Elecciones en Bolivia: ¿más poder al poder?

Foto: Valter Campanato
Foto: Valter Campanato

El Presidente Morales ha dicho que la democracia boliviana es generosa, y tiene buenas razones para decirlo. Después de la avasalladora victoria de diciembre de 2009, su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), controla los dos tercios de ambas cámaras de la Asamblea Legislativa y tiene, también, influencia sobre el Poder Judicial desde que 18 altas autoridades fueran nombradas por el Poder Ejecutivo. Además de ello, el MAS gobierna en cinco de los departamentos del país (cuatro en el occidente y uno en el oriente) y en la mayoría de los municipios – aunque, notablemente, no gobierna una sola de las diez ciudades principales. Si este domingo la democracia vuelve a ser generosa con el MAS (lo más probable), el partido del Presidente Morales consolidará y ampliará su hegemonía política. Si el MAS será generoso con la democracia boliviana sólo podremos saber en el futuro.

Antes de decir cualquier cosa, es importante aclarar que Bolivia no ha dejado de ser, como dicen algunos sensacionalistas, una democracia[1]: las elecciones han sido limpias y transparentes, no se ha clausurado en ningún momento el Poder Legislativo, las libertades civiles se respetan y los derechos humanos no se violentan sistemáticamente. La oposición participa del juego democrático, y tiene posibilidades de ganar – como lo prueban las 191 fuerzas políticas que participarán en las elecciones de este domingo.

La concentración del poder, sin embargo, no ha dejado de tener sus consecuencias. Algunas de ellas: el Gobierno MAS usa masivamente los bienes públicos en sus campañas electorales, hace difícil el acceso de los opositores a los medios de comunicación, y ha comenzado a seguir a sus opositores una serie de acciones legales – con mayor o menor transparencia, dependiendo del caso. Sucede, entonces, que aunque todavía se juega el juego democrático, las condiciones en las que juega la oposición son cada vez más desventajosas.

(Para un régimen con estas características, los politólogos Steven Levitsky y Lucan Way acuñaron el término autoritarismo competitivo.[2] Si tendríamos que recurrir a una imagen futbolera, diríamos que se trata de un partido de fútbol en el que equipo opositor juega con 8 jugadores, y el equipo oficial con 11, y además con el árbitro a su favor.)

Veámoslo con calma.

Está, por un parte, el abuso de los bienes estatales con fines electorales. Los observadores y analistas coincidieron en que las elecciones de diciembre pasado fueron limpias y transparentes (esto es, no hubo fraude alguno), pero observaron también el uso indebido de edificios públicos, personal, vehículos y, sobre todo, de los medios de comunicación estatales en la campaña por la reelección. A principios de marzo, ya en campaña para las elecciones de gobernadores y alcaldes, se descubrió que el canal estatal le concedió al MAS una tarifa reducida por una transmisión de seis horas en Santa Cruz, bastión opositor. Es cierto que los partidos opositores no tienen prohibido el acceso a los medios estatales y pueden comprar tiempo en los privados, pero no disponen de tarifas reducidas ni de financiamiento público (que se anuló a principios de 2007, debido a la bajísima respetabilidad que llegaron a tener los partidos políticos.[3])

Está, por otra parte, la serie de procesos judiciales que han comenzado a seguirse contra opositores, antiguos o potenciales, y de cualquier inclinación política. Si se considera que varios de los políticos opositores se han visto metidos en escándalos de corrupción o crímenes penales, los juicios se entienden perfectamente, pero las cosas comienzan a adquirir tintes de persecución política cuando la justicia comienza a fijarse recurrente e invariablemente en los opositores – más aún si el Poder Judicial no es plenamente independiente. Desde el ascenso del gobierno, se le han abierto procesos judiciales a más de sesenta opositores, entre los que se cuentan cuatro expresidentes, todos los prefectos opositores y varios empresarios. (Varios de ellos han huido del país.) En muchos de los casos, los juicios tienen fundamento – los niveles de corrupción que se alcanzaron durante la pax neoliberal fueron altísimos y nefastos, el ex Presidente Sánchez de Lozada tendrá que responder por la muerte de casi setenta ciudadanos bolivianos, Manfred Reyes Villa tiene cuentas pendientes por enriquecimiento ilícito, y hay serios indicios de que algunos empresarios cruceños financiaron una célula paramilitar. Pero cuando las acusaciones se extienden al ex Defensor del Pueblo e incluso a opositores de izquierda, ex aliados políticos del MAS, que le disputan al Partido de Morales el municipio paceño, las cosas comienzan a tener un tinte de persecución. Más si se sabe que, mientras tanto, los vándalos de los grupos de choque cruceños, que ahora pertenecen al MAS, descansan tranquilos.

