El precario estado de la danza en México

“Curiosamente no se ha hablado de excelencia artística en mucho tiempo, ni de lo que conlleva crear artistas excelentes, porque un artista no se hace en seis años ni con una beca simbólica”..
—Isaac Hernández

El sector dancístico en México ha sufrido dificultades en su desarrollo desde siempre. A pesar de que el modelo cultural de apoyo del Estado, implementado por el gobierno posrevolucionario, benefició a todos los campos artísticos (por el proceso de construcción de una identidad nacionalista), desde hace varios sexenios éste se encuentra en una crisis cada vez más grande. Con escasas excepciones, los gobiernos han perdido interés en el sector cultural: los presupuestos raquíticos merman su actividad e impacto, muchos proyectos quedan inconclusos, no hay política pública estratégica y constante que permita solvencia económica ni condiciones laborales óptimas para los artistas, y el financiamiento estatal es cada vez más problemático. Y aunque estos problemas tienen décadas de antigüedad, el sexenio de López Obrador no se salva de tener un historial de errores u omisiones con respecto al sector.

El proyecto cultural de la administración obradorista buscaba la descentralización de la política y escena cultural; construir nuevos modelos de participación, estrategias de inversión, mecenazgo y estímulos fiscales para la labor creativa; fortalecer mecanismos federales y locales de gestión, conservación, preservación y restauración patrimonial, y esquemas de apoyos económicos autosuficientes para el financiamiento cultural. En sintonía con estos objetivos se presentó el Programa de Trabajo de Danza, resultado de un diálogo con las comunidades dancísticas del país, en el que se contemplaban tres ejes de acción: visibilizar las propuestas de creadores del país; optimizar las plataformas para asignar recursos y estimular la presencia de creadores emergentes, y el desarrollo de proyectos y programas vinculados a instancias estatales y municipales.

¿Alguno de estos planes se hizo realidad o cayeron en la lista de promesas incumplidas? Analicemos qué pasó en el sexenio que recién termina en cuanto al apoyo a la danza.

Ilustración: Belén García Monroy

La historia sin fin: los presupuestos

El sexenio obradorista empezó de forma tensa con el sector cultural y artístico. En 2019 el presupuesto otorgado a la Secretaría de Cultura (SC) fue de 12 394 millones de pesos, lo cual representaba una reducción de 522 millones de pesos. Grupos de artistas y promotores culturales —entre los cuales se encontraba alguno que había votado por el tan prometido cambio— levantaron la voz ante la precarización en la que se mantiene al sector.

Alejandra Frausto, entonces secretaria de Cultura, lanzó uncomunicado donde afirmó que el presupuesto era suficiente para el desarrollo de las actividades culturales, que el apoyo estaba garantizado y que los recortes correspondían a la duplicidad de funciones. Aún así, buscó y logró un incremento de 500 millones de pesos, Sin embargo, el siguiente año el presupuesto siguió bajando y no fue sino hasta 2021 que subió de nuevo llegando a 16 754 millones de pesos.

Al respecto, Frausto señaló que el cambio fundamental en el monto del presupuesto fue en los etiquetados que los diputados podían destinar a proyectos que pueden o no existir. Ese dinero fue integrado a la SC y destinado al “Proyecto Chapultepec: naturaleza y cultura”. Dicho proyecto ha ocupado entre el 20 % y 30 % del presupuesto federal asignado a Cultura desde 2020. Aunque su cuarta sección se inauguró el pasado 24 de septiembre, el proyecto permanece inacabado.

Estos recortes y la concentración de los presupuestos en un único proyecto son la causa principal de la precarización del sector durante este último sexenio, así como de la falta de condiciones para ejercer la profesión de manera digna.

Un riesgo presente para el futuro: la educación

Como se sabe, los presupuestos condicionan el desarrollo de las instituciones y los proyectos que dependen de él. En el caso del asignado a Cultura, éste se divide entre diversas instituciones entre las que se encuentra el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), del que dependen disciplinas artísticas como la danza, que requieren insumos e instalaciones específicas para su enseñanza y práctica.

En México a la educación dancística se puede acceder en una primera instancia por medio de las casas de cultura de los gobiernos locales. En estos espacios se imparten, por lo regular, clases de diferentes géneros dancísticos de forma recreativa, por lo que sirven como un primer acercamiento (accesible) al arte y donde es posible aprender lo básico. Sin embargo, las casas de cultura carecen de reconocimiento como lugar de formación profesional, además de que se enfrentan al descuido de las instalaciones por la falta de presupuesto y capacitación de sus docentes.

