La guerra civil de Sudán del Sur

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Sudán es un territorio contrario a los seres humanos. Es mitad desierto, mitad selva. Prosperar en esa zona implica una gran tolerancia al sufrimiento. El desierto ofrece nada y la selva ofrece muerte. La vida en esa zona siempre ha sido precaria y dura.

Su guerra civil duró prácticamente desde su independencia en 1956 hasta la separación de Sudan y Sudan del Sur en 2011. La humanidad festejó que uno de sus conflictos más longevos concluyera pacíficamente y ofreciera una oportunidad de desarrollo para la región. A tres años de esta resolución, Sudan del Sur vuelve a enredarse en un conflicto que atenta contra la estabilidad y el progreso de toda la región, comprendida por Uganda, los Congo, Chad, Sudan, Etiopía y Kenia.

Los egipcios intentaron dominar todo el Nilo. Acostumbrados al desierto no pudieron penetrar la selva. Llegaron los musulmanes en el siglo VIII y lo mismo ocurrió. Los imperios de Medio oriente batallaron por esas tierras algunos años hasta que los ingleses las reclamaron. Ellos fueron pragmáticos. Dividieron África con líneas y rayones para demarcar y administrar sus colonias. Después se fueron y dejaron que los africanos descubrieran por ellos mismos el contenido de esas líneas.

Desde esas épocas gloriosas de los imperios desérticos hasta el pragmatismo cartográfico de los ingleses se comenzó a concebir una nación: Sudán. Continuamente en división, un norte desértico, árabe y musulmán y un sur selvático, negro y cristiano-animista.

En la segunda mitad del siglo XX, Sudán consiguió su independencia de Inglaterra. Inmediatamente, la nueva nación se enredó en paralizantes guerras civiles entre norte y sur. La primera duró casi catorce años y la segunda más de treinta. Por lo tanto, durante cincuenta años Sudán no emprendió obras de infraestructura, ni edificó instituciones sólidas ni leyes universales para beneficiar a toda su gente. El norte se modernizaba gradualmente con el fuego prestado de los europeos mientras que al sur le arrojaban rescoldos.

Ya fuera en el norte o en el sur, la vida en Sudán era dura, basada en el  día a día. La guerra ofrecía mejores opciones: vivir saqueando aldeas o morir violentamente. Guerra es gloria para los que no sobreviven.

Nace una nueva nación: Sudán del Sur

Cuando se descubrió petróleo en Sudán en los años ochenta, la guerra civil se intensificó. Finalmente, en 2005, la paz tuvo una oportunidad. El norte y el sur se beneficiarían del petróleo. En julio 2011, el sur de Sudán se independizó del norte por medio de un referéndum acordado en el tratado de 2005.

Con líderes sensatos, los sursudaneses diseñaron una democracia que duraría generaciones. La presidencia de Sudán del Sur quedó en manos de Salva Kiir, representante de la etnia mayoritaria, la dinka. La vicepresidencia se le asignó a Riek Machar, líder de la segunda etnia más numerosa, la nuer. En cada elección las etnias rotarían puestos.

Por medio de un voto se conseguía proporcionar paz en vida a quienes solían conseguirla en muerte.

Pero cuando Sudán del Sur despertó en la mañana del 15 de diciembre de 2013, todo se había derrumbado.

Cinco causas de la guerra civil en Sudán del Sur

1) Política: Salva Kiir vs. Riek Machar

Por diferencias irreconciliables, Kiir expulsó a Machar y a otros miembros de su gabinete en julio 2013. El 14 de diciembre, durante la reunión anual de Gobierno, el tema de la expulsión se trató. Algunos integrantes del gabinete terminaron exponiendo, a gritos, sus convicciones. Otros demostraron el poder de sus ideales con los puños. Los más decididos argumentaron con balas. Ahí cayó la primera gota de sangre. Así inició el rito sangriento de Sudán del Sur.

Al salir de la reunión, Salva Kiir acusó a Machar de encabezar un golpe de estado. Al día siguiente ordenó ataques en poblados nuer. Machar negó el golpe de estado y contraatacó poblados dinka. Otra gota de sangre. Kiir arrestó y torturó a colaboradores de Machar. Otra gota de sangre. Machar huyó al este de Sudán del Sur. Desde ahí, el político se mostró como un guerrero, y el guerrero declaró su destino: armar una rebelión hasta que Salva Kiir renunciara. Y así, nacen dos líderes.

