La política como vocación y memoria

La política, lejos de ser un mal necesario, es un bien práctico.
—Bernard Crick

Ya hace tiempo que Bernard Crick estudió algunos de los riesgos que la actividad política enfrenta en diferentes gobiernos, ya sea por el predominio de una ideología, por el “despotismo democrático” que nos advirtiera Tocqueville, por el nacionalismo unitario, la tecnocracia, etc. Porque a final de cuentas toda acción política implica la conciliación de intereses divergentes, el reconocimiento de la pluralidad social, con el fin de evitar la violencia y buscar el bienestar social. En ese sentido, se requieren nuevas voces que nos ayuden a reivindicar la política en momentos de confrontación y de nuevos despotismos democráticos.

Viaje a la Memoria. Un recuento personal, el más reciente libro de Otto Granados Roldán, es un buen motivo para reflexionar no sólo sobre las actividades de este intelectual político aguascalentense, sino también sobre el ejercicio del poder y de la política en el México contemporáneo. Es ciertamente un libro poco usual en la tradición política mexicana en donde no se han dado muchos políticos ilustrados, salvo en la generación de la Reforma como bien lo estudiaran Cosío Villegas y Reyes Heroles, y en donde escasean los que se atreven a poner por escrito y argumentar sobre el porqué de algunas decisiones y políticas.

Si bien el libro da cuenta de las principales decisiones y logros durante sus cuarenta años en el servicio público (de 1980 a 2018), el autor ha sabido otorgarle sentido a una gran cantidad de experiencias, de tal manera que nos ofrece un libro de historia condensada sobre los grandes cambios en el país y en Aguascalientes desde una perspectiva personal pero no necesariamente desde el ego. Ciertamente se trata de un “recuento personal”, pero afortunadamente nos ofrece una serie de contextos que nos permiten tener un panorama más amplio que va más allá del solo recuento de la historia política personal y sus éxitos.

La preocupación reciente en la construcción de la Memoria tiene que ver por un lado con la pregunta desde dónde y quién la cuenta, pero también con la reconstrucción del pasado no desde la distancia sino a partir de una “historia viva”, como lo recomendara hace ya algunos años Edmundo O’Gorman, una historia que permita una mayor comprensión del pasado pero también de nuestro presente. En “La Historia y la acción”, su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Historia en 1968, Jesús Reyes Heroles también nos advirtió que escribir historia “impone formar parte del presente, tratando hechos que pertenecen al pasado” pero en un diálogo con el presente, por lo que la dicotomía entre el intelectual y el político argumentada por Ortega y Gasset entre otros es cuestionada para dar paso al “intelectual político”, una figura que evita la cerrazón del “todo o nada” de los intelectuales, quienes intentan preservar la pureza de las ideas, por lo que don Jesús va a reivindicar la política como actividad cultural en constante renovación, “e impele a estar dentro de la sociedad en que se vive en una posición crítica, con el deseo de cambiarla o conservarla”.1 Una figura, la del intelectual político, que bien encontramos realizada en el libro que hoy presentamos.

Viaje a la Memoria está integrado por quince capítulos pero no contados de manera estrictamente cronológica, sino utilizando recursos narrativos que ayudan a los lectores a mantener el interés. Por ejemplo, el libro inicia con uno de los finales de su carrera política, es decir en el momento en que el autor ha concluido su gestión como gobernador del estado (en 1998 y con 42 años), lo cual le permite reflexionar en términos amplios sobre el poder, citando el texto de Max Weber en La política como vocación en donde está planteado uno de los grandes dilemas de quien piensa dedicarse a la política y que sin duda marcó al autor. La cita a Weber va a ser importante: “Quien hace política pacta con los poderes diabólicos que acechan en torno de todo poder. Quien busca la salvación de su alma y la de los demás que no la busque por el camino de la política…”. Pero ese pacto con el diablo no implica someterse a todos los designios del mal, sino a tratar de encontrar a los lazarillos que nos guíen en el infierno, es decir a intentar hacer política.

El hilo conductor del libro de Granados Roldán son las propuestas de reforma que impulsaron tanto Reyes Heroles como Salinas de Gortari, y que el mismo autor promoverá e instrumentará desde sus diferentes actividades públicas, especialmente como gobernador del estado y como secretario de Educación: “Ver de primera mano tanto la forma de actuar de don Jesús como el tamaño y la extraordinaria complejidad de la SEP, fue sin duda una de las principales lecciones que recibí tanto en mi dedicación a la educación como en mi formación política” .

