
La década pasada el tema de moda era Brasil. Su modelo económico se analizó hasta el cansancio y comparar las reformas con las que se implementaban en el país sudamericano era práctica común, particularmente en México.
Efectivamente, había cosas que aplaudir a la última década de Brasil: 40 millones de brasileños salieron de la pobreza y entraron a la clase media.1 El ingreso per cápita de los brasileños no fue lo único que tuvo mejoras significativas: el Producto Interno del país tuvo un crecimiento importante la década pasada.
Durante toda la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), el país creció en promedio 4.05%(con un leve retroceso de -0.33% con la crisis de 2009, y con una recuperación de 7.5% al año siguiente). Lula dejó a su sucesora, Dilma Rousseff, un país con reconocimiento mundial y expectativas a futuro, particularmente para 2014 y 2016, cuando Brasil será anfitrión de la Copa del mundo y las Olimpiadas. Frédéric Beigbeder dice que el amor dura tres años, pero la miel y las hojuelas caducaron antes para Rousseff: en 2011, el PIB tuvo un crecimiento de 2.7% y el año pasado únicamente creció 0.9%, mucho menos de las expectativas que se tenían para el gigante sudamericano. Las exportaciones, que junto con la Inversión Extranjera Directa habían sido el motor principal del crecimiento, comenzaron a decaer a principios de esta década.2 Si bien la economía dejó de crecer, no sucedió lo mismo con los precios. En 2012, la inflación fue de 5.84%, y de enero a marzo de este año alcanzó 6.59%, rebasando el límite establecido por el Banco Central. Tan sólo el año pasado, los precios de los alimentos en Brasil aumentaron 13%. Los pobres y las clases medias que apenas empezaban a acostumbrarse a su nuevo poder adquisitivo comenzaron a percatarse de que sus ingresos no eran suficientes.
Por lo mismo, un aumento de 20 centavos en el transporte público no es menor. La semana pasada se anunció que en São Paulo la tarifa aumentaría a R$3.20 ($20 pesos) y rápidamente se convocó a manifestaciones, que comenzaron el martes 11 de junio.3 En las protestas iniciales únicamente se mostraban imágenes de establecimientos y estaciones del metro vandalizados. La reacción de los brasileños era ambivalente: aunque algunos condenaban el vandalismo, otros reconocían el derecho y la necesidad de manifestarse en contra del aumento de las tarifas, sobre todo cuando el precio no coincide con la calidad. De acuerdo con una encuesta del periódico Folha, la percepción de los brasileños de su transporte público es la peor desde 1987 y, sin embargo, los gastos a corto plazo del gobierno tienen en segundo plano los servicios públicos. Actualmente, la prioridad del gobierno está orientada a los gastos para el Mundial y las Olimpiadas, en los que se tiene planeado gastar 30 mil millones de reales en la infraestructura.
Las manifestaciones en contra de la tarifa del transporte no terminaron el martes 11. A pesar de que los brasileños aún no reaccionaban contundentemente, la convocatoria para protestar continuó y la respuesta de la policía militar ante los manifestantes del jueves 13 fue violenta. Se roció con gas pimienta y disparó balas de goma a los manifestantes e incluso a personas que no tenían relación alguna con la manifestación y únicamente se encontraban en las zonas aledañas. Más de 100 personas resultaron heridas y 235 personas fueron detenidas en la protesta de São Paulo. La imagen de una periodista de Folha que recibió un disparo en el ojo recorrió las redes sociales brasileñas. Dos cosas cambiaron en Brasil: la percepción de las manifestaciones y el contenido de éstas. Durante mucho tiempo se había susurrado un “acorda, Brasil” (despierta, Brasil) en contra de la corrupción y deficiencias en los servicios públicos. El jueves por fin sonó el despertador.
Las siguientes protestas coincidieron con la inauguración de la Copa Confederaciones, en la que los asistentes abuchearon a la presidente Dilma Rousseff durante su discurso. Poco a poco, las muestras de inconformidad comenzaron a extenderse a otras ciudades donde aumentó la tarifa del transporte, sólo que ésta dejó de ser la única causa de descontento. Se convocó a marchar pacíficamente el lunes en la noche en contra de los gastos excesivos del gobierno y la corrupción. La asistencia superó las expectativas. Se estima que más de 250 mil personas se manifestaron a lo largo de 12 de las principales ciudades del país. En la capital brasileña, los manifestantes burlaron el cerco policiaco y escalaron el edificio del Congreso. Las grandes avenidas de São Paulo por primera vez estuvieron congestionadas por manifestantes y no por automóviles. Rio de Janeiro celebró, en lugar del Carnaval, que “el pueblo había despertado”.
