Desde el inicio de la crisis actual en Gaza, al menos once miembros de la Guardia Revolucionaria han muerto en presuntos ataques israelíes en Siria y Líbano. Algunos nombres que destacan son el de Razi Musavi, uno de los hombres de confianza de Qassem Soleimani, o el de Mohammad Reza Zahedi, el apoyo más importante para Bashar al-Assad durante la crisis de 2014. Hasta ahora, Irán ha implementado su concepto de “paciencia estratégica”. Esto con el fin de evitar una mayor escalada regional que daría a la derecha israelí el pretexto perfecto para ampliar sus actividades militares en otros frentes, además de distraer la atención internacional sobre los crímenes cometidos en Gaza mientras revive la narrativa de “guerra defensiva”.

Sin embargo, aunque Irán es consciente de dicho escenario, el reciente ataque contra el consulado iraní en Damasco pone a prueba la doctrina de seguridad de Teherán. Esto dado que se trata de un golpe contra su propio territorio que viola cualquier principio de inmunidad diplomática y devela con claridad cómo Tel Aviv se aprovecha de la moderación del “eje de la resistencia” para liquidar a altos funcionarios militares. No sólo de Irán, sino también de sus aliados, como ocurrió con Saleh al-Arouri o Wissam al-Tawil en enero de 2024.
No responder al ataque contra la capital siria implicaría fuertes críticas para Irán dentro del propio eje de la resistencia. Éste ha coordinado cada ataque contra Israel a partir del pensamiento estratégico iraní y su capacidad de disuasión depende, en cierta medida, de las decisiones que se tomen desde Teherán. Es cierto que actores como Hezbollah, los hutíes y Hamás toman sus propias decisiones en términos políticos de manera autónoma, pero la crisis desatada el pasado 7 de octubre en Gaza les obligó a mantener canales de comunicación y coordinación cada vez más cercanos en el entendido de que Siria ha sido un centro de operación y toma de decisiones crucial en lo que va del conflicto. Por lo tanto, hay una fuerte presión y comunicación entre Irán y sus aliados para descifrar los próximos movimientos contra Tel Aviv. Todo en aras de mantener alta la moral de combate y su propia capacidad de disuasión en el terreno bélico regional y en el ámbito político local en Líbano, Yemen, Siria e Irak, respectivamente.
Aunque el líder Alí Jameneí anunció en sus redes sociales que “Israel se arrepentirá por el crimen de Damasco”, fuera del ámbito mediático Teherán deberá calibrar muy bien cómo responder a esta provocación. Es necesario recordar que cuando Qassem Soleimani fue asesinado en enero de 2020, Irán estuvo en un escenario muy similar al actual y respondió atacando la base estadunidense Al Ain, ubicada en Irak. Un acto que no terminó en una escalada regional debido, entre otras cosas, al derribo del vuelo 752 de Ukranian Airlines que la Guardia Revolucionaria hizo accidentalmente y que terminó con la vida de 176 pasajeros, produciendo una ola de protestas y de indignación social que el gobierno iraní reprimió brutalmente.
Si Irán aspira a mantener su capacidad de disuasión frente a Israel dentro del “eje de resistencia” entonces deberá hacer ataques selectivos y precisos que impliquen un golpe proporcional al ataque de Damasco. Pero sin escalar hacia una guerra abierta con Israel, que sin duda opacaría la condición inhumana en la que se encuentra Gaza ante la opinión pública global. Es preciso recordar que el gobierno israelí utilizó crueles técnicas de Inteligencia Artificial en el Hospital al-Shifa que violaron las medidas provisionales de la Corte Internacional de Justicia y que además ignoraron la resolución 2728 del Consejo de Seguridad donde se llamó por primera vez al cese al fuego. El asesinato de los siete trabajadores de WCK ha sido otro hecho alarmante en todo el mundo, a pesar de que Israel lo reportara como un error. Por tal motivo, sea cual sea la forma en la que Irán responda, Israel usará dicha respuesta para justificar todas las acciones militares que estén por venir, incluyendo aquellas que sigan violando de forma evidente el derecho internacional. Esto supone un motivo adicional de incertidumbre en la región.
Por último, si Irán decide mantener la paciencia que enmarca su doctrina de seguridad actual, es posible que Teherán esté en riesgo de sufrir ataques similares a otros de sus cuadros en un futuro cercano. Esto sólo puede tener como efecto una disminución de su credibilidad como potencia balística y militar en toda la zona. Ante esto, es claro que Irán no quiere parecer un “tigre de papel” ante las bajas que ha tenido a lo largo de este conflicto, sin contar los ataques perpetrados contra civiles que dejaron decenas de muertos en Kermán, en enero pasado, o el más reciente ataque que terminó con la vida de 11 personas en la provincia del Sistan-Baluchistan el pasado 4 de abril.
Sin temor a equivocarse, estamos en el momento más tenso de la crisis en Medio Oriente. Esta crisis puede seguirse en función de las pistas que ofrezca el movimiento de armas tanto en el mercado internacional, como en el propio terreno bélico. Al momento de escribir estas líneas, no hay signos de disminución del apoyo de la Casa Blanca a la ayuda militar de Israel y tampoco avances en las conversaciones de tregua que llevan a cabo las alas de inteligencia palestinas e israelíes con la mediación de Qatar.
¿Será el fin de la paciencia estratégica iraní?
Moisés Garduño García
Profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, experto en temas de Oriente Próximo