La conquista política de la Frontera Norte

Los habitantes del Norte tienen la costumbre de cruzar, no a los Estados Unidos de América, sino a ese lugar que llaman con burla y descaro como el otro lado. Me explico: para quienes somos fronterizos no hay concepto delimitado de soberanía o nación mexicana, porque nuestras familias, negocios, expresiones culturales y hábitos de consumo se desbordan a ambos lados del muro. Cientos de miles de individuos se muevena diario entre dos países que muchas veces parecen no tener tanto en común, pero que hoy en día dependen con fuerza el uno del otro para el buen funcionamiento de sus respectivas economías. Poco más de 26 millones de personas, muchas de ellas con variados y complejos tipos de vínculos transnacionales, habitan la región limítrofe entre Estados Unidos y México conocida como la Frontera Norte. Según la Oficina del Censo de EE. UU. (2024), México se consolidó desde el año pasado como el principal socio económico de la superpotencia estadunidense con una cuota actual de 15.6 % de su comercio total.

A tres décadas de 1994, de voltear a ver con fascinación y recelo a nuestros vecinos de América del Norte, el México post-TLCAN se prepara para un 2024 de elecciones presidenciales y renovadas esperanzas en Estados Unidos por la promesa del nearshoring como remedio de todos nuestros problemas económicos. ¿Por qué los actores políticos deberán esforzarse por conquistar la Frontera Norte durante las próximas elecciones? Este año se pondrá a prueba la continuación del proyecto político del presidente López Obrador. Los equipos de campaña de la candidata oficialista y de la abanderada opositora deben priorizar la persuasión del electorado norteño y de las ciudades fronterizas por cuatro motivos.

Ilustración: Patricio Betteo

Primero, estas entidades conforman una de las regiones del país con mayor dinamismo económico, además de que sus indicadores en términos de desarrollo social e ingreso per cápita son superiores al promedio nacional. En el estudio de pobreza a nivel municipio hecho por el Coneval en 2020, sin considerar a la Ciudad de México, los municipios con menor porcentaje de población en situación de pobreza se concentran en las entidades de Nuevo León, Sonora, Chihuahua y Coahuila. Todavía más interesante es el hecho de que 14 de los 15 municipios menos pobres de México se localizan en esta misma región. Por tanto, ganar en los estados fronterizos para cualquiera de las dos contrincantes implica asegurar el apoyo de importantes segmentos de la clase media mexicana. Según el último Índice de Competitividad Estatal del IMCO (2023), “los estados del Norte del país tienen mejores condiciones para atraer inversiones relacionadas con el nearshoring, lo cual se explica por su despliegue de infraestructura logística y energética, una población con mejor acceso a la educación y a la salud y una mejor integración de la industria manufacturera con el exterior”.

Segundo, puede ser que el excepcionalismo norteño, (la creencia difundida y común entre habitantes de esta región de suponer que sus afanes meritocráticos los hacen superiores en términos económicos al resto de los mexicanos) termine por catalizar nuevos liderazgos de la región al ring político nacional y por incentivar una mayor lucha partidista para conquistar la cuota de electores que históricamente han votado por el PAN. En cuanto al concepto de excepcionalismo norteño, durante el período en que escribí mi tesis de licenciatura sobre la influencia de los representantes de la industria maquiladora en la negociación del T-MEC, tuve la oportunidad de entrevistar a importantes actores del sector maquilador entre 2021 y 2022.1 Entre las varias entrevistas que hice, en la mayoría de los casos a empresarios maquiladores de los estados fronterizos, llamó mi atención el testimonio de un importante líder del sector maquilador en Chihuahua. Esta persona me comentó que: “Tenemos que entender [que] la cultura [entre el Norte y Sur de México] es y ha sido distinta. Por ejemplo, las personas en el Sureste y el Centro están acostumbradas a que el gobierno les dé dádivas, a que el gobierno les dé todo. Inclusive en la parte de la alimentación, muchos de ellos [en el Sur] están acostumbrados a ver un árbol de mangos. En el Norte es diferente, si no cultivas, si no trabajas, si no te esfuerzas, pues te mueres [de hambre]. Esas son las diferencias culturales. Acá [en el Norte] si no te partes el lomo para salir adelante, te mueres. Entonces la cultura a lo largo de los años se ha ido desarrollando muy diferente entre las dos regiones. Es imposible que por un decreto presidencial, ya todo México sea igual, porque no es igual”. Este testimonio no sólo subraya la prevalencia de la idea del excepcionalismo norteño entre las élites locales, sino que también cobra una importancia particular al reconocer que proviene de uno de los más influyentes representantes de la industria manufacturera en Chihuahua. Esta relevancia es mayor si se toma en cuenta la significativa inversión de más de 1000 millones de dólares destinada a la inauguración de la tercera planta de Ford en 2021 en este mismo estado. Un ejemplo de lucha partidista por la conquista de la Frontera Norte: todo en política es personal y, por eso mismo, el presidente López Obrador se ha esforzado en morenizar a Baja California, el histórico bastión de los panistas desde que Ruffo Appel se convirtió en el primer gobernador de oposición en 1989. Hoy en día, el congreso estatal, la gubernatura y los municipios están controlados por Morena. Por eso no resulta sorprendente el apoyo y acercamiento del presidente a la gobernadora Marina del Pilar. Prueba de esto fue la asistencia del presidente al más reciente informe de la gobernadora, pues es la segunda vez que López Obrador asiste a una ceremonia de este tipo durante su sexenio.

