El retorno de la economía política: el Nobel a los neoinstitucionalistas.

Hay pocos economistas más citados en los últimos veinte años que Daron Acemoğlu y sus coautores Simon Johnson y James Robinson (conocidos como AJR en el mundo económico). La productividad de Acemoğlu es legendaria, publicando investigaciones de diversas temáticas en las principales revistas arbitradas de la disciplina. Por años fue un favorito para ganar el premio de economía en memoria de Alfred Nobel. Dentro de su prodigiosa producción destacan, por su enorme influencia, las contribuciones de Acemoğlu y sus coautores al desarrollo del nuevo institucionalismo económico.

Los motivos del premio tienen que ver con las contribuciones teóricas y empíricas de AJR para explicar lo que los historiadores económicos llamamos “la gran divergencia” (es decir, la diferencia entre los niveles de desarrollo económico entre las economías avanzadas y el mundo en desarrollo).

El trabajo de AJR en lo fundamental reintroduce a la ortodoxia económica la economía política en su dimensión más pura: el conflicto por el poder y la lucha entre distintas clases sociales (élites económicas, trabajadores, etc). Si bien el conflicto y sus distintas dimensiones para determinar resultados económicos es una cuestión aceptada desde tiempo atrás por distintas corrientes de pensamiento en las ciencias sociales —desde el marxismo y estructuralismo, hasta los estudios de caso entre historiadores— es algo que había sido ignorado por la ortodoxia económica. Esta dimensión del poder como determinante en la distribución de recursos en una sociedad es una contribución que abrió la posibilidad de mayores avances en los campos de la economía política, la economía del desarrollo y la historia económica. La contribución clave es el entendimiento de que la política suele triunfar sobre consideraciones económicas y no puede ni debe descartarse en los análisis que buscan explicar el desarrollo de los países.

En el documento técnico que motiva al premio, la academia sueca menciona cómo la aproximación empírica de AJR permitió sintetizar distintas teorías sociales sobre las instituciones, integrar en modelos generalizables aspectos como el conflicto (revoluciones, revueltas, protestas), la cultura (la herencia institucional) y las condiciones geográficas (la influencia de recursos naturales). Producir una síntesis aceptada en lo general del papel de la política en la economía es una contribución importante. No descubrieron el hilo negro, pero sí facilitaron recordar que existía.

Es natural que estas contribuciones tengan críticas. Desde la historia económica se les acusa de “comprimir la historia”: buscar explicaciones sencillas para eventos que ocurrieron mucho tiempo atrás (el momento en que un país fue colonizado) con el fin de explicar niveles de desarrollo cientos de años después. Esta compresión obvia un elemento esencial de la evolución histórica de los países: la historia es contingente y compleja, simplificar lleva a errores de interpretación.

Otra crítica frecuente y válida es que su teoría es en exceso determinista. Uno de los elementos que suelen repetirse en lo que se conoce como literatura de persistencia es que las instituciones son difíciles de cambiar o lo hacen con lentitud. De esta característica de los modelos neoinstitucionales se desprende la noción equivocada de que para los países origen es destino. Si se tiene una herencia maldita de instituciones extractivas en el pasado remoto, parecería que se está condenado al subdesarrollo o la desigualdad extrema. Esto es falso porque la política importa y los países son todo el tiempo dueños de sus destinos en la medida que toman decisiones y aprovechan (o no) oportunidades.

Finalmente, otro par de críticas frecuentes a AJR es que su trabajo suele ser “Wikipedia con regresiones”, es decir, que no profundiza en casos concretos y dice mucho de muchos países con poca exhaustividad. No siempre se define con claridad cómo son las instituciones inclusivas y extractivas y se idealiza un modelo institucional (el de la Revolución Gloriosa en Inglaterra) como el óptimo para el mundo. Estas fallas hacen que su modelo fracase al explicar la evolución histórica de países como la Unión Soviética o China, pues para su modelo son países que no debieran existir (sin instituciones extractivas en lo económico, pero con instituciones no inclusivas en lo político).

Dejando de lado las contribuciones teóricas, AJR también hacen aportaciones metodológicas que no son menores. Son pioneros en introducir los métodos microeconométricos, en principio asociados con la economía laboral, a las literaturas de desarrollo económico e historia económica. Al abrir esta puerta metodológica su trabajo ha inspirado un sinnúmero de investigaciones de toda índole que han avanzado nuestro conocimiento económico sobre casi todo el mundo en distintos periodos históricos. Con ello abonaron de forma decisiva al avance de la revolución de la credibilidad en economía (el establecer vínculos causales que prueben nuestras teorías o las sepulten).

En estos aspectos las críticas tampoco están ausentes. En su famoso artículo de 2001 los datos que usan para varios países africanos son cuestionados o incluso inválidos. Los datos para México no son correctos, por lo que es fácil llegar a conclusiones incorrectas y generalizaciones que no se sostienen. El mismo comité nobel así lo dice en su documento técnico: “Son resultados que deben ser tomados con un grano de sal”.

¿Si la parte empírica de dicho trabajo tiene problemas por qué sigue considerándose una contribución importante? En primer lugar, porque casi siempre los datos históricos tienen problemas, no es una razón para no usarlos o para no llegar a conclusiones con ellos. Más bien, lo que demandan es responsabilidad en su interpretación, estar consciente de sus limitaciones, no sacarlos de contexto (algo que por desgracia muchos lectores superficiales del trabajo de AJR hacen). En segundo lugar, porque abrieron la puerta a otras investigaciones que han documentado casos específicos, donde los planteamientos teóricos de AJR se muestran con mayor solidez.

El premio de economía otorgado por el Riksbank en memoria de Alfred Nobel de 2024 es un premio merecido y anticipado. Quizá la mayor contribución de Daron Acemoğlu, Simon Johnson y James Robinson es regresar la política a la discusión económica en la arena pública. Nos recuerdan que la economía es, en buena medida, un asunto de ganadores y perdedores y que por ello el conflicto distributivo es una característica común en todas las sociedades. El premio de este año se suma al de los dos últimos años al mostrar la importancia de la desigualdad, de la historia y del uso de métodos empíricos para entender nuestras sociedades.

 

Diego Castañeda
Historiador económico. Su libro más reciente es Desiguales: una historia de la desigualdad en México (Debate 2024).

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Publicado en: Economía, Política