Durante la primera mitad de septiembre la discusión sobre la reforma al Poder Judicial capturó —con justificada razón— el interés mediático mexicano. Sin embargo, con los reflectores puestos en San Lázaro y Xicoténcatl, la opinión pública dedicó poca atención al inicio de uno de los conflictos armados más importantes en la historia contemporánea del crimen organizado mexicano. En las últimas semanas se registró en Sinaloa un incremento de hostilidades entre las facciones que integran al Cártel de Sinaloa. Sólo entre el 9 y el 12 de septiembre, la Fiscalía General del Estado de Sinaloa informó que en Culiacán ocurrieron 12 asesinatos y 14 personas desaparecieron. Sin embargo, tal y como atestiguaron periodistas locales, es probable que esta cifra sea mayor: Sinaloa, en particular Culiacán, se ha convertido en una arena de combate, y la violencia desbordada evidencia el inicio del conflicto abierto entre las dos principales facciones del Cártel de Sinaloa: Los Guzmán y Los Zambada.

Después de casi dos meses de preparación para la guerra, Mayitos y Chapitos iniciaron una serie de operaciones militares, asesinatos precisos, trifulcas y escaramuzas por todo Sinaloa, con el objetivo de eliminar a los liderazgos del grupo antagónico. Pareciera que el inicio de las hostilidades en el noroeste de México, con énfasis en Culiacán, responde a la iniciativa de Los Zambada, encabezada por Ismael Zambada Sicairos (“El Mayito Flaco”), hijo de Ismael Zambada, para contraatacar a Los Chapitos luego de la traición que condujo al secuestro y captura de su padre el pasado 25 de julio de 2024. “El Mayito Flaco”, actual líder de la facción de Los Zambada, o la Mayiza, se dedicó durante las últimas semanas a recuperar viejas alianzas y renovar votos de lealtad de las familias criminales subordinadas a su padre en diversas zonas del país —destacan Sinaloa, Nayarit, Durango, Chiapas, Michoacán, Baja California, Chihuahua, Sonora y Zacatecas— con el objetivo de construir una coalición criminal formidable que pudiera enfrentar al grupo hegemónico de Los Chapitos, dirigidos por Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán.
Desde agosto algunos medios internacionales y nacionales anunciaron el inicio ineludible de hostilidades en el Cártel de Sinaloa. La preparación para la guerra, que incluyó el reclutamiento de nuevos cuerpos de sicarios, la movilización de recursos económicos, la adquisición de armamento y vehículos, fueron factores que contribuyeron a dilatar el inicio de hostilidades entre Los Zambada y los Guzmán. Sin embargo, tras concluir el período de preparación, comenzaron los enfrentamientos en diversas partes de Sinaloa: en especial Culiacán, Elota, Cosalá y San Ignacio. Debido al escalamiento de la violencia, el gobierno de Sinaloa suspendió la celebración de las fiestas de Independencia en los municipios de Ahome, Angostura, Concordia, Cosalá, Culiacán, Eldorado, Elota, Mocorito, Navolato, Salvador Alvarado y San Ignacio. Por ello podríamos esperar que en estos municipios y áreas contiguas continúen los enfrentamientos intensos entre los sicarios de ambas facciones. Además, municipios de otros estados, como Galeana, Rayones y General Zaragoza (Nuevo León) y Cotija (Michoacán) optaron por cancelar las fiestas patrias.
Aunque el conflicto del Cártel de Sinaloa se expandió por diferentes regiones del país, Culiacán es la zona más afectada por los enfrentamientos: robo de automóviles, fuego cruzado que lastima a civiles, bloqueos carreteros, vehículos en llamas, agresiones contra el Ejército, Guardia Nacional y la policía, interrupciones del transporte público y pérdidas millonarias que afectan a cientos de pequeñas, medianas y grandes empresas. Aunque el gobierno federal envió apenas una centena de soldados para “contener” la situación, pareciera que el Estado mexicano renunció a su ejercer el monopolio legítimo de la violencia y, en consecuencia, ha contribuido al creciente sentimiento de abandono y desesperación en la sociedad sinaloense, a quien sólo le queda recluirse en sus hogares. Hasta ahora, parece que la estrategia de seguridad estatal ante la coyuntura consiste en no involucrarse en enfrentamientos “innecesarios” con los grupos en pugna y esperar a que pase la tormenta.
