Keep calm and Vive la République! Elecciones en Reino Unido y Francia

Ha sido un fin de semana trepidante en la política europea. A pesar de la evasión veraniega que brindan las eliminatorias en la Eurocopa, los ciudadanos acudieron a dos elecciones que brindaron triunfos históricos a la izquierda en Reino Unido y Francia. A contrapelo de los avances indiscutibles de la extrema derecha en todos lados, sus sistemas electorales uninominales —distintos del resto de Europa, donde prevalece la representación proporcional— cumplieron la función de contenerla.

En Reino Unido por fin terminó la pesadilla nacional-populista en que se había convertido el caótico gobierno de los conservadores. En el poder desde 2010, sufrieron una merecida derrota, casi tan histórica como el Brexit que impulsaron. Sin demeritar el triunfo del partido Laborista, esta elección se explica más bien por un rechazo contundente del electorado al partido Conservador y al Partido Nacionalista Escocés (SNP por sus siglas en inglés). Los conservadores, también conocidos como tories, obtuvieron su número más bajo de escaños (121/650) en el parlamento desde 1906 y perdieron 20 % de los votos que obtuvieron en 2019. Por su parte, la fuerza dominante en Escocia, el SNP, perdió 39 de las 48 curules que obtuvo en 2019. ¿Dónde fue a dar ese apoyo abrumador que obtuvieron Boris Johnson y Nicola Sturgeon hace cinco años?

Los votos conservadores se trasladaron, más que al laborismo, a los Liberales Demócratas que rompieron su récord en número de asientos (72 con 12.2 % del voto), y a la extrema derecha de Nigel Farage y su partido Reform UK, que, por primera vez, logró entrar al parlamento tras cuatro intentos, obteniendo 14.3 % de los votos y cinco escaños. Mientras, los Verdes aumentaron su representación de uno a cuatro diputados, y diputados independientes pasaron de cero a seis escaños. Entre ellos está el antiguo líder laborista Jeremy Corbyn. En contraste, los votos del SNP se fueron casi íntegramente al laborismo que ganó 37 de los 39 asientos perdidos por los primeros. Recuperó así los espacios que habían sido tradicionalmente suyos antes de la fiebre nacionalista.

Los laboristas lograron una mayoría de 412 asientos, cercana al récord de Tony Blair en 1997 (418), a pesar de que su porcentaje de la votación sólo creció en 1.2 % y de que, en realidad, perdió cerca de 700 000 votos en comparación con 2019. El sistema First Past the Post británico (es decir, uninominal), notorio por sobrerrepresentar a los primeros lugares y la concentración geográfica, premió de manera contundente al Laborismo: transformó el 33.7 % de los votos en 63 % de los asientos en la Cámara de los Comunes. Aun así, el sistema de partidos británico converge con la tendencia en el “continente” hacia la fragmentación, es decir, hacia un mayor número de partidos representados en la cámara.

Más allá de los números, llama la atención el tono de la campaña encabezada por el líder laborista Keir Starmer: su falta de radicalismo y estridencia, con promesas tan moderadas como vagas en cuanto a lo que piensa hacer con su enorme mayoría. En su primer discurso afuera de Downing Street, lejos de anunciar grandilocuentes medidas, puso el énfasis en recuperar la dignidad del servicio público, en reconstruir el país con hechos y no palabras, en hacerlo desde el respeto… y poco más. El regreso de la calma y el proverbial common sense inglés ha sido bienvenido en Bruselas y otras capitales europeas, donde el desdibujamiento de la presencia del Reino Unido es notorio desde el Brexit.

Ilustración: Estelí Meza

Tres días después de este regreso a la calma, en Francia, tuvo lugar la vertiginosa segunda vuelta de las elecciones legislativas anticipadas, convocadas por el presidente Emmanuel Macron tras el desastre sufrido por su coalición en las elecciones al Parlamento Europeo (EP) el 6 de junio. Macron justificó su sorpresiva (y muy criticada) decisión, alegando que Francia necesitaba una “definición”. Obtuvo una, de rechazo a la extrema derecha, pero no la que se refiere a quién gobernará Francia.

