En defensa del CIDE

Empezaré por presentarme: soy Ximena Millán Cruz, estudiante de la licenciatura en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Soy una de los quinientos alumnos que formamos al CIDE y una más que, enorgullecida por la valentía de sus compañeras y compañeros, hoy alza la voz.

Ilustración: Belén García Monroy

Quizá valga la pena hacer un pequeño recuento de los eventos que han sacudido al CIDE en las últimas semanas. El 16 de noviembre, el director interino de la institución, José Antonio Romero Tellaeche, destituyó a la secretaria académica, Catherine Andrews, alegando que la decisión de esta última de continuar con la evaluación de profesores estipulada en el reglamento del CIDE constituía un “acto de rebeldía”. La destitución de la Dra. Andrews —quien conserva su plaza de profesora, si bien no su cargo administrativo— fue la gota que derramó el vaso y dejó en evidencia lo vulnerable que se encuentra el CIDE ante la merced de la voluntad de quienes lo dirigen. Como respuesta a las muestras de descontento por parte de los estudiantes, el Dr. Romero nos invitó a nuestra primera reunión con él desde su entrada al centro. A pesar de las repetidas solicitudes que le hicimos para que la conversación sucediera en un formato en donde pudiéramos dialogar, el director interino decidió nunca conectarse con nosotros y prefirió decirle a las pocas personas que se conectaron  que habían sido “manipuladas” por sus profesores, los mismos que nos han defendido anteriormente contra personas como él y que nos han enseñado a ser críticos sin importar el cargo de la persona. Para sorpresa de nadie, las palabras del director interino sólo agravaron la situación.

Puedo decir lo que es el CIDE para mí. Mi experiencia en la institución ha durado más de cinco años. Dos años antes de salir de la preparatoria, me enteré que el CIDE ofrecía un curso de verano gratuito para preparar a los y las aspirantes para sus exámenes de admisión. En ese primer salón de clases no importaba si veníamos de una preparatoria pública o privada: cada profesor se aseguró de que todos alcanzáramos el mismo nivel de conocimiento. Al terminar el curso, decidí solicitar admisión a esta universidad porque me percaté de que sería afortunada de terminar seleccionada para estudiar con personas tan destacadas y que habían mostrado tanto interés en cambiar su futuro mediante la educación pública.

Fue el primer lugar en el que conviví con personas con contextos y puntos de vista muy diferentes al mío, pero nunca me había sentido tan segura, ni siquiera en mi hogar. La cafetería se convirtió en mi espacio para escuchar debates entre estudiantes y profesores, discusiones en las que platicábamos más allá de lo que sucede en el aula e imaginábamos al México que queríamos construir. Un año después, al entrar oficialmente como estudiante, comprobé que había llegado al lugar correcto. Sin embargo, desde el primer instante se me advirtió que las decisiones políticas que se estaban tomando podían dejarme sin la escuela que me moría por conocer y a la que, si he de ser honesta, me había costado tanto trabajo entrar.

Mi confianza en el CIDE provenía de muchas fuentes, entre ellas el hecho de que la institución confió lo suficiente en mí como para darme una beca sin la cual hoy quizás no podría terminar mis estudios. El CIDE es parte de lo que soy. Por eso, prometo serle fiel a la estudiante que hoy se promete ser una ciudadana íntegra y una profesionista dedicada a su país. He tenido el honor de escuchar a grandes profesores y sentarme con personas brillantes que he visto crecer y que apuesto cambiarán al país.

Cuando entré a la universidad estaba consciente de que me enfrentaría a muchos retos, pero nunca pensé que tendría que defender la importancia de mi educación, menos aún hacerlo ante oídos sordos y ajenos al CIDE que se han negado a escucharnos  y a conocernos como comunidad. No imaginé que tendría que escuchar a un director que nos llamó “manipulables”, “sin criterios” y “esponjas”, mucho menos que tendría que insistir en que dejen de meter a los estudiantes en una pelea en la que, de antemano, sabíamos que no nos darían espacio para opinar.