Vale la pena subrayar que este conflicto no se reduce a Culiacán ni a Sinaloa. El 10 de septiembre, en Mexicali, Baja California, las autoridades del estado atraparon a José Baldomero Fernández Beltrán (“El Pelón”), operador de Los Chapitos en Sonora, quizás con la ayuda de los Zambada. El 13 de septiembre, las autoridades de la Ciudad de México registraron el asesinato en Polanco de Manuel Beltrán Quintero, alias “El Nini” o “El 8”, uno de los líderes del Cártel de Caborca aliados con La Mayiza, y probable víctima de Los Guzmán. En Nayarit, el 13 de septiembre se dio un enfrentamiento entre Mayos y Chapitos en Tepic que dejó 11 víctimas letales. En Durango, Sonora y Chihuahua, los gobiernos estatales pusieron en marcha operativos de seguridad para reaccionar a la ola de violencia que se propaga desde Sinaloa. Y está desde luego la amenaza de los cárteles rivales, como Cártel Jalisco Nueva Generación o el Nuevo Cártel de Juárez, quienes no dudarán en aprovechar los conflictos internos de su principal enemigo para sacar partida y expandirse territorialmente.
Los Chapitos representan a la facción con mayor poder militar del Cártel de Sinaloa, y también la que ha logrado multiplicar sus ingresos gracias al negocio del fentanilo. No obstante, por el conflicto creciente, los Guzmán han buscado nuevos aliados. Entre estos, la familia Cabrera Sarabia, cuyo principal dominio está en Durango. Los Guzmán también reciben apoyo de la familia Canobbio, a cargo del tráfico y producción de fentanilo, y que se distinguen por su crueldad y violencia. Otros líderes importantes son Marco Eduardo Castillo (“Markitos Toys”) y Mario Alberto Castro (“El Castor”). También reciben apoyo de Óscar Noé Medina (“El Panu”), jefe de seguridad de Los Chapitos, y Jorge Humberto Figueroa (“El 27”). Sin embargo, algunos medios locales informaron del asesinato, todavía sin confirmar, de “El Panu”, el pasado 12 de septiembre, lo que representaría un duro golpe a la estructura criminal de Los Guzmán. Además, los hijos de Joaquín Guzmán Loera han buscado apoyo de Los Guanos, encabezados por su tío Aureliano Guzmán, con quien habían mantenido una relación tensa, pero que al parecer se ha sumado al combate de La Mayiza.
Por su parte, Los Zambada cuentan con una red amplia, compleja y en buena medida desconocida de familias aliadas. “El Mayo Flaco” cuenta con el apoyo de Los Rusos, organización encabezada por Juan José Ponce Félix (“El Ruso”), con influencia en Baja California y Sonora, en especial en Mexicali y San Luis Río Colorado. También le respaldan Rafael Guadalupe Félix Núñez (“El Changuito Ántrax”) y José Ángel Rivera Zazueta (“El Flaco”). Los Zambada tienen el apoyo de un individuo conocido como “El Comanche”, supuesto operador de sicarios, a quien se le ha encargado el deber de erradicar a Los Chapitos en Culiacán. Durante las semanas previas al conflicto se reportó el acercamiento del “Mayito Flaco” con José Gil Caro Quintero y Fausto Isidro Meza Flores, líderes del Cártel de Caborca y de los Beltrán Leyva. Estas organizaciones, aunque débiles y menguadas, siguen siendo estratégicas en el control de municipios de Sinaloa y en la protección de líneas de suministro de dinero y armas. La ayuda del Cártel de Caborca y de los Beltrán Leyva a los Zambada se basa en el apoyo con sicarios, intercambio de inteligencia, dinero y armas para combatir y terminar con Los Chapitos. Otro personaje esencial es Alfonso Limón Sánchez, principal estratega de “El Mayo”, quien posiblemente se encuentra detrás de los asesinatos quirúrgicos contra dirigentes de Los Chapitos, como podría ser el caso de “El Panu”. Otro clan familiar es el de los Valenzuela, con sede en Nogales, Sonora, encabezado por Sergio Valenzuela (“El Gigio”), famoso por su contrabando de armamento. Así mismo, La Mayiza cuenta con un grupo de combate de élite, conocido como las Flechas MZ, la guardia pretoriana integrada por 300 sicarios aproximadamente, desplegados en las zonas “más calientes” de México.
