La herida abierta de Lagos de Moreno

El 11 de agosto de 2023, cinco amigos desaparecieron en el municipio de Lagos de Moreno. Días después, circuló en redes un video que muestra lo que se asume fueron los últimos minutos de vida de los jóvenes jaliscienses. Con ello se sacudió de manera profunda a todo el país al demostrar, de la forma más atroz posible, hasta dónde puede llegar la crueldad humana. A un año de su desaparición hay más incertidumbres que certezas y la orquesta de irregularidades en el caso no termina: desde el hallazgo de uno de los vehículos, en que viajaban los jóvenes, incendiándose con restos humanos en su interior (sin más información al respecto de a quién pertenecían esos restos), hasta la localización, casi cuatro meses después, de los celulares en la misma finca (cateada de forma previa por las autoridades estatales) donde se grabó la ejecución viralizada en internet.

Con una investigación que no presenta mayores avances desde diciembre de 2023, más allá de vincular a proceso a cinco personas de las que no sabemos más que sus nombres e involucramiento en el ataque a unos militares en el municipio de Teocaltiche, las autoridades de Jalisco no logran responder las preguntas más importantes: ¿qué pasó con los jóvenes jaliscienses ese viernes por la noche, después de que se reunieron en el Mirador de San Miguel? ¿Dónde están Roberto Carlos Olmeda Cuellar, Jaime Adolfo Martínez Miranda, Diego Alberto Lara Santoyo, Uriel Gálvan González y Dante Cedillo Hernández? ¿Dónde están?

Ilustración: Estelí Meza

Jalisco vuelto tragedia

La desaparición y posible homicidio de los cinco jóvenes pone el dedo en la llaga de la tragedia —porque no es una crisis, es una barbarie permanente— en la que se convirtió Jalisco: en el estado hay más de 15 000 personas desaparecidas; además, este ocupa el quinto lugar con más fosas clandestinas documentadas y el primer lugar con más cuerpos exhumados a nivel nacional desde 2006.1

De las personas que permanecen desaparecidas en el estado sabemos lo siguiente a partir de datos públicos a los que podemos acceder: un elevado porcentaje son hombres (88 %); la mayoría, tanto hombres como mujeres, tenía entre 20 y 34 años al momento de su desaparición (45 %), con el rango de edad más frecuente siendo 25 a 29 años en hombres; y casi un tercio de los reportes en hombres indican desapariciones con violencia.

Asimismo, los municipios con más reportes de desaparición en términos absolutos son: Zapopan (18 %), Guadalajara (17 %), Tlajomulco (10 %), Tlaquepaque (8 %) y Tonalá (4 %). El 57 % de los casos reportados se concentran en estos municipios, por lo que podemos notar que las áreas metropolitanas cerca de Guadalajara son puntos críticos en cuanto a desapariciones.

Cuando colocamos la lupa en Lagos de Moreno, advertimos que, en términos absolutos, este municipio ocupa el sexto lugar en número de reportes de desaparición, con 585 casos activos al día de hoy. Además, mantiene patrones similares a aquellos que se advierten a nivel estatal: 85 % de los casos de desaparición son de hombres, aunque el rango de edad es menor; la mayoría de los casos es de personas entre 20 y 29 años, y el rango de edad más frecuente en hombres es de 20 a 24 años, la misma edad que Roberto (20), Jaime (21), Diego (20) y Dante (22) tenían el día que desaparecieron, Uriel era un poco menor (19).

Es relevante señalar que de 2012 a la fecha se han reportado 850 personas desaparecidas en el municipio (con casos que ocurrieron desde 1972), por lo que el porcentaje de localización es bastante bajo (31 %) comparado con otros municipios como Guadalajara (63 %), Tlajomulco (57 %) y Zapopan (53 %). Además, al tasar el total de reportes de desaparición, notamos que Lagos de Moreno tiene una tasa acumulada de 493 por cada 100 000 habitantes, mucho mayor a la de todo Jalisco, la cual es de 388 por cada 100 000 habitantes.

Esto, vale aclararlo, sólo contemplando datos a los que tenemos acceso, ya que, como señalan una y otra vez las familias, muchas de las desapariciones no se denuncian de manera formal por miedo o desconocimiento, por lo que es posible que haya subregistros. El sábado 11 de agosto, Ana Teresa Hernández, representante del colectivo “Hasta Encontrarles Lagos”, señaló que la cifra de desapariciones de Lagos de Moreno podría ser de hasta 600 personas en lo que va de este sexenio, un número mucho más alto del que se reporta en el Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco.

La lucha contra el olvido, la lucha por la verdad

En Marcos de guerra: Las vidas lloradas, Judith Butler reflexiona sobre las vidas que no se consideran valiosas o dignas de duelo por la sociedad. En ese sentido, hay ciertas vidas a las que se les despoja de valor de forma sistemática o no se les reconoce como vidas dignas de protección y duelo por no ajustarse a los parámetros sociales dominantes. En el caso mexicano, el Estado se ha encargado de construir narrativas que permiten despojar de valor la vida de aquellas personas víctimas de la violencia generalizada, consecuencia de la guerra contra las drogas. Se institucionalizó la respuesta fácil de inventar que las personas desaparecidas “andaban en malos pasos”. Y, para aquellos casos en los que es difícil sostener esa categoría, porque la identidad de las víctimas no embona con el estereotipo, están los famosos “daños colaterales”: civiles que murieron como resultado de enfrentamientos entre el Estado y el crimen organizado. Ambas “respuestas” permiten a las autoridades hacerse de la vista gorda ante los altos niveles de impunidad y falta de justicia, ya que en ambos casos no son vidas que se consideren dignas de protección.

Recordar a Roberto, Jaime, Diego, Uriel y Dante nos permite desmontar esta narrativa. Cinco amigos de la infancia que sólo buscaban pasar un rato agradable un viernes por la noche, como cientos de jóvenes de su edad en todo el mundo. Roberto, estudiante de Ingeniería Industrial y amante del boxeo; Jaime, trabajador en obras y bailarín; Diego, que decidió seguir los pasos de su papá y dedicarse a la herrería; Uriel, el más chico de todos, también amante del boxeo; y Dante, ciclista profesional, ganador de medallas de oro en competencias de la Olimpiada Nacional.

Sus vidas son dignas de recordarse a diario, y la exigencia por su pronta localización se vuelve más urgente que nunca. Su desaparición es un pendiente de las autoridades de Jalisco que queda inconcluso y del que nos toca exigir que se resuelva. A un año de su desaparición, con una investigación estancada, la herida abierta que nos dejan Roberto, Jaime, Diego, Uriel y Dante sigue palpitando con sed de verdad y, sobre todo, con el fuerte deseo de que regresen a casa.

Hasta encontrarlos. Hasta que encontremos a todos.

 

Andrea Horcasitas Martínez
Investigadora en el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana e integrante del Consejo Ciudadano de Búsqueda de la Ciudad de México.


1 Esto hasta julio de 2024, según datos del Registro Estatal de Personas Desaparecidas de Jalisco y al monitoreo de hallazgos de fosas clandestinas que hacemos en el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana.

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Publicado en: Justicia, Seguridad