Elecciones en Bolivia: El ganador no sabe perder

EvoMorales

Si el domingo pasado los ciudadanos bolivianos mostraron su madurez democrática apoyando al Movimiento al Socialismo (MAS) y limitándolo al mismo tiempo (dándole a la oposición victorias importantes); el presidente Morales no leyó los resultados de la elección como un mandato para negociar con las fuerzas opositoras, y ayer anunciaba que no trabajará con autoridades “separatistas” y “corruptas”, y amenazó, basado en algunas denuncias de fraude, con iniciarle juicios penales a los vocales de las cortes electorales de los departamentos donde obtuvo resultados adversos. Se desvanece así, al parecer, cualquier esperanza de que la política boliviana inicie una etapa de coordinación y negociación; se regresará a la lógica conocida de los buenos contra los malos.

Un análisis de las elecciones: la hegemonía del MAS limitada

El domingo pasado, los ciudadanos le dijeron sí y no al proyecto del Presidente Morales (y dieron, además, el primer paso en la transición del centralismo al régimen de autonomías). Sí porque la mayoría le reiteró su apoyo al Movimiento al Socialismo (MAS): el MAS ganó cinco o seis gobiernos departamentales (el occidente del país todo y, posiblemente Pando, en el oriente), aumentó su presencia en los bastiones opositores, y gobernará algo más de 200 de los 337 municipios del país (entre municipios rurales y ciudades intermedias). El MAS es, sin duda alguna, la fuerza hegemónica en el país.

Al mismo tiempo, una gran parte de los ciudadanos le dijo al Gobierno que no están dispuestos a entregarle, sin peros, todo el poder. El MAS ha sido derrotado en Santa Cruz, Beni y Tarija [2], regiones invariablemente opositoras, y en siete de las nueve ciudades más importantes (los municipios más grandes, donde vive poco más de la mitad de los bolivianos): ha perdido en Tarija, en Sucre, en Trinidad, en Potosí, en Oruro, en Santa Cruz y, sorpresivamente, ha perdido en La Paz, ante un partido de izquierda, el Movimiento sin Miedo (MSM), un antiguo aliado. Un dato más: a pesar de la intensa campaña electoral del MAS (el Presidente Morales recorrió el país, municipio por municipio, promocionando sus candidatos), su votación cayó, en promedio, catorce puntos con respecto a diciembre pasado. Eso señala, quizá, que sin importar cuantos esfuerzos haga, el Presidente no puede pasarle, automáticamente sus votos a sus candidatos. También: que muy probablemente la gente de las ciudades y las clases medias decidió castigar al MAS por los excesos autoritarios y la guerra sucia de las últimas semanas (el viceministro del interior había comenzado a amenazar a los opositores del MAS, regularmente, con ajustes de cuentas, y había comenzado una campaña de desprestigio que tocó incluso al ex Defensor del Pueblo, de trayectoria muy reconocida). También: que la gente evalúa, piensa, y vota, a pesar de cualquier retórica. (También, pero esto es un poco preocupante: que hay una clara diferencia entre las preferencias del campo y las ciudades.)

En cuanto a la oposición o, mejor, en cuanto a las fuerzas opositoras (no puede hablarse de una oposición en Bolivia), el resultado de la elección no dice muchas cosas nuevas: ninguna tiene presencia nacional y ninguna tiene un proyecto de país, pero la mayoría mantienen los liderazgos regionales y locales (el crecimiento del MAS en las regiones opositoras muestra, sin embargo, que son menos sólidos de lo que se creía). Lo que sí es nuevo es lo que parece el nacimiento de una oposición de izquierda, el Movimiento Sin Miedo, que ha sido capaz de ganar dos ciudades importantes y que podría presentarse como una opción frente al MAS en el futuro, más respetuosa de la legalidad y la democracia liberal[3].

