¿Democracia en construcción?: Vigilemos a quienes detentan el poder

Tras una breve ausencia de doce años, todo parece indicar que el PRI regresará a Los Pinos en diciembre. El hecho no deja de ser, para muchos, sorprendente: parecería reflejar la imagen de ese México que algunos pensábamos sólo aparecía como un destello en el retrovisor: una vieja estampa de donde se estuvo y no se piensa regresar. ¿Cómo interpretar los resultados de las urnas? Una posible primera lectura puede hacerse en clave histórica—o, si se quiere, en forma de narrativa cultural: como la segunda bienvenida del aún por erradicarse servilismo mexicano, la vuelta al pasado, el retorno del dinosaurio; una historia que empieza en tragedia y se repite como farsa.

Pero también existe una lectura alternativa. Ésta—digamos—en clave democrática. Una manera de entender el resultado de los comicios del primero de julio que pone el acento en el castigo al mal gobierno y el premio en la buena oposición; no en lo que podría significar una regresión histórica sino en el significado de la alternancia hoy. Es en esta clave—una mucho más convincente, al menos a mi manera de entender—que Enrique Krauze escribe “México: Democracia en construcción”.  La dictadura perfecta ha muerto, dice Krauze. Nuestro país, sencillamente, no es el mismo de ayer: “El cambio ha sido tan profundo, que la vuelta al poder del PRI—con todos sus riesgos e inconvenientes—no lo pondrá en peligro”. ¿Por qué? Porque el presidente hoy, a diferencia de lo que sucedía hasta finales de los noventa, tiene severos contrapesos; porque la composición del Congreso es diversa y plural; porque la Suprema Corte de Justicia y el Banco de México son entidades enteramente autónomas. Porque las épocas del Señorpresidente, pues, han quedado atrás: hoy tenemos una ley y un instituto de transparencia que funcionan a nivel federal, y un instituto que organiza elecciones sin necesidad de contar con la venia del secretario de gobernación.

En todo caso, el riesgo de la victoria del PRI, advierte Krauze, está en otro lado: no en fortalecer el puño del autoritarismo, sino en estancarnos en una democracia truncada. La verdadera incógnita, sugiere, es si Peña Nieto podrá seguir edificando ese todavía por terminarse “edificio de la modernidad democrática”. A su juicio, Peña Nieto—suponiendo que tenga la voluntad (¿los ánimos?, ¿el deseo?, ¿la capacidad?) de contribuir a la construcción de la casa común—deberá enfrentar dos grandes obstáculos: uno dentro de su propio partido, otro externo a él. El primero de ellos está en los estados: deberá enfrentarse, u oponerse, o al menos lidiar con los “casi inextinguibles dinosaurios” refugiados en las gubernaturas estatales. Esos feudos locales de poder podrían frenar reformas promovidas en aras de la democracia, pero acaso no representan el mismo peligro que el segundo obstáculo que Peña Nieto deberá sortear. Éste, piensa Krauze, está todavía por verse: es el que seguramente le pondrá Andrés Manuel López Obrador. Y aquí mis dudas. Dice Enrique Krauze que de haber ganado López Obrador la presidencia, esto hubiese significado una verdadera “regresión democrática”. No me explico por qué. Si es cierto que el México de hoy—con sus instituciones, sus contrapesos, sus leyes—hacen que la regresión autoritaria del Revolucionario Institucional sea imposible, lo mismo debería ser cierto para todos los otros partidos. O López Obrador no es un peligro para nadie—si acaso para sus propias aspiraciones políticas—o todos potencialmente lo son. Lo que resulta a mi juicio obvio, siguiendo al menos la lógica del artículo, es que las instituciones son lo suficientemente fuertes para soportar el autoritarismo y la deshonestidad democrática de todos sus actores, o no lo son. Quizás se me escape algo: en el caso hipotético de que el PRI busque perpetuarse en el poder y pulverizar las cuantas conquistas democráticas de los últimos años, ¿qué hace que la democracia mexicana puede sobrevivir sus embates pero no los del PRD y López Obrador?

Acaso lo que resulta aún más difícil de comprender es ese otro camino argumentativo: ¿cómo es que una persona sin poder—o al menos un poder de capa caída—podrá crearle más estragos a nuestra democracia que una persona que detenta el poder? Andrés Manuel, presumiblemente, perderá la impugnación. No tendrá ni un cargo público, ni un solo puesto en el poder: ¿el reto de la construcción democrática está realmente en lo que haga o deje de hacer López Obrador? ¿O acaso debemos, más bien, estar pendientes de quienes concentran el poder? Hasta ahorita no tenemos más elementos que los malos recuerdos de 2006 para saber si López Obrador decidirá protestar la decisión del tribunal, o si organizará a sus fieles para manifestarse en las calles. Suponiendo que recurra a la “violencia política”–sorprendiendo incluso a sus propios simpatizantes–, que parece además ser la mayor preocupación de Krauze, esas mismas instituciones que funcionan tan bien para impedir el abuso desde el poder podrán ocuparse con mayor facilidad del abuso desprovisto de poder. AMLO tiene simpatizantes dentro y fuera de su partido; el Estado mexicano todo lo demás.

El argumento de Krauze da para dos conclusiones distintas. O las instituciones de ese México de la alternancia son lo suficientemente fuertes para resistir los embates antidemocráticos desde el poder, y por ello nadie puede poner en peligro a la democracia, o no lo son, y todos tienen la capacidad de hacerlo. Yo a todo esto me quedo con el título que Krauze ha sugerido: dado que toda conquista democrática es siempre precaria, frágil, parcial, e insuficiente, vigilemos mejor a todos por igual, pero en especial a los que hoy están en el poder.

