¿Decadencia o purgatorio? Cien días de Milei

Durante los primeros cien días en el cargo, el presidente anarcocapitalista Javier Milei enfrentó desafíos cruciales en su gestión de la nación Argentina. Su relación conflictiva con el Congreso se evidenció desde el inicio al tomar posesión fuera del recinto, marcando un patrón de desencuentros. A pesar de su empeño, sus propuestas legislativas, como el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) y la Ley Ómnibus, no recibieron respaldo parlamentario. Sus políticas económicas ultraliberales y posturas sociales conservadoras produjeron intensos debates y protestas. A medida que Argentina experimenta las consecuencias, la estabilidad política y económica del país queda en la balanza, mientras Milei busca imponer su agenda. Una pregunta sigue en el aire: ¿estos primeros tres meses son el inicio de una profunda decadencia o, como asegura el presidente, son el paso necesario por el purgatorio para después alcanzar la libertad económica que profesa?

Ilustración: Patricio Betteo

“La pesada herencia”: el diagnóstico y plan de Milei

La situación económica en Argentina al momento en que Javier Milei asumió la presidencia el 10 de diciembre era desesperanzadora, una carga pesada sobre los hombros de cada argentino. Desde la perspectiva de un dependiente de kiosko, que día tras día veía cómo los precios subían mientras sus ingresos permanecían estancados, Milei quizás se presentaba como una luz al final del túnel, una esperanza en medio de la oscuridad.

Las cifras eran desalentadoras. La inflación, constante y desenfrenada, alcanzó niveles alarmantes, superando el 142.7 % en octubre y proyectándose hacia 200 % al final de 2023, según se rumoreaba. El dólar en el mercado informal (llamado dólar blue) rondaba los 970 pesos argentinos, una disparidad abismal con el oficial, que apenas alcanzaba los 368.60 pesos el 10 de diciembre, día de la asunción presidencial. La economía, una vez más, se tambaleaba al borde del abismo.

El índice general de salarios apenas logró mantenerse a flote, registrando un aumento del 152.7 % en 2023, pero incapaz de competir con la vorágine inflacionaria que devoraba los ingresos de los trabajadores. Los informales fueron los más golpeados, viendo cómo sus salarios caían un 30 % en términos reales, una realidad desoladora para quienes ya se encontraban al margen del sistema. Entre los formales, la situación no era mucho mejor. Un aumento del 11 % para el sector privado registrado y del 5.5 % para el sector público no lograban siquiera rozar la inflación, dejando a los trabajadores en una lucha constante por mantener sus cabezas fuera del agua.

Y así, en medio de esta tormenta económica, Javier Milei emergía como una figura polémica pero prometedora. Para muchos, quizás incluso para ese dependiente de kiosko agobiado por las presiones económicas, Milei era una esperanza de cambio, un agente de transformación dispuesto a desafiar el statu quo y buscar soluciones audaces para los problemas arraigados en la sociedad argentina.

Achicar el Estado desde dentro

En su discurso de asunción, Milei mostró una obsesión con el kirchnerismo, tomándolo como antítesis y refiriéndose a su ideología como conformada por “las ideas empobrecedoras del colectivismo” o como una “propuesta sensiblera progresista” ante una política económica que, según ellos, requiere “un ajuste fiscal en el sector público nacional de 5 puntos del PBI que, a diferencia del pasado, caerá casi totalmente sobre el Estado y no sobre el sector privado”.

En estos tres meses, los recortes al Estado fueron evidentes desde el inicio de su gestión. Apenas dos semanas después de asumir la Presidencia, el gobierno anunció la rescisión de unos 7000 contratos firmados en 2023 y un exhaustivo relevo de la planta estatal. Por último, se despidió a 5000 personas del servicio público, en su mayoría aquellas contratadas durante 2023. Después de estos eventos, el panorama se tornó aún más desafiante. No se otorgaron becas de posgrado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y se cerró la agencia de noticias estatal Télam.

