La endiablada sucesión en Jalisco

Enrique Alfaro Ramírez abandonará el poder como un político que nunca estuvo dispuesto a perderlo. Su última derrota fue hace más de una década, en 2012, cuando se quedó a las puertas de la gubernatura por apenas 150 000 votos. Luego arrasó en las elecciones a la alcaldía de Guadalajara y al gobierno de Jalisco, en 2015 y 2018, respectivamente. Sin embargo, su mayor exhibición de fuerza ocurrió en 2021, cuando su Movimiento Ciudadano (MC) demostró ser una fuerza política eficaz.

Ilustración: Estelí Meza

Aunque Alfaro hubiese preferido ungir como sucesor al senador Clemente Castañeda, su viejo compañero de bachillerato, no podía arriesgar el poder que ha construido. Poniendo a consideración que en 2024 es probable que juegue su última partida (aunque su nombre no aparezca en la boleta), Alfaro al parecer quiso asegurar la contienda con un candidato con posibilidades de ganar.

El abanderado de la formación —autodefinida socialdemócrata en sus estatutos— será Pablo Lemus Navarro, distinguido más por su visibilidad que por la hondura de su pensamiento político. Lemus es un hábil comunicador, con ambiciones de ser gobernador. Cercano al poder empresarial y a la élite social tapatía, representa al Jalisco que resiste a López Obrador.

Lemus no es Olof Palme ni Václav Havel (emblemas de la socialdemocracia internacional), pero sí es un candidato creíble. En la mañana puede estar tomándose selfies mientras desayuna birria en el tianguis, a media tarde inaugurar un nuevo parque público y por la noche tomar güisqui con políticos, artistas, empresarios y demás socialités.

La sucesión pareciera resuelta, cantada, si no fuera por dos factores. El primero es que, paradójicamente, Lemus es más popular fuera de su partido que dentro de él. No es ningún secreto que muchos en MC preferían a Castañeda por encima de Lemus, por estimar que éste es poco confiable. Para mantener su autonomía en relación a Alfaro —y al alfarismo— Lemus no siempre acató las órdenes del gobernador y su círculo cercano, lo que provocó que el fantasma de la indisciplina y el riesgo permanente de ruptura pesen sobre él.

Si MC quiere refrendar Jalisco, tendrá que procesar todas las desavenencias (arrebatingas, diríamos acá) que se airearon durante la tensa negociación para determinar si Lemus sería el candidato. Para fortuna de éste, en un partido exitoso en términos electorales, el ansia por ocupar posiciones en ocasiones pesa más que el rencor.

Sin embargo, incluso si Lemus logra articular exitosamente a MC con la misma pericia que Alfaro, tiene todavía que superar un obstáculo mayor: una coalición de cinco partidos que orbita en torno a Morena. No es un reto cualquiera: enfrente tendrá la estructura de la Universidad de Guadalajara, que fue la principal oposición a Alfaro durante su sexenio, al mismo tiempo que a Pedro Kumamoto, el exindependiente que conquistó mediáticamente a algunos sectores de México en el ya lejano 2015. Todos contra Lemus, bajo el cobijo de Sheinbaum que, según las encuestas, pinta para barrer en la elección presidencial.

En 2024, el candidato de MC cargará con un peso descomunal dentro y fuera de su partido: que Jalisco continúe siendo uno de los principales bastiones opositores frente al apabullante crecimiento de Morena. A su favor tiene a un electorado que ha rechazado sistemáticamente al partido del presidente, pero que comienza a ser seducido con programas sociales y en franco hartazgo por la crisis de violencia en el estado, mal atendida por Alfaro. Es verdad que el frente contra Lemus dotará de ánimos a los obradoristas para competir de tú a tú en un territorio hasta ahora hostil, pero también es cierto que activará al votante que teme que el partido guinda se haga con la entidad.

Jalisco no es cosa menor. Es uno de los botines que el obradorismo más ansía, no sólo por el tamaño de su población y su pujanza económica: simbólicamente, sería un revés importante para la oposición. Perder el estado que fue gobernado dieciocho años por el PAN y en donde Movimiento Ciudadano demostró que sabía ser partido es un escenario complicado para las oposiciones.

Algunos jugarán rudo porque lo que está encima de la mesa no está en poca cosa.

 

David Gómez-Álvarez
Académico de la Universidad de Guadalajara

David Ricardo F. González Ruiz
Analista político

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Publicado en: Política