La salud del secretario de Educación Pública

Actualización: el 19 de agosto nos enteramos, a través de un pequeño párrafo en una columna, que el secretario de Educación Pública fue dado de alta el fin de semana. Ningún medio traía la nota.

La noche del jueves 6 de agosto, varios reporteros y especuladores comenzaron a tuitear sobre la salud de Emilio Chuayffet, secretario de Educación Pública. El periódico UnoMásUno –ahora una mezcla de nota roja y tipografía Comic Sans, que comete errores como éste– decía que se encontraba “grave”, sin dar mayor información. Algunos reporteros rumoraban que se trataba de un infarto, otros de un problema renal. En el noticiero de Joaquín López Dóriga (ver minuto 42) se dio el parte oficial: sí estaba ingresado, pero desde el martes en la tarde por “deshidratación”.

transparencia

Al día siguiente, los medios retomaron la información. Se explicó que Chuayffet, de hecho, había sido operado dos semanas antes de la vesícula. Primera noticia que se tuvo del tema. La SEP, en el único comunicado que ha emitido hasta ahora, dijo lo mismo: “ligera deshidratación”.

Ese día, los periódicos nacionales informaron un poco más. Ya no se encontraba en un “hospital de Santa Fe”, sino había sido trasladado al Hospital Militar. ¿De dónde provenía la información? De “fuentes de la Secretaría”.

El 11, el vocero de la Secretaría, Jorge Medina, dijo que el estado de salud de Chuayffet “es bueno”.

Desde entonces, la información ha sido escueta, y sólo ha pasado por el tamiz de los trascendidos. Ayer 13 de agosto, por ejemplo, Eje Central publicó lo siguiente: “Luego que una deshidratación, pero tanto tiempo tan delicado llena de suspicacia. Claro, dicen los que saben, a don Emilio no lo aquejan esos males, sino un infarto severo que tuvo”.

La salud de un secretario de Estado tratada como un chisme. Y no más.

Vale la pena hablar del tema por lo siguiente: se trata de la salud de un miembro del gabinete, en teoría responsable de implementar la primera de las llamadas “reformas estructurales”, la educativa. 

De un secretario que, se supone, debe estar a la cabeza –o por lo menos participando de forma activa– en el complicado movimiento de la transformación del IEEPO, el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, el estado con más conflictos educativos del país. 

No obstante, en la agenda pública, y en la agenda gubernamental, el tema no ha cobrado mayor relevancia. A 10 días de haber sido ingresado, la explicación oficial sigue siendo ésa, una “leve” deshidratación. Algunos periódicos han mencionado que se espera que Chuayffet sea dado de alta “en estos días”, sin especificar cuándo ni en qué condiciones. Menos si podrá retomar su puesto, que, oficialmente, sigue ocupando.

No se trata de especular, pero sí de hacer preguntas y pedir explicaciones. En México, en cuestiones de salud de funcionarios, la opacidad siempre ha sido la regla. En más de una ocasión –la última respecto a la segunda cirugía que se le hizo al presidente Enrique Peña Nieto, a mediados de este año–, organizaciones no gubernamentales han pedido que se haga público el expediente médico del presidente. No obstante, tanto el INAI como el Poder Judicial han negado la petición. El expediente de Peña Nieto sigue cerrado por “protección a datos personales”.

O no hay que ir más lejos de la propia Secretaría de Educación. Cuando Alonso Lujambio estuvo a cargo, pasaron casi dos semanas para que se diera a conocer que estaba hospitalizado por "insuficiencia renal severa".  Lujambio padecía un mieloma múltiple que le quitó la vida en septiembre de 2012, un mes después de rendir protesta como senador.

La salud de los funcionarios, en particular aquellos que encabezan las dependencias –municipales, estatales y federales– es de interés público. Los ciudadanos deben conocer si quienes gobiernan están en condiciones de hacerlo, si pueden tomar decisiones complicadas en momentos difíciles. Por ejemplo, cuando Vicente Fox fue operado de la columna en 2003, designó a Santiago Creel como encargado mientras se encontraba bajo anestesia. En el caso del presidente Peña Nieto, no fue sino hasta que la operación –en la que fue sometido a anestesia– concluyó, que los ciudadanos se enteraron que había sido intervenido.

(Una de las primeras preguntas que le hicieron los reporteros a los médicos, por cierto, no fue el motivo por el que se había realizado la cirugía, en qué condiciones, y qué sucedería después, sino sobre el estado de ánimo del presidente.)

A 10 días –y los que sigan– de que hayan internado al secretario de Educación Pública, es nuestro deber seguir hablando del tema.

Esteban Illades


5 comentarios en “La salud del secretario de Educación Pública

  1. Sabemos que en Mèxico nunca pasa nada y que todos nuestros gobernantes y funcionarios de primer nivel federales, estatales y municipales, pase lo que pase, siempre gozan de cabal salud y así lo debe aceptar la "indiada", pues estos señores de la Casta Dorada, solo se enferman cuando renuncian a sus jugosos puestos por razones de salud. Un abraso. Vale.

  2. La salud de un funcionario no es tema menor,dado su responsabilidad oficial porque el ministerio a su encargo debe ser eficiente,como medida lógica debe haber un encargado de despacho en tanto el suceso termina,el comentar " una leve deshidratación " es considerar esta una información fuera de contexto ,una falta de respeto a la información verídica ,esto solo refleja la distorsión cotidiana como se maneja todo,continuemos jugando con el pasamontañas .

  3. Mis mejores deseos por la recuperacion completa del Sr. Secretario de Educacion. Mis sugerencias a la prensa: Ojala este temoa de altos funcionarios enfermos, sea tratado con seriedad, formalidad y con informacion veraz, ya que, efectivamente, los ciudadanos comunes como yo, tenemos todo el derecho de saber la verdad, opinar sobre ella y exigir nuestros derechos constitucionales entre otros, pedir a quien corresponda que si el funcionario no goza de la Salud Fisica y Mental suficiente para manejar los intereses del Pais en el ambito en el que fue nombrado responsable, sea removido de su cargo. Resulta absurdo y falto de reseto a la poblacion, que se nos informe solo hasta cuando el funcionario se encuentra en situacion grave, irrecuperable o fallecido.

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