
A lo largo de los años, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) se ha convertido en una compañera constante para quienes estudiamos la pobreza y la desigualdad en México. Es una encuesta compleja y exigente, que combina fortalezas notables con silencios e inconsistencias que requieren un análisis cuidadoso. Precisamente por esa mezcla de riqueza y dificultad, cada edición resulta tan esperada: ofrece la posibilidad de actualizar diagnósticos, seguir tendencias que marcan la vida de millones de familias y poner a prueba hipótesis sobre el rumbo del país.
Cada nueva ENIGH llega como una pieza adicional de una historia colectiva aún en construcción. La de 2024, en particular, ha generado un interés especial: algunos de sus resultados sugieren avances notables, pero al mismo tiempo plantean preguntas difíciles de responder. La ruptura de ciertas tendencias históricas obliga a reflexionar sobre si estamos observando mejoras genuinas en los ingresos y en el bienestar de los hogares más pobres. Este dilema es más que técnico: tiene implicaciones directas en la forma en que entendemos la pobreza y, en consecuencia, en las políticas que buscan reducirla.
Aunque muchas de las dudas iniciales sobre los resultados de la ENIGH fueron atendidas en los talleres, documentos metodológicos, notas técnicas y demás materiales proporcionados por el Inegi—tanto para la ENIGH, como para la Medición de la Pobreza 2024—, algunos aspectos relevantes para la medición de la pobreza siguen llamando la atención y, por su trascendencia en el debate público, vale la pena examinarlos en esta nota.
Ingreso, gasto y pobreza
Para medir cuántos recursos tienen los hogares para satisfacer sus necesidades podemos utilizar dos espejos distintos: el ingreso y el gasto. Ambos deberían reflejar, en principio, lo mismo: mientras el primero muestra los recursos que entran al hogar, el segundo permite observar cómo se utilizan para vivir.
La medición oficial de la pobreza emplea un enfoque multidimensional que combina el bienestar económico de los hogares, medido a través del ingreso, con el ejercicio de los derechos sociales. En el bienestar económico se opta por ingreso al considerarlo una referencia más directa de la capacidad de los hogares para adquirir bienes y servicios en el mercado. El gasto, sin embargo, debería ofrecer una imagen muy similar, pues comprende todo lo que efectivamente se adquiere. Pueden existir diferencias entre ambas medidas debido a decisiones de ahorro o endeudamiento de cada hogar, pero en condiciones normales esperaríamos que el gasto creciera a la par del ingreso: si ganamos más, gastamos más.
Los datos de la ENIGH, no obstante, muestran que el ingreso ha crecido más rápido que el gasto. De hecho, al comparar la evolución de la pobreza por ingreso y la pobreza por gasto en los últimos años (ver Tabla 1), la brecha entre ambas medidas se ha incrementado de manera apreciable, particularmente cuando sólo observamos el componente del bienestar económico.
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Tabla 1. Estimaciones de pobreza utilizando el ingreso y el gasto de los hogares, 2016-2024 (Porcentajes) |
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2016 |
2018 |
2020 |
2022 |
2024 |
Cambio |
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Pobreza con Ingreso (oficial) |
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|
Pobreza |
43.2 |
41.9 |
43.9 |
36.3 |
29.6 |
-12.3 |
|||
|
Pobreza extrema |
7.2 |
7.0 |
8.5 |
7.1 |
5.3 |
-1.7 |
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|
Bienestar económico |
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|
Pobreza por ingreso |
50.8 |
49.9 |
52.8 |
43.5 |
35.4 |
-14.5 |
|||
|
Pobreza extrema por ingreso |
14.9 |
14.0 |
17.2 |
12.1 |
9.3 |
-4.7 |
|||
|
Pobreza con Gasto |
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|
Pobreza |
51.4 |
50.0 |
52.8 |
46.7 |
41.3 |
-8.7 |
|||
|
Pobreza extrema |
8.7 |
8.5 |
10.8 |
9.3 |
7.7 |
-0.8 |
|||
|
Bienestar económico |
|||||||||
|
Pobreza por gasto |
65.3 |
64.2 |
70.2 |
62.0 |
56.0 |
-8.1 |
|||
|
Pobreza extrema por gasto |
20.9 |
19.6 |
25.7 |
19.4 |
16.5 |
-3.2 |
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|
Diferencia (puntos porcentuales) |
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|
Pobreza |
8.1 |
8.1 |
8.9 |
10.4 |
11.7 |
3.7 |
|||
|
Pobreza extrema |
1.4 |
1.4 |
2.2 |
2.2 |
2.3 |
0.9 |
|||
|
Bienestar económico |
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|
Pobreza por ingreso |
14.6 |
14.3 |
17.4 |
18.5 |
20.7 |
6.4 |
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|
Pobreza extrema por ingreso |
6.1 |
5.6 |
8.5 |
7.4 |
7.1 |
1.5 |
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Notas: La estimación de la pobreza con gasto considera las mismas líneas de pobreza y conceptos de gasto utilizados para la construcción del ingreso no monetario de la metodología oficial. Se utiliza el ingreso y el gasto corriente per cápita, excluyendo el rubro de estimación del alquiler de la vivienda. Fuente: Estimaciones propias a partir de las ENIGH 2016 a 2024 y los programas de cálculo de Coneval e Inegi. |
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El ingreso que crece más abajo
La brecha entre la pobreza medida por ingresos y por gastos podría explicarse si, por alguna razón, los hogares más pobres decidieran ahorrar una proporción mucho mayor de sus recursos, lo cual resulta poco probable dadas las restricciones que enfrentan (especialmente aquellos en pobreza extrema por ingresos, quienes no cuentan con lo indispensable ni para comer). Sin embargo, también podría ocurrir si se hubieran implementado medidas para captar mejor los ingresos de los hogares, sin que se modificara de manera sustancial la forma en que se mide el gasto. Para entender mejor qué está sucediendo, conviene analizar el ritmo de crecimiento del ingreso y del gasto en distintos grupos de la población, tal como se muestra en la Tabla 2.
