Durante la ceremonia de clausura este domingo 11 de agosto, Tony Estanguet, multimedallista olímpico y presidente del Comité Organizador de París 2024, dio unas últimas palabras. Estanguet declaró que las fuerzas de seguridad, voluntarios, organizadores y participantes se habían “preparado para todo”. Esto permitió que Céline Dion cantara en la Torre Eiffel y que el pebetero se encendiera en un globo aerostático. No obstante, Estanguet también mencionó que a partir del primer día de competencias se dieron eventos imposibles de planificar.
La incertidumbre del resultado y las increíbles hazañas deportivas por parte de atletas han creado una, cada vez más alta, fascinación por los juegos olímpicos. Los nacionalismos banales que suscitan miles de atletas representando a sus países es un motor relevante en el crecimiento de los juegos, pero no el único.1 También se vincula a prácticas nacionalistas lo que Estanguet clasificó como planificado: las ceremonias de inauguración y clausura son plataformas audiovisuales altamente visibles que se ubican dentro de los procesos de construcción de nación o de marca país. En París 2024, el comité organizador (que no equivale a Francia ni todo París), comunicó ideas de la ciudad y el país que vale la pena analizar.

París 2024 y la construcción de nación
La ruta parisina para organizar los juegos de verano se consolidó el 23 de junio de 2015. Estanguet y la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, encabezaron un equipo conformado por distinguidos exatletas y burócratas deportivos de la capital francesa para postular a París como sede olímpica. Después de cumplir con los requisitos formales del Comité Olímpico Internacional (COI), París entró en fase de campaña junto con otras ciudades candidatas: Los Ángeles, Budapest, Hamburgo y Roma. Para febrero de 2017, descontentos sociales y políticos en tres de las cinco ciudades resultaron en que sólo París y Los Ángeles permanecieran en la contienda. Ante tal panorama, el COI tomó una histórica decisión en julio de 2017 y otorgó dos sedes olímpicas en una sesión. Después de negociaciones entre comités de ambas urbes se decidió que París organizaría 2024 y Los Ángeles 2028.
Desde su expediente de justificación de candidatura en 2017, el comité organizador parisino ofreció unos juegos olímpicos sustentables, enfatizando el concepto de “legados olímpicos.” Especialistas del olimpismo como Vassil Girginov y Alan Tomlinson han estudiado cómo la idea de legado fue promovida por el COI para resaltar las consecuencias positivas a mediano y largo plazo, y con ello reducir las críticas al olimpismo.2 El comité parisino ofreció contribuir para alcanzar la paridad de género entre atletas y reducir de manera significativa la huella de carbono, alineándose así con algunas metas de la Agenda 2030 propuesta por Naciones Unidas.
Según un estudio de la sustentabilidad de los juegos olímpicos de 1992 a 2020, publicado en Nature, los juegos han sido cada vez más contaminantes. Sin criterios claros para medir huella de carbono de parte de la organización, París 2024 no parece alejarse de la tendencia reportada. Mientras que por la paridad de género, si bien desde el entendimiento binario mujer/hombre París 2024 contó con un registro de 50/50, esto se logró después de 128 años de reiniciados los juegos olímpicos, y más de 100 años después de que figuras cómo Alice Milliat demandaran mayor participación femenina. En 2024 estamos lejos de alcanzar la paridad en cargos de administración deportiva, en particular en la dirección de federaciones deportivas nacionales e internacionales, así como en organizaciones regionales, Panam Sports, e internacionales, como el mismo COI.
La mirada global planificada
Las intenciones que se comunican en los documentos de planeación también se vinculan con eventos mediáticos como las ceremonias de inauguración y clausura. El 26 de julio de 2024, se pusieron temas de género y otros tantos más en el escrutinio global. Con la ceremonia de inauguración, el comité organizador parisino comunicó un ideal de los juegos en la segunda década del siglo XXI. El dramaturgo francés Thomas Jolly dirigió esta ambiciosa puesta en escena. Este espectáculo, como otros que le antecedieron, son de gran relevancia porque sirven como plataformas de comunicación para que las sedes traten problemas globales, mientras se posicionan como líderes de los valores humanos “más altos” que el COI dice representar. Para la investigadora Jackie Hogan, las ceremonias de inauguración son de gran interés pues las sedes buscan posicionarse en el “centro de la civilización” y como portavoces universales.
