Transcurrían los primeros minutos del sábado 16 de mayo en México cuando la fatalidad anunciada se hacía realidad: el lanzamiento del cohete Protón-M, que transportaba al satélite mexicano Centenario,había fallado. Tras ocho minutos de iluminar el cielo matutino de Kazajstán, un accidente aún de causas desconocidas pulverizó 390 millones de dólares materializados en uno de los tres satélites que brindarían servicio de telecomunicación a nuestro país para así buscar posicionarlo en un nivel equivalente al de otras naciones.
Colocar a un satélite orbitando la Tierra es una tarea complicada y, como dijera el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, “si México está incorporándose a esta industria, tiene que aprender a convivir con los riesgos”. Sin embargo, la empresa contratada para el lanzamiento, la International Launch Services (ILS), pospuso varias veces el lanzamiento de Centenario, fenómeno que se sumó a cuatro eventos fallidos con otros cohetes en los últimos tres años. Además, la cancelación del contrato que se firmó durante la administración de Felipe Calderón equivalía a pagar una multa de 60 millones de dólares, por lo que el personal de la SCT decidió continuar con el lanzamiento y asegurar en su totalidad al satélite mexicano.
A pesar de que, en palabras de Ruiz Esparza, la inversión mexicana será recuperada, ¿qué significado tiene este evento catastrófico para la industria mexicana aeroespacial? Cabe la posibilidad de que, debido al aseguramiento por daños o pérdida del satélite, la discusión sea infértil en términos monetarios. Sin embargo, el daño a Centenario, un satélite que habría brindado servicios de telecomunicación a los mexicanos por quince años,representa un retraso importante para la situación tecnológica y de política pública satelital del país, además de que pone en evidencia la endeble estructura legal y de desarrollo en materia satelital mexicana.
Una breve historia de la política pública de los satélites mexicanos
La carrera satelital mexicana comenzó cuando México envió a través de un satélite rentado al resto del mundo la señal televisiva de la primera inauguración de las olimpiadas a color, y del salto ejecutado por atleta Bob Beamon, mismo que se mantuvo por 22 años como un récord mundial. Durante dicho evento, el satélite que transmitió la señal era propiedad de la NASA.
Casi dos décadas después de este evento internacional, la recién conformada SCT decidió adquirir un sistema satelital -conformado por dos vehículos espaciales- con el objetivo de conectar a las ciudades con las zonas rurales. El Morelos I y el II fueron construidos y puestos en órbita por empresas internacionales el mismo año en que el país vivió el terremoto más mortífero en su historia. Fue en uno de estos dos lanzamientos en el que el primer mexicano en visitar el espacio, Rodolfo Neri Vela, formó parte de la tripulación.
Mientras el sistema Morelos permitía la ejecución de servicios telefónicos y televisivos, y con la entonces reciente llegada a la presidencia de Carlos Salinas de Gortari, se creó a Telecomunicaciones de México, un organismo descentralizado que se encargó del manejo de estos dos satélites. Además, impulsó la construcción de otros dos vehículos a los que se denominó bajo el mismo nombre que el programa nacional promovido por el entonces presidente: Solidaridad I y II. La puesta en órbita de este sistema tenía como objetivo sustituir al sistema Morelos –a pesar de que al Morelos II se le estimó una vida útil de nueve años, operó hasta 2004- y para cubrir la creciente demanda en materia de telecomunicaciones. El sistema Solidaridad, también construido y puesto en órbita por empresas internacionales, comenzó operaciones durante los dos últimos años de mandato presidencial de Salinas de Gortari.
La privatización que abundó durante el mandato salinista alcanzó la telecomunicación satelital. Un par de años después de que Teléfonos de México fuera otorgada a un consorcio privado, y de que México contara con cuatro satélites orbitando el planeta y tuviera un tercer Morelos en construcción, el gobierno realizó reformas a la Ley de Telecomunicaciones, constituyendo con esto a la empresa Satélites Mexicanos S.A. de C.V. (SATMEX). Posteriormente la empresa fue vendida, y con ella se fueron el Morelos I –para entonces inactivo-, el Morelos II, el sistema Solidaridad y el Morelos III en construcción –de ahí a que se le llamara Satmex 5-. En los años subsecuentes SATMEX se declaró varias veces en bancarrota e incluso se puso en venta en diversas ocasiones, hasta que en 2014 fue adquirida por una empresa francesa llamada Eutelsat Communications junto con los satélites Satmex 5, 6 y 8.
A falta de satélites propios, el Sistema Satelital Mexicano (MEXAT) fue puesto en marcha por la SCT durante el mandato de Felipe Calderón, con el objetivo de brindar servicios de seguridad nacional, de atención en situaciones de emergencia y de desastres. Fue hasta la transición presidencial que el primero de los tres satélites que conformarían a este sistema, el satélite Bicentenario por la conmemoración de los dos siglos de independencia, fue puesto en órbita. Mientras que este vehículo espacial fue dispuesto para brindar servicios de comunicación fija y para controlar a los dos satélites restantes del sistema, esta última tarea se reducirá a sólo controlar al Morelos III, el gemelo del perdido Centenario, y que será puesto en órbita por una empresa diferente, además de que dará servicios de comunicación móvil.