David Peña Rangel. Maestro en filosofía de la educación por la Universidad de Stanford.


10 comentarios en “¿Democracia en construcción?: Vigilemos a quienes detentan el poder

  1. Primero que nada disculpen mis acentos pero este teclado no los tiene. Mi comentario es para notar que el sr. Krauze habla de el historial de AMLO apunta a que no es institucional y el contexto es cuando un lider «redentor» -como el lo llama- cuando llega al poder. En ese tenor el unico historial que tenemos es cuando fue jefe de gobierno del DF, me gustaria que el sr. Krauze listara algunos de los desacatos o mesianismos llevados a cabo. Lo que si podemos listar ad infinitum son los golpes autoritarios del PRI por lo que me sorprende que diga que aun con sus taras fueron institucionales. Quiza hablamos del autoritarismo institucionalizado, en cuyo caso le daria la razon.

    Creo que el Sr. Krauze habla desde su posicion de agraviado por los seguidores de AMLO que injustificadamente (pero muy explicablemente) lo insultan.

    Un saludo.

    Luis A. Lopez Espinosa
    Investigador Asociado
    NASA DAAC NSIDC Boulder. Colorado.

  2. Ciertamente el argumento de una regressión al autoritarismo, tiene mas rasgos de una ilusión que de una realidad probable,los resultados obtenidos, asi como los candidatos y los partidos y esas manifestaciones llenas de pasión pero de una critica muy pobre y superficial son un reflejo de lo que todos somos culpables, una falta de compromiso, una izquierda en gran parte o la parte mas visible hecha del ADN de lo peor del PRI de hace ya algunas decadas y casada mas con una vision romantica que con un ideal o un compromiso. Sostengo hay que respetar lo expresado en las urnas, recordemos el voto de un cientifico vale lo mismo que el de un estudiante un campesino o un desempleado, nos guste o no, no se aprende a andar ewn la bicicleta a la primera montada, habra que caerse tal vez 5 veces. Recordemos la democracia no necesariamente da buenos gobiernos, nos da el derecho a elegir a equivocarnos y a acertar, a rectificar nuestros errores.

  3. creo que la democracia es como un árbol frutal. si lo atiendes se desarrolla y con el tiempo te dará frutos. y si no lo atiendes en un tiempo corto se puede morir sin darte los frutos esperados.Los pueblos desarrollados entienden que simular cualquier proceso tiene malos resultados, es por eso que la democracia simulada a la que estamos acostumbrados nos ha mantenido como un pueblo subdesarrollado. y un país no se desarrolla si su pueblo tampoco lo hace. el trabajo para desarrollarnos es enorme pero lo tenemos que hacer para darle certidumbre al futuro nuestro y de nuestros hijos. comencemos hacer lo que nos toca y no simular, por el bien de todos.

  4. Ahora es la oportunidad del PAN y de 132 de hacer sus tareas y vigilar de cerca el desempeno de EPN y del Partido en el poder.
    Dejemos de perder tiempo, a Mexico no le sobra.

  5. Comparto la preocupación de DPR. Creo que está más justificado estar alerta de que quien llega ahora al poder (el PRI) pueda ser parcialmente liberal, y a la vez profundamente antidemocrático.

  6. Hay una clara experiencia histórica y una amplísima bibliografía (empezando por Fareed Zakaria: Iliberal democracies), de cómo un líder populista llega al poder por vías democráticas para ir minando la democracia. El PRI, con sus inmensas taras, fue institucional. Un líder populista (o más bien, un redentor)por defiición no es insitucional. Yo no puedo asegurar que AMLO (en caso de ser presidente alguna vez) desquicie el orden democrático. Pero su trayectoria y comportamiento apuntan en esa dirección. Agradezco el tono de su comentario. Sobre todo en estos tiempos.

    1. Al contrario: muchísimas gracias a usted por su respuesta. Yo estaría de acuerdo en que toda democracia puede ser efectivamente minada por líderes electos democráticamente. Experiencias recientes sobran. Creo, además, que hacia allá enfilo la crítica. Y esa es justamente mi duda: ¿no deberíamos tomar con cuidado la idea de que el México de hoy hace que la restauración priista sea imposible? Si lo importante es la voluntad o la convicción democrática del presidente en turno–algo que tampoco tengo muy claro–lo importante no es el diseño institucional sino elegir bien mediante el voto. Si esto es cierto, el argumento dependerá de un cálculo, de un juicio, o de las expectativas que los ciudadanos tengamos sobre el presidente: ¿irá a respetar los cimientos de la democracia? El problema, claro, es que nunca podremos responder la pregunta sino hasta que sea demasiado tarde.
      Saludos cordiales,
      David

  7. Yo pensaba esto cuando leía el artículo de Krauze:
    ¿Como podemos creer que la «dictadura perfecta» murió, si el que creíamos que la había matado ahora forma parte de lo que creíamos, eran cenizas de la «dictadura perfecta»? Bajo esa desconfianza tampoco podemos estar plenamente convencidos de que el cambio haya sido «tan» profundo. Nos faltan pruebas para suponer que Enrique Peña Nieto sea sincero, y nos sobran para suponer lo contrario.

  8. Buenísima respuesta. Pone de cabeza la supuesta lógica de lo que son más descalificativos que argumentos.

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