Educación y el increíble descenso del homicidio en México en el siglo XX

Hubo un México que hoy parece inalcanzable. Desde el fin de la Revolución Mexicana hasta principios de este siglo, los homicidios en México descendieron de manera consistente. De una tasa de cuarenta homicidios por cada 100 000 habitantes en 1938, México pasó a una de menos de diez  en 2006, el año más pacífico en la historia de México. En diciembre de 2006 este extraordinario proceso de disminución sostenida de la violencia homicida se revirtió. ¿Las causas? La bibliografía se ha cansado de buscarlas. En la búsqueda por esas explicaciones, sin embargo, dejamos de indagar en el periodo anterior a 2006. ¿Qué pasó? ¿Por qué se redujo de manera sostenida la violencia homicida en México durante décadas enteras? ¿Es posible aprender alguna lección de ese periodo para el contexto actual?

Nuestro artículo publicado recientemente en Journal of Crime and Justice planteó precisamente estas preguntas. El principal hallazgo del artículo es el siguiente: la expansión educativa ocurrida en ese periodo es la variable que mejor explica el declive de la violencia entre 1938 y 2006. A continuación, un breve acercamiento a la teoría y método que nos permitió llegar a esa conclusión.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

El descenso del homicidio en México

El siglo XX es historia reciente, pero los datos siguen siendo escasos. Conocemos la historia de la reducción de homicidios en México durante el siglo XX gracias a la serie histórica de estadísticas del crimen compilada por Pablo Piccato,  Sara Hidalgo y Andrés Lajous. La Gráfica 1 es sólo una representación del inmenso trabajo que supuso crearla. Como es de suponerse, la serie histórica no está exenta de problemas reconocidos por sus propios creadores: la diversidad de criterios de recopilación en las fuentes primarias, el origen eminentemente judicial de los datos, los vacíos de información en algunos periodos. Con todo, se trata de una magnífica herramienta que mucho nos sirvió para comenzar nuestro análisis.

Lo primero que hicimos fue comparar las tasas de homicidios estatales con otros datos socioeconómicos y políticos que teníamos disponibles: los datos económicos y sociales de los censos desde 1950, la distribución de la tierra, otros delitos, y el partido del gobernador del Estado. Estos datos dan cuenta de una narrativa a menudo olvidada: la historia del desarrollo mexicano en la que es imposible obviar la expansión de la educación, la urbanización y el (desigual) crecimiento económico. La Gráfica 2 muestra, por ejemplo, cómo México pasó de ser un país rural a urbano en unas pocas décadas.

Tras realizar un análisis de regresión entre nuestra variable dependiente (la reducción de homicidios) y otras variables explicativas señaladas en la bibliografía, hallamos que la variable que mejor podía explicar el descenso de los homicidios en México es la expansión de la educación básica en México medida en años de escolaridad promedio. La Gráfica 3 muestra cómo prácticamente todos los estados del país transitaron de un promedio de menos de un año a casi nueve años de educación formal entre 1950 y 2005; es decir, el promedio de la población comenzó a avanzar más allá de la primaria y casi terminar la secundaria (aunque algunos estados superaron esta tasa). 

Educación y reducción de homicidios

La Gráfica 4 muestra la relación entre la expansión de la educación básica en México, medida en años de escolaridad promedio, y la reducción en la tasa de homicidios. ¿Por qué sucedió? ¿Cuáles fueron los mecanismos que subyacen a esta relación? Creemos que la respuesta reside en entender el proceso de pacificación mexicana como uno “civilizatorio”.

El sociólogo Norbert Elias escribió en su obra El Proceso de la Civilización que la progresiva centralización del poder ocurrida en Europa durante el siglo XVI y XVII llevó a una serie de procesos entrelazados: cooperación social, creación de cadenas de dependencia y la adopción de hábitos sociales que promovían el “autocontrol”. Con base en las teorías de Elias, varios investigadores se han ocupado de pensar cómo esos procesos “civilizatorios” —término por lo demás debatible— ocurrieron de manera análoga en otras partes del mundo y periodos.