Tercero, las potenciales inversiones millonarias de empresas transnacionales que comenzarán a concentrarse en estas entidades. La llegada de nuevo capital atraído por el nearshoring, las ventajas comerciales del T-MEC y la cercanía geográfica con Estados Unidos, convierten a la Frontera Norte en un botín económico y fiscal de gran importancia. En palabras más simples, ganar las ciudades fronterizas, repletas de nuevas plantas maquiladoras provenientes de Asia, supone recursos económicos cuantiosos para los candidatos y partidos que logren convencer a los votantes norteños. Sólo hace falta analizar los más recientes datos económicos de la región fronteriza para comprender la magnitud de su trascendencia en las próximas elecciones: el Inegi estima que en 2022, 26.1 % del PIB nacional provenía de los seis estados fronterizos, aun cuando la región solo aglomera a 18 % de la población total nacional. También, del último dato de exportaciones de mercancías del tercer trimestre de 2023, 56 % de la mercancía exportada de México a otros países y valorada en 134 000 millones de dólares provenía de estas mismas entidades. Si políticos, académicos y analistas apuestan a que el nearshoring, que es la relocalización de empresas transnacionales a México por el contexto actual de incertidumbre global y por los beneficios del T-MEC, se convertirá en el pilar del desarrollo y crecimiento económico a corto plazo, más vale conquistar y dominar políticamente la región que más se beneficiará por la captación de inversiones y creación de empleos: la Frontera Norte.

Cuarto, y quizás el motivo menos evidente: la naturaleza transfronteriza de la región y la existencia de miles de familias que comparten sólidos vínculos personales y económicos a ambos lados del muro obliga a pensar de nuevo las dinámicas electorales y considerar la lógica binacional de la región. El hecho de que ambas candidatas presidenciales hayan visitado y llevado a cabo mítines en California supone un ejemplo de la impronta e influencia política que va adquiriendo la diáspora de mexicanos en Estados Unidos, sobre todo en el sur de este país. El potencial crecimiento económico de estados con un pujante sector maquilador como Baja California, Sonora y Chihuahua, ligado a una política migratoria más restrictiva por parte de los estadunidenses y la posible reelección de Donald Trump, harán que la región fronteriza adquiera un papel notable en el escenario político nacional y en las próximas elecciones. Por último, la necesidad de lidiar con el problema generalizado de seguridad pública, la crisis binacional del tráfico de fentanilo y el drástico aumento de flujos migratorios durante los últimos años han fortalecido el papel de la región fronteriza como epicentro político de las relaciones entre México y Estados Unidos. Queda por ver quién terminará por conquistar la Frontera Norte este 2024 y cuáles serán las repercusiones de los próximos cambios políticos en la región.

 

Roberto Hernández Rodríguez
Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México. Estudia una maestría en Relaciones Internacionales con especialidad en temas de desarrollo económico en la Universidad de California, San Diego (UCSD).


1 Puede verse en el “Anexo: Lista de entrevistas”.

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Publicado en: Economía, Política