Aunque estos números no son para nada conservadores, el 4 de marzo Milei exageró las cifras al afirmar que había despedido a muchos más empleados: “Hemos echado a 50 000 empleados públicos, eso es motosierra. Dimos de baja 10 000 contratos, eso es motosierra”. A finales de marzo, cerca de 70 000 contratos de la Administración Pública Nacional llegaron a su fin y descubrieron si pertenecían a ese 20-30 % de recorte que plantea hacer el gobierno nacional.

Ante estas medidas, se insiste en que “no hay solución alternativa al ajuste”, y se descarta la discusión entre shock y gradualismo. Se intenta tranquilizar a la población, pidiéndole que aguante y no se desespere, argumentando que aunque estas medidas puedan crear estanflación, como Milei mencionó en su discurso de toma de posesión, no hay que temer porque “habrá luz al final del camino”. Todo esto a la vez que, tanto Javier Milei como su vocero Manuel Adorni, se burlan con sorna de los despidos o los maximizan, satisfaciendo así a sus votantes que los apoyan por un resentimiento contra “la casta” que es la forma en que Milei caracterizó a aquellos que viven con salarios del Estado.

Aún más, a pesar de los dos temporales con inundaciones, los incendios en la Patagonia y una epidemia de dengue, Javier Milei no ha cedido en sus recortes al Estado, prefiriendo dejar a cada provincia a cargo de sus propios problemas, sin siquiera lanzar una campaña de prevención sobre el dengue desde el gobierno federal.

El marco legal: cuando las “fuerzas del cielo no alcanzan”

Para la renovación del Estado, no basta con achicarlo, también es necesario refundar las reglas que rigen las relaciones entre el sector público y privado. Con este objetivo, el presidente Milei impulsó la Ley Ómnibus y el DNU, destacando la ambición y premura de su gobierno por reformar estructuralmente Argentina. Estas iniciativas abarcan áreas como la reforma del Estado, la desregulación económica, el trabajo, el comercio exterior, la salud y la comunicación. Aunque el gobierno presente estas leyes como el “shock necesario”, su efecto negativo en los sectores populares y en la estabilidad económica y social del país ha cosechado innumerables críticas.

El DNU y la Ley Ómnibus, con disposiciones altamente perjudiciales, tienen consecuencias en áreas cruciales de Argentina. Contemplan facultades extraordinarias para el Poder Ejecutivo, desregulación laboral y privatización de empresas estatales clave. La Ley Ómnibus suspende la fórmula de movilidad jubilatoria hasta 2025 y propone privatizar Aerolíneas Argentinas y Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). El DNU afecta el comercio exterior, energía y comunicación, favoreciendo a corporaciones y debilitando al Estado. Elimina requisitos de importación, desregula tarjetas de crédito y facilita el ingreso de tropas extranjeras. Estas medidas ponen en riesgo la soberanía y los derechos ciudadanos, creando preocupación por sus secuelas.

Los procesos de rechazo tanto de la Ley Ómnibus como del DNU han sido complejos y han producido un intenso debate político en Argentina. En el caso de la Ley Ómnibus, después de presentarse como una pieza integral para la reforma económica y social del país, se sometió a votación en la Cámara de Diputados, donde sus principales artículos se rechazaron por una mayoría de legisladores. Este rechazo llevó al presidente Javier Milei a retirar la ley y ordenar que vuelva a comisiones para su reconsideración. Por otro lado, el DNU propuesto por Milei también enfrentó resistencia en el Senado, donde se rechazó. Sin embargo, es importante destacar que el DNU sigue vigente hasta que la Cámara de Diputados se pronuncie al respecto.

Se espera que el gobierno reconsidere su estrategia y decida si volverá a presentar la Ley Ómnibus desde cero, lo que implicaría un nuevo proceso parlamentario. Mientras tanto, se conformó un fuerte bloque de apoyo entre La Libertad Avanza de Milei y el Partido Propuesta Republicana (PRO) del expresidente Mauricio Macri. Esta alianza podría tener implicaciones significativas en el futuro político de Argentina y en las decisiones que se tomen respecto a las reformas propuestas por el gobierno de Milei.