La ceremonia de París compartió elementos con juegos olímpicos anteriores, tanto de verano, invierno y de la juventud, debido a la obligatoriedad de protocolos del COI (el desfile de atletas, los juramentos olímpicos, el izado de la bandera y el encendido del pebetero). Según el antropólogo John MacAloon, la repetición creó una ritualidad que consolida la legitimidad y monopolio del COI. No obstante, París innovó al intercalar estos rituales protocolarios con estampas audiovisuales temáticas, escenificadas y pregrabadas, de lo que Francia y París han aportado a la humanidad.
La inauguración expandió la conversación sobre género. La sección titulada “sororidad”, a partir de estatuas doradas que emergían del Río Sena, resaltó algunas grandes aportaciones de mujeres en la historia, no sólo dentro del olimpismo. Además, representaciones de diversidades sexogénericas desempeñaron un papel importante en las transmisiones. En nuestras pantallas seguimos imágenes de la pasarela de modas y bailes de distintas corporalidades. Pese a ello, la escenificación de París 2024 despolitizó estas temáticas, pues no se reconocieron de forma explícita los retos que se han vivido ni las violencias que aún enfrentamos.
En su conjunto, la inauguración proveyó una interpretación del lema de París 2024: “Ouvrons Grands les Jeux / Games Wide Open”, mostrando también quiénes fueron los públicos meta de los juegos olímpicos. El diseño de la ceremonia fue para seguirse en pantalla, no tanto para espectadores en sitio. Debido a que París era tanto escenario como actor, la transmisión requirió múltiples recorridos y ángulos de cámara. En este sentido, sobresalió el recorrido del fuego olímpico que transportaron figuras encapuchadas y enmascaradas por medio de techos, puentes y el río. Las figuras hicieron guiños al video viral de parkour grabado en París hace algunos años, inspirado en el video juego, Assassin’s Creed, apelando a las culturas digitales.
La “apertura” de los juegos contrasta con el descontento de comunidades parisinas que se quejaron de la organización o salieron de la ciudad durante la inauguración. Si bien el concepto de legado apareció desde que el comité organizador de París pidió ser sede, la ceremonia de inauguración reavivó la pregunta, legado y apertura… ¿para quién? Sólo con el paso de los años podremos analizar las consecuencias de los juegos para los habitantes de la capital francesa.
Retos del olimpismo y sus espectadores en el siglo XXI
La ceremonia de clausura el 11 de agosto celebró el movimiento olímpico como un festejo humano universal. Por medio de la escenografía que representaba el mundo, una figura mágica y dorada promovió que las delegaciones olímpicas de cada país “poblaran” el mapa. Esta alegoría de colonialismo por asentamiento concluyó con fervor y alegría ante las presentaciones de la banda francesa Phoenix. Las representaciones musicales en el Estadio de Francia abrieron la pauta para que Tom Cruise descendiera al estadio, transportara la bandera olímpica a través del Atlántico y con ello continuara la emoción en las playas angelinas en las que se organizarán los juegos en 2028.
Más allá del espíritu festivo y buenas intenciones, todo indica que los juegos olímpicos seguirán contaminando, infligiendo abusos tanto a atletas como a la ciudadanía a partir de la distribución desigual e inequitativa de legados olímpicos. Las ceremonias de inauguración y clausura son más que un espectáculo; son una fuente importante para comprender las ideas e imágenes de desarrollo de nación del comité organizador, así como los múltiples actores involucrados (organizaciones deportivas, políticos y marcas). Si bien las ceremonias nos invitan a imaginar un mundo mejor, unido por los “valores olímpicos”, las versiones romantizadas o que contemplan los juegos olímpicos como cumbre deben cuestionarse con seriedad. Los juegos olímpicos apelan a una considerable cantidad de gente por nuestros orgullos nacionales y por las maravillas de las hazañas deportivas que vemos en las múltiples pantallas. Sin embargo, es urgente entender que más allá de nuestro grado de involucramiento, los juegos olímpicos tienen repercusiones importantes en el mundo. Una ciudadanía activa no sería sólo espectadora: cuestionaría, propondría alternativas, resistiría el brillo de las muchas imágenes de nación que se construyen en los juegos olímpicos.
Axel Elías Jiménez
Investigador Posdoctoral del IIS-UNAM. Investiga las intersecciones de deporte y política,
así como de alimentación y migración
1 Michael Billig, Banal nationalism, Londres, Sage, 2005
1 Vassil Girginov, Rethinking Olympic Legacy, Londres, Routledge, 2018; Alan Tomlinson, The Olympic Legacy, Londres, Routledge, 2017.