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Tabla 2. Crecimiento 2018-2024 del ingreso y el gasto corriente, y características socioeconómicas seleccionadas, según decil de ingresos (Porcentajes) |
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Decil |
Ingreso Corriente Total |
Gasto Corriente Total |
Ingresos por trabajo |
Características socioeconómicas |
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Subord. formal |
Subord. informal |
Negocios propios |
% con seguridad social1 |
% en zonas rurales2 |
% habla lengua indígena |
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1 |
48.0 |
24.2 |
71.4 |
79.1 |
14.3 |
5.2 |
53.9 |
23.6 |
|
|
2 |
35.8 |
21.9 |
46.1 |
38.3 |
-1.3 |
17.6 |
33.3 |
8.7 |
|
|
3 |
27.8 |
14.7 |
37.3 |
23.5 |
3.5 |
24.3 |
26.4 |
5.4 |
|
|
4 |
27.2 |
15.0 |
30.5 |
21.6 |
-1.9 |
32.0 |
19.7 |
4.2 |
|
|
5 |
25.9 |
14.8 |
29.5 |
18.9 |
-2.3 |
39.5 |
17.2 |
3.3 |
|
|
6 |
22.4 |
10.5 |
24.9 |
18.3 |
-11.2 |
45.3 |
13.8 |
2.8 |
|
|
7 |
21.6 |
10.8 |
21.6 |
21.6 |
-16.4 |
53.2 |
10.6 |
2.7 |
|
|
8 |
19.0 |
9.3 |
19.1 |
19.4 |
-18.3 |
58.8 |
9.2 |
1.9 |
|
|
9 |
10.9 |
3.9 |
10.6 |
13.3 |
-26.6 |
64.3 |
6.9 |
1.9 |
|
|
10 |
-0.4 |
-2.0 |
-3.4 |
1.9 |
-24.1 |
70.0 |
5.6 |
1.3 |
|
|
Nacional |
15.1 |
8.7 |
11.7 |
17.3 |
-13.2 |
40.9 |
21.9 |
6.3 |
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Notas: Deciles de hogares según el ingreso corriente per cápita de cada año. El ingreso por trabajo subordinado considera únicamente los sueldos y salarios recibidos de un empleador o empleadora. Se divide en formal e informal según si la jefatura del hogar cuenta con seguridad social o no. 1 De la población económicamente activa. 2 Reside en localidades de menos de 2,500 habitantes. Fuente: Elaboración propia con datos de las ENIGH 2018 y 2024. |
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La Tabla 2 muestra, por una parte, la tasa de crecimiento entre 2018 y 2024 de los ingresos y los gastos de los hogares según su decil de ingreso, es decir, separando a la población en 10 grupos de igual tamaño, de manera que en el primero (decil 1) se encuentra 10 % de la población con menores ingresos, en el 2 el siguiente 10 %, y así sucesivamente. Además, se incluyen tres características clave para cada uno de estos grupos: el porcentaje de la población ocupada que cuenta con seguridad social (una forma de aproximarse a la formalidad laboral), el porcentaje que habita en zonas rurales y el porcentaje que habla una lengua indígena.
El primer elemento a destacar en la Tabla 2 es que, para la mayor parte de la población, el ingreso ha crecido a un ritmo más acelerado que el gasto, y esto se observa especialmente entre quienes menos recursos tienen en el país: los hogares del decil 1.
