El terremoto de Heroico

El pasado 5 de agosto el presidente López Obrador ordenó que se publicara en el Diario Oficial de la Federación una reforma para sancionar las novatadas o “potreadas” en el sistema educativo militar, mediante una modificación al Reglamento de la Ley de Educación Militar del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos (RLEMEFAM). La reforma, aunque redundante (pues el Código de Justicia Militar, el Reglamento General de Deberes Militares, el Código Penal Federal y los reglamentos de cada plantel educativo militar las prohiben), se publica en el contexto de las reacciones que produjo la película Heroico. Un filme dirigido por David Zonana que denuncia las prácticas de violencia sexual, económica, física y psicológica en nombre de “hacerse machito” y prepararse para ser soldado. Pese a los esfuerzos de la Sedena para negar la existencia del fenómeno de las novatadas, hay una abrumadora evidencia estadística y testimonial1 que revela lo sistemático de dichas prácticas y con ello da un espaldarazo sin precedentes a la narrativa de la película.

Ilustración: Fabricio Vanden Broeck

Los planteles educativos militares y navales tienen una eficiencia terminal que ronda en promedio el 40 %. Es decir, casi uno de cada tres cadetes no egresarán como oficiales del Ejército, Fuerza Aérea y Armada. Las causas más usuales de solicitud de baja y deserciones son bien conocidas por la Universidad Naval y por la Rectoría de la Universidad del Ejército y Fuerza Aérea (DN-14): extorsiones, golpizas, agresiones sexuales, tratos denigrantes, privación del sueño, etc. Los maltratos y violencia física no sólo afectan las cifras de reclutamiento, retención y eficiencia terminal de los planteles de formación de oficiales, sino que afectan a la tropa y marinos en general.

Según la respuesta de la Semar a la solicitud de transparencia 330026623000257, dos de cada tres marinos que abandonaron la carrera de las armas entre 2000 y 2023 lo hicieron por deserción o solicitud de baja. La Armada tiene un promedio de 80 000 vacantes en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Entre el 2000 y 2023 causaron baja de la Armada casi 61 000 elementos, de los cuales, 24 021 desertaron y otros 22 579 solicitaron su baja. En pocas palabras, casi la totalidad del personal de la Semar abandonó su profesión en las últimas dos décadas.

Las cifras son aún más alarmantes al interior de la Sedena. Entre 1985 y 2022 desertaron 402 104 soldados y otros 82 820 solicitaron su baja de manera voluntaria. Si consideramos que la Sedena (Ejército y además Fuerza Aérea) tiene en promedio 250 000 vacantes, eso significa que en las últimas cuatro décadas han desertado dos ejércitos y fuerzas aéreas completos, cifra que contradice la afirmación de que la vida militar es gratificante y digna. Estas estadísticas también desafían la narrativa del presidente López Obrador de que es indispensable destinar las utilidades de megaproyectos de obra pública, como el Tren Maya, para financiar las pensiones de los militares. Los soldados y marinos no se jubilan. En su mayoría desertan o piden su baja.

La reforma al RLEMEFAM para prohibir las “potreadas”, aunque bien intencionada, está destinada a ser letra muerta. La Universidad Naval y la Rectoría de la UDEFA conducen inspecciones con regularidad en un afán de disuadir la práctica de las novatadas, sin embargo, los cadetes e instructores encuentran formas de eludir dichas inspecciones. Al interior de la Sedena es obligatorio para los cadetes pasar revista médica antes y después de gozar de su franquicia (día libre). Sin embargo, en el Heroico Colegio Militar se elude dicha inspección escondiendo a los cadetes golpeados en los “triángulos”, los “depósitos”, “covachas”, o en la batería Felipe Ángeles.

Casos como el de las agresiones y maltratos revelados al interior de la Heroica Escuela Naval Militar por la cadete con iniciales LYCL son, en muchas ocasiones, resueltos de forma extrajudicial (con la baja de algunos cadetes pero nunca con la apertura de las carpetas de investigación correspondientes), o convirtiéndose en archivo muerto en la CNDH.

Las incidencias de agresión física, psicológica y sexual extrema al interior de planteles educativos militares sobran. Podemos mencionar la violación de un cadete en la Escuela Médico Militar entre 2012 y 2013, por la que la CNDH emitió la recomendación 2/2016 a la Sedena; la violación de la cadete Mary de la Escuela Mecánica de Aviación Naval (caso en el cual tuvo que intervenir de manera personal el presidente López Obrador), o el asesinato en el Centro Nacional de Adiestramiento del cadete de artillería Jorge Eduardo Sánchez Ortega en 2017, según obra en las carpetas de investigación CI/FGJM/274 2017-1, CI/FGJM /112/2017-III, CI/FGJM/66/2017, CI/FGJM/281/2017-2 y CI/FJGM/SC/325 2018/2, homicidio que ocurrió mientras el actual director de la Agencia Nacional de Aduanas, el general André Georges Foullon Van Lissum, fungía como director del Heroico Colegio Militar.

Las novatadas y torturas de los ritos iniciáticos en las Fuerzas Armadas no sólo las sufren los militares, sino también los civiles. Docenas de testimonios de expolicías federales incorporados a la Guardia Nacional narran cómo estas torturas se utilizaron de manera expresa en su contra para provocar su baja, retiro anticipado o deserción, en el afán de “purgar” la corporación de cualquier resquicio civil.

Sin una reforma administrativa y de cultura institucional al interior de las Fuerzas Armadas, de poco servirá la reforma publicada para prohibir las novatadas. Mientras a los hombres y mujeres del instituto armado se les inculque como valor supremo la tortura como forma de relacionarse con los otros y consigo mismos, México seguirá peleando una guerra en lugar de construir la paz.

Pese a ello, sí hay algo rescatable de la publicación de esta reforma. La película Heroico sí cimbró lo suficiente a las personalidades de Palacio Nacional y de Lomas de Sotelo como para intentar mostrar un gesto de buena fe e intento de reforma. A los apologistas de las novatadas, que las justifican para poder “aguantar las balaceras” y “hacerse hombre”, el gobierno federal hoy les dice que no, que a los ojos de la ley, cometer estas novatadas es tan ilegal como ser sicario o halcón. El soldado o marino que las comete no es un militar, sino un delincuente, un cobarde que abusa de su poder frente a quienes no pueden defenderse, y como tal, no tiene cabida entre las filas de la profesión del honor.

 

Víctor Antonio Hernández Ojeda
Maestro en Inteligencia y Seguridad Internacional por el King’s College London. Catedrático de seguridad nacional en el Tecnológico de Monterrey y la Universidad Panamericana.


1 Daniela Rea y Pablo Ferri, La tropa: por qué mata un soldado, México: Penguin Random House, 2019

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Publicado en: Justicia, Política, Seguridad