Las razones de tener satélites mexicanos
En un mundo globalizado con nuevas tecnologías de la comunicación cada día, la importancia para contar con satélites es redundante. Debido a que estos vehículos espaciales permiten colectar y enviar grandes cantidades de datos en un tiempo rapidísimo entre aparatos terrestres, éstos promueven que la conexión sea eficiente. Es gracias a ellos que podemos sintonizar en nuestro televisor la última temporada de nuestra serie favorita, que podemos escuchar el noticiario matutino en el radio, hacer llamadas de celular a celular, enviar y recibir correos electrónicos, y ayudarnos a ubicarnos y llegar a nuestro destino sin necesidad de pedir indicaciones.
En el terreno académico, los satélites son una extensión de los grandes observatorios terrestres que ayudan a estudiar las características de nuestro planeta, como monitorear el movimiento de epidemias, generar modelos panorámicos que favorecen la visualización de datos estadísticos y poblacionales, conocer la evolución de algún evento meteorológico o lo que sucede durante acontecimientos extraordinarios específicos. Esto último, por ejemplo, tomó una relevancia importante durante los sucesos posteriores al casoAyotzinapa, en donde diferentes ciudadanos obtuvieron información satelital proveniente de la NASA, alegando ser prueba contra lo afirmado por la Procuraduría General de la República (PGR). Más aún, los satélites nos ayudan a conocer lo que existe más allá de este mundo, como las características de los planetas vecinos, y nos permiten estudiar aquellos que puedan contar con vida, las estrellas nacientes y moribundas, o las galaxias muy lejanas.
Sin embargo, mientras los satélites mexicanos han sido enviados al espacio con el objetivo de buscar mejorar los servicios de telecomunicación y monitorear las condiciones climatológicas del país, los objetivos en materia académica son pobres. La UNAM ha buscado enviar satélites con fines de estudio, y a pesar de que construyó el UNAMSAT-1, éste presentó un lanzamiento fallido desde una base militar rusa, mientras que el gemelo UNAMSAT-B fue útil por apenas un par de años.
Los resultados del análisis de la comparación de México con otras naciones son importantes para poner en perspectiva el rezago de nuestro país en materia de política pública satelital. Argentina comenzó con su carrera satelital hace poco más de 20 años, y ya cuenta con un satélite construido en su territorio brindando un servicio eficiente. Además, ha contado con vehículos espaciales que se han encargado específicamente del estudio de fuentes energéticas, de las condiciones físicas de los océanos y de la atmósfera, e incluso comparte el monitoreo terrestre con otros países como Francia, Estados Unidos o Dinamarca, por mencionar algunos; uno de los convenios más importantes de Argentina es con Brasil; ambas naciones monitorean aspectos ambientales para la producción de alimento en la zona Mercosur.
Atribuir a la tecnología y al presupuesto la responsabilidad por la cual se carece de tecnología satelital propia es absurdo. Si es verdad que los satélites son complejos tecnológicamente hablando, recordemos que el transbordador que colocó a los primeros seres humanos sobre la Luna, el Apollo 11, contó con sistemas más simples que las que nos permiten hacer cálculos en las calculadoras, e incluso nuestros teléfonos móviles son aún más sofisticados.
En términos de dinero, la producción satelital está lejos de ser un problema. El primer ministro de la India, Narendra Modi, declaró en 2013 que son la nación con la producción de cohetes más barata del mundo, tanto así que la misión que el país asiático envió a Marte fue una treintava parte del valor de la misión Curiosity de la NASA, al tener un costo de alrededor de 70 millones de dólares, costo que también se queda pequeño comparado con los casi 100 millones de billetes verdes que costó la película Gravity. De acuerdo con las declaraciones del primer ministro, el éxito de India se debe en gran parte por su exploración espacial, en tanto con que constituyen una de las primeras potencias en el campo al contar con el lanzamiento de 67 satélites.
Los casos de India y Argentina son dos de los muchos ejemplos que muestran que el rezago mexicano en materia satelital recae en la política pública. La multa por la cancelación del lanzamiento de Centenario se pudo haber evitado si desde la contratación de su servicio, la administración de Felipe Calderón hubiera conocido a detalle las características de eficiencia de dicha empresa. Al hacer un repaso en la historia, es posible comprender que el rezago satelital mexicano es un problema estructural burocrático y legal, más que uno de tipo económico o tecnológico. Es con el traspaso del mando de un organismo a otro, y con la privatización, que la política pública satelital en México ha sufrido las consecuencias de las decisiones a corto plazo. Para poder asegurar el progreso en materia satelital se necesita de la propuesta de un objetivo sólido e inmune al cambio de gobierno, y a la estructura burocrática de este país, que permita desarrollar la capacidad tecnológica espacial del país más allá de las decisiones sexenales.
Sofía Flores es maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield.