Al comentar la relación entre la prensa y el poder señala lo que parecería una clara diferenciación entre uno y otro, dado que el objetivo por ejemplo de la comunicación de la Presidencia es hacer todo lo posible para que las noticias salgan del agrado del presidente, sin importar si son verdaderas o falsas. Una tensión entre prensa y poder que parece inevitable dado que la prensa profesional requiere de documentar sus noticias. De ahí la necesidad de mantener una relación profesional con los periodistas, de acuerdo a la memorable recomendación de Martin Fitzwater, Secretario de prensa de George H.W. Bush, al advertir de no mezclar la amistad con el periodismo desde las oficinas de prensa: “Trátelos como profesionales —le aconsejó a Bush padre— y serán sus amigos. Pero trátelos como amigos y lo traicionarán siempre”. Y agrega el autor: “Nunca más cierto que ahora”. Pero los éxitos de un buen vocero, como se argumenta en el libro comentado, tienen que ver con un buen presidente y con un gobierno que funcione y logre resultados, sobre todo si estamos hablando en un sistema democrático. Un tema que merece una mayor reflexión a la luz de un presidente popular pero con escasos resultados.

Después de contar las experiencias vividas internacionalmente, acompañando al presidente Salinas, el autor hace un repaso mental y emocional de sus primeros diecisiete años después de dejar la casa paterna: “Trabajé para personajes excepcionales. Vi de cerca acontecimientos históricos y aprendí muchísimo”, al grado de preguntarse “¿de verdad viví todo eso?”. Había presenciado encuentros con los principales líderes mundiales del momento, de Margaret Thatcher al Papa Juan Pablo II, pasando por personalidades que ayudaron a cambiar nuestra perspectiva del mundo global como Mijaíl Gorbachov, Václav Havel, Helmut Kohl o Felipe González. Una experiencia de vida sin duda única para un joven hidrocálido, a la edad de 36 años…

El regreso a su estado natal lleva al autor a reflexionar sobre la necesidad de reconocimiento que padecen todos los seres humanos, pero también sobre “cierta neurosis que padecen los que se dedican a la política y que a veces degenera en un fin en sí mismo: ‘mandar por la fruición pura de mandar’ decía el doctor Marañón, ‘como el avaro ama al oro por el oro: sólo por el gusto de oírlo sonar en su bolsa’”.  Sin embargo, su regreso a Aguascalientes lo lleva también a plantear el deseo, sobre todo cuando se es joven, “de cambiar las cosas y hacer algo útil por la comunidad, es decir, tratar de dotar a la política de un sentido de propósito.” Incluso se cuestiona si la política es lo que “hubiera querido hacer en la vida” y al recordar los doce años entre los diferentes periodos presidenciales que pasó en la academia, señala algo fundamental: “Me di cuenta del valor que supone tener una vida antes y después de la política”. Porque ciertamente los peligros de la política también suelen devorar a sus participantes, especialmente en momentos en que se ha desacreditado toda acción pública.

De aquí la importancia de este libro que defiende en primera instancia la política, la posibilidad de cambiar las cosas para bien, no la grilla que termina fracturando todo hasta derribarlo. De ahí que contar sus años como gobernador en Aguascalientes, sea también mostrar la posibilidad de que se pueden lograr gobiernos eficientes, de resultados, con una propuesta de reforma. De ahí la importancia de reconocer gobiernos que han sido prudentes financieramente, que han impulsado la transformación económica, y que han fortalecido el Estado social a través de las instituciones educativas y de salud en beneficio de los más necesitados.

La parte más apasionada en el libro es el momento en que instrumenta la reforma educativa en el estado a la par que se dio la descentralización en el ramo, lo cual llevaría a cabo como bien lo señala el autor gracias a su equipo de trabajo y por su programa de reformas que fueron desde la ampliación del calendario escolar y de la oferta educativa misma, hasta vincular la educación con el empleo, pasando por supuesto por mejorar los aprendizajes y establecer estímulos al desempeño de los docentes, todo formulado en el Programa Estatal de Educación (1992-98). Reformas que, como lo reconoce el autor, se habían pensado desde los primeros reportes de la Comisión Nacional de Excelencia en Educación en Estados Unidos, los cuales crearon un ambiente global para una nueva generación de gestión educativa. Sin embargo, en México el poder del sindicato de la educación se había convertido en un poder dentro del Estado y en un obstáculo para la reforma.

