Hace unos días Robert Reich, profesor de la Universidad de Berkeley, pronunció un discurso frente a más de 5,000 estudiantes de esa institución que es el estandarte del sistema de educación pública en California. Los estudiantes estaban ahí reunidos como parte del movimiento Occupy California, que es un brote de las demostraciones de “indignados” alrededor del mundo. El discurso de Reich es uno de los más emotivos y coherentes que se han escuchado en este movimiento, en éste subraya la importancia de las movilizaciones ciudadanas para cambiar la política y la economía; su mensaje final es contundente: “Los días de la apatía se han terminado”.
Para Reich y otros 300 millones de estadounidenses la razón de su indignación es clara. En los últimos años, la desigualdad en Estados Unidos aumentó de manera alarmante. Ese crecimiento se debe casi en su totalidad a los ingresos del uno por ciento más rico. Según un reporte del Congreso de Estados Unidos, entre 1979 y 2007 el ingreso después de impuestos creció en casi 300 veces para ese uno por ciento, mientras que para el promedio de los estadounidenses el ingreso creció en menos de 50 por ciento.
Aunque el discurso de indignados ha hecho eco en México éste no ha atraído a las multitudes de otros países. Este hecho no deja de sorprender dado el evidente nivel de desigualdad de nuestro país. Quizá una de las razones es que, a pesar de que la desigualdad en México es mayor que en Estados Unidos, ésta se ha mantenido relativamente estable en los últimos veinte años. La siguiente gráfica muestra datos recopilados, de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares (ENIGH) desde 1984 hasta 2010, sobre el ingreso trimestral promedio por hogar. Aquí, se observa cómo, después de ser ajustado por inflación, la diferencia entre el uno por ciento más rico y el resto de los mexicanos es similar a la que existía a mediados de los ochenta.

Es interesante observar que el ingreso de los más ricos ha tenido mayor volatilidad, sobre todo en periodos de crisis. La gráfica deja ver el importante crecimiento en ingresos que tuvo este grupo antes de la crisis de 1995. A partir de entonces su ingreso ha tenido un crecimiento más moderado pero, en promedio, mayor que el del resto de los mexicanos. La gráfica 2 muestra que entre 1984 y 2010 el ingreso de los mexicanos más pobres sólo creció uno por ciento después de ser ajustado por inflación, a comparación de un 20 por ciento para los mexicanos más ricos. Si bien el crecimiento real del ingreso en México es bajo, unos se han beneficiado más que otros. No es de sorprender que hayan sido los más ricos.

Al observar estos números vale la pena preguntarse si los mexicanos tenemos razones para estar indignados. Sin duda, pero nuestros motivos deberían ser distintos a los que mueve a los estudiantes de California o a los indignados de Wall Street. En México el uno por ciento no se ha vuelto desmesuradamente más rico que el resto, simplemente siempre lo ha sido. Si para el profesor Reich, la principal razón para protestar en Estados Unidos es que ese país ha dejado de ser la tierra de las oportunidades, de este lado de la frontera lo que nos debería motivar para exigir un cambio, es que México nunca lo ha sido.
Edgar Franco Vivanco. Estudiante del posgrado en Política Pública en Stanford University.

Me parece un argumento comunistoide de un integrante del 1% que puede estudiar en Stanford y ver la crisis solo en libros de texto. Igual que los de OWS.
En cuanto al tema en Mexico, la impunidad es el problema. Puedes robar, cerrar una avenida por meses, recibir dinero y desviar recursos, endeudar un estado y seguir libre por las calles. No se diga de otros crimenes
Utiliza tu voto (o la omision de este) como tu manera de expresar el cambio que quieres.
Francisco
Como también lo menciona Denise Dresser en el primer capítulo de su libro «el país de uno», en México la brecha entre los pobres y los ricos es cada vez mucho más grande. Y el pueblo mexicano vivimos en una somnolencia que cada vez se hace más preocupante. Se requiere hacer un estudio sociológico del México actual, acerca del comportamiento del mexicano. ¿Porqué somos «pasivos», «somnolientos» ante la ineptitud de nuestros gobernantes, diputados, senadores?. Porque ¿no exigimos que cumplan con su trabajo?. Es increible escuchar a los diputados y senadores discutir en sus sesiones idioteces, sin proponer ideas y soluciones que verdaderamente impacten a la sociedad. ¡YA ES HORA DE QUE DESPERTEMOS! Y HAGAMOS UNA MOVILIZACIÓN SOCIAL.
La crisis económica y los bajos salarios de la clase trabajadora, son el detonante para que se siga llenando de carteles de diferentes oficios, bueno asta de políticos ya los hay.
Los gobiernos en Mexico nunca han estado al servicio del pueblo, las legislaciones siempre se han elaborado en funcion de la macroeconomia aunque esta vaya en contra de los intereses populares, entre los sindicatos corruptos y una anticuada Ley Federal del Trabajo ha quedado el progreso del trabajador, en las cuentas bancarias de los lideres sindicales se refleja esto,ya que se arreglan en lo oscurito con el empresario para que los salarios permanescan estancados por los siglos de los siglos, y asi hasta el infinito y mas alla.
Será que la desigualdad ya es tan patente que el moméntum que gana que esos datos salgan a la luz o alguien los haga evidentes sea recibido más como un «bah, ya lo sabía» que con indignación, como bien lo saben todos los Occupy.
Lo peor del asunto es que seguramente no habrá quien diga «es culpa de la cultura, aquí no hay cultura de eso», y así nos condene a una vida de repetir la misma excusa para toda situación que implique un cambio.
¿Que México nunca lo ha sido…? ¡Por favor, Edgar! Pregunte a los banqueros gringos y europeos –sobre todo– que han hecho su agosto gracias a las costumbres despilfarradoras de nuestros paisanos que con dos pesos quieren pagar la renta, el teléfono y la luz… a crédito, por supuesto…
Pero ciertamente México nunca ha sido tierra de oportunidades para nosotros, que aquí vivimos y sufrimos las consecuencias de ser mano de obra no barata, sino gratuita… y ahora casi-casi nos están pidiendo que bajemos más nuestras “exageradas” aspiraciones salariales para que las de los que tienen, las tengan más “peladitas” y en el piquito insaciable… Infelices… no nos queda ya hígado para la indignación porque desde hace siglos –cinco, para ser exactos– estamos hundidos en la resignación…
Atentamente
Gustavo Mota
jologus@hotmsail.com