de manera notoria por la pandemia— de la proporción de personas que no buscaron atención médica: se llegó al 13.2 %, en comparación con el 4.4 % observado en la ENSANUT 2022. Si bien esto parece ser una buena noticia, hay motivos de preocupación. Por un lado, el incremento significativo en la pandemia refleja que nuestro sistema de salud no logra proteger de manera adecuada a las familias de un mayor gasto en salud en tiempos de crisis, algo que debe corregirse. Por el otro lado, la aparente baja proporción de personas que no buscaron atención médica por razones financieras observada en 2022 oculta otra cuestión significativa: 68 % de las personas afrontaron el costo de los medicamentos y en el 2018 sólo fue el 26 %. Es decir: pagaron los medicamentos con su propio dinero, lo que lleva a las familias a reducir su gasto en otros aspectos importantes para su desarrollo y bienestar, como educación, alimentación o transporte.
Determinantes sociales. Son factores críticos que influyen en la salud de la población y en la equidad; son distintos a los factores genéticos o médicos y se refieren a las condiciones y entornos en que nacen, viven, estudian, trabajan y se relacionan las personas. Por tanto, es imprescindible que los actores del sector salud identifiquen estos factores y trabajen en una agenda intersectorial para abordarlos de manera integral. La ENSANUT destaca la importancia de evaluar las condiciones de los hogares para comprender su impacto en la salud de las personas.
En cuanto a las condiciones de los hogares, se observa una ligera disminución en el uso de leña para cocinar, pasando del 17 % en 2000 al 11% en 2022; aunque todavía hay estados donde esa práctica es común y se mantiene en niveles preocupantes, como en Campeche y Chiapas. Esa situación incrementa el riesgo de desarrollar diversas enfermedades y representa un desafío para la salud pública en dichas regiones.
Además, la inseguridad alimentaria se ha agravado en México: afectaba a seis de cada diez hogares en 2021; el 10 % de ellos se clasifica como graves. Esto representa un incremento en comparación con 2018, año en que el 56 % tenían inseguridad alimentaria, 9% grave. Sin embargo, es una mejoría con relación a 2012, cuando la cifra era muy significativa: 70 % de hogares con inseguridad alimentaria y el 10 % en inseguridad alimentaria grave, porcentaje que se ha mantenido. Esto tiene consecuencias cruciales para la nutrición y la salud de las personas: impactos notables en las tasas de desnutrición infantil y obesidad.
La seguridad del agua es otro desafío crítico, debido a que afecta tanto la nutrición como la higiene de los individuos. En 2022, aproximadamente el 16.5 % de los hogares experimentó inseguridad del agua, con diferencias significativas entre las distintas regiones de México. Esta dimensión se incorporó a la ENSANUT en 2021, lo que destaca la importancia de monitorear y abordar este problema para garantizar un acceso adecuado a agua potable para todos los hogares.
La intoxicación por plomo es un tema de gran relevancia que usualmente es olvidado y afecta a la niñez mexicana. Un 17 % de los niños de 1 a 4 años muestra niveles de plomo que indican intoxicación, una cifra casi igual a la de 2018. Sin embargo, en 2022 la región Pacífico-sur mostró un peor registro que la media nacional, pues el 39 % de los niños presenta niveles de intoxicación. Esto representa una amenaza para la salud de los niños y es necesario resolverla de manera urgente. Mostrando la necesidad de identificar y controlar las principales fuentes de exposición, como la cercanía a talleres mecánicos o de pintura, seguida del uso de barro vidriado y fuentes ocupacionales relacionadas con la pintura o la soldadura.
La violencia durante la crianza es un problema que afecta a una parte significativa de la niñez mexicana, con un 56 % de niños expuestos a circunstancias violentas. Aunque esta cifra ha disminuido desde 2018, cuando fue del 64 %, sigue siendo motivo de gran preocupación. La exposición a la violencia en el hogar puede tener efectos graves en el desarrollo y la salud emocional de las infancias. Esta situación no puede pasarse por alto porque afecta a más de la mitad de la niñez mexicana. Aunque se ha observado una mejora en las cifras desde 2018, aún es necesario tomar medidas contundentes para reducir la violencia intrafamiliar y proteger el bienestar emocional, al igual que el desarrollo de las infancias.
En conclusión: abordar los determinantes sociales de la salud es esencial para lograr una sociedad más equitativa y saludable en México. Estos factores están vinculados con la salud y el bienestar de la población y requieren acciones coordinadas y políticas efectivas para generar un impacto positivo en la vida de las personas.