Una alternativa —sólo para los capitalinos— son las Escuelas de Iniciación Artística, que brindan una introducción a las artes para niños, jóvenes y adultos. También hay escuelas de danza profesionales. En la Ciudad de México hay tres que ofrecen danza clásica y contemporánea: la Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea (parte del Cenart), la Academia Mexicana de la Danza y el Centro Cultural Ollin Yoliztli. Mientras que para folklore, además de la Academia, está la Escuela Nacional de Danza Folklórica y la Escuela Nacional de Danza “Nellie y Gloria Campobello”, donde también imparten danza contemporánea y española.

Aunque hay academias privadas, todas las escuelas mencionadas son instituciones públicas, con costos bajos de inscripción. Esto representa una gran ayuda, pues los costos de indumentaria, como las puntas de ballet (que rondan entre los 600 y los 3000 pesos dependiendo de la marca), no suelen ser económicos. Se trata de escuelas subsidiadas por el presupuesto federal, lo que facilita su acceso. No obstante, este subsidio es insuficiente, no sólo para atender las necesidades básicas del alumnado sino también de su personal. En diferentes momentos de 2021 y 2022, los mismos estudiantes de distintas escuelas del IBAL protestaron por diversas razones: la nula atención a las denuncias por violencia de género en contra de docentes y autoridades escolares; en solidaridad a los sindicatos de trabajadores como el Sinat-IBAL (Sindicato Nacional de Trabajadores del IBAL) 227 y la sección III-22 del Sinac (Sindicato Nacional de Cultura); por las precarias condiciones en que se encontraban las instalaciones, y por la falta de pago al personal de intendencia y seguridad. ¿La respuesta de las autoridades? No hay suficiente presupuesto.

Durante las últimas semanas del sexenio, los profesores se fueron a paro de actividades por la falta de pago de la primera quincena de septiembre y por la indefinición sobre la continuidad de sus contratos laborales. Los profesores de varias instituciones artísticas del país, entre ellas las diversas escuelas que coexisten bajo el umbral del Cenart, detuvieron actividades del 21 al 25 de septiembre. Asimismo, a los 700 docentes afectados se les unieron los mismos estudiantes, quienes una vez más salieron a las calles para exigir el trato digno a la creación artística en México. Por fortuna, dichas demandas fueron resueltas el pasado 25 de septiembre.

Otra historia sin fin: la seguridad social

Una vez culminados los estudios y con el entrenamiento suficiente, el siguiente paso es, naturalmente, buscar trabajo. La opción regular sería entrar a una compañía profesional, lo cual permite tener un contrato y prestaciones. Las únicas dos compañías de la Ciudad de México que garantizan condiciones laborales mínimas para sus bailarines son el Taller Coreográfico de la UNAM y la Compañía Nacional de Danza (CND). En ambas instituciones los bailarines están contratados como prestadores de servicios, modo de contratación común en el ámbito cultural, pero con algunas prestaciones laborales, como puede ser el seguro médico, el fondo de ahorro para vivienda y Afore.

La otra opción es trabajar como bailarín independiente, categoría en la cual se encuentran la mayoría de los profesionales de la danza del país. Este tipo de artistas no cuentan con un contrato, sino que trabajan por proyectos. Tampoco poseen prestaciones básicas como el seguro social, y su ingreso rara vez alcanza para pagar un seguro privado. Muchos requieren diversas fuentes de ingreso, igual que muchos freelancers de escritorio.

En México la Ley Federal del Trabajo cubre en el Capítulo XI a los actores y músicos, lo cual les ha permitido el acceso a la seguridad social. Sin embargo, el gremio artístico en general no figura en el tabulador de profesionales de esta ley. La falta de acceso a servicios, como el médico, es una gran inquietud en el mundo de la danza, debido a que, al hacer uso del cuerpo como herramienta de trabajo, la posibilidad de lesiones y daños a la salud es muy alta. El riesgo y desgaste corporal es equiparable al de los atletas de alto rendimiento.

Fue un duro golpe para la danza cuando en 2019 los integrantes de la CND se vieron afectados por la Ley de Austeridad Republicana; su entrada en vigor canceló el pago al erario del Seguro de Gastos Médicos Mayores, una prestación de la que gozaba dicha compañía. Ante esto, Pedro Fuentes Burgos, subsecretario de Administración y Finanzas del INBAL, presentó una petición informal ante la Secretaría de Hacienda para que la CND conservara el seguro, pero fue rechazada. En su lugar ofrecieron un aumento de sueldo (aprovechando la ausencia de tabuladores) para que los bailarines pudieran adquirir un seguro privado. Sin embargo, dicho aumento no fue suficiente para cubrir las necesidades médicas de los bailarines, por lo que, para poder adquirir un seguro más económico adecuado a su nueva realidad financiera, tuvieron que ser representados por el Sindicato Nacional de Grupos Artísticos del IBAL y crear la asociación civil Comunidad de profesionales de la danza para cubrir el siguiente año.