Los efectos económicos de la vigencia del DNU

Los primeros resultados económicos bajo el gobierno de Javier Milei han generado un intenso debate en Argentina. Se implementaron medidas de liberalización económica, como la abolición de leyes de góndola y abastecimiento, así como la eliminación de limitaciones para importar. A pesar de que el oficialismo destaca los “logros macroeconómicos”, señalando una disminución en la inflación y el déficit fiscal, es necesario analizar estos datos con cautela.

Respecto a la inflación, aunque se observa una disminución del 13.2 % en enero de 2024 con respecto al mes de diciembre, se mantuvo en 20.6 %, que anualizado superaría el 211.4 % que alcanzó 2023. Además, la reducción del déficit fiscal se logró por medio de recortes y despidos, lo que causa preocupación en cuanto a la estabilidad económica y social del país.

La devaluación significativa del dólar en los primeros días del gobierno ha tenido un efecto inmediato en el consumo y los precios, en especial en regiones del interior del país, donde la actividad económica disminuyó y las empresas han optado por reducir la producción en lugar de bajar los precios. Esto ha contribuido a una mayor precarización laboral y a una reducción del poder adquisitivo de la población, exacerbando la situación económica ya precaria.

“La administración de la esperanza”: la aprobación.

Todo lo anterior presenta un escenario intrigante con algunas fluctuaciones en la imagen del presidente Milei en el tercer mes de su gestión. A pesar de las medidas de ajuste económico implementadas, que han mermado los ingresos de la mayoría de la población, Milei mantiene un alto nivel de apoyo social. Según una encuesta realizada a nivel nacional por la consultora Opina Argentina, el presidente cuenta con un respaldo que supera el 50 % de la opinión pública.

Aunque la imagen de Milei experimentó un leve retroceso desde su asunción, en marzo se registró una ligera mejoría, alcanzando aproximadamente el 52 % de aprobación. Sin embargo, este aumento se sitúa dentro del margen de error estadístico del estudio, lo que sugiere más estabilidad en el apoyo que un repunte significativo. Los sectores de la población que muestran mayor respaldo al presidente Milei son los hombres, los jóvenes y la clase media. Por otro lado, las mujeres expresan menos apoyo al líder de La Libertad Avanza en comparación con los hombres.

En cuanto a la comparación entre la imagen de los funcionarios del gobierno y los dirigentes peronistas, los primeros obtienen una valoración más favorable. Figuras como Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, gozan de un apoyo considerablemente mayor que líderes peronistas como Axel Kicillof, Cristina Kirchner, Sergio Massa y Juan Grabois. Además, se observa que el respaldo a Milei está consolidado entre la base electoral del PRO, en especial entre aquellos que votaron por Patricia Bullrich en las elecciones. La mayoría de los encuestados considera que la oposición debería respaldar la implementación del programa económico del presidente.

A pesar del nivel de aprobación, Argentina sigue sumida en una polarización política arraigada, conocida como “la grieta”, que divide a quienes respaldan gobiernos de derecha de aquellos que los combaten. La comparación entre las políticas económicas actuales y las del general Martínez de Hoz durante la dictadura militar de la década del setenta ha ocasionado un intenso debate y división en la población, en particular tras las conmemoraciones del 24 de marzo por el 48° aniversario del Golpe de Estado y las reivindicaciones a las fuerzas armadas desde el gobierno. Aunque algunos confían en los beneficios a largo plazo de las medidas de ajuste al sector público, queda por ver si la paciencia de la gente soportará las adversidades económicas.

La gobernabilidad de Milei parece asegurada, con respaldo no sólo de sus seguidores, sino también por la firme postura democrática de los partidos de oposición. Sin embargo, persiste la incertidumbre económica y el temor a revivir desastres pasados, como la crisis de 2001 que llevó a la renuncia del presidente De la Rúa. En este contexto, el futuro de Argentina es aún más incierto, y sólo el tiempo revelará cómo se desarrollarán los acontecimientos y qué rumbo tomará el país en los próximos meses y años.

 

América Zepeda Cabiedes
Estudiante de doctorado en Ciencias Sociales (UBA), maestra en Ciencia Social (El Colegio de México), licenciada en Estudios Latinoamericanos (UNAM), y miembro del Grupo de Estudios sobre Política y Juventudes (Instituto Gino Germani).

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Publicado en: Internacional, Política