Después de la Semana del Arte. El corte de caja

Terminó la Semana del Arte y con su fin, los aeropuertos de la Ciudad de México se llenaron de galeristas, coleccionistas, artistas y curiosos extranjeros que partían de la gran metrópoli. Los aviones de carga se llevaron los contenedores de las obras que no se vendieron y regresaron a sus espacios habituales o emprendieron camino hacia una nueva Art Week en otra ciudad u otro continente. Los locales volvimos a nuestra programación habitual. Es momento del corte de caja.

Quienes acudimos a las distintas ferias e inauguraciones podemos dar cuenta de su éxito, por lo menos en afluencia. Zona Maco, la feria de ferias, reporta haber recibido 81 mil visitantes; Feria Material, con dimensiones más discretas, 18 mil. Cada año se bate récord de asistencia. En la calle y charlas de café escucho a desconocidas describir las obras que vieron y sé de qué piezas hablan. Sin embargo, otras que veo en historias de Instagram no las registré, aunque se encontraban en los mismos lugares donde estuve. Como cada ocasión, esta semana se caracterizó por la competencia de miles de objetos para quedar en la memoria de los asistentes.

La semana se desenvolvió como un carnaval con celebraciones para todo público: desde las inauguraciones colectivas en galerías jóvenes, donde grupos de muchachos de menos de treinta años observaban las piezas con una lata de cerveza en mano, hasta las celebraciones VIP entre la aristocracia del mundo del arte y coleccionistas old money. El júbilo de esta ocasión no se vio opacado por las circunstancias políticas y la espada de Damocles que pende sobre el mundo que conocemos se nos olvidó por un momento. Para preocuparnos tenemos otros días. Esto fue una fiesta.

De cómo sobrevivir a galerías, ferias y festejos

En días previos hubo actividades de renombre, como la inauguración de Politécnico Nacional, retrospectiva de Gabriel Orozco en el Museo Jumex, o la inauguración de Economía de la Ligereza, curada por Baby Solís y presentada en Laguna. Sin embargo, la Semana del Arte inició con bombo y platillo el martes, con previews e inauguraciones en cada esquina. “El FOMO es uno de los pilares del mundo del arte”, reza una obra de So Cabrera López. Escoger una inauguración era decidir no estar en otra, con la sensación de que una podría perderse el acontecimiento que quizá no sucedería aquí, sino allá, pues las inauguraciones son para la anécdota y las relaciones públicas. Entre tantas personas conversando frente a la obra, esta apenas y se podía observar. Las galerías estaban a reventar el martes, sin embargo, el resto de los días parecían casi desiertas. Sus respectivos equipos se dividían entre su sede y el booth de alguna feria y la mayoría de visitantes las recorrían en menos de diez minutos, como turistas matando el tiempo. Más tarde, entre miércoles y jueves, abrieron al público las ferias. Mucha pintura, mucho arte conceptual, algo de arcilla y cerámica y menos arte textil que en otros años. La presencia de artistas locales y de América Latina fue considerable. En Feria Material se presentaron 72 expositores, de los cuales más de la mitad provenían de la región. Inclusive en Zona Maco, la feria más grande, brillaba la presencia de galerías locales y del sur del continente, todas enormes y con reconocimiento internacional.

Transitar las ferias resultó extenuante, para apreciar ciertas obras en hora pico casi se necesitaba hacer fila. En varios espacios había obra en todos los puntos cardinales: alguna colgaba, otra reposaba sobre el suelo, otra se encontraba a la misma altura que los ojos. Después de transitar una decena de booths se empezaba a dificultar la elección sobre dónde enfocar la mirada. Al final, la clave estuvo en privilegiar unas galerías y no acudir a otras, entender que la atención se fija por momentos y que la distracción también es necesaria para mantener la cordura. Hay obras que se escapan de la vista y otras que quedan como recuerdo y experiencia.

Dialogar con el arte implica la puesta en juego de referentes que nos permitan asimilar la idea, significado o intención del artista. Ya sea que se trate de una representación figurativa o abstracta, del ícono o del símbolo, la falta de asideros nos deja fuera del campo de diálogo con la pieza frente a nosotros. En estos espacios, con cientos de obras y propuestas heterogéneas es válido desear que alguien nos explique qué estamos viendo y varias ferias han encontrado sus propias soluciones.