Nos hundimos durante años en la frustración de estar expuestos, con miedo y sin voz. Estábamos claramente frente a un problema que nos superaba como estudiantes de licenciatura. Sin embargo, algo cambió. Quizás fueron las constantes ofensas contra nosotros y contra los profesores que nos han visto crecer y que nos han inculcado su amor por la ciencia. Durante mucho tiempo pensé que, si los estudiantes hablábamos, podríamos perder mucho. Pero entonces vimos que, bajo una mala dirección y sin cambios estructurales, lo perderíamos todo, porque nadie hablaría por nosotros.

Nos enfrentamos a una lucha desigual; una lucha en la que unos nos han percibido como una mina de oro política y otros como una oportunidad educativa. Ante tal disparidad no nos queda más que hablar y luchar por nosotros mismos. Lo que unos han visto como un espacio político es  para nosotros nuestra escuela, nuestra apuesta por una gran oportunidad académica.

Hoy, viernes 19 de noviembre, después de casi dos años de pandemia, los estudiantes del CIDE nos volvimos a ver cara a cara en la protesta que organizamos frente a las oficinas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) y descubrimos los unos en los otros la causa por la que  luchamos: nuestra comunidad. Y así, entre palabras de apoyo, el poco miedo que aún nos quedaba se diluyó y perseveró la esperanza. Se hizo presente la solidaridad que tenemos entre nosotros y con el CIDE.

El viernes no fue la primera vez que me paré de la mano de mis compañeros fuera de un recinto en el que se definía nuestro futuro sin nadie que hablara por nosotros. Pero hoy hubo algo nuevo. Esta semana, tras los últimos acontecimientos que sucedieron en el CIDE, los alumnos entendimos que no podíamos esperar ni confiar en que las autoridades resolvieran uno más de los problemas a los que nos hemos enfrentado en los últimos años. Hoy no salimos a defender a un centro de investigación; hoy fuimos a defender nuestra educación y la posibilidad de que las próximas generaciones puedan entrar a un CIDE que no dependa de la buena voluntad de quien lo dirige o de la agenda política en curso. Un CIDE que pueda brillar por lo que es: un espacio para generar conocimiento y un lugar para todos.

El CIDE lleva años siendo atropellado, pero no nos hemos vuelto más tolerantes. Confiábamos en la vía institucional porque creíamos en las personas que encabezaban al centro. Hoy ya no podemos decir lo mismo. Al ver a las personas en las que creíamos ser destituidas, nuestra fe también se ha agotado. De allí que no nos vamos a conformar con ser leídos o que nos busquen para hacer control de daños: hoy la comunidad estudiantil demostró lo rebelde que puede ser y que la lucha continuará hasta que se nos asegure transparencia y certidumbre. Hoy, los jóvenes del CIDE nos sumamos a las voces de muchos otros que antes confiaron en este proyecto. Nosotros abrazaremos lo que hemos sido, con todo y sus defectos, pero seremos visionarios y no tendremos miedo para plantear un mejor mañana.

Cansados de que nos represente la incertidumbre, hoy el CIDE se pintó de sus verdaderos colores, adquirió caras y voces. Recuperamos nuestra posición como personas con opiniones fuertes y fundamentadas que merecen ser escuchadas; como agentes políticos de cambio que no deben ser subestimados. Demostramos ser sujetos llenos de ilusiones y energía para hacer que el cambio suceda: fuimos estudiantes dignos de nuestra institución. Como estudiantes reconocemos nuestro papel a la hora de escribir la historia de este proyecto. Quienes nos anteceden han luchado porque han visto más allá de los evidentes errores del CIDE, porque saben que es un faro de oportunidad y un emblema de lo que la educación pública de calidad puede ser: un lugar que une a personas comprometidas con la ciencia y con su país. Un lugar que reune a personas que creemos.

 

Ximena Millán Cruz
Estudia la licenciatura en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en el CIDE.

 

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Política