Animals are everywhere full partners in worlding, in becoming with. Human and nonhuman animals are companion species, messmates at table, eating together, whether we know how to eat well or not.
—Donna J. Haraway, When Species Meet, 2008
A lo largo del tiempo, los humanos hemos promovido procesos de domesticación de otras especies animales para atender diversas necesidades e intereses. Históricamente los animales han desempeñado importantes funciones en nuestra sociedad, desde alimenticias, de herramienta de trabajo y protección hasta de placer de compañía y entretenimiento. Hoy en día las mascotas domésticas representan una de las interacciones más comunes y significativas entre humanos y animales no humanos. Por ejemplo, solamente en Estados Unidos se gastaron 97.5 mil millones de dólares en 2019 en mascotas. Si bien las mascotas suelen ser especies que han atravesado largos procesos de domesticación y selección artificial apartados de la vida silvestre, como es el caso muchas razas de perros, persiste dentro de nuestra sociedad un interés en mantener y adoptar mascotas silvestres. Estas mascotas no convencionales suelen ser especies en riesgo extraídas de su entorno silvestre, lo cual acarrea graves riesgos para su supervivencia —a nivel tanto individual como de su especie— y para el funcionamiento de los ecosistemas donde habitan.

Ilustración: Oldemar González
¿Mascotas ideales?
¿Qué hace de un animal una mascota ideal? Un carácter dócil, afecto a la compañía humana, adaptabilidad a las condiciones hogareñas y requerimientos de mantenimiento manejables. Éstas son algunas de las características comunes entre los animales de compañía, como es el caso de los perros y gatos, y que, en principio, descartarían a los animales silvestres – que pueden ser agresivos por instinto natural o tener requerimientos de mantenimiento complejos – como candidatos a mascotas. Sin embargo, al pensar en las mascotas que existen en nuestra sociedad vienen a la mente no solamente perros y gatos, sino también muchos otros tipos de roedores, peces, reptiles, aves, y, en casos extremos, grandes felinos y mamíferos acuáticos. Víctimas de su propio carisma, apariencia, y el status que le otorgan a sus dueños, muchos animales silvestres son vistos como mascotas deseables, desde los monos capuchinos y pitones birmanas disponibles en mercados y tiendas de mascotas, legales e ilegales, hasta guepardos traficados desde África para la alta sociedad en el medio oriente o los famosos hipopótamos de Pablo Escobar. Sin embargo, ¿alguna vez hemos imaginado cómo es su vida en la naturaleza? ¿nos hemos preguntado de dónde vienen? ¿realmente son aptos para ser mascotas? En estos momentos en los que gran parte de la población humana a nivel mundial se ha visto obligada a permanecer en sus hogares surge la oportunidad para hacernos estas preguntas y para reflexionar sobre las implicaciones de tener como mascota a un animal silvestre.
¿Por qué evitar mascotas silvestres?
Existen importantes consecuencias biológicas, ecológicas y legales de tener animales silvestres como mascota. Para ejemplificar, aquí utilizamos el caso de los psitácidos, grupo al que pertenecen loros, pericos y guacamayas. Los psitácidos son un grupo particularmente útil y relevante para este análisis pues su carisma y atractivo ha contribuido a concebirlos como mascotas perfectas, lo cual, junto con la pérdida acelerada de su hábitat natural, las ha llevado a ser uno de los grupos de aves más amenazados a nivel global. La situación actual de la emblemática guacamaya roja en México es un ejemplo del resultado de estas presiones: de una distribución original que abarcaba cinco estados del país, hoy únicamente existe una población silvestre en la Selva Lacandona en Chiapas, misma que además enfrenta grandes retos para su supervivencia debido al saqueo ilegal y la pérdida de hábitat.
Primero, extraer animales silvestres de su hábitat limita su desarrollo biológico, pues estos animales están adaptados específicamente a las condiciones —ambientales, climáticas, alimenticias— de los ecosistemas donde residen. Los psitácidos son aves que desde que abandonan el nido se integran a una vida social de la cual dependen para desarrollarse y sobrevivir. La vida social de los psitácidos en su estado natural es extremadamente rica y compleja, e incluye el integrarse a una parvada y socializar por medio de interacciones en distintas dinámicas como la alimentación en grupo, la formación de lazos con compañeros de vuelo, la conformación de parejas reproductivas, las migraciones y las constantes búsquedas de sitios para alimentarse, hidratarse, reproducirse y descansar.
Como humanos, entender estas dinámicas sociales como necesidades no nos es difícil, pues también son esenciales para nuestro bienestar y desarrollo. La necesidad del contacto con nuestra especie es natural, está presente desde el día en que nacemos y se hace más compleja y evoluciona a lo largo de nuestras vidas. Al igual que en los humanos una vida en soledad o en aislamiento digital es insuficiente para nuestro bienestar, no es posible concebir el desarrollo pleno de pericos, guacamayas o cualquier animal silvestre que viva en cautiverio como mascota. Ningún medio artificial —como puede ser una jaula más grande o compañía de otros individuos de su especie— logrará ofrecer, replicar o reemplazar completamente las condiciones y la complejidad social que ofrece el medio natural.
