El metaverso de las desapariciones en Jalisco

Como sugiere la famosa frase de de Mark Twain “Mentiras, malditas mentiras y estadísticas”, los números oficiales pueden ser una forma suprema de engaño y, tratándose de personas desaparecidas, también un modo de victimizarlas. A diferencia de cualquier otro delito, donde la víctima está presente de algún modo, en este caso está, por definición, ausente. Resulta entonces vital que su caso se denuncie, registre y contabilice de manera escrupulosa. Esto no ocurre siempre en México. El trayecto que va de la desaparición de una persona a su registro como denuncia y luego como dato estadístico válido puede naufragar en cualquier punto. Las desapariciones que preocupan se consuman y perpetúan muchas veces en manos de una burocracia improvisada, cómplice o con alta aversión al riesgo. Sucede en todo país. Si nos referimos aquí a Jalisco no es porque sea un caso único, sino porque es posible documentarlo. A diferencia de otras entidades donde priva la opacidad y secrecía sobre el tema, como en Ciudad de México, en Jalisco la transparencia relativa de la información permite saber, al menos, qué tanto la versión oficial del problema se aleja de la realidad y de qué trucos se vale para eso.

Ilustración: Víctor Solís

Un universo posreal

La desaparición de personas es un problema en Jalisco. Son frecuentes las noticias sobre casos y movilizaciones para exigir la reaparición de alguna persona. Sin embargo, la versión oficial ha creado una realidad alterna donde el problema no parece tan grave. Las leyes de la aritmética no parecen funcionar ahí, ni tampoco las del sentido común. Es un mundo asombroso donde el número de personas desaparecidas es menor hoy que hace dos años; las denuncias sin resolver se disparan cada mes, pero el total apenas aumenta. Hay indicios de una crisis de desaparición de personas, pero las denuncias van a la baja. Ocurren paradojas: una Alerta Amber que no alerta a nadie porque emite pocas cédulas de búsqueda y oficinas creadas para buscar, que no buscan o desaniman a quien quiere hacerlo. A pesar de que cada vez hay más apoyos, se reportan cada año menos personas localizadas. En el mundo real es más fácil localizar personas cuya desaparición es reciente, mientras que ahí es al revés: cuatro de cada diez personas localizadas en 2023 habían desaparecido años antes. Es poco probable que las desapariciones que no se denuncian en el primer año se denuncien después; en este mundo paralelo no ocurre así: una de cada cuatro denuncias presentadas en lo que va del año corresponden a personas que desaparecieron en años previos. Bienvenidos al metaverso de las desapariciones en Jalisco, un universo de posrealidad donde desaparecen las desapariciones.

Deconstruir el metaverso

Esta realidad alternativa se sostiene en narrativas engañosas, números a modo y decisiones que buscan mostrar que el problema no es tan grave como se dice, o lo fue pero ya no tanto, o es tan insignificante que sólo merece silencio oficial. Aquí va un inventario, seguramente incompleto, de sofismas y manipulaciones que se usan para intentar construir ese mundo inexistente.

¿Menos personas desaparecidas que hace dos años?

A meses de que termine esta administración, los datos oficiales indican que han desaparecido en Jalisco casi 31 000 personas. De ellas, 16 137 han sido localizadas y 14 784 permanecen desaparecidas. Sin embargo, Jalisco ya superó antes la última cifra. En marzo de 2022 había 16 222 denuncias activas en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No localizadas (RNPDNO). Si bien una actualización masiva de registros a fines de ese mes redujo esa cantidad a 14 915, resulta que hoy, dos años después, es incluso menor. 

¿Cómo fue posible? A finales de marzo del 2022, sin anuncio de por medio, Jalisco dejó de ingresar información al RNPDNO y los nuevos casos comenzaron a informarse cada mes en un sitio web local que ya estaba en operación, pero que reconocía una cantidad menor de personas desaparecidas: 13 463 a julio de ese año. Diseñado para dificultar su consulta, con información desagregada y difícil de conciliar entre sí, este sitio facilitó la gestión discrecional del registro. El crecimiento de las denuncias se ralentizó inesperadamente. El número total de personas desaparecidas apenas subió 423 entre julio y diciembre de 2022, y sólo 573 en todo 2023. Sin embargo, sumando a mano los números del propio sitio observamos que los totales debieron ser mayores en cada año: 2341 y 2004, respectivamente. Como observó el Comité Universitario de Análisis sobre Desaparición de Personas de la Universidad de Guadalajara, estas discordancias entre cifras suponía la localización masiva de personas desaparecidas en años anteriores, ¿Fue posible tal cosa? La reciente liberación de algunos datos del registro estatal permite volver a este análisis del Comité y ampliarlo con nuevas observaciones.