Así las cosas, si este domingo el MAS vuelve a obtener una victoria aplastante en las elecciones de gobernadores y alcaldes, habrá dado un paso más en la concentración del poder. Y esto no deja de ser preocupante, porque a pesar de la serie de medidas altamente positivas que ha tomado el gobierno (que se han visto reflejadas en todos los ámbitos de la sociedad boliviana, desde el crecimiento económico sostenido hasta la eliminación del analfabetismo o la mejora de la movilidad social), también comienza a dar signos de autoritarismo e intolerancia.

En fin, el próximo lunes sabremos qué rumbo tomará la democracia boliviana. La última encuesta muestra que los bolivianos no están, al parecer, dispuestos a darle una carta en blanco al gobierno del MAS: el partido del presidente Morales tiene prácticamente asegurada su victoria en tres de las diez ciudades principales – El Alto, Cochabamba, Cobija – y en las gobernaciones de Potosí, Oruro y Cochabamba, pero el resto de gobernaciones y ciudades importantes – incluyendo La Paz – están en veremos. Sólo queda esperar que la democracia no sea generosa únicamente con el MAS.

Pablo Barriga Dávalos (Sucre – Bolivia, 1985) estudió Política y Administración Pública en El Colegio de México. Actualmente es estudiante visitante en la Universidad de Harvard.

[1] Una definición mínima de una democracia liberal es la que sigue: el Poder Ejecutivo y el Legislativo se elijen por voto popular, 2) todos los adultos pueden votar, 3) los derechos políticos y civiles – libertad de asociación, de expresión – se protegen, 4) las autoridades electas gobiernan de facto, y no están sujetas al control clerical o militar.

[2] “The Rise of Competitive Authoritarianism” (“El ascenso del Autoritarismo competitivo”), Journal of Democracy, Volumen 13, número 2, Abril de 2002

[3] Ver María Teresa Zegada, “Financiamiento y partidos políticos”, en www.offnews.info


3 comentarios en “Elecciones en Bolivia: ¿más poder al poder?

  1. Para Cristopher C.

    La respuesta a tus preguntas es harto sencilla: la izquierda en México no sólo participa en igualdad de condiciones sino que hasta tiene presencia de más, tomando en cuenta su tendencia a la autodestrucción y el hecho de que México no es, al menos actualmente, un país con tendencias mayoritarias de izquierda. Basta ver tres datos: gobiernan seis estados; y si contamos el D.F., gobiernan un porcentaje elevado de la población; además, está el alto número de votos que recibió AMLO. Sin embargo, como siempre lo hacen, actúan como adolescentes y echan todo por la borda. Y luego, otra vez como adolescentes, dicen «yo no fui, fue el gobierno fascista, represor, ilegítimo, etc.». Si tomamos en cuenta estas situaciones, podríamos llegar a la conclusión de que los votantes han sido bastante generosos con la izquierda en México, pues con ese desempeño y esos teatritos, en otro país ya no gobernarían ni un solo estado.

    Dejen de buscar excusas y de fincar culpas de su sutiación en los demás, como lo hacen los cubanos («el imperio perverso tiene la culpa de todo, el hecho de que hemos tenido un dictador y un solo partido por 51 años nada tiene que ver»), y véanse al espejo. Dejen de repetir como pericos el discurso de que «la democracia que usteds inventan […] SU democracia», etc., pues bien que la utilizan, se benefician de ella y viven a sus expensas. Pónganse a trabajar y a buscar el mejoramiento de SU organización política e ideológica, que así servirán mejor al país. Así como el PAN se está desmoronando debido a sus acciones, a su ineficacia y a su ineptitud a la hora de gobernar, así ustedes están en descenso gracias a ustedes mismos. En pocas palabras, háganse responsables de SU estado actual, no culpen a los demás de todo lo que les sucede. Entonces, y sólo entonces, empezarán a atraer a votantes independientes, como un servidor, y podrán construir verdaderas mayorías de centro izquierda. Hasta que eso no suceda, votantes como yo seguiremos viéndolos a la distancia y sientiendo pena ajena.

    Roberto M.

  2. Los juegos democráticos mentales de los «demócratas»

    Es típico de aquellos seudo intelectuales de derecha (liberales, socialliberales, o, socialdemócratas o cómo sea que se autonombren.) enarbolarse en la defensa de la «democracia» pensando en ella como un ente abstracto sobre el cuál se hacen mistificaciones que sólo en su realidad pueden darse. Realidad y explicación que parte de su horizonte interpretativo y de su situación biográfica. Esto no les permite ver más allá , piensan y se imaginan que el modelo de «democracia» que ellos defienden es el único y verdadero. Metaforisan el poder de SU modelo de organización de la sociedad utilizando un CREDO democrático; » Creo en una sola democracia todopoderosa creadora de lo visible e invisible».

    Habría que hacer un «análisis» similar en nuestyro país y comparar la situación de la democracia en Bolivia y «la democracia» en México. ¿ Será que el PAN ha sido tan tolerante, los medios de comunicación han permanecido neutrales y el poder judicila es independientge?
    En resumen; ¿ la oposición (centro-izuierda) participá en el juego democrático en igualdad de condiciones? o dicho de otra manera: ¿es un juego limpio?

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