En México hubo una discusión importante sobre si los gobiernos federal y locales actuaron de manera exagerada o correcta frente al anuncio de una pandemia de influenza porcina, conocida también como AH1N1. En nexos dedicamos el número de junio del 2009 al tema. Y los académicos Tapen Sinah y Bradly J. Condon escribieron un artículo académico en el que hacen una evaluación de qué tan preparado estaba el gobierno mexicano para un pandemia de influenza. Entre los puntos clave, según los autores, está la falta de una provisión suficiente de antivirales, especialmente aquel que es conocido comercialmente como Tamiflu y Relenza:
En esta categoría, México almacenó medicamentos antivirales con tiempo, ofreció atención médica sin importa la cobertura individual y distribuyó mascaras cuando la epidemia ocurrió. Sin embargo la reserva de medicamentos antivirales en la primera semana de la epidemia fue de sólo 1.4 millones de tratamientos, suficiente para 1.3% de la población.
Durante la epidemia, esta baja provisión de antivirales, implicó entre otras cosas un incremento en la construcción de reservas de Tamiflu y Relenza, a través de nuevos pedido masivos a las farmacéuticas que lo producen: Roche y GlaxoSmithKline.
Las evaluaciones y textos publicados en o sobre México se centraron en la reacción de los gobiernos mexicanos, y menos en la declaratoria de emergencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) a la cual estaban reaccionando.
En el penúltimo número del New York Review of Books, la periodista Helen Epstein presenta una investigación específicamente sobre la efectividad y los efectos secundarios del uso de Tamiflu y Relenza, y la forma en la que la industria farmacéutica ha sido capaz de influir en el proceso de toma de decisiones de la OMS.
El tema es particularmente importante considerando que a Tamiflu y Relenza se les ha asociado con las muertes de personas con asma, y suicidios a partir de alucinaciones entre jóvenes. Más importante aún es que la efectividad de estos medicamentos para tratar la influenza está en duda:
- Hay pocos estudios con información consistente sobre sus beneficios;
- algunos muestran que su efectividad es casi nula;
- los pocos que lo aprueban fueron financiados por las mismas empresas;
- y hasta el momento Roche se ha negado a entregar toda la documentación y resultados de sus experimentos a investigadores independientes.
Epstein concluye con probablemente la nota más grave, la captura de la OMS por parte de la industria farmacéutica:
Durante los diez años previos a la declaración de la pandemia del 2009, científicos asociados con las compañías que se benficiarían de los programas de "preparación para pandemias" de la OMS, incluyendo Roche y GlaxoSimthKline, estuvieron involucrados en virtualmente cada etapa del desarrollo de estos programas. Las compañías financiaron documentos guías sobre la preparación para la pandemia de influenza, en los que la OMS recomendó acopiar Tamiflu y Relenza. Consultores redactaron partes de estos documentos y se reunieron con funcionarios de la OMS para conseguir fondos y financiar el acopio de Tamiflu. Científicos apoyados por la industria también estuvieron en el comité que sacó la la "declaración de emergencia pandémica". Ese anuncio hizo que países en desarrollo solicitaran la asistencia del fondo de acopio de Tamiflu de la OMS, y estas solicitudes contribuyeron a la triplicación de las ventas de esta droga en 2009. Al declarar la pandemia y vincular la respuesta al acopio de Tamiflu, la OMS no podría haber hecho mejor trabajo para promover los intereses de Roche. Hasta que Roche comparta la información con investigadores independientes, no sabremos si la agencia lo hizo a expensas nuestras.
En el mismo New York Review of Books un par de semanas después John M. Barry, el autor de uno de los libros más recientes sobre la pandemia de influenza de 1918 defiende la declaración de la OMS, como una decisión basada en riesgos reales calculados a partir de la experiencia histórica.
así que nos salvamos de un virus, sin domicilio conocido, para caer en manos de farmaceúticas perfectamente identificadas
además hay que agregar eso de las vacunas contra la influenza estacional, influenza A1N1, etc… yo no me vacuné ¿ustedes si?