Es imposible entender la permanente agresión que desde el Ejecutivo se sostiene contra los trabajadores de la salud. El denigrante discurso presidencial da cuenta de una visión superficial y pobremente fundamentada de la realidad y de las necesidades de nuestro sistema de salud. Sorprende sobremanera que las desafortunadas declaraciones no sean corregidas por las autoridades de salud. Dos cuestiones insoslayables: ¿acaso están de acuerdo con la visión de Andrés Manuel López Obrador? ¿Son o no asesores del presidente los médicos de la Secretaría de Salud?

A raíz de la visión del jefe del Ejecutivo, “buena parte” de los trabajadores de salud han manifestado su indignación, molestia y sorpresa, debido al anuncio de la contratación de 500 médicos cubanos. Esta noticia, y la manera de comunicarla, ha calado hondo en la población médica y en las Academias dedicadas a valorar y asesorar la labor de los galenos y las galenas mexicanos.
Durante los últimos cincuenta años, la salud del país se ha sostenido gracias al esfuerzo, compromiso y dedicación de los equipos de salud constituidos por enfermeros y enfermeras y médicas y médicos; la pandemia actual mostró la mejor cara y el heroísmo de los jóvenes galenos dedicados a cuidar y salvar a los pacientes afectados por el virus. El músculo médico no es suficiente. La infraestructura del universo salud —i.e., clínicas, hospitales, servicios de urgencia— ha sido permanentemente desatendida. Salarios paupérrimos, insuficiencia en camas y hospitales, deficiencias de equipamiento y ausencia de mantenimiento son realidades incontrovertibles.
Las condiciones de los centros de salud son desastrosas. Hace poco más de un año, mientras cumplía su labor, Mariana, pasante en servicio social en Chiapas, fue asesinada hasta no demostrar lo contrario. En sus últimos mensajes describió su sitio de trabajo sin equipamiento, ventanas rotas, ausencia de internet. Para ir al baño cruzaba un terreno baldío sin iluminación. Además, era acosada.
A diferencia de otras profesiones, el servicio social de un año es obligatorio para los estudiantes del área de salud. Los y las futuros médicos y enfermeras acuden a sitios remotos con frecuencia apoyados por sus familias para costear su mantenimiento, dado que el Estado no cubre las necesidades indispensables. Así empieza su trayecto profesional. Además, la cruda realidad no admite dudas: a lo largo de los años, a pesar de confrontar actividades de altísimo grado de dificultad, aunadas a enormes responsabilidades donde quiera que terminen asentándose, los jóvenes galenos tendrán un salario insuficiente, precarias prestaciones, entornos inseguros y críticas, como hoy sucede, de la autoridad.
Como resultado de lo anterior, hoy somos testigos de lamentables acciones, i.e., “algunos” médicos abandonan las residencias clínicas y optan por la comodidad del trabajo de laboratorio y labores administrativas.
El actual intento de proporcionar un sistema de salud universal es superficial y desorganizado. ¿Realmente se piensa que 500 doctores cubanos, en caso de que realmente lo sean, modificarán el estatus de salud de las comunidades pobres? En efecto, hacen falta en México médicas y enfermeros. Sin embargo, cualquier propuesta será inoperante sin licenciadas y técnicas en enfermería. México necesita hoy más de 100 000 enfermeros.
La pregunta central es obvia: ¿por qué y para qué traer médicos cubanos?
Cuba tiene un magnífico sistema de atención primaria y sus profesionales están bien capacitados y, quizás, incluso comprometidos con su sistema. Sin embargo, no se les autoriza viajar para acudir a cursos médicos y así completar su preparación. Contratar galenos cubanos no sólo es incomprensible; al hacerlo, se denuesta a los profesionales de la salud de nuestro país.
La contratación de los médicos cubanos obedece a motivos políticos y a la intención de ofrecer apoyo económico al régimen de la isla. Si el proyecto se presentara como un plan para fortalecer el nivel primario de atención, donde los médicos generales y familiares mexicanos podrían beneficiarse, la idea sería bienvenida. Sin embargo, justificarla con agresiones y afirmaciones insostenibles es un agravio innecesario que se suma a la amarga experiencia de los últimos 50 años, y al desdén contra el personal del sector salud durante la pandemia. “Que se vayan al carajo”, ha dicho el presidente.
El Estado busca establecer un sistema de salud gratuito y universal; no hay quien no desee que dicha idea tenga éxito. Lamentablemente las palabras muchas veces se quedan en palabras. Se prometió al principio del sexenio semejar nuestras instituciones con Dinamarca, Noruega y Reino Unido. No ha sido así. Después de tres años prevalece la improvisación, la desorganización y la falta de recursos.
La medicina mexicana vive una profunda crisis. Sobran bretes. Las diferencias son abismales entre quienes pueden pagar tratamientos y la mitad de la población sumida en la pobreza; extraordinarios tratamientos personalizados para un pequeño sector de la población; dificultades de comunicación entre pacientes y sus médicos; desarrollos tecnológicos inalcanzables; riesgos in crescendo derivados del calentamiento global; sueldos magros y aumento de la pobreza son algunos ejemplos.
Es urgente mejorar el sistema de salud universal. Las herencias del PRI y el PAN hieden. Es inmoral vituperar a los trabajadores de la salud. Y es nauseabundo distraernos con el cuentito de los 500 médicos cubanos.
Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.
Samuel Ponce León Rosales
Médico, con especialidad en Medicina Interna e Infectología. Profesor titular y miembro del Sistema Nacional de Investigadores 3. Es coordinador del Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS-UNAM) y coordinador de la Comisión Universitaria ante la Pandemia Covid-19.