Esta constante precarización, ya normalizada, hace necesaria la inclusión de los bailarines (y artistas escénicos en general) dentro de la Ley Federal del Trabajo. Una primera propuesta se expuso el 30 de noviembre de 2021, para la creación del Fideicomiso que administrará el Fondo de Apoyo para el Acceso de Artistas, Creadores y Gestores Culturales a la Seguridad Social. Dicha propuesta recupera la iniciativa de la senadora María Rojo de 2010 que se desechó en 2016 sin otra razón más que actualizar el volumen de asuntos pendientes de dictamen. Esta nueva iniciativa siguió el mismo destino, dándose por concluida por acuerdo de la mesa directiva el 30 de abril de 2024.

Una segunda propuesta se dio en mayo de 2023, cuando se presentó un nuevo proyecto. Esta iniciativa busca reconocer a todas y todos los trabajadores del arte y la cultura de manera inclusiva, pretende cambiar la denominación actual del Capítulo XI, para que aplique a todas las: “Personas trabajadoras de la cultura y el arte” en lugar de sólo a “Trabajadores actores y músicos”. Hoy en día esta iniciativa se encuentra estancada en la Cámara de Diputados.

El cambio de nombre: el Fonca

Una forma de solucionar las carencias que el trabajo freelance puede implicar es el Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (Fonca antes de su asimilación a la SC por la desaparición de los fideicomisos en 2020). Entre los programas a los que se puede acceder como intérprete se encuentra el Programa de Creadores Escénicos, que otorga noventa apoyos económicos entre las disciplinas de arte circense, danza, música, teatro e interdisciplinar de entre 10 296 y 20 000 pesos mensuales. En caso de ser parte de un grupo artístico, puede optarse por el Programa de Apoyo a Grupos Artísticos y Profesionales de Artes Escénicas “México en Escena”, que otorga 58 apoyos económicos de entre 1 740 000 y 1 200 200 pesos con una duración de hasta dos años.

Sin embargo, este apoyo, además de que es insuficiente para solventar gastos, también ha tenido sus complicaciones, como despidos masivos dentro de los programas Enartes y Jóvenes Creadores, retrasos en convocatorias y pagos de becas en programas como México en Escena, la señalización de los y las artistas como privilegiados o aprovechados, la filtración de un chat de WhatsApp donde las autoridades culturales buscaban zanjar las negociaciones con los gremios artísticos, e incluso la preocupación de que, al ahora depender del ejercicio presupuestal anual, pueda restringir el desarrollo de proyectos escénicos, ya sea debido al tiempo, por la falta de recursos para cubrir varios proyectos de forma simultánea o porque el dinero ya se había otorgado a artistas con otros convenios firmados.

La centralización

En los 32 estados de la República Mexicana se encuentra representación dancística en diferentes géneros que no sólo buscan, en muchas ocasiones, conseguir el apoyo del Fonca, sino visibilidad.

En el Programa de Trabajo de Danza se estableció, en consonancia con la política cultural federal, la necesidad de descentralizar la danza y ampliar la programación dancística en los recintos del INBAL. Esto exigía dar énfasis a la participación de compañías provenientes del interior de la República en la Temporada de Danza en el Palacio de Bellas Artes, la temporada Patria Grande y El alma de México en movimiento, los dos últimos en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque. Entre los tres eventos la participación ha sido, hasta el momento, de 34 compañías capitalinas y 32 provenientes del interior de la República.

Entre los proyectos de la SC del sexenio anterior se encuentra el Proyecto Chapultepec, el cual ha albergado —pese a que no se ha finalizado su construcción— dos ediciones del “Circuito Nacional de Artes Escénicas Chapultepec: Danza y Espacios Autogestivos” con el fin de fortalecer el desarrollo del sector, así como promover el proceso de descentralización de la cultura y consolidar la vocación del proyecto. En este Circuito se han presentado cincuenta proyectos, los cuales recibieron un premio económico de entre 220 000 y 250 000 pesos: once del norte, 33 del centro, seis del sur de la República. Posteriormente, en 2023, se seleccionaron diez para presentarse en el ciclo “Geografías en movimiento” en el Complejo Cultural Los Pinos. Dicho así, el Circuito está colaborando a la descentralización de la danza … hasta que recordamos que este es un proyecto que se pensó para un espacio ubicado y construido en la capital.

A lo largo del sexenio el INBAL desarrolló una programación variada en términos de géneros dancísticos (aunque aún predominan el ballet y la danza contemporánea) y en las compañías que se presentan. Sin embargo, casi todos los programas a gran escala continúan realizándose en Ciudad de México. En 2022 y 2023, por ejemplo, los recintos más usados fueron el Palacio de Bellas Artes (temporadas de la Compañía Nacional de Danza y la Temporada de Danza) y el Teatro de la Danza Guillermina Bravo (celebración del Día Internacional de la Mujer, Universos dancísticos, Patria Grande, Memorias Corpóreas, el Encuentro Movimientos Transversales, Memoria y trascendencia, entre otras).

