La victoria de Francia Márquez

Hoy, en Colombia, es la primera vez que en Latinoamérica se vive un fenómeno de reivindicación de los derechos de las mujeres negras al poder. Hoy, todo el mundo, puede observar cómo una mujer muchas veces señalada y estereotipada desde diversas dimensiones puede ser la primera vicepresidenta del país.

Ilustración: Jonathan Rosas
Ilustración: Jonathan Rosas

A Francia Márquez se le ha juzgado por haber sido madre adolescente; es decir: se destaca más el hecho de que “haya sido madre a temprana edad”, por encima de que esta situación no limita o interfiere con su capacidad de toma decisiones y, además, de que la maternidad ha marcado toda su actividad política.

Ella mejor que nadie entiende lo violento que es ser mujer joven, madre y trabajadora, con todas las circunstancias de desigualdad, discriminación y racismo que la acompañan.

La candidata tiene una perspectiva de primera mano, por encima de los cientos de libros, sobre desigualdad y políticas públicas que puedan tener sus detractores al juzgarla.

Además, ella ha reconocido que fue trabajadora del hogar. Otro punto, según un sector de la sociedad “determinante”, para que decidan no votar por ella. Francia Márquez, de nuevo, lejos de tomarlo como algo personal, resalta este hecho como un factor decisivo de por qué es importante nombrar a los “nadie”, a los que no se merecen llegar a la política.

Ahora los “nadie”, los que se supone deben permanecer callados, trabajando y sometidos, pueden reflexionar, pensar, debatir y, sobre todo, dimensionar la política para el mayor bienestar de las personas y no de las cuentas bancarias.

La madre adolescente, trabajadora del hogar, activista y defensora del medio ambiente está a un paso de convertirse en la primera vicepresidenta negra de Colombia.

Ella está rompiendo con todas las ideas preconcebidas de que las mujeres no pueden llegar a los primeros espacios de toma de decisión; no sólo eso: su presencia también rompe la barrera del racismo para impulsar a las mujeres negras al frente.

Además de acentuar y dignificar la condición de las mujeres negras en los espacios de toma de decisión, destruye la creencia de que una trabajadora del hogar es una persona que no debería llegar al poder.

Francia Márquez ha escuchado miles de insultos respecto a lo que debería ser una mujer en el espacio público. Gracias a que ignoró toda esa rabia y la transformó en persistencia, ella logró dignificar con su sola esencia a un sector de la sociedad que es invisibilizado. Como le dijeron muchas veces: una persona que fue sirvienta, hoy tiene toda la posibilidad de llegar a la vicepresidencia.

Ella ha cambiado todas esas injurias y las ha transformado en evidencias, en demostraciones vigentes de que el racismo, la discriminación, el clasismo y el capacitismo siguen siendo el principal discurso de comunicación de las campañas políticas, al ser el camino fácil.

Construir odio es sencillo; visibilizar lo invisible, ésa sí es una verdadera campaña de comunicación que se sale de la regla, de lo heteronormado, es la disrupción real, la posibilidad de que sí puede haber un cambio.

La candidata también ha sido visible porque sus palabras van cargadas de acciones y de actos reinvidicatorios. Sus discursos los dirige a todos, todas y todes.

Ella ha sido muy clara al advertir que no piensa ser una figura decorativa ni convidada de parte del gobierno si llegaran a ganar. No sólo lo dijo, lo ha demostrado: cuando el candidato a la presidencia no quiso mostrarse abiertamente en favor del derecho a decidir de las mujeres, ella lo increpó públicamente y demostró con hechos que de la indignación se pasa a la acción. De esta manera carga sus discursos de contenido, no son palabras huecas, es una oportunidad sustantiva para plantearse cambios sustanciales en favor del verdadero bienestar público y no sólo de unos cuantos.

Francia Márquez, a pesar de que nadie lo esperó, se coló y se posicionó hasta convertirse en candidata a la vicepresidencia. Esto le ha dejado también ser víctima de múltiples amenazas de muerte, porque el sistema se sigue resistiendo —el patriarcado— no quiere que una mujer “así” (negra, madre adolescente, minera, empleada doméstica y activista) llegué a los primeros espacios.

