A las 3:30 PM, Susana Perez, ya llevaba seis horas formada para votar por primera vez en una elección mexicana desde que migró del estado de Puebla a Nueva York en 1995. Ella trabajaba en una compañía textil en Tlaxcala hasta la devaluación de 1994. “Me fui por los malos gobiernos”, me cuenta Susana, acompañada por algunos familiares, cada quien portando una prenda o accesorio color guinda: una bolsa, una blusa o un vestido.
“Yo digo que AMLO es mi papá”, interrumpe una mujer con un pompón en mano decorado con los colores patrios.
“Ya estamos mucho más informados que antes” dice Susana, quien ya no ve la televisión con el fin de consumir “la mañanera y sus derivados”. “Hoy es un día histórico”, repite una y otra vez.
Las personas que la rodean, conocidas o no, asienten.
Así comienza el segundo piso de la transformación a más de 4000 kilómetros de distancia de México.

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En 2022, dos años antes de la elección más grande en la historia de México, cientos de mexicanos que residen en el área metropolitana de Nueva York se reunieron en una plaza pública en Queens para conmemorar otro evento histórico: por primera vez, los mexicanos en el exterior podrían votar en una consulta popular que determinaría si el presidente, en este caso Andres Manuel López Obrador, podría terminar su sexenio.
El 10 de abril de aquel año, la Corona Plaza estaba a reventar. Mariachis y bailarines chinelos del estado de Morelos se mecían por la plaza, portando sus respectivos atuendos carnavalescos; incluso un compañía de baile de zumba ondeaban banderas mexicanas, meneando sus caderas al son de la cumbia y el reggaetón. La celebración fue organizada por Morena New York Comité 1 (Morena NY1), una de las numerosas redes de apoyo formada por militantes del partido oficial que residen en Estados Unidos.
Hoy, 2 de junio de 2024, este mismo grupo, motivado por nuevas políticas públicas que han facilitado el voto desde el extranjero, ha redoblado sus muestras de apoyo por el partido político.
El peso político de los mexicanos en el exterior ha crecido enormemente en años recientes. Mientras que en la elección de 2012 votaron un poco más de 40 000 ciudadanos residentes en el extranjero, en la elección de 2018 la cifra equivalente fue más del doble. Lo más interesante, sin embargo, es que muchos de estos votantes ya no pueden ser descritos como “migrantes.” A pesar de que 11.7 millones de personas nacidas en México residen en el país vecino del norte, la realidad es que hay aproximadamente 37.2 millones de personas de origen mexicano en Estados Unidos. Esto representa un 60 % de la población latina en el país.
Hoy en día, la población mexicana se puede comprender como un conjunto de la población de la primera generación nacida en el extranjero, la emigrada y la residente en territorio nacional. Esto resulta en cambios demográficos, políticos, culturales y económicos que aún no terminamos de dimensionar, especialmente si consideramos que México ha comenzado su etapa de desarrollo transterritorial.
Para Morena NY 1, fundado en 2017 como una red “activista”, este sexenio ha sido uno de gozo y celebración. El anuncio de una obra pública impulsada por el presidente amerita un peregrinaje a Times Square, documentado en vivo y transmitido para sus 282 000 seguidores en Facebook.
A lo largo del sexenio, diputados de Morena han visitado a sus paisanos militantes en Estados Unidos con el propósito de cultivar su confianza en el partido. A través de webinars, visitas presenciales, mítines y talleres de formación política, los voluntarios de Morena en el exterior buscan afiliar a la población migrante y de origen mexicano en el extranjero al movimiento que llevó a la presidencia a López Obrador.
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A partir de las 3:00AM de este 2 de junio, cientos de militantes de Morena comenzaron a reunirse afuera del consulado de México en Nueva York. Al mediodía, miles de miembros de la comunidad mexicana estaban formados en una fila que le daba tres vueltas a la manzana. Se trata, de nuevo, de un momento histórico: por primera vez, los mexicanos en el exterior podían votar de manera presencial en uno de veinte consulados a lo largo y ancho de Estados Unidos.
De acuerdo con Claudia Zavala, consejera del INE, el 27 de mayo de este año el instituto tenía noticia de casi 1.6 millones de mexicanos en el exterior con credencial electoral vigente, de las cuales y 223 961 se registraron para votar. De estos, 56 249 (25.12 %) se registraron en la modalidad postal; 151 989 (67.86 %) en la modalidad por internet, y 15 723 (7.02 %) en la modalidad presencial.
“Esta es una elección sin precedentes, pues es la elección en la que más personas mexicanas residentes en el extranjero se han registrado en alguna de las modalidades para ejercer su derecho a votar”, me dijo Zavala.
A las 4:42 PM, las boletas reservadas para los que no se habían registrado de antemano comenzaban a agotarse. Representantes del INE pasaban por la fila interminable asegurando a los paisanos registrados que sí iban a poder votar.
Medios autodenominados como “alternativos” transmitían en vivo frente al consulado, Sin Línea TV entre ellos, “sin adornos ni filtros, directas y fieles a la realidad”.
A las 5 PM, un votante exasperado comenzó a gritar, expresando su frustración ante un funcionario de casilla. La policía de Nueva York trató de intervenir mientras que el hombre gritaba: “Freedom of speech!” A la distancia, se escuchaba el susurro de “México en la piel” del cantante Luis Miguel.
