A pesar del asesinato de Hassan Nasrallah y la desaparición de Hashem Safieddine, Hezbolá ha dado muestras de recuperación en su cadena de mando al atacar con éxito a la Brigada Golani el pasado 13 de octubre. Mientras el mundo esperaba la respuesta israelí contra Irán por el lanzamiento de misiles de hace dos semanas, Israel recibió un ataque sorpresa con drones en una base militar de Haifa que superó las sirenas de emergencia y dejó cuatro soldados muertos, además de 67 heridos. En este ataque se presume la muerte del Jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, Herzi Halevi. Un duro golpe contra la reputación de Benjamín Netanyahu quien apenas había anunciado la supuesta erradicación de “una cantidad significativa del arsenal de cohetes, misiles y drones de Hezbolá”.

Lo anterior significa que Hezbolá no sólo mantiene su capacidad de operar de manera precisa, sino que además decidió enviar ataques tácticos a zonas densamente pobladas como Haifa. Esto en respuesta a la apabullante presencia del Ejército israelí en el sur de Beirut y las amenazas de convertirle en “otra Gaza”. Un elemento adicional para interpretar es que Israel no duda en amenazar a los cascos azules de la Misión de Naciones Unidas para Líbano al exigirles su salida del país, con lo que Tel Aviv demuestra una vez más que tiene carta abierta con el gobierno de Washington (quien otorga este tipo de ventajas como moneda de cambio electoral para la candidata demócrata, Kamala Harris). Por si fuera poco, Estados Unidos desplegó el sistema de defensa aérea más sofisticado del mundo en Israel, el sistema Terminal High Altitude Area Defense (THAAD), lo que puede indicar que la decisión de atacar a Irán desde Israel se tomó en serio y, con ello, la llegada de un nuevo momento de tensión regional. El sistema THAAD sólo se ha desplegado fuera en Guam, Hawái y Corea del Sur como medida preventiva a las amenazas de Corea del Norte.
Después de un año de la operación del 7 de octubre, queda claro que Estados Unidos no abandonará a Israel siempre y cuando Netanyahu no provoque una crisis económica que afecte la elección presidencial. Con esto es posible pensar que, con las maniobras en Gaza y Beirut, la apuesta estadunidense sea alterar el orden regional en Medio Oriente después de que China penetró con éxito en la región por medio de importantes acuerdos económicos con países como Irak, Irán y Arabia Saudí —los dos últimos involucrados en los BRICS y la Organización de Cooperación de Shangai. Con el apoyo a Netanyahu, a pesar de la baja reputación que tiene en el ámbito internacional, Estados Unidos también trata de romper la estrategia de Pekín en Medio Oriente con respecto a la ruta de la seda, además de evitar más acuerdos de seguridad económica y energética que sostengan la expansión de las empresas chinas que están llegando a todo el mundo.
Sin embargo, esta estrategia de las potencias, con Rusia involucrada en el Mediterráneo Oriental en Siria, es nociva para la población de Palestina y Líbano. También es probable que sea perjudicial para la población de Yemen si Israel responde a los ataques de los hutíes que trabajan desde el Mar Rojo. Tel Aviv va de guerra en guerra bajo la bandera del derecho a la autodefensa, cada vez que recibe un golpe contundente en el corazón de su armada se desquita castigando de manera colectiva a civiles como ocurrió en los alrededores del hospital Shuhada Al Aqsa o el campo de refugiados de Jabaliya, todo mientras la crisis alimentaria continúa de forma dramática en Gaza.
El escenario es poco alentador por el nivel de sufrimiento humano y por la impunidad con que se maneja el gobierno israelí al no hacer caso a los llamamientos de la Asamblea General de la ONU y la Corte Internacional de Justicia que han pedido el fin de la ocupación militar israelí en Gaza y Cisjordania. Los países árabes del Golfo, por su cuenta, se manifiestan “neutrales” ante la situación entre Israel e Irán al sentirse atrapados en una geografía de fuego cruzado de la cual es imposible escapar. No obstante, la verdadera razón de que estos países aluden a la neutralidad es su deseo de evitar que Israel use su espacio aéreo para atacar a Irán: cualquier ejercicio de esta dimensión implicaría sobrevolar cielos árabes con daños directos a la riqueza petrolera de la que todos los países ribereños del Golfo dependen.
A dicha razón responde la visita del presidente iraní Masoud Pezeshkian a Doha la semana pasada. Esta recuerda que los Estados del Golfo son parte integral de la arquitectura de seguridad regional al hospedar bases militares estadunidenses como la Quinta Flota con sede en Bahréin y el Cuartel General del CENTCOM en Catar, las cuales se espera que no sobrepasen las líneas rojas que ha pasado Israel.
En este escenario el papel de Omán es clave en el conflicto pues, a pesar de la sucesión reciente en su jerarquía gubernamental, el Sultanato sigue siendo un conducto vital de diplomacia, mediación e influencia en todo Medio Oriente. Hay que seguir buscando claves para parar la violencia y el sufrimiento de las miles de personas en Gaza y Beirut que están donando el cuerpo y la mente mientras la espiral de la guerra sigue sin detenerse.
Moisés Garduño García
Profesor de la UNAM, experto en temas de Oriente Próximo