Las denuncias no parecen disminuir

Desde finales de 2022, comenzó a informarse que las denuncias de personas desaparecidas en poder de la Fiscalía iban a la baja. A principios de este año, el mismo gobernador informó mediante una gráfica que habían disminuido 43.3 % entre 2019 y 2023. Según las cifras oficiales, en efecto, los reportes se redujeron año tras año: hubo 5047 en 2019 y 3778 al cierre del 2023. Lo mismo se aprecia si se observa no el año de reporte, sino el año en que ocurrió la desaparición: las denuncias van a la baja. Véase la columna II y III de la Tabla 1:

Tabla 1

Fuente: elaboración propia a partir de los datos descargables vigentes en abril de 2024 del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco

 

Esto debería ser una buena noticia, pero no sabemos si es real. Las denuncias podrían ir a la baja sólo porque es difícil presentarlas. Testimonios anónimos de familiares de víctimas y funcionarios dejan entrever que eso ocurre. Parece haber una estrategia coordinada para no dar parte de levantones, no recibir denuncias, demorar su registro o disuadir de que se hagan públicas. Se supone que la Alerta Amber funciona en Jalisco, pero emite pocas cédulas y las que publica la Comisión de Búsqueda son sólo una fracción de todas las que ocurren. De las casi 31 000 cédulas que Jalisco registra en toda su historia, sólo son públicas 6542, una quinta parte. 

La pretendida caída en el total de reportes no se observa, curiosamente, en los reportes de las personas que siguen desaparecidas. Los datos de la columna V van en sentido contrario, lo cual es absurdo. ¿Por qué esta discordancia? Al analizar el año en que ocurrieron las desapariciones de estos reportes, se entiende el truco: su aumento se debe al ingreso de muchos casos ocurridos años antes, pero que apenas se denuncian. Esto sugiere que la caída general en los reportes se debe, en parte, a que no se computaron en su momento todos los casos.

Las denuncias también podrían ir a la baja porque las autoridades reportan cada vez menos personas localizadas. Esto reduce la incidencia porque toda persona localizada estuvo, por definición, desaparecida antes. Aunque sea sorprendente, parece que esto ocurre.

¿Menos personas localizadas cada año?

El número de personas que se localizan venía disminuyendo de manera constante desde 2019. De 3178 personas localizadas ese año se llegó a 2791 en 2022. En 2023 hubo un repunte, pero no se alcanzó ni siquiera el valor de 2020. Véase la columna II de la Tabla 2.

Tabla 2

Fuente: elaboración propia a partir de los datos descargables vigentes en abril de 2024 del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco

La disminución es más dramática según el año en que ocurrió la desaparición. De casi 2500 personas localizadas en 2019, se llegó a 1708 en 2023, una disminución de casi un tercio de lo que se alcanzó al inicio del sexenio, como se puede apreciar en la columna III de la misma tabla.

La caída de este indicador es un resultado inesperado en oficinas que cada año acumulan más experiencia, personal y recursos ¿Es real esta disminución? Las autoridades la aceptan y la explican porque, dicen, dedicaron más tiempo a judicializar casos. Es posible que esa sea una de las causas, pero no la única. Una disminución también puede ocurrir porque se informan cada vez menos personas localizadas. Esto es posible porque no toda desaparición está asociada a delitos, y muchos casos se resuelven fácilmente y en las primeras horas. La renuencia a emitir cédulas de búsqueda por parte de las autoridades favorecería esta práctica. El Comité de Análisis de la UdeG mostró evidencia de que la Comisión de Búsqueda informa en distintos momentos de más personas localizadas que las reconocidas oficialmente.

Informar menos personas localizadas no parece verosímil porque se espera lo contrario: que los funcionarios exageren sus logros. Sin embargo, tiene una ventaja: la incidencia se muestra menor a la real. Si se reportan menos casos exitosos, el tamaño del problema se reduce artificialmente. El truco es semejante al que se empleó para simular que la pandemia de covid era menos virulenta: menos pruebas, menos contagios. Lo que falta por precisar es cuántos casos no se informaron y su estatus al momento de cancelarse. No es indistinto si dejaron de reportarse antes de formar parte de la contabilidad oficial o ya ingresados. 

