La representación proporcional en México

En el verano de 2022 se debatió breve pero intensivamente sobre la representación proporcional en México, especialmente con respecto a la Cámara de Diputados. El debate fue detonado por una iniciativa de ley presentada por el Ejecutivo, que tenía como principal objetivo desmantelar al Instituto Nacional Electoral (INE). La iniciativa no prosperó en las Cámaras debido al repudio ciudadano. La creación del INE fue, sin duda, un momento trascendental en la historia nacional y el despropósito implícito de devolver el control de las elecciones al gobierno fue rechazado por la oposición legislativa.

Sin embargo, ahora que comienza la cuenta regresiva para un nuevo sexenio es pertinente retomar el tema de la representación proporcional, desvinculándolo de cualquier conexión con el INE o el control de las elecciones mismas. Se trata de determinar cuál sería la forma más democrática de asignar representantes en la Cámara de Diputados. Como veremos, no es tan difícil.

Actualmente hay dos tipos de diputados: los que se eligen en cada uno de los 300 distritos electorales (los llamados diputados uninominales) y 200 más (los plurinominales), que se les asignan a los partidos tratando de equilibrar el número de sus diputados con la proporción de votos que han obtenido en las elecciones. Una dificultad inicial es que esos 200 diputados se reparten en cinco circunscripciones (o sea cuarenta diputados por cada una) y a cada partido se le otorga un porcentaje de esos diputados por circunscripción. Si un partido obtiene 20 % de los votos en una circunscripción, se le otorgan ocho diputados para esa circunscripción (20 % de 40), además de los diputados que obtenga en otras circunscripciones. Ningún partido puede tener más de 300 diputados (del total de 500). Además, hay otra serie de problemas y trucos asociados con el conteo de los votos para cada partido, especialmente cuando forman coaliciones. Con esos trucos se ha logrado la sobrerrepresentación electoral de alianzas, por ejemplo, de la coalición alrededor de Morena en las elecciones de 2018. Aquí nos limitamos a discutir la esencia del problema; habrá que abordar las cuestiones secundarias por separado.

Ilustración: Víctor Solís

Plurinominales a la mexicana

La distribución de diputados a través de cinco circunscripciones no tiene sentido, ya que la Cámara de Diputados es nacional. Además, se asignan los 200 plurinominales de acuerdo con el número de votos, pero separado del cálculo del número de diputados uninominales que ya tiene cada partido. Eso obliga a introducir reglas adicionales, como aquella que estipula que cada partido no puede tener más del 8 % de sobrerrepresentación electoral.

Supongamos que en cada uno de los 300 distritos electorales se elige a un diputado por el principio de mayoría relativa. Supongamos que tenemos tres partidos A, B y C que obtienen el 40 %, 30 % y 30 % de los votos. Supongamos que cada partido gana, respectivamente, 200, 60 y 40 diputados uninominales. La tabla muestra la distribución de uninominales para cada partido. Para simplificar los cálculos supongamos que la votación es uniforme sobre las cinco circunscripciones (como si hubiera una sola circunscripción). Como la tabla muestra, antes de distribuir los diputados plurinominales, el partido A tiene una sobrerrepresentación de 26.6 %, mientras que los partidos A y B están claramente subrepresentados.

Partidos

A

B

C

% de votos

40 %

30 %

30 %

Uninominales

200

60

40

Plurinominales

0

0

0

Total

200

60

40

% de diputados

66.6%

20%

13.3%

Para equilibrar las cosas distribuimos los plurinominales, sin considerar aún el límite de sobrerrepresentación. Si de los 200 diputados plurinominales le otorgamos el 40 % al partido A (80 diputados), 30 % al partido B (60 diputados) y 30 % al partido C (60 diputados), tenemos ahora la nueva situación mostrada en la tabla.

Partidos

A

B

C

% de votos

40 %

30 %

30 %

Uninominales

200

60

40

Plurinominales

80

60

60

Total

280

120

100

% de diputados

56 %

24 %

20 %

La sobrerrepresentación del partido A es ahora menor, pero sigue presente. Ahora bien, la ley electoral mexicana especifica que ningún partido puede tener más del 8 % de sobrerrepresentación respecto a sus porcentajes comparativos de votos y de diputados. Si limitamos el número de plurinominales del partido A a 40, para que su sobrerrepresentación no rebase el 8 %, obtenemos la tabla siguiente.

