Don Andrés Manuel y Catarino Garza

En 2016, don Andrés Manuel López Obrador, un historiador que a lo largo de los años ha dedicado su tiempo libre al noble oficio de la grilla priista, post-priista y neopriista, publicó su insigne Catarino Erasmo Garza Rodríguez, ¿revolucionario o bandido? (Planeta, 2016). ¡Ay, don Andrés Manuel y el oficio de historiador, que amor tan mal correspondido! El libro es historia patria intercalada entre una lectura somera, un resumen, de las investigaciones de tres historiadores: José C. Valadés, Daniel Cosío Villegas y, sobre todo, Celso Garza Guajardo, un ilustre historiador de Nuevo León y exmiembro del Partido Comunista de México, cuyo En busca de Catarino Garza 1859-1895 (Monterrey, Biblioteca de Nuevo León, 1989) presenta una excelente investigación sobre la vida y rebelión de Catarino Garza. En 2004 se publicó otra importante investigación e interpretación, ésta de Eliott Young: Catarino Garza´s Revolution on Texas-Mexico Border (Duke University Press 2005, publicado en español en 2010).

“Escribo en función del nacionalismo”, decía don Celso. Es decir, no le quitaba el sueño el pecado del nacionalismo en la historia, ese del que tratamos de huir muchos historiadores. Y don Andrés Manuel escribe a pluma suelta con un nacionalismo de héroes y villanos bien puestos. Pero a diferencia de don Celso Garza Guajardo o de Eliott Young, don Andrés Manuel no pierde tiempo en investigar. Su libro es básicamente sus opiniones y luego largas citas de las investigaciones de los antes citados. El libro de don Andrés Manuel incluye fotos de él en archivos con documentos en la mano, pero lo importante es él en el archivo, no los documentos.

El libro cita a Young una vez (p.91), pero como simple “biógrafo” de Catarino Garza (1859-1895). Es claro que don Andrés Manuel, entendiblemente, no tuvo tiempo de leer o digerir nada de la impresionante investigación de Young, quien reconstruyó los ecos globales del movimiento por el Caribe, Centroamérica y Colombia, así como el ambiente profundamente local de la rebelión de Catarino Garza: texano-mexicanos y mexicanos norteños sitiados por la incorporación del sureste de Estados Unidos y del norte de México a la economía y política de Estados Unidos y México.

A don Andrés Manuel le bastan tres libros para escribir uno: su bibliografía incluye poco más de veinte referencias, en tanto que la biografía de Eliott —que incluye archivos, revistas, periódicos, etc.— ocupa cerca de veinte páginas. Don Andrés Manuel tiene labia de sobra, le falta trasero para sentarse a investigar. Pero su disculpa es clara: se trata de rescatar a un héroe anónimo, y lo pone a la par de José Martí, el Ché Guevara, Salvador Allende o Julio Antonio Mella (el comunista cubano asesinado en México en 1929 a quien don Andrés Manuel, con el salero que lo caracteriza, identifica como “líder independentista” cubano).

Sin embargo, Catarino Garza no es anónimo. Hace tiempo que tiene un lugar en la historiografía de Texas, Estados Unidos y México En 2023, sin ir más lejos, se publicó otra monografía seria sobre su rebelión: The Garza War in South Texas: A Military History, 1890-1893 de Thomas Smith (University of Oklahoma Press). Pero bueno, don Andrés Manuel, el historiador, tiene sus amores. Ya de presidente, no hay nada más normal que mandar aviones o buques en pos de los restos del héroe “anónimo” que yace frío, esperando que el historiador-presidente lo resucite.

“Soy partidario de dejar en paz a los difuntos y, de acuerdo con el pensamiento de cada quien, venerar al caudillo o gobernante preferido”, escribió don Andrés Manuel (p. 7) en su libro de 2016. Cuenta que alguien le pidió su opinión sobre traer a México los restos de don Porfirio Díaz. Su respuesta fue que primero los de Catarino, aunque para él, en 2016, era mejor dejar en paz a los muertos, porque, dice don Andrés Manuel, “en mi caso, trato de no olvidar a los padres de nuestra patria y procuro traer a la memoria y rendir homenaje al mayor número posible de héroes anónimos”.

Ilustración: Izak Peón

Eso en 2016. Hoy resulta que noventa y más enviados han de traer los restos del héroe anónimo, que es héroe y es anónimo porque don Andrés Manuel lo dice. Le echó número al asunto y, considerando que se requerían veinte enviados para cargar cada dedo de las manos y los pies del héroe y unos diez más para cargar con cabeza, torso y extremidades, no me sale la cuenta. Pero allá va, al Panamá, otrora Colombia, donde fue asesinado Catarino en 1895 después de huir de Texas y después de sus aventuras en el Caribe, Costa Rica y Colombia, bien contadas por Young y L. Arango Loboguerrero (Catarino Garza, un mexicano en la guerra civil colombiana, 2009). Don Andrés Manuel, el historiador, estaba dispuesto a dejar en paz a los muertitos, pero don Andrés Manuel, el presidente, no resiste la tentación de decir: “Anda ve, trae los huesos del difunto”.