¿Por qué? Porque entonces se abrirá la puerta para que las demás puedan llegar ¿Y cómo es eso posible? ¿Cómo es que las mujeres negras y que alguna vez fueron sirvientas puedan llegar a un espacio tan importante? A partir de ahí, lo que seguiría naturalmente es que Francia Márquez pueda ser la siguiente candidata a la presidencia de Colombia. Entonces, el patriarcado estaría llorando porque vería cómo poco a poco se empieza abrir una grieta en este muro de heterosexualidad normativa.

Francia Márquez es la voz de todas las personas que no se han logrado ver representadas en las elecciones recientes; es la voz de la indignación, del enfado, del hastío de los “nadie”. Esta mujer negra, candidata a la vicepresidencia, está haciendo algo único: movilizando el voto de la apatía, de los que prefieren que todo siga igual porque no tienen esperanza de que algo cambie.

Esta candidata está llegando a los votantes llenos de frustración que buscan un verdadero cambio y que no lo encuentran en las opciones que tienen. Actualmente, ella es el epítome de la disparidad social en la sociedad colombiana.

Ha logrado que se deje de lado la idea de que sólo el hombre blanco heterosexual, y de preferencia educado en una universidad extranjera, sea el encargado de la fórmula mágica para llegar al poder. Francia Márquez no cumple con ninguno de estos requisitos y no le importa cumplirlos porque ya sabe que no está gobernando para una élite, ella sabe que quiere reivindicar la palabra del pueblo a través del gobierno, ella no necesita que le den clases de gobernanza, ella las vivía y las exigía a los gobernantes.

Márquez no es una caricatura, una mujer a modo, una mujer ingenua; cada cicatriz del sistema se le ha incrustado en la piel, ella no es un afiche ni tampoco es una cara bonita para hacer una representación inclusiva en unas elecciones. Es la verdadera oportunidad de que nosotras, las mujeres, podamos empezar a vernos representadas y, además, de romper el estereotipo de cómo tendría que ser una vicepresidenta.

Francia Márquez es la imagen de la igualdad sustantiva, es una oportunidad, es la verdadera fuerza de las personas trabajadoras, es la consumación de la frustración, enojo y dolor de millones de personas que viven en desigualdad. Para cualquier sistema político, eso es un motivo de alarma.

Su discurso es claro: si la clase política hubiera hecho bien su trabajo, yo no estaría aquí, frente a las personas que sabe que se van a movilizar como en cada elección, en favor de los partidos. Pero ella está buscando a las personas que no salen a votar, está llamando a las familias que tienen que estar trabajando constantemente para tener qué llevar de alimento a sus casas; ella está buscando a los que no están interesados en la política de los que siempre están gobernando para los mismos.

Ella es la oportunidad de cambio para estas personas que saben que la política es la misma; ella es la respuesta si hay posibilidad de que “los nadie” rompan el silencio con su voto.

Francia no ha negado su feminismo, ha puesto su opinión clara y contundente incluso con su propio candidato para demostrar la importancia de que el aborto llegue a todas las mujeres. Pero más allá hablar de la vida de Francia Marquez, es importante reconocer lo que ella representa: a estas comunidades que forman parte de la Colombia que no es visible, que no es turística; de la Colombia rural, violenta, la que cuenta con las más altas cifras de sicariato, de homicidio, de todo lo que conllevan los actos del narcotráfico. La Colombia que no es de postal, la Colombia que exige una nueva forma de hacer política que sí integre a los “nadie”.

 

Ana Fátima López Iturríos
Maestra en Derechos Humanos y especialista en estudios de género. Es abogada feminista, co-coordinadora nacional de la red de Abogadas Violetas y experta ante la Conavim para la emisión de la alerta de violencia de género para el estado de Sonora.

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Publicado en: Internacional, Política