Partidos

A

B

C

% de votos

40 %

30 %

30 %

Uninominales

200

60

40

Plurinominales

40

80

80

Total

240

140

120

% de diputados

48 %

28 %

24 %

Ahora el partido A tiene 48 % de los diputados con el 40 % de los votos y los partidos B y C siguen estando subrepresentados, aunque en menor proporción.

Como se ve en estas tablas, el sistema electoral mexicano favorece al partido más grande, el que puede ganar más diputaciones uninominales. Aun cuando con estos porcentajes de votos sería posible lograr representación proporcional perfecta, como veremos a continuación, esto no se logra porque el cálculo de asignación de los diputados plurinominales se hace sin considerar primero las diputaciones uninominales ya obtenidas del total de 500 diputaciones.

Cómo asignar diputados plurinominales

Se puede simplificar todo el sistema de asignación de diputados plurinominales de la siguiente manera. Mantenemos los 300 distritos electorales y los 200 diputados uninominales. Supongamos de nuevo que los tres partidos A, B y C obtienen el 40 %, 30 % y 30 % de los votos. Supongamos, de nuevo, que cada partido gana respectivamente 200, 60 y 40 diputados uninominales. El partido A tiene inicialmente una clara sobrerrepresentación, ya que con 40 % de los votos recibe 200 de 300 diputados. Pero si tenemos 500 diputados en total, con el 40 % de los votos el partido A debería tener 200 diputados y los partidos B y C deberían tener 150 cada uno. Como A y B ya tienen 60 y 40 diputados uninominales, respectivamente, sólo hay que otorgarle 90 diputados plurinominales al partido B y 110 al partido C. El partido A ya no recibe diputados plurinominales. Se alcanza de esa manera una representación proporcional perfecta. La tabla resume lo explicado.

Partidos

A

B

C

% de votos

40 %

30 %

30 %

Uninominales

200

60

40

Plurinominales

0

90

110

Total

200

150

150

% de diputados

40 %

30 %

30 %

 
Hay una serie de complicaciones para aplicar este sencillo método. Una es la posibilidad de que un partido gane todas las diputaciones uninominales con, digamos, 40 % de los votos. Tendría así 60 % de los 500 diputados y no hay manera de corregir esa sobrerrepresentación con sólo 200 diputados plurinominales, no importa como se les repartiera. Habría que decir, sin embargo, que la probabilidad de que esto ocurra es muy baja, como demuestra la experiencia histórica en otros países. En Alemania, donde se emplea un método muy similar al que describo, el número de diputados plurinominales no está fijo y se añaden tantos como sea necesario hasta alcanzar la representación proporcional de todos los partidos. Sin embargo, en todos los años transcurridos desde que se realizan así las elecciones, nunca se ha dado el caso de que el número de diputados plurinominales tenga que ser excesivamente alto para poder balancear la representación proporcional.

Otro problema es que los minipartidos pueden llevar a que se diluya la representatividad de los partidos con mayor presencia nacional. Por eso las leyes electorales en muchos países fijan un mínimo de votos para poder recibir diputados plurinominales. En México ese límite es de 3 % de la votación nacional. La experiencia reciente muestra que ese porcentaje es muy bajo. Se podría aumentar a 5 % para lograr que sólo partidos con respaldo social real estén representados en las Cámaras. Se evitaría así que fundar un minipartido se convierta en el negocio que es ahora. Con ese umbral de votos, los votos emitidos a favor de aquellos partidos que no lo alcanzan se descuentan del total de votos antes de asignar los diputados plurinominales (como ya se hace con el umbral de 3 %).

Cuando los porcentajes de votos obtenidos no son tan “redondos”, como en el ejemplo que acabo de presentar, hay que hacer ajustes que son relativamente sencillos, pero que han dado lugar a montañas de literatura. Por ejemplo, si los porcentajes de los partidos son ahora los de la tabla, el cálculo varía.