Con tanto difunto en México, con tanto desaparecido, espanta la necrofilia selectiva del presidente. Pero al historiador don Andrés Manuel le gana el amor al héroe. Hay que entenderlo: el ñor Andrés es más historiador que presidente. ¿Qué va a hacer el pobre? De paso, arma un escandalito más, ética y económicamente debatible, y así hablamos de lo que él quiere y no de los muertos de hoy, o del agua y las medicinas, o de la destrucción de instituciones.

Historiográficamente, el libro de don Andrés Manuel y la expedición en pos del cadáver no tienen la menor importancia. La rebelión de Catarino Garza tiene su lugar en la historiografía mexicana y méxico-norteamericana; se sigue discutiendo, y don Andrés Manuel no añadió nada al asunto. Catarino Garza, un periodista convertido en líder de una insurrección de texanos y norteños descontentos con el avance del poder central estadunidense y mexicano, encabezó una revuelta esencialmente local en en la Texas de 1891: un movimiento de autollamados fronterizos que incursionaron en territorio mexicano en contra de Porfirio Diaz, en defensa de la Constitución de 1857 y en espera de reformarla para prohibir reelección. Proclamaron la presidencia interina de Catarino en lo que se celebraban elecciones. En eso nada hubo que fuera muy distinto a lo de Porfirio Díaz en 1875, o a lo de tantos otros antes y después.

Para don Andrés Manuel, sin embargo, Catarino es a la Revolución mexicana lo que Guillén de Lampart fue a la independencia. La de Catarino no fue una revuelta muy poderosa: fue derrotada con relativa facilidad en Estados Unidos por el capitán del ejército John G. Bourke, quien dejó amplia evidencia de su lucha contra Catarino. Pero nada de Bourke, ni su nombre, aparece en el libro de don Andrés Manuel. Esto es porque, para él, Catarino “se trata de un héroe anónimo que, por haber sido opositor al régimen y no triunfar, fue condenado al olvido, al ostracismo” (p. 9). Nada de eso: Catarino tuvo un “jale” local importante, se llenó de leyenda y de corridos —que Young recupera, por cierto—. Hace mucho que tiene su historia y hasta un mercado con su nombre en su natal Matamoros. Young y don Andrés Manuel, por distintas razones, se dan a exagerar el silencio en que se ha tenido a Catarino, pero los libros de ambos son muestra de qué tanto ya tiene su lugar en la historia. Ir a por los huesos de Catarino en este sangriento presente mexicano, cuando escarbar huesos es cosa de a diario, me parece un despropósito moral e historiográfico. Pero eso sí: es un buen propósito político en un año electoral, en el último tramo del reinado de don Andrés Manuel, que acaso espera que germine igual obsesión con su osamenta cuando, Dios no lo quiera, le llegue el día. Yo estoy con el don Andrés Manuel del 2016: dejemos en paz a los muertos. Ñor Andrés, déjenos en paz a Clío, no nos maree a esa musa que, tarde o temprano, le dará usted su repasada.

En el ínter, para enterarse:

Arango Loboguerrero, Leonidas, “Catarino Garza, un mexicano en la guerra civil colombiana de 1895”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, vol. 36, Nº. 1, 2009, pp. 251-282.

Catarino Garza y la revolución de 1891: ponencias de la mesa redonda del 10 de noviembre de 2010 , Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 2011.

Cuthberston, Gilbert, Catarino E. Garza and the Garza War,” Texana, vol. 12 núm. 4, 1974, pp. 335-348.

Garza Guajardo, Celso, En busca de Catarino Garza, Monterrey, Universidad Autónoma de Nuevo León, 1989.

Garza, Catarino, Memorias de Catarino E. Garza: la lógica de los hechos, o sea, observaciones sobre las circunstancias de los mexicanos en Texas desde 1877 hasta 1889; volumen 1, Ciudad Victoria, Gobierno del Estado de Tamaulipas, 2010.

Mora García, José Carlos, “El movimiento revolucionario de Catarino E. Garza: resistencia y lucha de los fronterizos en contra de la centralización y modernización del Gobierno Mexicano en la frontera norte de Tamaulipas y en contra de la intervención norteamericana en el sur de Texas (1891-1893)”, Tesis de Doctorado, UNAM, 2016.

Saldívar, Gabriel, Documentos de la rebelión de Catarino E. Garza en la frontera de Tamaulipas y sur de Texas 1891-1892, México, s.p., 1943.

Smith, Thomas, The Garza War in South Texas: A Military History, 1890-1893, Norman, University of Oklahoma Press, 2023.

Urbina Martínez, Gilberto, La revuelta de Catarino E. Garza: una revolución que nunca fue, México, Universidad Autónoma de Tamaulipas, Instituto de Investigaciones Históricas, 2003.

Young, Elliott, Catarino Garza’s Revolution on the Texas-Mexico Border, Durham, Duke University Press, 2004. La revolución de Catarino Garza en la frontera Texas-México, Ciudad Victoria, Comisión Organizadora para la Conmemoración en Tamaulipas del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución Méxicana, 2010.

 

Mauricio Tenorio
Profesor de historia en la Universidad de Chicago

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Publicado en: Política