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Las extravagantes muestras de apoyo a López Obrador por parte de militantes de Morena que viven en el extranjero han coincidido con esfuerzos gubernamentales para promover la participación política de los mexicanos en el exterior. Desde hace décadas, todo tipo de asociaciones de mexicanos en el extranjero han peleado por visibilidad política en su país de origen, pero hasta hace poco esos esfuerzos no habían resultado en la implementación de políticas transnacionales.
El concepto del voto en el extranjero apareció en la legislación por primera vez en 1996 y coincidió con el proceso de democratización en México.
La elección del 2000 fue clave en cristalizar la relación entre el “voto migrante” y las instituciones —y la idea misma— de la democracia mexicana. El candidato y futuro presidente Vicente Fox se refería a los migrantes como los “héroes de México”, y les prometió que, de resultar electo, se aseguraría de que tuvieran el derecho al voto. En consecuencia, el candidato del Partido Acción Nacional (PAN) pudo contar con el apoyo de varias organizaciones migrantes que por décadas habían buscado representación política en México. Sin embargo, el derecho a votar desde el extranjero no se promulgó a nivel federal sino hasta 2006.
Desde que se introdujo el voto desde el extranjero, el número de mexicanos en el exterior que forman parte del padrón electoral aumentó en más de 200 %, hasta llegar a los 223 000 que se registraron para votar en esta elección. A pesar de que la comunidad de mexicanos viviendo en el extranjero no tiene un perfil político homogéneo, la popularidad de López Obrador dentro de la diáspora se disparó en los últimos años. En 2012, el actual presidente obtuvo poco más de un tercio del voto extranjero; en 2018, obtuvo más del 64 %.
En la elección de 2024, la oposición también trató de crear una presencia en el extranjero. A finales de septiembre de 2023, la candidata presidencial Xóchitl Gálvez viajó a Estados Unidos para reunirse con líderes de la comunidad de inmigrantes mexicanos en el sur de California, así como con miembros mexicanos de la industria del cine y la televisión en Los Ángeles. Su viaje concluyó con una visita a la ciudad costera de Oxnard, donde visitó a jornaleras mexicanas en los campos de fresas donde trabajan y habló acerca de las condiciones laborales de los inmigrantes.
“Estoy convencida de que México es un país de 170 millones, dividido por un río, y que aquí está el estado 33”, dijo Gálvez en un video subido a sus redes sociales.
A pesar de que ni Gálvez ni Sheinbaum pudieron hacer campaña en el extranjero, cosa prohibida por las leyes electorales en México, ambas han viajado a Estados Unidos para reunirse con militantes de sus respectivos partidos, como lo han hecho otros candidatos en el pasado, incluyendo a López Obrador en 2017. Esta estrategia ha rendido frutos. A decir de Juan Hernández, asesor del Frente Amplio por México, casi un tercio de las 220 000 firmas que Gálvez reunió en apoyo de su candidatura presidencial fueron de mexicanos que viven en el extranjero.
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A las ocho de la noche, los consulados en Nueva York, Los Ángeles y Chicago comenzaron a cerrar sus puertas. Los observadores electorales y funcionarios del INE habían prometido que todas las personas que se habían registrado de antemano iban a poder votar. No fue así. Con la puesta del sol en el trasfondo, miles de personas, todavía formadas, gritaban: “¡Queremos votar, queremos votar!” Mientras tanto, banderas mexicanas ondeaban a la distancia.
Al cierre de esta edición, el INE aún no había publicado datos acerca de la participación electoral en el extranjero. En todo caso, dudo que estos datos sean representativos del interés —furor, incluso— que observé en el pequeño simulacro nacional en la isla de Manhattan.
Los observadores del voto mexicano en el extranjero, entre quienes se cuenta a académicos y funcionarios públicos, concuerdan en que el poder político de la diáspora mexicana en el extranjero, particularmente en Estados Unidos, aún no ha mostrado toda su fuerza. A partir de la reforma constitucional de 2021 —la cual eliminó el requisito de que el padre o la madre de una persona hayan nacido en territorio nacional para que esta pueda adquirir la nacionalidad mexicana— miles de personas tienen un camino para convertirse en ciudadanos y ciudadanas de México, con todos los derechos políticos que eso implica. Hasta la fecha, sin embargo, esta reforma aún no se traduce en una participación masiva en cuestiones electorales.
Es imposible pasar mucho tiempo en Estados Unidos sin escuchar corridos reverberando de las cocinas de prácticamente cualquier restaurante; sin escuchar español en el transporte público; sin escuchar un estridente bajo y una guacharaca retumbando desde un club privado; sin ver a la Virgen de Guadalupe una y otra vez, vestida a la star spangled banner. México existe en Estados Unidos, más allá de las fronteras políticas. Y ese México de fuera podría convertirse en un actor muy poderoso en la política interna del México de dentro.
La influencia de la diáspora mexicana en la política nacional sigue hoy en día en una fase embrionaria. Pero es enteramente posible que, en los próximos años, los mexicanos en el exterior se conviertan en un bloque de votantes con un peso electoral equivalente a su peso demográfico. Es imposible decir si se inclinan mayoritariamente por un partido u otro, o si sus preferencias políticas serán tan diversas como sus historias de vida. Pero una cosa queda clara: el voto extraterritorial podría muy bien convertirse en una fuerza formidable.
Este 2 de junio, miles de mexicanos, de todo tipo y bagaje, vestidos de guinda o de otro color, no pudieron ser parte del ejercicio democrático. Pero miles de ellos regresarán a las urnas en noviembre, para otra contienda extrañamente mexicana, en la que millones de mexicanos serán partícipes.
Vita Dadoo Lomelí
Periodista y editora de audiencias de la redacción de nexos.