El presente texto de Roberto Breña se recibió en la redacción de Nexos a un día de la muerte del historiador Eric Van Young y hacia el cierre de publicaciones de 2024. Lo publicamos ahora para honrar la memoria de uno de los estudiosos más comprometidos, inteligentes y generosos con el que contó la academia anglófona y mexicana.

Me siento a escribir estas líneas sin dejar pasar apenas tiempo después de haber recibido la noticia de la muerte de Eric Van Young, acaecida el 20 de diciembre. Con frecuencia, este tipo de notas se prestan para elogios desmedidos, sobre todo cuando se trata de amigos cercanos, pero no dudo al escribir que Eric es el historiador más completo en lo que concierne a la historia de Nueva España y México durante el periodo que va de 1750 a 1850. Más completo no sólo respecto a la totalidad de ese periodo, sino, sobre todo, porque Eric combinaba como nadie más la historia económica, la historia social, la historia cultural, la historia regional, la historia agraria, la historia desde abajo, la historia política y la biografía. Si a eso se añade su notable trabajo de archivo, el hecho de que no sólo no temía a las discusiones historiográficas, sino que le parecían muy importantes (por lo que participaba en ellas de diversas maneras) y su hábito de escribir reseñas, fomentando y enriqueciendo así debates sobre la historia y la escritura de la historia, su figura se hace aún mayor.
Veinte años después de comenzar su trayectoria como historiador con un libro sobre historia económica, rural y regional de Guadalajara, en 2001 apareció The Other Rebellion (Popular Violence, Ideology, and the Mexican Struggle for Independence, 1810-1821), un libro que recibió no pocas críticas, tanto de la historiografía anglófona como de la mexicana, pero que es la mejor historia que se ha escrito sobre la independencia de México en mucho tiempo. El libro se publicó en 2006 por el FCE con un subtítulo algo disminuido: La otra rebelión (La lucha por la independencia de México, 1810-1821).
Los últimos cuatro lustros de la vida de Eric estuvieron dedicados a Lucas Alamán (“Don Luquitas” lo llamaba él), lo que explica que durante ese lapso sus publicaciones hayan sido, básicamente, como co-editor. Su monumental biografía sobre el personaje vio la luz en inglés en 2021: A Life Together (Lucas Alamán and Mexico, 1792-1853). Por desgracia, la edición en español, a cargo del FCE, no ha sido publicada, pero tengo entendido que su aparición no tardará mucho. En Nexos publiqué una extensa visión panorámica del libro y no tengo nada que añadir. Si acaso, que se trata de una obra extraordinaria. Sin embargo, su considerable extensión con seguridad jugará en su contra. Además, como se sabe, Alamán no es el personaje más popular de nuestra historia o, mejor dicho, de la “historia patria”. Con todo, habrá quienes se animen a leer esas casi 800 páginas (incluyendo notas) y podrán darse cuenta, más allá de historias oficiales u oficialistas y de una retórica gubernamental de un simplismo histórico atroz, de lo que fueron las primeras décadas de la vida independiente de México desde la perspectiva del más lúcido de sus protagonistas.
Al año siguiente de publicada la biografía de Alamán, vio la luz otro libro de Eric: Stormy Passage. Mexico from Colony to Republic, 1750-1850 (Paso tormentoso. México de la Colonia a República, 1750-1850). De algún modo, este libro resume y rezuma toda su trayectoria intelectual: desde su libro de 1981 sobre la economía rural de la región de Guadalajara, hasta la biografía de Alamán. En su momento, proporcioné una visión panorámica sobre este libro, por lo que no me extiendo sobre los que se pueden considerar sus “aciertos” y “desaciertos”. Sin embargo, vale la pena señalar que es un texto muy distinto a la biografía de Alamán. Stormy Passage es mucho más accesible, desde su relativamente breve extensión hasta la gran diversidad de situaciones y personajes que lo recorren, pasando por el afán instructivo que, me parece, lo caracteriza. De hecho, Eric lo concibió como un texto para estudiantes universitarios, aunque creo que los expertos también pueden sacarle mucho provecho. Que yo sepa, todavía no hay una editorial mexicana que tenga los derechos de la traducción al español, pero seguramente muy pronto alguna mostrará interés.
No quiero extenderme mucho más, pero en el título de esta semblanza, obituario, homenaje o lo que sea que son estas líneas, Eric el hombre, aparece antes que Eric el historiador y quiero explicarlo. Para conocer al segundo, basta con leer sus libros. No mucha gente, sin embargo, tuvo la oportunidad y fortuna de tratarlo de manera personal. De Eric como hombre, como persona, podría decir muchísimas cosas, pues me honró con su amistad desde hace aproximadamente dos décadas. Por su estado de salud, desde hace un par de años casi no salía de San Diego, que fue su ciudad desde que empezó a trabajar para la Universidad de California (UCSD) en 1982 y en donde vivía con su esposa Marjorie; fue ahí donde nos vimos por última vez en 2022. Sin embargo, teníamos contacto frecuente por correo electrónico. De hecho, nuestro último intercambio tuvo lugar hace muy pocos días, pues Eric tenía entre manos un pequeño proyecto editorial, relacionado con Alamán. Por desgracia y a pesar de que traía en mente dicho proyecto desde hace varios años, no pudo verlo publicado (por motivos que iban más allá de él); confío en que verá la luz este año. Por lo pronto, sólo me resta decir un par de cosas sobre Eric como persona.
No creo que el gremio de los historiadores sea más envidioso o cicatero que cualquier otro medio académico. Como se sabe y por motivos no difíciles de colegir, en la academia la vanidad campea a sus anchas. Es por ello que de vez en cuando toparse con personas como Eric Van Young es una bendición, en términos personales especialmente, pero también en términos intelectuales. Su calidez, su modestia y su generosidad son algo poco común en el gremio. Con variaciones por supuesto, pero las otras dos personas semejantes que tuve la fortuna de conocer y tratar son dos historiadores que partieron antes que Eric: Charles Hale y Enrique Florescano. No está de más señalar que en sus respectivos ámbitos, Hale y Florescano, así como Van Young, dejaron una huella imborrable. Dicho de otro modo, los temas que los tres trataron con detalle tienen un antes y un después gracias a su obra. Debo mencionar otras dos cualidades de Eric: escuchaba las críticas y, con relativa frecuencia, concedía sus limitaciones; me tocó presenciar esto último más de una vez. Sobra decir que es una actitud poco frecuente en la academia (mexicana, estadunidense o de cualquier nacionalidad).
Estamos a nada de haber perdido a Eric. A los lectores y a la inmensa mayoría de los profesionales de la historia les quedan sus libros, sus numerosos artículos (por cierto, sólo un reducido porcentaje de ellos está compilado) y sus múltiples reseñas. Ahora que su obra puede ser vista, leída y analizada en conjunto, será posible calibrar lo que expresé sobre la misma. Pero hay algo que va más allá de la enorme contribución que esa obra supone para el conocimiento del agitado y prolongado tránsito secular entre la Nueva España y México. Una contribución que, repito, no tiene parangón; en buena medida por la diversidad de perspectivas historiográficas que mencioné al inicio.
Este mínimo tributo es también una especie de catarsis personal, así como una breve evocación y una forzada despedida de un hombre excepcional. Las personas que tuvieron cierto contacto con Eric saben bien que no hay nada de hiperbólico en lo que acabo de expresar. Estas mismas personas sentirán y compartirán conmigo el hueco ingente que deja la partida de Eric Van Young.
Roberto Breña
Académico de El Colegio de México