La información de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de Inseguridad (ENVIPE) 2014 ilustra que el porcentaje de la población que percibe a su entidad como insegura continúa estable a nivel nacional, tal y como se muestra en la siguiente gráfica. Sin embargo, a pesar de que las cifras se mantienen, la realidad detrás de ellas pareciera contar una historia más preocupante. La aparente estabilidad es producto de la diminución de homicidios en ciertos estados y del incremento de otro tipo de delitos que atentan contra la población en otros.
Gráfica 1: Porcentaje de la población en México que percibe su estado como inseguro

En 2011 los estados con una mayor percepción de inseguridad eran Chihuahua, Durango y Nuevo León. Esto se explica principalmente porque, junto con Guerrero, estos estados presentaron importantes disputas territoriales entre grupos criminales y sus tasas de ejecuciones fueron las más altas de México en ese año[1]. De hecho, en 2011, el nivel de correlación entre los homicidios por cada 100,000 habitantes y la percepción de inseguridad en las entidades federativas fue de 0.55[2], mostrando una asociación significativa.
No obstante, conforme han bajado las ejecuciones y las disputas por el mercado de las drogas en los estados, los niveles de correlación entre homicidios y percepción de inseguridad han disminuido y hoy en día el nivel de asociación entre estas variables es de 0.38[3]. Desde luego que esto es un avance importante contra la violencia tanto del gobierno federal como de los estados. Aun así, el tema de inseguridad sigue estando vigente y parece haber cambiado de una violencia ocasionada por el choque entre grupos criminales, a una violencia cuyo foco es la población. Hoy en día, la prioridad más importante en el tema de seguridad para los mexicanos es la disminución del secuestro.
No es coincidencia que la información de la ENVIPE 2014 junto con estadística del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestren un nivel de correlación entre la percepción de inseguridad y los secuestros por cada 100,000 habitantes de 0.58, mucho mayor que el nivel de asociación entre percepción y homicidios por cada 100,000 habitantes en el mismo periodo. Más aún, el hecho de que Tamaulipas, Estado de México, Veracruz, Michoacán y Morelos han presenciado un incremento importante en este tipo de delito, explica por qué estos estados se encuentran, junto con Tabasco, entre las seis entidades con la mayor percepción de inseguridad en el 2014.
Por supuesto que se reconoce una disminución importante en los homicidios, pero este logro se ve opacado por el crecimiento de un delito tan grave como el secuestro. Parece haber un claro indicio de que la preocupación de la población ha evolucionado de temerle a las disputas territoriales por los mercados de drogas a sentirse amenazada por el secuestro. La ciudadanía se encuentra desprotegida. Ya no somos daño colateral, sino el objetivo del crimen organizado.
La solución no es fácil y representa un reto no sólo para los diferentes niveles de gobierno sino para todos los sectores de la población. Se necesita una estrategia integral que se pueda ir construyendo en base a resultados de programas implementados y de la participación de las empresas privadas, académicos, organizaciones de la sociedad civil y del gobierno. El Plan Tamaulipas, por ejemplo, tiene como principal objetivo mitigar este delito con base en el uso de inteligencia. Habrá que analizar los resultados de este programa y replicarlos de ser exitoso.
Es importante entender que el tipo de violencia ha cambiado y más allá de encontrar la forma de reducir el secuestro, se tienen que identificar y contrarrestar aquellos factores que permiten la evolución de un delito a otro. De no ser así, podríamos encontrar una solución temporal al secuestro sin impedir que se incrementen otro tipo de crímenes. ¿Qué hizo que los grupos criminales pasarán de disputarse el mercado de la droga a ir contra la población? ¿Fueron los niveles de impunidad? ¿El incremento en el costo de la operación de la droga? ¿Un mayor número de armas que les permitió diversificarse? Éstas no son preguntas menores y se tienen que analizar todos los factores posibles para entender a fondo la situación. La población en México quiere vivir en paz y el problema de seguridad no ha mejorado, solo ha cambiado. Hay que ponerle un alto a la evolución de la violencia.
Eugenio Weigend Vargas es investigador de la EGAP del Tecnológico de Monterrey y asistente de investigación en el Instituto Mexico del Woodrow Wilson Center for International Scholars.
[1] Información con base en el Sistema Nacional de Seguridad Pública. Incidencia delictiva nacional y por entidad federativa 2011.
[2] El índice de correlación se estimó utilizando información de la ENVIPE 2011 y los homicidios por cada 100,000 habitantes obtenidos del SNSP y calculados en base a la población de CONAPO 2011.
[3] El índice de correlación se estimó utilizando información de la ENVIPE y los homicidios por cada 100,000 habitantes obtenidos del SNSP y calculados con base en la población de CONAPO.

Evidencia que demuestra lo que ya todos sospechábamos, lo que vivimos a diario, y que los medios no se atreven a publicar porque el gobierno «va muy bien». Qué no quieran hablar de la situación de inseguridad en la que vivimos y que escondan los centenares de personas desaparecidas, secuestradas y asesinadas debajo de la alfombra no significa que no está pasando nada. La percepción de inseguridad no es paranoia. Los datos sólo son una pequeña parte de las víctimas que sabemos que existen, conocemos sus caras, son nuestras familias.
Lamentablemente son muchos los hombres y mujeres que en este país DECIDEN cometer crímenes, actos de violencia, actos de corrupción…
La sociedad provee los individuos deshonestos que llegan a nuestras instituciones.
Ojala la gente no tuviera hijos a lo tonto, porque luego no les inculcan valores.