Hasta la semana pasada, Los Zambada se mantuvieron a la defensiva, cautelosos de no provocar una reacción de guerra abierta en Los Guzmán. Pero ahora pareciera que “El Mayo Flaco” logró asegurar las suficientes redes criminales para consolidar su liderazgo entre Los Zambada, y así lanzarse a un ataque frontal contra Los Chapitos. Los ataques en Culiacán de La Mayiza tienen el objetivo de cercar y desarticular paulatinamente a los mandos intermedios de Los Guzmán, hasta encontrar y acabar con la vida de los hijos de “El Chapo”. Mientras tanto, Los Chapitos se han dedicado de manera sistemática a bloquear la comunicación de las diferentes organizaciones que apoyan a Los Mayos. En tanto Los Chapitos consigan bloquear las líneas de suministros económicos y militares a Los Zambada que provienen de las sierras de Sonora, Durango y Zacatecas, podrán enfrentarse a una coalición criminal desarticulada, previniendo el riesgo de su derrota. En cambio, si los Zambada consiguen articular los diferentes intereses del Cártel de Sinaloa contra Los Chapitos, como parece que está ocurriendo a juzgar por la evolución más reciente del conflicto, tendrán una posibilidad real de ganar la guerra.
Llama la atención que este conflicto no sólo ocurre por la detención de Ismael Zambada, sino por una serie de traiciones, rencores y conflictos acumulados contra Los Guzmán que atañen a múltiples familias criminales del Cártel de Sinaloa desde hace años. El común denominador es el excesivo poder y dinero que acumuló la facción de Los Chapitos, en detrimento del sistema clásico de distribución de funciones y beneficios de las rentas criminales del narcotráfico. En ese sentido, la guerra civil del Cártel de Sinaloa debe entenderse como un reajuste en el equilibrio de poder interno, que terminará en definitiva con el modelo clásico de cooperación construido por Ismael Zambada y Joaquín Guzmán Loera a lo largo de décadas, dando paso a nuevas configuraciones criminales entre las principales familias mafiosas del noreste mexicano que sobrevivan a la guerra.
Entre tanto, autoridades estatales y federales han optado por una política pasiva en la que buscan no involucrarse de lleno en los enfrentamientos. Resulta alarmante y reveladora la reciente declaración del General de División Jesús Leana Ojeda, a cargo de la zona militar de Sinaloa, según la cual la seguridad de Sinaloa depende de los grupos delincuenciales que se dedican “a hacer agresiones y cobrar vidas”, y no de las autoridades de gobierno. Esta declaración sólo confirma el grado de exposición y vulnerabilidad de civiles e incluso gobernantes, empezando por el gobernador Rocha Moya, ante la fortaleza política y militar acumulada por las facciones del Cártel de Sinaloa. De creerse el contenido de la carta que publicó Ismael Zambada desde Estados Unidos, así como las amenazas que circulan en los últimos días, el gobernador de Sinaloa es uno de los personajes a los que Los Zambada atribuyen más responsabilidades por la traición y captura de “El Mayo”. Por lo tanto, se convierte también en uno de los objetivos prioritarios de Los Zambada en la lucha por el control de Culiacán. En ese sentido, la suspensión del Grito de Independencia en diversas zonas de Sinaloa, en particular Culiacán, evidenció más el temor de un ataque contra las autoridades políticas que contra la población civil: aunque los sinaloenses hoy sufren los daños colaterales del conflicto, no es el estilo ni la costumbre del Cártel de Sinaloa atacar a civiles inocentes, pues constituyen su principal fuente de legitimidad y el fundamento social que ha permitido durante décadas el cogobierno criminal en Sinaloa.
Emiliano Aguilar
Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México.