Partidos

A

B

C

% de votos

42.51 %

30.49 %

27 %

Uninominales

200

60

40

Plurinominales
necesarios

12.55

92.45

95

Total

212.55

152.45

135

% de diputados

42.51 %

30.49 %

27 %

Para restablecer representación estrictamente proporcional, se requiere un número fraccionario de diputados plurinominales (12.55 para el partido A y 92.45 para el partido B). Como no se puede fraccionar diputados, sólo queda el recurso de redondear las cifras y el partido A recibe entonces 13 diputados, mientras el partido B recibe 92. El partido A logra una pequeña sobrerrepresentación mientras que el B está subrepresentado. Pero el error máximo es de un diputado, de más o de menos, por cada partido. Este es un problema secundario.

Reparando el sistema electoral mexicano

Como se ve de la descripción anterior, la esencia de lo que propongo es que el cálculo de representación proporcional se haga con base en los 500 diputados que tiene la Cámara de Diputados, y no con base en los 200 diputados plurinominales. Es un cambio digamos de “cirugía menor” en el sistema electoral mexicano, pero que representaría un gran avance democrático.

Si un extraterrestre llegara hoy a México y viera cómo se calcula la representación proporcional, pensaría que los mexicanos no saben contar. Tan fácil que es tomar 500 y no 200 de referencia. Pero el problema es que los políticos sí saben contar, y muy bien, cuando de votos se trata y de sacar ventaja. Los 200 diputados plurinominales en México y su forma de ser asignados son un producto histórico de las negociaciones con los sucesivos gobiernos del PRI en el contexto de diversas reformas electorales.

En los buenos viejos tiempos del carro completo, el PRI ganaba en todos los distritos. Para paliar ese pequeño defecto se les otorgaba a los otros partidos un puñado de “diputados de partido”. Con la Reforma Electoral de 1977, se aumentó el número de distritos electorales de 237 a 300 y se introdujeron los diputados plurinominales, cien en aquella ocasión. La idea era que el PRI seguiría, para siempre, con sus 300 diputados y la oposición se repartiría los 100 plurinominales. En 1986 otra reforma electoral aumentó el número de plurinominales a 200, con un máximo de 350 diputados para un solo partido. Ahora el PRI, que ya perdía elecciones, participaría en el reparto de curules plurinominales. Con las reformas electorales de 1990 y 1996 se llegó al actual sistema. Como vemos de este recuento, en el cálculo de los diputados plurinominales iba siempre implícita la idea de que un partido hegemónico iba a conquistar la mayor parte de los distritos uninominales y los 200 diputados plurinominales serían sobre todo un paliativo para la oposición.

Pero ha llegado el momento de aprender a contar. Desgraciadamente, cuando un partido se hace dominante, pierde de pronto todo interés en avanzar hacía la representación proporcional. La modificación expuesta arriba es extremadamente sencilla y haría obsoletas reglas adicionales (como lo del 8 % de sobrerrepresentación) que tienen su origen en un cálculo de proporcionalidad basado en el número 200 y no en el número 500.

Aquí debo agregar que es fácil producir ejemplos numéricos patológicos que conducen a un grado de sobrerrepresentación excesivo (como lo mencionado arriba sobre un partido que gana casi todos los distritos electorales). Esos ejemplos, sin embargo, son improbables y, en última instancia, el método aquí explicado es una mejor solución que el método actual. Es un método de “mejor esfuerzo”, que no garantiza representación estrictamente proporcional en el 100 % de los ejemplos numéricos que alguien se pueda imaginar, pero sí en el mundo real (con un INE y tribunales electorales funcionando).

Otra reforma simple pero más complicada

Cuando le planteo estas ideas a mis amigos se ríen de mí por atreverme a pensar que en México se pueden aplicar recetas que han resultado exitosas en otros países. “¡Uy, eso es para Alemania!”, exclaman. Pues bien, para seguir ahondando en las reformas electorales que le hacen falta al país, permítanme comenzar con Francia, para seguir con Alaska y Australia.

Un problema fundamental de la elección por mayoría simple es que, si cuatro partidos contienden, por ejemplo, en la elección presidencial, un candidato puede resultar electo con el 30 % de los votos. Por eso en Francia hay desde 1965 un sistema electoral con dos vueltas: en la primera se vota por cuatro o más candidatos. Si nadie recibe mayoría absoluta, los dos candidatos con el mayor número de votos pasan a la segunda vuelta, donde los votantes se pueden reacomodar y resulta electo el candidato con más votos.