La crónica de estos días, que incluye hasta las frases de sus críticos (“salario mínimo al gobernador pa’que no ande de hablador”), es la del “conflicto de mayor calado —como lo reconoce el autor— que tuvimos que enfrentar en el sexenio pero también el más aleccionador”. Porque en el ejercicio del poder, y sobre todo cuando se emprenden reformas que afectan intereses creados, “lo peor que se puede hacer es claudicar ante la posibilidad de conflicto”, por lo que todas las capacidades y fortalezas de un gobierno legítimo se expresan en estos momentos. Y en donde la política que permite la negociación pero también la firmeza de las decisiones públicas se logra expresar.

Sobre la educación superior, un tema que el autor ha estudiado y publicado en otras partes, analiza un proceso más general que ha llamado de “devaluación educativa” dado que “el grado universitario tradicional de una licenciatura había perdido ya importancia relativa como fuente de movilidad social y económica, generando desempleo y subempleo”. Porque frente al prestigio que se le otorgaba familiar y socialmente a un título universitario, habría que preguntarse si todos los alumnos inscritos están preparados para llegar o bien sería importante reforzar el proyecto de opciones a nivel técnico superior, como es el caso de Alemania o Suiza, lo cual permitiría una mejor integración al mercado laboral.

Hay otro elemento que agrega el autor y que me parece central en estos momentos: el modelo de gestión de las instituciones de educación superior que desafortunadamente han sido capturadas o secuestradas por cacicazgos internos, que controlan los órganos principales de gobierno y las formas de contratación, de tal manera que, dice el autor, se han conformado “pequeños principados”. El tema clave desde luego es la autonomía que se ha esgrimido contra la intervención de los gobiernos, lo cual puede tener claras justificaciones ante cacicazgos mayores, pero que desafortunadamente no permite la discusión de la autonomía al interior de las instituciones, lo cual tiene que ver con la degradación por la cooptación de los órganos de gobierno como las Juntas de Gobierno o el control de las instancias representativas como los Consejos Universitarios.

Para ello, el autor plantea “mecanismos modernos de rendición de cuentas”, lo cual va más allá de la asignación presupuestal y que tiene que ver con las exigencias de la economía del conocimiento y de la cuarta revolución tecnológica en este siglo XXI. Para lo cual se requeriría, me atrevo a agregar, centros de investigación no estructurados de una vez y para siempre, sino por proyectos y resultados que combinen de manera virtuosa publicaciones científicas de calidad global, con investigación aplicada relevante para la transformación social y económica del Estado.

Dentro del tema de las finanzas públicas hay uno en especial que merece también un acercamiento. Se trata desde luego del tema del agua, sin duda central para la viabilidad a mediano plazo de la ciudad y del estado de Aguascalientes. Más allá de cuestiones ideológicas o de campañas políticas, el modelo optado por el municipio de Aguascalientes de una gestión privada ha sido sin lugar a dudas mayormente eficiente que la administración municipal tradicional. Es un modelo que se gestó durante el gobierno de Fernando Gómez, como bien lo reconoce el autor con un apoyo decidido desde su gobierno, y que ha tenido la posibilidad de perdurar con capacidades técnicas institucionales y con mecanismos robustos de transparencia. Frente a la crítica a este modelo, el autor discute con la propuesta de “ciudadanización”, dado que no existen ciudadanos puros, para concluir que de lo que se trata es de una mejor supervisión, regulación y control de los sistemas concesionados al sector privado, lo cual implica gobiernos fortalecidos institucionalmente.

Me parece que habría que llevar la discusión sobre el agua, un aspecto ciertamente complejo y sensible, más allá de la concesión municipal para contextualizarla dentro del balance hídrico del estado y de la cuenca, sobre todo en momentos de escasez y de concentración del recurso hídrico. Ello no descarta por supuesto una gestión privada eficaz, bajo supervisión y control, pero al mismo tiempo implica controlar y supervisar el oligopolio de las aguas superficiales y subterráneas el cual ha estado menos visible que la concesión municipal. Porque  a final de cuentas, lo sabemos desde los clásicos, el liberalismo es también una propuesta de buen gobierno y de administración de recursos escasos. Cuando Reyes Heroles planteó el liberalismo social, era una manera de rescatar al liberalismo del imperativo del mercado. Porque más allá de la disyuntiva tradicional entre mercado y Estado, es importante que encontremos el necesario equilibrio para avanzar en un desarrollo con libertad y justicia.

