En Ciudad Juárez el ambiente se siente distinto. Llega la Carvana a la glorieta del kilómetro 20, y un par de cientos de personas sobre la calle aplauden y ondean banderas. «Llevamos años esperándolos». Supongo que es una forma de decir que se sienten solos y están desesperados.
La escolta de la Caravana que se componía por varias patrullas y camionetas de la Policía Federal, se queda afuera de la ciudad. Hay una tensión enorme entre las organizaciones locales de derechos humanos y la Policía Federal. Antes de la salida del Ejército, la tensión era con esa corporación.
Llegamos a Villas de Salvarcar. La entrada a la colonia es de terracería. El escenario es probablemente el más imponente de los que hemos visto hasta el momento. Frente a él, está una cancha de fútbol nuevecita con grandes luminarias juegan dos equipos como si no estuviera ahí la Caravana. Me acuesto en el pasto artificial, y recuerdo aquella foto de la cancha de futbol rápido con el logo de «Vivir Mejor» y un niño muerto en el piso.
Los testimonios empiezan. Pero mi cuerpo y mi mente no dan más. Estoy cansado física y emocionalmente. Quiero dejar de escucharlos, pero no puedo. «Mi hijo tan sólo era un estudiante…no tenía por qué morir»…
Ya es de madrugada. Dividen a los autobuses porque no cabemos todos para dormir en el mismo lugar. Cuatro autobuses nos vamos hacia las colonias López Mateos y Álvaro Obregón a dormir en un centro juvenil. Dos autobuses nos perdemos. Damos vueltas a las tres de la mañana en una colonia que no conocemos, donde no hay nadie en la calle, y sólo circulan los viejos autobuses que llevan a la gente de las maquiladoras. Nos ponemos nerviosos y hay algunos enojos.
En el centro juvenil entro a un cuarto, oigo un regaño «Es inmoral que tengas miedo, la población aquí vive en estas condiciones…no sabes nada son estructuras militarizadas muy cabronas. Si llegamos hasta aquí es porque nos dejaron y no nos van a hacer nada. O porque están esperando el mejor momento para hacerlo». Yo veo una ventana con la reja de metal doblada en una esquina. Me acuerdo de las horrorosas fotos de los centros de rehabilitación. Después, dudo, soy un prejuicioso. No todo Juárez puede ser peligroso. Es la primera y única vez que realmente me enojo con los organizadores.
En las mesas de discusión de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez las víctimas desaparecen del diálogo. En el documento, que después se convierte sólo en relatoría, las víctimas y sus familiares no son el centro. Son un problema más, para la cual hay tan sólo un par de propuestas. Los organizadores, Sicilia entre otros, parecen darse cuenta de la desconexión entre lo que vio el paso de la Caravana y el documento que sale de esas mesas. En público lo plantean como parte de un proceso, y no como un documento final. De un grupito se para una persona y denuncia una suerte de fraude. Dice que nunca se había hablado de una comisión de redacción, ni de una introducción. El documento debe quedar tal cual salió de lo que sólo puede ser descrito como una lluvia de ideas en las mesas. Los organizadores titubean. Responden, pero no enfrentan. Aceptan. Más tarde, en la plaza Benito Juárez el documento leído será ese.
Como todo lo triste que es tan triste. La Caravana termina de manera anticlimática tras el mitin en la tarde/noche en el centro de la ciudad. No puedo imaginar otra manera de que acabe. Son los días más tristes que he vivido. Imagino que es con esa tristeza que vive mucha gente en Ciudad Juárez.
Andrés Lajous.

¡ah! contagias la tristeza, el viaje te pasó factura
lo que viste en la Caravana a través de una pequeña parte del país, es que la gente se siente sola, harta y con un pesar en el día a día
¿todo Juárez peligroso? mi hermano vive allá y aun no se decide, le han dado tantas recomendaciones de lo que no puede hacer, aun así vive de este lado, muchos viven del otro en El Paso.
lo que sigue, porque si seguirá, al menos yo si espero que no se quede solo en un recorrido, es que dentro de las víctimas no solo veamos delincuentes y daños colaterales, sino personas, únicas e irrepetibles, que valen por ese hecho.