Pongamos la lupa en este grupo, es decir, en el 10 % más pobre de la población. Este es el segmento que registró el mayor crecimiento de su ingreso en términos porcentuales (48 %), particularmente en el ingreso proveniente de trabajo subordinado (71 % en el sector formal y 79 % en el informal). Estas tasas de crecimiento son muy superiores al aumento de sus gastos, pero además plantean un nuevo dilema: ¿cómo explicar un incremento tan importante en los ingresos de quienes históricamente han estado más rezagados?
La explicación oficial apunta a factores positivos: el incremento del salario mínimo, mejores condiciones de negociación sindical, la prohibición del outsourcing y otros cambios en la política laboral.
Estas medidas, sin duda, fortalecieron los ingresos de los trabajadores formales, urbanos y con seguridad social. Sin embargo, la gran mayoría de la población del primer decil difícilmente pudo beneficiarse de manera tan pronunciada de esas reformas: sólo 5% de quienes trabajan en ese grupo tiene seguridad social, más de la mitad reside en localidades rurales, y alrededor de 25 % es indígena, uno de los segmentos con mayores rezagos sociales y económicos de nuestro país.
Si los salarios formales aumentan, lo lógico sería observar primero el efecto en los trabajadores formales y, con el tiempo, en el resto de la economía (a través de una “derrama”). Pero los datos de la ENIGH sugieren que los mayores beneficiados fueron los más pobres entre los pobres, lo que desafía la lógica de esa narrativa. Esto no significa que las reformas laborales no hayan mejorado los salarios de gran parte de la población, incluso fuera del sector formal, sino que esas mejoras deberían reflejarse primero, y en mayor medida, en los deciles con mayor acceso a la seguridad social y urbanos, como los deciles 7 u 8. Difícilmente en los hogares del decil 1.
¿Éxito histórico o problema de medición?
No me malinterpreten: si realmente los hogares más pobres hubieran visto crecer sus ingresos en mayor medida que el resto de la población, estaríamos frente a un logro histórico de la política social y económica. Pero para afirmarlo necesitamos estar seguros de que ese cambio refleja la realidad y no es producto de una alteración en la forma en que se miden los ingresos de la ENIGH.
La principal preocupación de quienes seguimos cuestionando la comparabilidad de la información de la ENIGH no es sólo sobre un número o un porcentaje. Si una encuesta nos ofrece una visión alejada de la realidad, las políticas públicas pueden dejar de apoyar a quienes más lo necesitan porque en los números parece que ya no lo requieren (tanto). Por eso, este debate no es sólo sobre sutilezas metodológicas, sino sobre cómo contar con un instrumento que permita construir diagnósticos precisos para mejorar la situación de quienes más lo necesitan.
Sin embargo, probar que la ENIGH—una encuesta con tanto prestigio y rigor—está mostrando un diagnóstico inadecuado, no es asunto sencillo, pues existen muy pocas fuentes contra las cuales compararla. Una de ellas son las cuentas nacionales, que, como ha señalado recientemente mi colega Gerardo Leyva (ver su nota aquí), también parecen sugerir que algo está pasando con los ingresos de la ENIGH.
Una mirada profunda a las entrañas de la encuesta
La ENIGH es un instrumento complejo. Para captar los ingresos de los hogares, el Inegi pregunta por más de 80 distintos tipos de ingresos (sueldos, pensiones, transferencias, rentas, remesas, etc.) y pide reportar los montos recibidos por cada persona en el hogar en los seis meses previos a la entrevista. Es un esfuerzo titánico tanto por el personal del Inegi, como por parte de las personas entrevistadas.
Para detectar posibles anomalías en las respuestas de la ENIGH, es necesario analizar con detalle todos los ingresos de la encuesta. Sin embargo, desde el primer tipo de ingreso, los sueldos y salarios—el rubro que más ha crecido en los últimos años—, es posible detectar comportamientos que antes no estaban ahí. Por ejemplo, en 2024 se observa una acumulación inusual de respuestas de ingreso en el rango de 10,000 a 12,500 pesos mensuales. Mientras que entre 2016 y 2022 alrededor de 10 % de los entrevistados reportaba ingresos en ese rango, en 2024, esta cifra subió a 18 % (ver Gráfica 1).
Este patrón se observa en los ingresos de cada uno de los 6 meses preguntados en la ENIGH, pero justo al analizar los ingresos de 2, 3 o 6 meses atrás, surge otro patrón preocupante: se reduce de forma importante el número de personas que reportan montos de ingreso muy bajos. Entre 2016 y 2022, cerca de 17 % de las respuestas eran menores a 250 pesos mensuales, pero en 2024 esa proporción cayó a 12 %.