Investigadores como Manuel Eisner, Ted Gurr y Charles Tilly escribieron sobre la teoría civilizatoria de Elías y las teorías del autocontrol elaboradas por Travis Hirschi y Micheal Gottfredson para explicar el descenso del homicidio en Europa. El argumento de ellos es que las guerras europeas o las guerras mundiales trajeron posteriores periodos de relativa paz y números reducidos de homicidios; también concluyeron que la expansión de ciertas costumbres sociales provocó que otras formas de violencia disminuyeran. Ejemplo de esto son los duelos en Kent, Inglaterra. En general, la bibliografía coincide en que procesos de descenso de la violencia ocurrieron después de guerras civiles o guerras convencionales. Un caso ejemplar ha sido el de Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Cómo y por qué es todo esto relevante para el caso mexicano? Nosotros también tuvimos un periodo de reducción de homicidios que siguió a una violenta guerra, la Revolución Mexicana. Según Robert McCaa, nuestra revolución significó la pérdida de un millón de personas. ¿Qué explica la reducción del homicidio después de esta catástrofe demográfica en el contexto de un Estado débil e incapaz de controlar gran parte del territorio nacional?

Nuestros hallazgos apenas dejan lugar a duda: un mecanismo de pacificación fue el catalogado por Michael Mann como el “poder infraestructural” del Estado. Esto implica esencialmente la expansión del gobierno con servicios públicos y no sólo fuerzas “despóticas” como la policía o el Ejército. En nuestro artículo consideramos que la universalización de la educación básica en México implicó esencialmente una expansión del Estado. La cuasi eliminación de la población analfabeta y el aumento progresivo de la escolaridad muestra uno de los éxitos más sonados del Estado mexicano posrevolucionario. La pacificación derivada de esta expansión es simplemente una consecuencia no intencionada pero bienvenida de la creciente presencia estatal.

La educación que pacifica

La pregunta clave al futuro es: ¿cómo es que la educación pacífica? Nuestros datos son agregados; es decir, solo muestran la suma de homicidios por entidad, y nos dicen poco sobre la forma en que fueron cometidos estos homicidios o sobre la identidad de las víctimas. Asimismo, queda pendiente el identificar el mecanismo concreto por el cual la educación redujo los homicidios. Nuestras hipótesis están guiadas por varias discusiones teóricas que requerirán de investigación cualitativa e historiográfica.

La primera hipótesis es que la educación —en línea con las teorías de Elías— transmite valores específicos que disuaden de ciertas conductas violentas a quienes la reciben; es decir, que la escuela es un mecanismo de transmisión de valores. El clásico libro de Rafael Segovia, La polítización del niño mexicano, muestra cómo los niños de la época (1975) adoptaron valores autoritarios (obediencia a la autoridad y a los mayores) que implican, entre otras cosas, evitar el uso de la violencia por miedo y respeto al gobierno. La segunda hipótesis implica que la educación incorpora a las personas jóvenes a los mercados laborales y —por lo tanto— lejos del crimen, como las teorías de la desorganización social argumentan. Finalmente, la tercera hipótesis es que simplemente la existencia de la escuela es un mecanismo de control del tiempo libre de los jóvenes en edades críticas del desarrollo de comportamientos violentos.

Desafortunadamente, la guerra contra las drogas desde 2006 revirtió este extraordinario proceso. Cabe preguntarse entonces: ¿podría la educación ser una vía de pacificación en el futuro? Según el último censo de 2021, la escolaridad promedio en México es de 10 años; es decir, hasta el primer año de preparatoria. Sin embargo, para que la pacificación vía la expansión escolar  pueda funcionar, lo primero que tiene que suceder, como en todos los casos que hemos comentados, es que la guerra termine.

La historia del siglo XX mexicano se encuentra empañada por crímenes violentos del pasado todavía por ser esclarecidos. Sin embargo, ese siglo presenta una extraordinaria historia de pacificación vía las aulas de nuestro país. Nuestros hallazgos apenas dejan lugar a dudas: la pacificación depende de largos procesos sociales que recrean formas de vida cotidiana que muchos hoy gozamos; por ejemplo: ir a la escuela como oposición a la vida violenta. Comprender esos procesos sociales es crucial para comprender cómo crear vidas cotidianas pacíficas en el futuro.

 

Raúl Zepeda Gil
Candidato a doctor por la Escuela de Estudios de Seguridad en King’s College London

Carlos A. Pérez Ricart
Profesor-Investigador de la División de Estudios Internacionales del Centro de Investigación y Docencia Económicas

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Publicado en: Política, Seguridad