Aquellos tristes años: la pandemia

La pandemia de covid-19 implicó el cese de actividades presenciales y económicas. De acuerdo con elDiagnóstico cultural de la UNAM un promedio del 56.38 % de la población artística consultada perdió sus ingresos y, de acuerdo con unacarta realizada por los mismos artistas, la falta de apoyo y la desacreditación de la labor artística acentuó las condiciones de precariedad que el sector sufre desde hace años. Vale la pena subrayar que no se sabe el número de personas que se dedican en la actualidad a la danza en el país, por lo que no existen cifras específicas que reflejen la dimensión del problema para estos artistas.

En comparación con otros sectores del arte, el gremio dancístico fue gravemente afectado por la pandemia al no contar con las facilidades y el tiempo de experimentar previamente con algunas tecnologías que redujeran el impacto económico en su práctica, como las tecnologías de streaming. Asimismo, a nivel educativo, el gremio vivió dificultades especiales con el cambio de método de enseñanza a través de plataformas digitales: por un lado, se encontraba la necesidad de mantener el interés del alumnado, quienes tuvieron que tomar clases en sus casas, que no están adaptadas para la práctica de la danza; y, por el otro, la falta de capacitación para que las academias pudiesen hacer transmisiones en línea.

Cuando finalmente abrieron los teatros y espacios escénicos, los productores artísticos empezaron a planear las agendas sólo para descubrir que había compañías que habían desaparecido. Algo similar ocurrió con varias academias de danza en distintas partes de la República Mexicana:

  • Para enero de 2021, se calculaba que aproximadamente el 30 % de las academias en Guadalajara habían cerrado.
  • Para abril de 2021, el 70 % de academias dancísticas había cerrado en el estado de Hidalgo.
  • Para agosto de 2021, alrededor de veinte escuelas de danza sólo en el puerto de Veracruz habían cerrado.
  • Para febrero de 2022, en Campeche seis de las escuelas de las que la maestra Silvana Sánchez tiene conocimiento cerraron por completo.
  • Entre las academias que cerraron se encuentran Danzas Polinesias Raumaire (Colima), Escuela de Danzas Polinesias HULA (Estado de México), Azteca Quetzaliztli (Guanajuato), Dansart (Nuevo León), Cantera Flamenca (Michoacán), Taller de Danza Cutzi (Michoacán), La Cantera (Ciudad de México) y el Estudio de Danza Ema Pulido (Ciudad de México).

De forma oficial no existe un censo ni para la desaparición de academias ni para la desaparición de compañías.

Aniversario noventa del Palacio de Bellas Artes

Al día de hoy muchas de las problemáticas que requerían atenderse a principio del sexeniose mantienen: la escena dancística sigue concentrándose en la capital, el presupuesto sigue siendo insuficiente como para impulsar a los bailarines y a las agrupaciones nacionales, faltan políticas públicas para la cultura, no parece haber otras alternativas de financiamiento más que el Fonca, la seguridad social sigue sin ser un derecho efectivo para todos los artistas y los espacios donde se forman los futuros bailarines del país siguen estando entre las últimas prioridades del gobierno.

El plan de la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de cultura es dar continuidad a los planes del sexenio anterior: fomentar los semilleros creativos; dotar de seguridad social a los y las artistas y creadores mexicanos; crear alternativas de financiación; eliminar la figura de “prestador de servicios”; consolidar y promover la educación artística y terminar los proyectos que quedaron inconclusos. Continuar con las mismas promesas de sexenios anteriores.

Aún estamos a la espera de que la nueva secretaria de Cultura, Claudia Curiel, (y, por ende, de la nueva directora del INBAL, Alejandra de la Paz Nájera) presente las líneas generales de su administración, las cuales se expondrán el próximo 15 de octubre. Hasta ese entonces, está pendiente la nueva ruta que tomará la cultura y la danza en México.

 

Kathya Berenice Andrade Martínez
Bailarina de danza clásica. Es licenciada en literatura latinoamericana por la Universidad Iberoamericana. Actualmente cursa la Maestría en Investigación de la Danza en el Cenidid.

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Publicado en: Economía, Política

2 comentarios en “El precario estado de la danza en México

  1. Habría que mencionar que ofrecer pagos individuales para no tener que construir mecanismos de seguridad social (que implican subir impuestos) es una propuesta del padre del neoliberalismo, Milton Firiedman.

  2. Es que la «austeridad republicana» tuvo el efecto de achicar el estado al estilo neoliberal, y no le importa la cultura.

    En general hay un ataque sistemático a la creación de identidades comunes a través de la cultura y se fomenta el olvido de la historia.

    El seguro social ya venia mal, obrador le dió la puntilla y el gran beneficiado fue el doctor simi, tio del niño verde.

Comentarios cerrados