La respuesta del gobierno ha sido tímida. Los gobiernos locales han anunciado que las tarifas del transporte público se reducirán próximamente; sin embargo, las demandas ya están mucho más allá de los centavos anunciados la semana pasada. Rousseff elogió las manifestaciones, que consideró como una muestra de la fortaleza de la democracia en el país. Con elecciones presidenciales y del Congreso el próximo año, era lo menos que podía decir. Su gobierno se enfrenta no sólo a una inconformidad importante ante los gastos excesivos por el Mundial y las Olimpiadas, también tiene que rendir cuentas ante la corrupción que aqueja al país (se calcula que 100 mil millones de reales se gastan al año en actos de corrupción4) y la deficiencia en los servicios públicos. Rousseff sabe que debe lidiar cuidadosamente con las protestas: la última vez que hubo manifestaciones de este calibre, Fernando Collor de Mello renunció a la presidencia. La presidente seguramente se mantendrá alerta al despertar del pueblo. Falta ver si los ciudadanos brasileños hacen lo mismo u optarán por cinco minutitos más.
Mauricio Ochoa estudió Ciencia Política y Relaciones Internacionales en el CIDE. Vivió un tiempo en Rio de Janeiro y utilizaba el precio del transporte público como excusa para caminar por Ipanema, de regreso a su casa. @mauri8a
1 Es importante mencionar que, de acuerdo conel criterio establecido por la Secretaría de Asuntos Estratégicos, cualquier brasileño con un ingreso mensual per cápita entre $291 y $1,019 reales —$1820 y $6378 pesos, respectivamente— y que no está en riesgo de perder su empleo y regresar a la pobreza pertenece ala clase media.
2 El comercio con China, el principal comprador de productos brasileños la década pasada, disminuyó por primera vez en 2011, tras haber tenido una expansión de 30% entre 2008 y 2012. La expansión china y el precio de las materias primas que exportaba Brasil dejaron de brindar fortaleza al modelo brasileño y las debilidades de éste comenzaron a aparecer.
3 Al mes, este gasto representaría 28.3% del salario mínimo mensual de R$678 ($4,244 pesos) que gana un brasileño.
4 Con este dinero podría ampliarse 7 veces el programa “Bolsa Família”, una de las principales iniciativas para combatir la pobreza en Brasil. También podría duplicarse el presupuesto para infraestructura en el país; o bien, remover el impuesto sobre la renta. Véase Ricardo Amorim, “Mas a final, quantocusta a corrupção?, Revista IstoÉ, agosto 2012.
¡Excelente artículo!
Gracias Mau por tu excelente artículo, se interpreta que la apertura de cinturón que se aplica al pueblo brasileño ha levantado ámpula en los luchadores sociales y ahora con el incontenible uso de los medios han logrado levantar con mayor rapidez el despertar a la inconformidad, pero…
¿Se puede cuantificar el "posible beneficio" que pudiera llegar al bolsillo del pueblo brasileño (por supuesto que sin contar el CIRCO producido por la no tan remota posibilidad que se vuelvan a coronar en el fútbol y que ganen píngüe cantidad de medallas en la olimpiada) al término de esos eventos?
¿Esa esperanza pudiera valer el sacrificio que se está infringiendo al pueblo y en posible riesgo de que las manifestaciones se hagan más violentas y pongan en riesgo "hasta al gobierno establecido"?
Buena relatoria de hechos, sólo como precisión en realidad la IED no ha disminuido en términos alarmantes en Brasil, al menos en el reporte de la CEPAL pasó de 66 660 en 2011 a 65 272 en 2012 (millones de dólares) aqui la fuente http://www.eclac.org/publicaciones/xml/5/49845/LaInversionExtranjeraD2012.pdf
Querido Mau,
tu artículo me parece muy muy bueno. Creo que como pocos das claridad a lo que ocurre en Brasil y uno queda convencido del argumento. Sin embargo, a mi me gustaría saber cuál es tu opinión sobre lo que hace a este un movimiento completamente diferente a lo ocurrido en México.
Muchos saludos y cáele al Jalisco del Tequila express pronto.