2) Étnica: dinka vs. nuer

En la antigüedad, dinka y nuer luchaban con lanzas y escudos por ganado y tierras arables para sobrevivir.  Pocos morían. En tiempos de guerra civil (1984-2005), el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS), representó la unión de dinka y nuer que yacía enteramente bajo la idea de que la solidaridad étnica y racial vencería a su enemigo en común, el norteño arabo-musulmán.

En 1991, Reik Machar fue el primer nuer en criticar el abuso de poder de los dinka dentro del ELPS. También fue el primero en proponer la idea de un estado separado de Sudan. Machar lideró una pequeña revolución contra los dinka. Con armamento moderno, las etnias no peleaban por ganado o por tierra, peleaban por tener la razón y el poder. El conflicto interno fue resuelto cuando Salva Kiir y Reik Machar decidieron volver a unir fuerzas. Las dos etnias, unidas, lograron su independencia.

En 2013, tan pronto se escucharon los disparos el 14 de diciembre, el himno que tenuemente ensayaron por dos años los niños sursudaneses se quebró en dos cánticos de guerra: el dinka de Salva Kiir y el nuer de Riek Machar.

Y así, se alzan dos bandos.

3) Militar: fuerzas armadas desorganizadas

Los combatientes sursudaneses son valientes en combate y están listos tanto para sufrir como para infligir cualquier daño. Por ello en la guerra civil, los líderes militares prefirieron que sus tropas se mantuvieran con mínima organización. En 2011, año de la independencia, estos combatientes–instruidos al ataque clandestino y no a la defensa organizada de una nación– se convirtieron en soldados del ejército de Sudán del Sur. Institucionalizados y presupuestados, el salario de los soldados representó casi el 85 por ciento del gasto total del nuevo país. En esencia, el ejército sursudanés era puramente una coalición étnica unida por pagos en efectivo. Cuando dejaron de llegar los pagos en diciembre 2013, ¿qué fue para ellos un país, una bandera y un himno de apenas dos años comparado contra los siglos de lealtad que les deben a sus ancestros? Nada. Y así, todos tienen armas.

4) Influencia exterior: comunidad internacional y Estados Unidos

La comunidad internacional y, en específico, la administración de George W. Bush, presionó a Sudán para firmar un acuerdo de paz en 2005, so pretexto de ser un estado que toleraba el terrorismo al auspiciar a Bin Laden en los noventa. Bajo el ojo del mundo, Sudán y Sudán del Sur se separaron diplomáticamente, sin incidente alguno. Hoy, Obama pretende imponer sanciones a Sudán del Sur si continúa el conflicto. Pero esta medida no bastará. Si bien en un tiempo la influencia exterior fue benévola, ahora no lo es. Hay mucha inversión en los dos países. Y así, aparecen miles de millones de razones para luchar.

5) Recursos naturales: controlar el petróleo

En realidad, el petróleo en el subsuelo de Sudan del Sur es un charquito. Es el lugar 47 en producción mundial de petróleo, cuando funciona a tope. Pero en una tierra que ofrece poco, el petróleo lo es todo. China, simplemente como ejemplo, invierte en ambos países cada año alrededor de 20 mil millones de dólares. Cuando Sudán y Sudán del Sur firmaron el acuerdo de secesión en 2011, el principal punto a detallar fue la operación petrolera y sus condiciones. En tiempos de paz, las reglas son claras. En tiempos de guerra, las reglas se opacan tanto como el color del petróleo. Y así surge un pretexto para morir.

Lo que quedó entre las líneas

Desde el 20 de enero 2014 se han firmado cinco acuerdos de tregua entre Kiir (dinka) y Machar (nuer), solo para que al día siguiente uno culpe al otro de un ataque ficticio. En abril Salva Kiir movió las elecciones presidenciales de 2015 a 2018, o, dijo él, “quizás hasta el 2020 si el conflicto no se resuelve”.

El reporte de Human Rights Watch sobre el conflicto indica que “hogares y mercados han sido incendiados y los cuerpos son abandonados para ser alimento de los cuervos”.

Según diversos reportes de la ONU y de Médicos sin Fronteras, entre enero y julio de 2014 más de 30,000 humanos han muerto, más de un millón y medio han sido internamente desplazados, 6.5 millones más son amenazados por la hambruna y 500,000 niños han sido diagnosticados con cólera, disentería y kwashiorkor, enfermedades letales en Sudán del Sur.

A pesar de las promesas de paz, prosperidad y estabilidad, la democracia fracasó en Sudán del Sur. El desencanto germina cuando se descubre que esta gente ha regresado a su antiguo y severo estado de vida: la precaria sobrevivencia: la breve búsqueda de subsistencia en un mundo que en realidad cambia muy poco desde que llega a esta tierra.

 Nemer Naime