A simple vista, estas diferencias pueden parecer menores, pero cuando se repiten en miles y miles de personas entrevistadas, en conjunto desplazan la distribución de los ingresos, repercutiendo de manera importante en los indicadores de pobreza, desigualdad y muchos otros más. En particular, la caída en los ingresos bajos puede ayudar a explicar los aumentos en los ingresos de los hogares del primer decil que describimos anteriormente, pero ¿cómo es que se logró reducir el reporte de esos ingresos “muy bajos”?
La hipótesis más sencilla es que la ENIGH únicamente está reflejando un cambio en los patrones de respuesta de la población. Sin embargo, si este fuera el caso deberíamos observar comportamientos similares en otras fuentes de datos, como la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que también capta los sueldos y salarios de la población. Como quizás ya intuye el o la apreciable lectora, al realizar un análisis similar con la ENOE, los patrones anómalos detectados en la ENIGH no están presentes.[1]
Otra posibilidad es que el Inegi haya introducido mejoras en la captación de los ingresos de la ENIGH, particularmente entre los hogares con menores recursos. Si así fuera, la ENIGH 2024 estaría ofreciendo información más precisa, con estimaciones más cercanas a los verdaderos ingresos de los hogares. El inconveniente con esta opción es que, en ese proceso de mejora, las nuevas ediciones de la encuesta dejan de ser plenamente comparables con las anteriores. Y si no podemos distinguir qué parte del cambio en los ingresos obedece a una mejora metodológica y cuál corresponde a un aumento real de los salarios, el diagnóstico sobre pobreza y bienestar que hagamos a partir de las ENIGH puede resultar sesgado.
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Gráfica 1. Distribución porcentual de los ingresos de los 6 meses previos a la entrevista reportados en las ENIGH 2016, 2018, 2020, 2022 y 2024. |
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Notas: Porcentaje de las respuestas individuales en la clave de ingreso “P001” correspondiente a sueldos y salarios, en las variables ing_1, ing_2, ing_3, ing_4, ing_5, e ing_6. Cifras en pesos constantes de 2024. Fuente: Elaboración propia con datos de las ENIGH 2016, 2018, 2020, 2022 y 2024. |
No sería la primera vez que Inegi sorprende en este terreno. En 2015, publicó una edición del MCS-ENIGH (hoy eliminado por completo, incluso del sitio web del Inegi) que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), entonces responsable de la medición oficial de la pobreza, se negó a utilizar para reportar cifras de pobreza, pues consideró que el ingreso captado en esa encuesta no era comparable a las ediciones previas. Aunque afirmar que estamos en una situación semejante sería, por ahora, prematuro, el principal problema radica en la ausencia de un organismo independiente que realice los análisis necesarios y alce la voz cuando algo debe ser aclarado. En este vacío institucional, ese papel nos corresponde asumirlo a la academia, a la sociedad civil y a la ciudadanía en general.
Un último apunte para el polarizado entorno en que vivimos: los hallazgos resaltados en esta nota deben ser confirmados y aclarados, pero, por ahora, no parecen sugerir que no se haya presentado una disminución de la pobreza entre 2018 y 2024. La gran duda es en cuánto realmente se redujo y, sobre todo, en qué medida los datos que han circulado en los medios reflejan una verdadera mejora en las condiciones de vida o sólo un cambio metodológico.
Reflexión final
Después de tantos años de trabajar con la ENIGH, me sigue impresionando cómo una base de datos puede abrir tantas preguntas sobre la realidad nacional. La admiro por su riqueza, enseño su uso por ser un instrumento fundamental para el análisis económico y social, la disfruto como fuente de hallazgo y, cuando corresponde, también es necesario cuestionar sus silencios y contradicciones.
No se trata de desconfiar de la encuesta o del profesionalismo con que se realiza, sino de recordar que ninguna fuente es infalible. Toda encuesta es, al final, un espejo imperfecto. Y lo que más necesitamos en un país con desigualdades tan profundas como México es contar con diagnósticos claros y confiables.
La ENIGH ha sido, es y seguirá siendo una herramienta fundamental para comprender la realidad mexicana. Sin embargo, como todo instrumento, requiere cuidado, revisión y debate constante. Lo que está en juego es la capacidad de generar diagnósticos sólidos sobre la pobreza y el bienestar de la población; sin ellos, no podremos saber si sus cifras reflejan efectivamente las condiciones de vida de las familias mexicanas, o son un mero espejismo metodológico.
Víctor Hugo Pérez Hernández
Economista. Académico de tiempo completo en el EQUIDE de la Universidad Iberoamericana. Trabajó en el Coneval colaborando en la elaboración del documento sobre la Metodología de Medición Multidimensional de la Pobreza.
[1] Por motivos de espacio no se incluyen las gráficas correspondientes de la ENOE, pero con gusto pueden ser enviadas al público interesado enviando un correo a victor.hernandez@ibero.mx