Para entender los resultados es necesario repasar las bases del sistema electoral francés que, como el británico, es uninominal, pero a dos vueltas. En la primera vuelta, se asigna el escaño al candidato que obtenga 50 %+1 de los votos; si nadie la obtiene, pasan a segunda vuelta sólo los candidatos que obtuvieron más del 12.5 % de los votos. En segunda vuelta, gana el escaño quien logre más votos (First Past the Post). Pues bien, tras la primera vuelta el 30 de junio, en donde el efecto de arrastre de las europeas le dio al partido de extrema derecha Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés) el 29.2 % de los votos y le aseguró de entrada 37 asientos en la Asamblea Nacional, la coalición presidencial, Ensemble!, quedó de nuevo en tercer lugar (20 % de los votos y 2 asientos), detrás de la unión de la izquierda (28 % de los votos y 32 escaños). Francia se decantaba por los extremos. Para competir por los 501 asientos que quedaban por definir en la segunda vuelta, la clase política francesa se sumergió en seis semanas de frenesí negociador con el fin de establecer un “cordón sanitario” contra la extrema derecha.

Por un lado, la izquierda se movilizó y, en unos cuantos días, organizó el Nuevo Frente Popular (NFP), reminiscente de la mítica coalición encabezada por Léon Blum en los años treinta para frenar el ascenso del fascismo. La France Insoumise (LFI), liderada por el polémico Jean Luc Mélenchon, es el partido dominante de esta coalición. Se sumaron los socialistas, devastados en la elección de 2017, pero recuperando espacios ahora. También participan los Verdes, con la revelación política de la temporada, Marine Tondelier, y el Partido Comunista. En tiempo récord, estos cuatro partidos crearon una coalición, se pusieron de acuerdo sobre un programa de gobierno y llevaron a cabo una atractiva campaña que recuperó el lema de “no pasarán”.

Por otro lado, ambos bloques pusieron en marcha una estrategia para usar el sistema electoral en contra del RN: los desistimientos. Consiste en que el candidato que va en tercer lugar en cada distrito se retire de la contienda, para evitar dividir a la oposición a la extrema derecha. El NFP desistió en todos aquellos distritos en donde había quedado en tercer lugar. En cambio, Ensemble! sólo desistió ahí donde el candidato del NFP no fuera del LFI.

Las acciones estratégicas de los partidos y una participación récord de más de 66 % (promovida por Kylian Mbappé, estrella y capitán de la selección nacional) salvaron a la République. Dieron una inesperada victoria al NFP (182 escaños), regresaron la dignidad del segundo lugar a la coalición presidencial (168) y relegaron al tercer lugar al RN (143). Sin embargo, el poder de los curules no es igual al apoyo de la gente, el cual sigue siendo escandalosamente alto en favor del RN. Como en Reino Unido, la desproporcionalidad es notoria: el RN fue el partido que más votos obtuvo en términos absolutos y en proporción (8 744 060, con 32 %), frente a 7 004 725 (25.68 %) del NFP y 6 313 808 (23.14 %) para Ensemble!. Tras el disgusto, utilizará la bancada más grande que jamás haya tenido y se preparará para las presidenciales de 2027.

¿Quién gobernará hasta entonces? No sabemos, porque ningún grupo tiene suficientes escaños para formar gobierno, ni siquiera en minoría. Los franceses no dieron esa “definición” que esperaba el presidente. Vienen meses de complejísimas negociaciones para lograr algo inédito en la historia de la V República: un gobierno de gran coalición. Dada la fragmentación del sistema de partidos, serán necesarios al menos siete de ellos. El NFP reclama su legitimidad para encabezar el nuevo gobierno, aunque no se sabe con quién negociaría para llegar a la mayoría. Ensemble! buscará romper la unidad del NFP, excluir a LFI y atraer a los socialistas y a los verdes a una posible coalición con lo que queda del centro derecha, Les Républicains (fracturados tras la deserción de su liderazgo para unirse al RN). Mientras, el jaloneo en la Asamblea Nacional será intenso, el público, aliviado por el momento, podrá distraerse con la final de la Eurocopa y el arranque de los juegos olímpicos en París.

 

Lorena Ruano
Profesora Asociada en la Universidad Carlos III de Madrid

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Publicado en: Internacional, Política