Segundo, el extraer fauna silvestre afecta no solo al animal extraído sino impacta a todo el ecosistema, pues cada individuo es parte de una compleja red de interacciones a nivel ecosistémico que incluye miles de especies de animales, plantas y otros organismos, y que en conjunto mantienen la funcionalidad de un ecosistema. En los ambientes tropicales, de los ecosistemas más biológicamente diversos del mundo, los psitácidos juegan un muy importante papel ecosistémico a través de la depredación y dispersión de semillas en áreas extensas. Al extirpar a los psitácidos de su ecosistema, se pierden también todas las interacciones entre las muchas especies de plantas y animales en las que ellos participan.
Finalmente, aunque existen alternativas para adquirir mascotas exóticas de forma legal, como es el caso de criaderos establecidos como Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMA)1 en México, en muchos casos la adquisición de mascotas silvestres no solamente constituye un delito sino también contribuye y perpetúa actividades de saqueo ilegalde fauna. En México, la Norma Oficial Mexicana 059 prohíbe y pena cualquier actividad comercial relacionada con psitácidos, mientras que acuerdos internacionales como CITES han impuesto restricciones al comercio de estas aves como una medida para frenar el daño a sus poblaciones naturales. A pesar de que prácticamente todos los psitácidos están amenazados en México, existen redes y mercados ilegales dedicados a su saqueo y distribución. Comprar un psitácido, ya sea al pie de una carretera o en un mercado, contribuye de manera directa al saqueo ilegal y el mercado negro de estas especies, lo cual no solo puede acarrear repercusiones legales para quien compra estos individuos sino también ayuda a financiar actividades criminales. Otra consecuencia ominosa de estos mercados ilegales de fauna es la baja tasa de supervivencia de individuos capturados: en México, se estima que por cada tres pericos que viven como mascota, siete murieron en el proceso de ser traficados.
Tengo una mascota silvestre, ¿qué hago?
Quizás a raíz del confinamiento humano por covid-19, se han documentado recientemente casos de liberación de mascotas silvestres en distintas partes del mundo. Pero, ¿acaso esto mejora su salud biológica? y ¿se restauran las funciones ecosistémicas perdidas? La respuesta en general es no. La probabilidad de sobrevivencia en la naturaleza de animales silvestres que han vivido como mascotas es prácticamente nula, aún si son devueltos a su ecosistema; mientras que su liberación en sitios no adecuados puede convertirlos en especies transmisoras de enfermedades o exóticas invasoras capaces de provocar graves desequilibrios en la naturaleza local.
Para estos animales silvestres en cautiverio, la mejor alternativa es entregarlos a las autoridades ambientales para su posible reintroducción en vida silvestre a través de programas adecuados con las condiciones necesarias y el personal capacitado. De ser imposible lo anterior, hay que evitar a toda costa su reproducción y procurar un buen nivel de vida acorde a sus necesidades —basada en opiniones de expertos en manejo de fauna— hasta su muerte.
Hacia una renovada solidaridad y empatía interespecie
La situación de pandemia que vivimos actualmente es reflejo de la mala relación que tenemos como sociedad humana con la naturaleza y de las complejas interacciones entre nuestro entorno social y el medio natural. A pesar de los grandes retos que impone nuestro actual confinamiento humano, se han documentado esperanzadores procesos de una renovada solidaridad y empatía social en algunos lugares, lo cual ofrece oportunidades para mejorar nuestra relación con la naturaleza. ¿Qué pasaría si lográramos extrapolar los valores de solidaridad y empatía hacia la vida silvestre? Quizás nos daríamos cuenta que la libertad y la socialización no son necesidades exclusivas de nuestra especie humana, y que nuestra capacidad única para incidir en la vida de los demás seres vivos acarrea una gran responsabilidad.
Nuestro cautiverio humano es temporal, terminará y sin duda habrá resultados positivos en nuestra transición hacia la nueva normalidad. Incluyamos el bienestar de la vida silvestre en nuestras prioridades de hoy y mañana, promovamos que la vida silvestre se quede silvestre, y defendamos su derecho a continuar con sus patrones de evolución en su entorno natural.
Sebastián Arriaga Astorga
Biólogo y técnico del Programa de Conservación y Recuperación de la Guacamaya Roja en Natura y Ecosistemas Mexicanos
Santiago Izquierdo Tort
Economista en Natura y Ecosistemas Mexicanos e investigador postdoctoral en la Universidad de Québec en Outaouais.
1 Figura regulada por la Ley General de Vida Silvestre y que, por medio de distintas modalidades de aprovechamiento, puede evitar los daños al ecosistema e incluso ayudar a aliviar presiones ejercidas sobre las poblaciones silvestres.