La gran ventaja del sistema electoral con dos vueltas es que los diversos partidos pueden contender promoviendo cada uno su programa. Si un candidato recibe el 30 % de los votos (con los que quizás hubiera ganado en una sola vuelta), puede perder en la segunda vuelta si el 60 % de los votantes no lo acepta. Así se evita que un candidato impopular para la mayoría pudiera ganar sólo porque se fragmentaron los votos entre varios partidos. El más interesado en que Movimiento Ciudadano tenga un candidato fuerte en 2024 es Morena, precisamente para fragmentar el voto de la mayoría que nunca ha votado por ellos. Con una elección a dos vueltas esa estrategia de dividir el voto perdería sentido.

Ya sé que desde que llegó el actual gobierno al poder, de pronto les entró la gran preocupación para ahorrar dinero en las elecciones. Con ese peregrino argumento se ha estado debilitando al INE. Pues sí, efectivamente, las elecciones más baratas son las que no hay que realizar. Si instauramos la monarquía hereditaria en México, por ejemplo, con una dinastía tabasqueña, nos ahorramos al INE y además a todos los diputados uni y plurinominales. Elecciones a dos vueltas: seguramente sólo se pueden realizar en países como Francia, Chile, Argentina y Brasil.

Por eso habría que agregar que existe una alternativa al sistema de dos vueltas que no cuesta más dinero que una sola vuelta: consiste en numerar en la boleta electoral a todos los candidatos por orden de preferencia. Si hay cuatro candidatos para una diputación, en mi boleta escribo quien es para mi el candidato número uno, el dos, el tres y el cuatro, según mis preferencias. Cada votante hace lo mismo y al contar los votos se hace lo siguiente: a cada candidato se le asignan los votos donde aparece como número uno. Si alguno tiene mayoría absoluta, ya ganó. Si no es así, el candidato X con el menor número de votos se elimina de la lista y sus votos se reparten entre los candidatos que hayan sido numerados como segundo candidato en las boletas donde X era el número uno. Si ahora un candidato tiene mayoría absoluta, ya ganó. Si no es así, se elimina al siguiente candidato Z con el menor número de votos, que se asignan a los candidatos que eran la siguiente preferencia en las boletas de Z. Se repite el procedimiento iterativamente hasta que un candidato tiene la mayoría absoluta. Este método de conteo de votos se puede realizar de manera manual, pero es más sencillo hacerlo con computadoras. Es por eso una reforma que habría que discutir para más adelante.

El método descrito equivale a lo que se llama la “segunda ronda instantánea”. Se utiliza en algunos países y hasta en Estados Unidos, específicamente en Alaska, en San Francisco, y otras ciudades. También en Irlanda y en Australia se han introducido las elecciones por ranking, con muy buenos resultados.

Para 2024 es ya muy tarde, pero quizás se pudiera abogar (y luchar) por la introducción de la representación proporcional basada en el método que considera el número global de 500 diputados para las elecciones de 2030. Y quizás, algún día, pudiéramos tener al menos la elección presidencial en dos vueltas o por ranking.

 

Raúl Rojas
Matemático y economista destacado en el campo de la inteligencia artificial y de la robótica. Estudió e impartió clases en el Instituto Politécnico Nacional y en la UNAM. Recibió su doctorado y habilitación en la Universidad Libre de Berlín. Ha sido profesor e investigador en una docena de universidades europeas, estadunidenses y mexicanas.

Referencias

El lector interesado puede encontrar la descripción simplificada de algunos algoritmos de representación proporcional en R. Rojas, “Algorithms for proportional representation in parliament in multiplicative and divisor form”. Los algoritmos de elecciones por ranking se pueden consultar en W. Wallis, “The Mathematics of Elections and Voting”, Springer-Verlag, 2014.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Ciencia, Política

Un comentario en “La representación proporcional en México

  1. Ojalá y se pudiera llevar a cabo eata propuesta pero tal vez el supremo gobierno lo deje para otra ocasion

Comentarios cerrados