En Salón ACME, mediante un código QR había acceso a un catálogo-mapa con textos de salas y las fichas de todas las piezas; además, se hallaban personas (muchas veces estudiantes o egresadas de carreras de arte) apostadas en cada sala para ofrecer un recorrido y brindar contexto. En la feria Bada, los artistas se encontraban presentes para dar a conocer su trabajo al público. Así, lo que de inicio era sólo una escultura de papel con forma de mango Manila se convirtió en el signo de una historia familiar y de los nombres e intercambios culturales entre países, gracias a la explicación de su artista, Carolina Magis, en Laguna. Una pieza de joyería bellísima, un objeto parecido a un anillo de compromiso, pero sin el espacio para introducir el dedo anular, se tornó en una reflexión sobre las falsas promesas con los que los migrantes cruzan la frontera entre México y Estados Unidos, gracias a la exposición de la joyera y artista Haydée Alonso.

Mango de manila, Carolina Magis Weinberg (Foto cortesía de la artista)

También escuché sobre los problemas que atormentan año con año a los galeristas. En Feria Material exhibía Povos Gallery –galería joven de Chicago– en donde se apreciaban tres marcos de alrededor de 2 x 1.5 m encuadrando sendas imágenes, un poco extrañas, dibujadas en carboncillo sobre una superficie que resultó ser la pared del booth de la feria. Al preguntar al galerista “¿qué es esto que estamos viendo?” respondió que lo exhibido no era la obra que con detenimiento se planeó exponer. Las piezas que debían ocupar ese espacio no se liberaron de aduanas, martirio que aqueja históricamente a las galerías. Aun así, encontró una solución a la altura de las circunstancias: en tiempo récord, en una sola jornada, la artista Isabella Mellado recreó públicamente las figuras de las obras originales durante el primer día de la feria, en lo que terminó siendo un performance, una solución honrada y una invitación hacia la obra de la artista y su galería.

De manera paralela se celebraron fiestas, recorridos por museos, cenas, visitas a los estudios de artistas. En la Semana del Arte se pueden intercambiar perspectivas y escuchar lo que sucede en otros lados y lo que piensan personas en distintas latitudes. Hay charlas generosas y oídos atentos. Escuché a una curadora activa en áreas rurales de Utah, en Estados Unidos, elogiar con gran ánimo la carga política de mucho del arte producido en México, algo que ella no ve en su país. Con dos artistas jóvenes, una brasileña y otra iraní, mi amiga Carolina, asistente curatorial, y yo encontramos una gran afinidad en intereses, entusiasmos y preocupaciones. Estos diálogos, que en condiciones normales suceden de forma esporádica, y a veces con mucha planeación, aquí se concentran con intensidad en pocos días y muchos de ellos surgen espontáneamente.

La despedida y el futuro

La mayoría de las interacciones fueron estimulantes. Pero, como en toda fiesta, llega el momento de ir a casa y retomar la rutina. Después de tantos desplazamientos por una ciudad tan caótica, de charlas interesantísimas y horas de pie, se terminó. Qué bueno que la Semana del Arte no sea más que una semana y que falten muchas para la siguiente edición. Hasta la belleza cansa. De todos modos, si alguien se quedó con ganas de más, tras las decenas de inauguraciones, permanecen abiertas varias exposiciones que pueden visitarse en las semanas por venir.

La Semana del Arte es una ocasión inigualable para departir, aprender y entender un poco de qué sucede con el arte actualmente; también es una ocasión para la actividad turística en la Ciudad de México, con la afluencia de comitivas de extranjeros, visitas a restaurantes, alojamiento en hoteles y Airbnbs. Sin embargo, aun con la relevancia del turismo cultural, resalta la pregunta sobre el estado real del mercado del arte en México. Este año vimos a varias galerías jóvenes crecer y aumentar su presencia en ferias y conversaciones; hay toda una generación de artistas llamado la atención con n nuevas tendencias. Nos encontramos con espacios que buscan incentivar un nuevo coleccionismo en el país. Aun así, resulta sensata la pregunta planteada hace pocos días en la revista ArtNews inquiriendo sobre si la oferta de arte en México está creciendo al mismo ritmo que la demanda y de si para todas estas nuevas propuestas hay un público dispuesto a recibirlas.

El reporte The Art Market de 2024 tiene a México en la mira como uno de los países a evaluar en materia de coleccionismo. Hay una vida artística vibrante y hay coleccionistas consolidados con larga tradición. La cuestión es que, al abrirse nuevos espacios, es necesario que haya nuevos coleccionistas, públicos y tipos de experiencia. Por la vitalidad reconocida, aspiramos a ser optimistas, pero tocará evaluar el corte de caja de cada feria y galería. El veredicto está por venir.

Natalia Téliz

Studio Manager en Ciudad de México. Licenciada en Derecho y Producción de Espectáculos. Cursó la maestría en Gestión de las Artes y Políticas Culturales en la Universidad Panamericana.

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Publicado en: Vida pública