El futuro de la Constitución

La Constitución es demasiado importante para dejarla en manos de abogados y políticos, afirman Juan Jesús Garza Onofre y Javier Martín Reyes. Por eso llegó a librerías La constitución desconocida. Teoría y práctica de todo lo que siempre quisiste saber sobre tu Constitución (pero no te atreviste a preguntar) (Taurus, 2024).

¿Por qué si nuestra Constitución fue la primera en reconocer derechos sociales va rezagada en hacerlos efectivos? ¿Es motivo de orgullo que tengamos la sexta constitución más extensa a nivel mundial? ¿Qué quiere decir el hecho de que nuestra Constitución, promulgada en 1917, lleve más de 700 reformas? ¿Esto nos habla de un texto versátil, que se adapta a los tiempos, o, por el contrario, es señal de inestabilidad y oportunismo político?

Analizar este tipo de preguntas y desmitificar la Constitución es el objetivo de este libro. Dividido en dos partes, teoría y práctica, aborda primero diez cuestiones esenciales de toda constitución —como los derechos fundamentales, las formas de Estado y Gobierno, la división de poderes, el pluralismo—, para luego revisar cómo se han llevado a la práctica en el caso de la Constitución mexicana.

A continuación presentamos un extracto de La constitución desconocida:

Conclusión
El futuro de la Constitución

Después de transitar por veinte temas distintos en torno a la   teoría y la práctica constitucional en México, nos queda claro   que los desafíos y las oportunidades para construir un entorno más justo, donde las violencias y las incertidumbres no sean lo que determine la vida de millones de personas en el país, son tan variados como desconocidos. Nuestro objetivo al escribir este libro no era sólo contrastar ciertos temas jurídicos de crucial importancia para nuestras democracias, sino, sobre todo, condensar y simplificar aspectos técnicos que de entrada parecerían muy alejados de la cotidianidad de millones de personas. De hecho, para cada uno de los capítulos que presentamos existen obras enteras y una vasta colección de artículos académicos rigurosos que desarrollan dichos temas de forma minuciosa. Sin embargo, la idea de sintetizar algunas de estas materias se enfoca en establecer una suerte de curso de estudio rápido e intenso que pueda ser accesible para cualquier persona, pues, como hemos dicho, ni el derecho ni la Constitución son monopolio de nadie.

De ahí justamente que otro de los objetivos de este texto sea desmitificar muchas de las falsas soluciones que plantean las visiones más tradicionales y formalistas del derecho constitucional. Por ello, hemos querido dejar claro que el hecho de hacer más reformas a la Constitución, o incluso concebir la promulgación de un nuevo texto, no generará mejores escenarios de la noche a la mañana; así como tampoco la construcción de una mejor cultura constitucional depende exclusivamente de la clase política y de quienes enseñan derecho constitucional.

Ahora bien, no es que no existan alternativas para pensar la Constitución desde el propio ámbito jurídico, ni mucho menos que todas las opciones estén perdidas de antemano. Lo que ocurre es que el ámbito jurídico tiene que ampliar necesariamente sus horizontes y colaborar con otras disciplinas para evitar caer en la irrelevancia y la autorreferencia. Y es que si a la mayoría de las personas que habitan este país la Constitución ya no les dice mucho —pues les asegura muy pocas cosas y son todavía menos las que les cumple—, no cabe duda de que los esquemas históricos sobre los que ésta se ha erigido, enseñado y llevado a la práctica necesariamente tienen que transformarse.

Si se sigue creyendo que la Constitución todo lo puede y todo lo vence es muy probable que durante los próximos años se produzca un efecto dual bastante perjudicial: en lo particular, que este instrumento deje de ser clave para la organización social y, en lo general, que el derecho ya no sea contemplado como límite al poder y nos encontremos ante un panorama enmarañado de mentiras que terminarán imponiendo una renovada y velada ley del más fuerte. En este escenario desolador, valores como la igualdad, la división de poderes, las elecciones libres, la no discriminación y el pluralismo no serán otra cosa más que un cúmulo de promesas vacías, mero papel mojado.

Ante estas inquietudes, surge una serie de preguntas incómodas pero cruciales para el porvenir de nuestros Estados democráticos: ¿qué es lo que le espera a la Constitución durante los próximos años?, ¿cuál es el futuro de las constituciones y cómo deben ser las constituciones del futuro? Partimos de la idea de que entre más personas se involucren en la reflexión sobre la Constitución y, por ende, conozcan y reconozcan las implicaciones de que lo ahí plasmado realmente se lleve a la práctica, estaremos en una mejor posición para imaginar la Constitución que necesitamos. Es decir: el instrumento más eficaz para la limitación de los poderes y la garantía de los derechos, el documento que dé voz a las luchas históricas de distintos grupos que han ido trazando el camino para que las próximas generaciones cuenten con todos los recursos necesarios para su supervivencia, para garantizar su derecho al futuro.

Según datos de la última encuesta nacional de cultura constitucional, realizada en el marco del centenario de la Constitución de 1917, los dos primeros lugares donde a las personas se les habla de la Constitución son la escuela (72.3%) y la casa (10.8%). En este sentido, resulta fundamental asumir que no existe otra manera de provocar mejores entornos constitucionales que a través de la educación. Sin embargo, el rol de los sistemas educativos en este tema ha quedado mucho a deber desde los primeros niveles de enseñanza a las infancias. Basta ya de creer que memorizando artículos y mediante edulcoradas clases de civismo se construye ciudadanía. Tampoco inculcando un exacerbado patriotismo es que las personas sentirán amor por México. La educación de corte crítico, contextual, interdisciplinario y realista se torna fundamental para fortalecer nuestra Constitución y hacer conscientes a millones de individuos de lo crucial que puede ser contar con instituciones capaces y responsables para hacer frente a problemáticas cada vez más graves.

Así, la enseñanza del derecho constitucional tiene el reto de retomar el fin último de la Constitución de cara al futuro: ser la expresión de lo que nos define como comunidad política y, al mismo tiempo, darle respuesta a la enorme cantidad de problemáticas que trascienden nuestras fronteras y la idea clásica de soberanía del Estado. Para ello, es necesario dejar de analizar la Constitución sólo como un texto meramente formal, ignorante de la realidad y cerrado a las dinámicas globales, y comenzar  a estudiar su conexión con el conjunto de la vida social, explicándola desde lo local, a nivel comunitario y vecinal, hasta el plano internacional.

Es necesario acercar la Constitución a la realidad y eliminar esa barrera que la separa de la ciudadanía, no por una oposición o rechazo innato, sino por su desconocimiento y su falta de aplicación en la vida diaria. La propuesta es sencilla: abordar el texto constitucional de hoy en día pensando siempre en el mañana.

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Publicado en: Justicia, Política