Los siguientes capítulos del libro refrendan la importancia que tuvo el TLCAN para Aguascalientes, dada la pequeña economía del estado, el tener un gobierno enfocado en los resultados, hasta la gran crisis de 1994-95 con el levantamiento zapatista y el asesinato de Colosio, donde se muestra a un presidente devastado “en todos los sentidos”, con la presión del “mandarinato” priista para elegir al sucesor, y con un ambiente político en la ciudad de México “en franca descomposición”. Y el autor menciona algo en lo que vale la pena detenerse y que considera una asignatura pendiente: los testimonios de Zedillo y Aspe sobre esos días, “porque no se puede ir por la vía pública o, con más propiedad, dejarla atrás, sin dar explicaciones sobre hechos y decisiones en que participaron: es un problema ético significativo”. Porque el presidente Zedillo amplió la fractura entre los reformistas y la nomenklatura del PRI y dejó al mismo tiempo que la “vieja guardia” se recompusiera en los partidos que luego le darían vida a Morena. Con ello el autor ofrece una perspectiva que puede explicar lo que Roger Bartra llamó “fango sobre la democracia”; es decir, cómo las redes ocultas del poder se habían trasladado a otros partidos hasta construir el neopopulismo a la mexicana.

Hay un asunto que para algunos puede pasar desapercibido pero que va a ser fundamental para entender el estilo del autor: el conocimiento de la obra de Ibargüengoitia, y más aún la recopilación de las columnas semanales de este autor en el periódico Excélsior con el fin de publicarlas. Porque este libro sobre el poder está salpicado de buen humor y de ironía, lo que le otorga una lectura diferente. Por ejemplo, cuando ingresa a la SEP con Reyes Heroles y éste como buen veracruzano le lanzó una frase que reflejaba su estilo personal: “Aquí no viene a descansar, viene a chingarse”. O cuando está contando sobre la venta de la Plaza de Toros, refiere al escritor español Ramón Pérez de Ayala que le da sentido a su postura al respecto: “Si yo fuera dictador prohibiría las corridas de toros; como no lo soy, no me pierdo ni una”. También este humor se muestra cuando cita a Lyndon B. Johnson al momento en que le preguntaron sobre por qué era tan difícil quitar a Hoover: “Si hay un elefante suelto, prefiero tenerlo dentro de la carpa orinando hacia afuera, que afuera orinando hacia adentro”. O ante los resultados de las elecciones en 1995, la cita de Amado Nervo refleja la tristeza de la derrota: “Hallé sin duda largas las noches de mis penas.” El humor, ¿por qué no?, como una forma de aprendizaje político.

El libro de Otto Granados es una invitación a reflexionar sobre nuestra historia reciente, pero también a debatir racionalmente más allá de la división entre políticos y académicos. Reflexionar sobre los alcances y límites del poder, de ir más allá de la clásica dicotomía entre Estado y Mercado y de reivindicar la política a partir del fortalecimiento de un Estado social con una clara eficiencia en el gasto, que apoye por ejemplo decididamente la educación y los programas sociales al mismo tiempo que se tiene una administración responsable. Se trata efectivamente de un liberalismo social que la historia de México, como bien nos lo enseñara Reyes Heroles, supo reivindicar desde el siglo XIX. Porque los principios sociales revolucionarios, las garantías sociales que hicieron de México un país de avanzada junto con la vanguardia artística posrevolucionaria, efectivamente no fueron de generación espontánea. Se trata a final de cuentas de una reivindicación de la política, en momentos en que ésta pareciera estar nuevamente en riesgo.

 

• Otto Granados Roldán, Viaje a la Memoria. Un recuento personal, Ediciones Cal y Arena/Instituto Cultural de Aguascalientes, 2022, 525 pp.

 

Víctor M. González Esparza
Profesor-investigador, Departamento de Historia, Universidad Autónoma de Aguascalientes


1 Reyes Heroles, J. “La Historia y la Acción”, Discurso de ingreso pronunciado por…, en Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, Tomo XXVII, Núm. 3, julio-septiembre 1968, 226-247.

2 Marañón, G. El Conde-Duque de Olivares. La pasión de mandar.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Política