En esta evaluación del sistema de salud de México entre 2018 y 2022 sobresalen preocupantes hallazgos que señalan un saldo negativo, en general. Si bien es cierto que la pandemia de covid influyó en estos resultados, y por ahora es difícil separar sus efectos de las políticas puestas en marcha, también es patente la falta de resiliencia del sistema. Los datos demuestran un deterioro en las condiciones de salud de la población, y la vulnerabilidad social agrava los efectos de los factores de riesgo, situándonos en un escenario más desfavorable comparado con el de 2018.
Un aspecto relevante es la disminución en el acceso a servicios preventivos públicos, mientras la población recurre cada vez más a servicios médicos privados. Además, la calidad de los servicios proporcionados por las instituciones públicas recibe evaluaciones negativas de la mayoría de la población, y algunos servicios públicos con buenas evaluaciones sólo están disponibles para un sector muy reducido de la población. Estos resultados brindan la oportunidad de proponer recomendaciones que permitan cerrar las brechas en salud, considerando los criterios de ese marco.
Para lograr una mejora significativa en el sistema, es necesario un cambio estructural en sus funciones: mejorar la gobernanza, la generación de recursos, el financiamiento y la prestación de servicios. Estas funciones del sistema impactan directamente en la calidad y equidad de la atención médica. La gobernanza requiere un examen profundo, abordando la integración y la regulación; dos ejemplos claros son la lactancia materna y la tasa de cesáreas. Por otro lado, la falta de recursos limita el acceso a los servicios, mientras que el financiamiento insuficiente imposibilita la cobertura universal. En este sentido, la distribución del presupuesto entre los subsistemas del Sistema Nacional de Salud debe ser más equitativa y dirigirse hacia la población más vulnerable. Para mejorar la prestación de servicios es esencial identificar y cerrar brechas y llevar servicios públicos a la población. Al reconocer la influencia de los determinantes sociales en la salud, se insta a una perspectiva intersectorial en los programas sociales. En resumen: la transformación del sistema requiere abordar estos desafíos cruciales para garantizar una atención médica integral, accesible y de alta calidad para toda la ciudadanía.
Es esencial revertir el deterioro de la cobertura universal y el acceso a los servicios de salud, ya que estos aspectos pueden estar afectando negativamente el desarrollo económico del país. Con base en estos análisis, es necesario tomar acciones concretas para mejorar el sistema de salud y garantizar una atención médica de calidad para todos los mexicanos. El bienestar de la población y el futuro del país dependen de una respuesta efectiva y comprometida para cerrar las cuentas pendientes en salud y construir un sistema de salud más sólido y equitativo.
Daniel Bernal Serrano
Coordinador de la Iniciativa de Política Pública y Salud en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey
Gustavo Merino Juárez
Líder de la Unidad de Política Pública del Institute for Obesity Research del Tecnológico de Monterrey y de la Iniciativa de Política Pública y Salud de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública
Agradecemos a Daniel Choperena Aguilar, Óscar Méndez Carniado y Héctor Arreola Ornelas por el procesamiento y análisis de datos.
1 Lazcano Ponce, E. “Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022: un proyecto representativo del Instituto Nacional de Salud Pública”, Salud Pública de México, 65, 2023, s5-s6, https://doi.org/10.21149/15056
2 Coneval. Medición de la pobreza, consultado el 22 de diciembre de 2023, https://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Pobreza_2022.aspx
3 Bernal-García, C., y Campos, C. N. E. “Cesárea: Situación actual y factores asociados en México”, Salud Quintana Roo, 11(40), 2018, pp. 28-33, https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=92469
4 Jiménez, A. Estudio observacional descriptivo sobre Determinantes Sociales de Salud en adolescentes embarazadas del Hospital Regional Materno Infantil de Nuevo León, tesis, Repositorio Tecnológico de Monterrey, 2019, https://repositorio.tec.mx/handle/11285/636182?locale-attribute=es
5 Institute for Health Metrics and Evaluation. GBD Compare Data Visualization, IHME, University of Washington, Seattle, WA, 2019, https://vizhub.healthdata.org/gbd-compare/
6 Novak, B., y Vázquez, P. “Año y medio de pandemia: Años de vida perdidos debido al COVID-19 en México”, Notas de Población, 48(113), 2022, pp. 171-191, https://doi.org/10.18356/16810333-48-113-8