La improbable localización de personas desaparecidas hace años

Se reportan en general menos personas localizadas, pero extrañamente cada vez se encuentran más personas desaparecidas en años previos. Esto comenzó en 2022, pero en 2023 fue sorprendente: 43 % de las personas localizadas ese año desaparecieron años antes. Todo apunta a que durante este año ocurrirá lo mismo. En lo que va de 2024, la capacidad de localizar casos históricos llega al 45 %.

Esto es bastante anómalo porque, obviamente, es más complicado localizar personas cuya desaparición no es reciente. Las primeras horas y días son claves. Sin embargo, en Jalisco ocurre lo contrario: los funcionarios son cada vez más eficaces en localizar personas desaparecidas años atrás. Esto no es posible con los procedimientos que se conocen hoy y menos cuando se reportan pocas identificaciones de las víctimas que se han exhumado de fosas clandestinas. No se entiende, además, por qué esto afectó la capacidad para localizar personas desaparecidas en fecha reciente. La estrategia de búsqueda no es la misma. En 2023, sólo se resolvieron 1708 de estos casos, el peor desempeño del sexenio hasta ahora, y aún restan 1599 personas por localizar. Este aparente trade-off entre localización de casos nuevos y de larga data no es verosímil. Sugiere, más bien, que no se reportan todas las personas localizadas.

Es razonable entonces poner bajo sospecha las “localizaciones” históricas. Podría tratarse de casos que se extrajeron y enviaron a una segunda contabilidad. Los reportes nuevos, pero de personas desaparecidas hace tiempo, podrían ser evidencia de este registro paralelo. También podría ser que muchos casos se reclasificaron como localizados sin agotar todo el protocolo. Testimonios anónimos del personal operativo de las instancias a cargo han alertado de estas prácticas.

La estrategia Jenga: disminuir viejas denuncias para que no se noten las nuevas.

La abrupta reducción de denuncias históricas que ocurrió en 2023 explica por qué cada mes el sitio oficial informó durante ese año de un creciente número de personas que no se localizaban, mientras que el total sólo tenía incrementos modestos. Fue como jugar Jenga, el juego de pequeñas piezas de madera apiladas que deben extraerse desde abajo. Mientras que el número de denuncias por desaparición crecía mes con mes, se extraía una cantidad casi equivalente del acumulado histórico. A pesar de la proliferación de casos que hubo en 2023, visible por las desapariciones múltiples de jóvenes que se registraron en distintos momentos, el total de personas desaparecidas apenas creció ese año. Queda pendiente analizar si esto explica toda la diferencia observada ese año y si todos los registros sustraídos corresponden a localizaciones reales.

La reaparición de las desapariciones de larga data

Es normal que en cualquier año se reporten más desapariciones de las que ocurren. El corte anual provoca que una parte de los casos de diciembre se computen como denuncias del año siguiente, más cuando hay demoras no justificadas en levantar las denuncias.

Entre 2020 y 2022, tres denuncias en promedio de cada cien corresponden a desapariciones ocurridas antes, pero la cifra se disparó a 8.5 en 2023 y en lo que va del año llega a 24 de cada 100. De las 654 denuncias que se presentaron y quedaron sin resolver entre enero y abril de este año, 177 son casos que ocurrieron en años anteriores. Están ingresando al registro, pues, muchas denuncias nuevas pero de casos que ocurrieron en años previos. Esto sugiere una contabilidad paralela que estaba oculta, cuya existencia pone en duda la pretendida caída en las denuncias.

Un apunte para cerrar: todos deseamos que el metaverso de las desapariciones construido por las autoridades fuera realmente el mundo que habitamos. Por desgracia, ese mundo no existe. En Jalisco hay una crisis humanitaria provocada por la desaparición de personas que es real, aunque, a falta de datos confiables para medirla, apenas podemos intuir su dimensión y alcance.

 

Jorge Ramírez Plascencia
Profesor-Investigador de la Universidad de Guadalajara, integrante del Comité de Análisis sobre Desaparición de Personas de la misma universidad

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Publicado en: Justicia, Seguridad