Por otra parte, las elecciones del domingo iniciaban la transición del antiguo Estado centralista al Estado plurinacional con un régimen de autonomías[4]. Es difícil explicar esto en pocas líneas [5], pero baste decir, por ahora, que esto significa que los ejecutivos departamentales tendrán mayores potestades, que los departamentos tendrán, por vez primera, asambleas legislativas; que una región del país (el Gran Chaco, un conjunto de municipios dentro del departamento de Tarija) tomará decisiones clave sobre la riqueza de su subsuelo; y que, finalmente, que los pueblos indígenas elegirán a sus autoridades (representantes ante asambleas y locales) mediante usos y costumbres. Se trató, por todo ello, de unas elecciones intrincadas: algo más de cinco millones de bolivianos eligieron nueve gobernadores departamentales, 144 asambleístas departamentales, 337 alcaldes, 1887 concejales, y 23 autoridades indígenas. Una gran parte de los ciudadanos, afortunadamente, se resistió a votar (disciplinadamente) por una sola corriente, y optó por fuerzas oficialistas y opositoras para distintos ámbitos o niveles de gobierno. Así en La Paz, Potosí y Oruro, el MAS ganó en el ámbito departamental pero fue vapuleado en las ciudades capitales. Además de ello, como hubo pocas victorias aplastantes en el país (tanto en el ámbito departamental como en el municipal), la mayoría de ganadores están forzados a negociar con las segundas fuerzas en las asambleas departamentales o en los concejos municipales o enfrentar un problema de ingobernabilidad. Sucede así, por ejemplo, en el departamento de Santa Cruz y su capital, Santa Cruz de la Sierra, donde el gobernador y el alcalde tendrán, de buena o mala gana, que sentarse a conversar con el MAS. El mensaje parecía ser claro: tocaba trabajar coordinándose [6].

La reacción del Presidente: hegemonía o hegemonía

El domingo en la noche, el Presidente Morales aceptó los resultados y había pedido a las autoridades de la oposición “cooperar con gestión”. Los gobernadores y los alcaldes opositores hicieron lo propio, llegando a hablar del “reencuentro de los bolivianos”.

El martes, sin embargo, después de las denuncias de fraude electoral, el Presidente anunció que no estaba dispuesto a trabajar con gobernadores y alcaldes separatistas y corruptos y que iniciaría inmediatamente una serie de juicios contra las cortes electorales de los departamentos de Pando, Beni, Tarija y Santa Cruz. Si bien es cierto que los gobernadores conspiraron contra el gobierno del MAS en el pasado (lo que complica bastante las cosas), es sorprendente lo poco, poquísimo, que parece importarle al Presidente que los gobernadores hayan sido reelegidos por voto popular (¿Qué más le queda sino negociar trabajar con ellos?). Por otra parte, aunque en estricto sentido no es imposible que haya habido fraude, sorprende la premura, el tono y la certeza con las que el presidente ha acusado a las cortes de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija (omitiendo, por supuesto, denuncias de otras fuerzas políticas, en otras regiones), y sin considerar las consecuencias que esto puede tener a largo plazo para la democracia boliviana – la más obvia: que la gente deje de creer en las reglas del juego. ¡Lo más sorprendente es que el MAS fue, con todo, el gran ganador de estas elecciones! ¡Y ahora pretende deslegitimarlas! Lo que están haciendo el Presidente Morales y su partido es mostrar que no sólo no saben perder, sino que tampoco saben ganar.

Pablo Barriga Dávalos Estudiante de Política y Administración Pública del El Colegio de México. Actualmente es estudiante visitante en la Universidad de Harvard.

[1] Bolivia está divida en nueve departamentos y éstos, a su vez, en 337 municipios.

[2] Debido a denuncias de fraude, el cómputo de votos en varias regiones está ahora detenido.

[3] La discusión acerca de lo que es una verdadera democracia es interminable. Es cierto que una definición no puede estar cerrada, es cierto que no hay una definición definitiva de democracia, que postular una definición única de democracia es quitarle lo político a la política (como dice Chantal Mouffe); pero hay definiciones mínimas de democracia, y está bien que las haya, porque sino la palabra no sirve de nada y lo mismo podría designar al Estado Plurinacional de Bolivia que a la República Popular China o, yendo un poco más lejos, a lo que sucedió en la URSS. No se vale, pues.

[4] La Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia establece, en su artículo 270, cuatro ámbitos de administración: departamental (ejecutivo y legislativo), regional, municipal y territorios originarios.

[5] Véase una buena explicación aquí.

[6] Las potestades los distintos ámbitos gubernamentales todavía no están claras y se definirán, ley mediante, en los próximos meses. Por allí pasarán las próximas batallas de la política boliviana.